** Berna, 1 de diciembre. ¡Gracias a Dios! Por fin se dice que la noticia oficial de la entrada en vigor de la barrera fronteriza alemana ha llegado al Consejo Federal, y ahora sabremos, pues, a qué atenernos. Ya era hora, después de que el loable Poder central nos hubiera estado toreando y tomando el pelo a los suizos durante tanto tiempo. Se dice que el Consejo Federal ha decidido no enviar ni una sola compañía de tropas suizas de piquete frente a todo ese enorme despliegue de tropas del Reich de 50.000 hombres. El poder del Reich puede deducir de ello cuánto se temen aquí, en Suiza, sus resoluciones, precauciones, amenazas y despliegues de tropas. Ciertamente, el «Reich» no posee una constitución militar como la de Suiza, que sin pagar un solo hombre de tropas permanentes puede poner en pie en ocho días 150.000 soldados listos para el combate y bien entrenados —es decir, proporcionalmente el doble que el país clásico del paso de parada con su tan loada constitución militar scharnhorstiana.

Nr. 160, 5 de diciembre de 1848
Neue Rheinische Zeitung.

Aunque la materia de diversión extraída de los rumores contradictorios sobre la barrera amenaza con agotarse para los suizos, el «Reich» sigue procurando constantemente que tengamos algo de qué reír. Ayer, los periódicos alemanes, y particularmente los del Reich de Francfort, nos traen, con el gesto más serio del mundo, una nueva y gorda patraña periodística: la nueva incursión de los refugiados, o más bien bandidos, en Lörrach, junto con el combate en el que han quedado tendidos cuatro dragones badenses de carne y hueso. No necesito decirle que toda esta ridícula historia, que aquí ha provocado la mayor hilaridad, se basa en una mixtificación. Pero sí puedo decirle que el miedo de los ciudadanos del Reich ante los dos franco tiradores y medio que a lo sumo todavía pueden merodear por la frontera produce en todos los suizos la impresión más cómica del mundo. Aquí se ha acuñado ya la nueva frase hecha: «tiene tanto miedo como seis ciudadanos del Reich ante un franco tirador.» El nuevo artículo de la *Frankfurter Ober-Post-Amts-Zeitung* sobre las incesantes maquinaciones de los refugiados en la frontera ha contribuido no poco a mantener esta hilaridad a costa del Reich. ¡Qué formidables revelaciones no han conseguido hacer los espías del Sr. Schmerling! Metternich se encuentra en Muttenz y ha sido visto en el Birsfeld, donde Neff se halla y escribe y recibe muchas cartas; en Emmishofen se encuentran Siegel y Katzenmaier, ¡y el Reich no tiembla! Sí, aún más terrible, en Dornach, justo en la frontera alemana, en Dornach, el gobierno suizo tolera... «¡unos cuantos hosteleros dispersos de Lörrach y sus alrededores»!!! Además, «reina la convicción general» de que se habrían producido nuevas «correrías de saqueo» si, etc. ¡Sí!, ¿acaso no se ha disparado con fuerza desde Gross-Laufenburg al otro lado del Rin? Claro que el periódico del Reich no sabe quién, cuándo ni cómo. En resumen, si el Reich está tan mal construido que tiembla en sus cimientos cuando se ve a Metternich en el Birsfeld y unos cuantos hosteleros dispersos se lamentan en Dornach, ¡Suiza no se prestará ciertamente a servir de puntal a este edificio carcomido! Y además, estos informes confusamente ensamblados de los mouchards del Reich se contradicen en cada línea: así, se dice que Metternich es el único refugiado en Muttenz, y tres líneas más abajo «se oye de Muttenz que allí (!!) se vuelven a armar»!! ¡Se, es decir, Metternich él solito! ¡Y para que el poder del Reich se ponga en ridículo ante el mundo entero con tan burdas contradicciones, paga a sus mouchards en Suiza! *Trema Bizanzio*, ¡Metternich ha sido visto en el Birsfeld y «varios hosteleros dispersos» en Dornach te han jurado la perdición!

Pero dejemos a un lado el Reich. El consejo de guerra federal ha sido disuelto *pro forma*, pero restablecido de inmediato como comisión militar, cuya presidencia ha asumido el Sr. Ochsenbein como jefe del Departamento federal de la Guerra. La *Berner Zeitung* censura con palabras severas esta restauración, o mejor dicho, continuación de la pieza más pesada y costosa del antiguo gobierno federal. El consejo de guerra nunca ha logrado nada, salvo el nombramiento de algunos oficiales aristocráticos y un reglamento federal de polainas, traído al mundo tras largos dolores de parto, que costó tanto que con ello se habría podido proveer a todo el ejército de polainas y zapatos. Por lo demás, se ha limitado a percibir sus 16 francos diarios por cabeza y, de puro enredarse en dificultades y minucias, hace tiempo que renunció a llevar nada a cabo.

Además del duelo entre Luvini y Benz, a consecuencia del debate sobre el Tesino en el Consejo Nacional, se preveía aún un segundo, entre Pioda y Michel, de los Grisones. El coronel Michel se había expresado de manera muy inconveniente y, finalmente, lleno de ira, le había dado al Sr. Pioda un mentís rotundo. Pioda respondió con suma calma y de manera conveniente, pero luego pidió cuentas al espadachín grisón. El Sr. Michel dio después unas declaraciones que satisficieron plenamente al Sr. Pioda y a sus amigos, y el asunto quedó zanjado.