*Colonia, 21 de diciembre.* Hoy por la mañana comenzó el proceso contra Gottschalk, Anneke y Esser ante los jurados extraordinarios de esta ciudad. Los acusados, como los más vulgares criminales, estrechamente custodiados, fueron escoltados desde la nueva casa de detención hasta el edificio del tribunal, donde se había apostado una fuerza armada no insignificante.⁵

Nuestros lectores saben que en el jurado, tal como está organizado actualmente, no vemos en modo alguno una garantía. El censo otorga a una determinada clase el privilegio de ver salir de su seno a los jurados. La confección de las listas de jurados concede al gobierno el monopolio de seleccionar de entre la clase privilegiada a los individuos que le convienen. El señor presidente del gobierno fabrica, en efecto, una lista de individuos hasta un número determinado, que extrae de las listas de jurados de todo el distrito gubernamental; los representantes judiciales del gobierno depuran esta lista hasta 36, si no nos falla la memoria. Finalmente, en el momento de la efectiva constitución del tribunal del jurado, el ministerio público tiene la facultad de depurar por tercera vez la última lista, resultado del privilegio de clase y de una doble destilación gubernamental, eliminando hasta la última docena necesaria.

Sería un verdadero milagro que una tal constitución del jurado no arrojase a los acusados, que se han opuesto abiertamente a la clase privilegiada y al poder estatal existente, directamente bajo el poder absoluto de sus enemigos más despiadados.

La conciencia de los jurados, se nos responderá, la conciencia, ¿se exige una garantía mayor? Pero, mon Dieu, la conciencia está ligada al saber y a todo el modo de existencia de un ser humano.

Karl Marx

Un republicano tiene una conciencia distinta a la de un monárquico, un propietario una conciencia distinta a la de un desposeído, un pensador una conciencia distinta a la de un irreflexivo. Un hombre que no tiene otra vocación para ser jurado que el censo, tiene la conciencia del censo.

La «conciencia» de los privilegiados es precisamente una conciencia privilegiada.

Pues bien, si el tribunal del jurado, tal como está constituido actualmente, se nos aparece como una institución para la afirmación de los privilegios de unos pocos y de ningún modo como una institución para garantizar los derechos de todos; si, en especial, en el presente caso el ministerio público ha hecho el uso más amplio de su facultad para eliminar de la última lista la última docena de nombres que le desagradan, no dudamos, sin embargo, ni por un momento de la absolución de los acusados. Nuestra garantía es el acta de acusación. Se cree estar leyendo un escrito de defensa, redactado en tono irónico, de Gottschalk y consortes.

Resumamos esta acta de acusación, que sólo en el acta de acusación contra Mellinet y consortes (proceso Risquons-Tout en Amberes) encuentra un análogo.

En Colonia existe una asociación obrera. Gottschalk era presidente, Anneke y Esser miembros de la junta de dicha asociación. La asociación obrera, nos instruye el acta de acusación, «poseía un órgano especial, redactado por Gottschalk, el *Arbeiterzeitung*, y quien no tuviera ocasión de asistir a las sesiones mismas, podía reconocer en ese periódico las tendencias peligrosas, aduladoras del proletariado, orientadas al comunismo y al derrocamiento de lo existente, de la asociación.»

Tendencias, pues, se podían reconocer, pero no hechos contrarios a la ley. Prueba: hasta la detención de Gottschalk y otros, la fiscalía no presentó acusación alguna contra el *Arbeiterzeitung*, y después de la detención de Gottschalk sólo fue condenada una vez – en el monstruoso proceso de la fiscalía de esta ciudad, a saber, la querella de la fiscalía de esta ciudad por injurias a la fiscalía de esta ciudad.

«El propio *Arbeiterzeitung*», confiesa en cambio el acta de acusación, «parece no haberse esforzado en disimular nada en sus informes al respecto (sobre las deliberaciones de la asociación obrera, de sus sesiones de junta y de sus asociaciones filiales).»

Si, pues, el *Arbeiterzeitung* a causa de sus «informes» sobre las deliberaciones de la asociación obrera, tampoco la asociación obrera podía ser perseguida judicialmente por sus deliberaciones mismas.

Contra la «asociación obrera» sólo obra lo mismo que contra el *Arbeiterzeitung*: la tendencia mal vista de esta asociación. ¿Forman parte de las conquistas de marzo también los procesos de tendencia, los procesos contra tendencias que no han pasado de ser meras tendencias? Hasta ahora nuestras leyes de septiembre no han sido promulgadas aún. Gottschalk y consortes no fueron detenidos ni puestos en estado de acusación, en absoluto, por informes ilegales del *Arbeiterzeitung* ni por deliberaciones ilegales de la asociación obrera. El acta de acusación no hace ningún secreto de ello. No fue la actividad anterior de la asociación obrera lo que puso en movimiento a la justicia, sino — escúchese:

En los días del 14 al 17 de junio del presente año se reunió en Fráncfort un congreso de delegados de una multitud de asociaciones democráticas surgidas en Alemania. Gottschalk y Anneke representaban como delegados a la Asociación Obrera de Colonia. Este congreso se pronunció, como es sabido, públicamente por la república democrática, y las autoridades locales esperaban un eco del movimiento de allí, cuando para el domingo 25 de junio se anunció de nuevo una asamblea general de la Asociación Obrera en el Gürzenich.

Las autoridades locales esperaban un eco del movimiento de Fráncfort. Pero, ¿qué movimiento había tenido lugar en Fráncfort? El congreso democrático se había pronunciado públicamente por la tendencia mal vista de la república democrática. Se esperaba, pues, un «eco» de esta «tendencia» y se quería entrar en combate con ese eco.

Como es sabido, el congreso democrático de Fráncfort y el comité central nombrado para ejecutar sus acuerdos sesionaron en Berlín sin ser molestados por los gobiernos.

Los gobiernos alemanes tuvieron, por tanto, que reconocer, a pesar de la tendencia mal vista, la legalidad del congreso de Fráncfort y de la organización del partido democrático ordenada por él.

Pero las autoridades de Colonia «esperaban de una vez» un eco del movimiento de Fráncfort. Esperaban una ocasión para sorprender a Gottschalk y consortes en terreno ilegal. Para constituir esta ocasión, la Dirección de Policía comisionó a los «comisarios de policía Lutter y Hühnermund» para que el 25 de junio asistieran a la asamblea general de la Asociación Obrera en el Gürzenich, «con la instrucción especial de observar los acontecimientos que allí ocurrieran». En la misma asamblea general se encontraba casualmente «el encuadernador Johann Maltheser», el cual, como suspira el acta de acusación, «sería un testigo principal si no hubiera estado a sueldo de la autoridad policial», es decir, en otras palabras, si no fuera un espía policial pagado. Finalmente, se presentó allí, probablemente por puro fanatismo patriótico, el «referendario v. Groote», quien reproduce el discurso de Anneke en la asamblea general «del modo más detallado, pues lo ha taquigrafiado durante la sesión misma».

Karl Marx

Se ve: las autoridades de Colonia esperaban el 25 de junio un delito que iba a ser cometido por Gottschalk y consortes. Todas las disposiciones policiales para constatar este eventual delito estaban tomadas. Pero cuando las autoridades «esperan» de una vez, no quieren esperar en vano.

«A partir de los informes» de los comisarios de policía comisionados para constatar un delito esperado y de otros secuaces, «el 2 de julio la autoridad estatal tomó motivo para solicitar una investigación contra Gottschalk y Anneke por sus discursos sediciosos pronunciados (léase esperados) en aquella asamblea pública. El 3 de julio tuvo lugar su detención, junto con el embargo de sus papeles.

El 5 de julio, después de haber sido interrogados varios testigos y de haberse recibido denuncias más precisas, la investigación se amplió a toda la actividad anterior de los dirigentes de la asociación obrera, y con ello contra varios miembros de la misma, en particular contra el tonelero Esser, etc. Lo que la investigación ha arrojado contra los acusados se refiere en parte a sus discursos en la asociación obrera, en parte a sus papeles y a los impresos difundidos por ellos.»

Lo que la investigación ha arrojado realmente – lo demostraremos mañana a partir del acta de acusación misma – es que el movimiento esperado el 25 de junio se limitó a un movimiento de las autoridades – este eco del movimiento de Fráncfort –, y que Gottschalk y consortes tuvieron que expiar la expectativa defraudada de las autoridades el 25 de junio con seis meses de estrecha prisión preventiva. Nada más peligroso que defraudar las expectativas de la autoridad estatal, empeñada en ganar una medalla de salvación de la patria. A nadie le gusta verse defraudado en sus expectativas, y menos que a nadie a la autoridad estatal.

Si el modo y manera en que el delito se puso en escena el 25 de junio nos muestra a la autoridad estatal como único creador de este drama criminal, el acta de instrucción nos ofrece la ocasión de admirar la perspicaz habilidad con que prolongó el prólogo durante seis meses.

Citamos textualmente de: «El proceso político de tendencia contra Gottschalk y consortes, editado por M. F. Anneke. Editorial de la *Neue Kölnische Zeitung*.»

Después de que la investigación hubiera durado unas 5 o 6 semanas, fue declarada cerrada por el juez de instrucción Leuthaus, quien había sustituido al Sr. Geiger, ascendido a director de policía. El procurador del Estado Hecker, sin embargo, después de revisar los autos, formuló nuevas peticiones, a las que el juez de instrucción también accedió.

Proceso contra Gottschalk y consortes

Al cabo de unas 14 semanas, el sumario previo se cerró por segunda vez. Después de que el Sr. Hecker hubiese vuelto a estudiar los autos con toda calma, presentó de nuevo una serie de nuevas solicitudes. El juez instructor no quiso acceder a ellas, como tampoco la sala de recursos. El Sr. Hecker apeló al Senado de Acusación, y esta instancia dispuso que se accediera a algunas de las solicitudes, mientras que otras debían rechazarse. Entre estas últimas se hallaba, por ejemplo, la solicitud de incluir en la investigación, basándose en una mera lista de nombres de personas procedentes de todas las partes de Alemania que se había encontrado en la cartera de Anneke, a todas esas personas, en número de unas 30 o 40.

Una vez que la investigación se hubo prolongado felizmente hasta ese punto, y no pudiendo extenderse ya más razonablemente, el 28 de septiembre la sala de recursos dispuso la remisión de los autos al Senado de Acusación. Éste admitió la acusación el 10 de octubre, y el 28 de octubre el procurador general firmó el acta de acusación.

Las sesiones ordinarias trimestrales del jurado, que habían comenzado el 9 de octubre, se habían perdido así felizmente para este proceso.

Se había convocado una sesión extraordinaria del jurado para después del 27 de noviembre. También ésta debía perderse, a ser posible. En efecto, los autos del sumario previo se enviaron al ministerio de Justicia con la solicitud de remitir el proceso a otro tribunal de jurado. Sin embargo, el ministerio de Justicia no encontró motivo suficiente, y hacia noviembre los acusados Gottschalk, Anneke y Esser fueron finalmente remitidos para el 21 de diciembre ante la sesión extraordinaria del jurado de esta ciudad.

Durante este largo prólogo, el primer juez instructor, Geiger, había sido ascendido a director policial comisario, y el procurador estatal Hecker, a procurador superior. Dado que el Sr. Hecker, en esta última calidad, ha sido trasladado de Colonia a Elberfeld poco antes del comienzo de las sesiones extraordinarias del jurado, no comparecerá ante el jurado al mismo tiempo que los acusados.

* Colonia, 22 de diciembre. ¿Qué día fue aquel en que tuvo lugar en el Gürzenich la asamblea general convocada para constatar un delito «esperado»? Fue el 25 de junio. El 25 de junio fue el día de la derrota definitiva de los insurrectos de junio en París. ¿Qué día presentó la autoridad estatal su solicitud contra Gottschalk y consortes?

El 2 de julio, es decir, en el momento en que la burguesía prusiana y el gobierno entonces aliado con ella, con una arrogancia sedienta de venganza, creyeron llegado el instante de acabar con sus adversarios políticos. El 3 de julio, Gottschalk y consortes fueron detenidos. El 4 de julio entró el actual ministerio contrarrevolucionario en el ministerio Hansemann, en la persona de Ladenberg. Ese mismo día, la derecha de la asamblea berlinesa de la Concordia osó dar un golpe de Estado al derogar sin más, en la misma sesión, un acuerdo adoptado por mayoría respecto a Polonia, después de que una parte de la izquierda se hubiese ausentado.

Estos datos hablan por sí solos. Podríamos aportar la prueba testifical de que una «cierta» persona manifestó el 3 de julio: «La detención de Gottschalk y consortes ha causado una impresión favorable en el público». Pero basta con remitirse a los números de los periódicos «Kölnische», «Deutsche» y «Karlsruher» de las fechas indicadas para convencerse de que en esos días no fue el «eco» del imaginario «movimiento de Frankfurt», sino más bien el «eco» del «movimiento de Cavaignac» lo que resonó multiplicado por mil en Alemania y, entre otros lugares, también en Colonia.

Nuestros lectores recordarán: el 25 de junio las autoridades de Colonia «esperaban» un eco del «movimiento de Frankfurt» con motivo de la asamblea general de la asociación obrera en el Gürzenich. Recordarán además que la investigación contra Gottschalk y consortes no tomó su punto de partida de un delito real de Gottschalk, etc., anterior al 25 de junio, sino única y exclusivamente de la expectativa de las autoridades de que el 25 de junio tuviera lugar por fin un delito palpable.

La expectativa del 25 de junio resulta defraudada y, de repente, el 25 de junio de 1848 se transforma en el año 1848. A los acusados se les imputa el movimiento del año 1848. A Gottschalk, Anneke, Esser se les acusa de «haber formado en el transcurso del año 1848 (piénsese en la elasticidad de esta expresión) en Colonia un complot con el fin de cambiar y derrocar al gobierno en cuestión y de provocar una guerra civil incitando a los ciudadanos a armarse unos contra otros, o bien» (atención) «o bien de haber incitado a atentados y a tales fines mediante discursos en reuniones públicas, mediante escritos impresos y carteles fijados». Esto significa, pues: Haber formado un complot «o bien» no haber «formado» complot alguno. Pero, en cambio, «a atentados y a tales fines». Es decir, ¡a atentados o a cualquier otra cosa por el estilo! ¡Estilo magnífico, el jurídico!

Así reza en el auto de remisión del Senado de Acusación.

En el considerando del acta de acusación misma se abandona lo del complot y «en consecuencia» se acusa a Gottschalk, Anneke y Esser de:

«haber incitado directamente en el transcurso del año 1848, mediante discursos en reuniones públicas, así como mediante escritos impresos, a sus conciudadanos al cambio violento de la constitución del Estado, a la rebelión armada contra el poder real y al armamento de una parte de los ciudadanos contra la otra, sin que, no obstante, estas incitaciones hayan tenido éxito – crimen tipificado en el Art. 102, en relación con los Art. 87 y 91 del código penal.»

¿Y por qué no intervinieron las autoridades en el transcurso del año 1848 antes del dos de julio?

Por lo demás, para que los señores pudieran hablar de un «cambio violento de la constitución del Estado», tendrían ante todo que aportar la prueba de que existía una constitución del Estado. La corona ha probado lo contrario al mandar al diablo a la asamblea de la Concordia. Si los concordantes hubieran sido más poderosos que la corona, quizás habrían aportado la prueba de manera inversa.

En cuanto a la incitación «a la rebelión armada contra el poder real y al armamento de una parte de los ciudadanos contra la otra», el acta de acusación la prueba:

1) mediante discursos de los acusados en el transcurso del año 1848,
2) por escritos no impresos,
3) por escritos impresos.

Ad. 1) Los discursos ofrecen al acta de acusación el siguiente corpus delicti:

En la sesión del 29 de mayo, Esser encuentra en la «república» el «remedio para los sufrimientos de los obreros». ¡Incitar a la rebelión armada contra el poder real! Gottschalk declara que «los reaccionarios traerán la república». Algunos obreros se lamentan de no tener lo suficiente «para sustentar la desnuda vida». Gottschalk les responde: «Deben aprender a unirse, a distinguir a sus amigos encubiertos de sus enemigos, a capacitarse para ordenar por sí mismos sus propios asuntos».

¡Manifiesta incitación a la rebelión armada contra el poder real y al armamento de una parte de la ciudadanía contra la otra!

El acta de acusación resume sus pruebas en las siguientes palabras:

«Los testigos que han sido interrogados sobre estas asambleas anteriores, miembros y no miembros, se expresan en general sólo de manera elogiosa sobre Gottschalk y Anneke, particularmente sobre el primero. Siempre previno contra los excesos, buscó más aplacar a las masas que incitarlas. En ello apuntaba, ciertamente, a la república como meta final de sus aspiraciones, la cual, sin embargo, no debía alcanzarse mediante un tumulto callejero, sino sólo logrando que la mayoría del pueblo se convenciera de que no hay salvación fuera de la república. Al esforzarse así, como claramente se ve, por socavar paulatinamente los fundamentos de lo existente, tenía comprensiblemente que hacer a menudo lo bastante para refrenar la impaciencia de la tosca muchedumbre. –»

Precisamente porque los acusados aplacaban a las masas en lugar de incitarlas, mostraban con claridad su maligna tendencia a socavar paulatinamente los fundamentos de lo existente, es decir, a hacer de la libertad de prensa y del derecho de asociación un uso legal, pero mal visto por las autoridades. ¡Y a eso lo llama el acta de acusación: «incitación a la rebelión armada contra el poder real y al armamento de una parte de los ciudadanos contra la otra»!!!

Finalmente, llegamos a la asamblea general del 25 de junio «esperada» por las autoridades. Sobre ella, dice el acta de acusación, «existen minuciosos testimonios». ¿Y qué arrojan estos minuciosos testimonios? Que Gottschalk presentó un informe sobre los acontecimientos de Frankfurt; que se debatió sobre la unión de las tres asociaciones democráticas de Colonia; que Gottschalk pronunció un «discurso de clausura» que acaparó particularmente la atención del maltés y del referendario von Groote y que terminaba con la «agudeza»: «Perseverar exige más valor que golpear. Hay que esperar hasta que la reacción dé un paso que empuje a la proclamación de la república». ¡Manifiesta incitación a la rebelión armada contra el poder real y al armamento de una parte de los ciudadanos contra la otra!!!

Por lo que respecta ahora a Anneke, según el acta de acusación «no consta nada más, sino que durante el debate sobre la unión de las tres asociaciones (las tres asociaciones democráticas de Colonia) habló muy enérgicamente a favor de esta unión, dirigiéndose igualmente a la asamblea como ciudadanos republicanos».

¡Un discurso a favor de la «unión» de las tres asociaciones democráticas de Colonia es manifiestamente la «incitación al armamento de una parte de la ciudadanía contra la otra»!

¡Y el apelativo de «ciudadanos republicanos»! Los señores maltés y von Groote pueden haberse sentido ofendidos por este apelativo.

Pero ¿no se dirige el general von Drigalski a sí mismo y a la ciudadanía de Düsseldorf como: Ciudadanos comunistas?

Si se observa este fruto neto de la «esperada» asamblea general del 25 de junio, se comprende que la autoridad estatal hubo de refugiarse en el transcurso del año 1848, y así lo hace también, en efecto, al instruirse sobre el movimiento de ese año mediante la confiscación de cartas y escritos impresos, confiscando, por ejemplo, 3 números del periódico obrero, que se vendían a 4 peniques el ejemplar en cada calle.

Pero por las cartas se convence de qué «fanatismo político» reinaba en Alemania en el año 1848. Particularmente «fanática» le parece una carta del profesor Karl Henkel, de Marburgo, a Gottschalk. Como castigo, denuncia esta carta al gobierno de la Hesse Electoral y vive la satisfacción de que se investigue al profesor.

Pero como resultado final se desprende de las cartas y escritos impresos que en 1848 bullía en las cabezas y sobre el papel todo tipo de fanatismo, y en general ocurrían acontecimientos que se asemejan como un huevo a otro a «la rebelión armada contra el poder real y al armamento de una parte de la ciudadanía contra la otra».

Y Gottschalk y consortes se ocupan de todas estas cosas, ¡mientras la autoridad estatal sólo llega a conocer el «eco» de este asombroso movimiento mediante la confiscación de los escritos impresos y las cartas de los acusados!