"Neue Rheinische Zeitung" - Detenciones

Detenciones

Debates de la Asamblea de Acuerdo

Detenciones

["Neue Rheinische Zeitung" Nº 35, 5 de julio de 1848]

Colonia, 4 de julio. Ayer prometimos a nuestros lectores volver sobre la detención de los señores doctor Gottschalk y Anneke. Hasta ahora solo nos han llegado más detalles sobre la detención de Anneke.

Por la mañana, entre las seis y las siete, seis o siete gendarmes entraron en la vivienda de Anneke, maltrataron de inmediato a la criada en el zaguán y subieron sigilosamente las escaleras. Tres se quedaron en la antesala, cuatro irrumpieron en el dormitorio, donde dormían Anneke y su mujer, embarazada de muchos meses. De estas cuatro columnas de la justicia, una se tambaleaba más o menos, henchida ya a tales horas del «espíritu», del agua de la verdadera vida, del agua ardiente.

Anneke preguntó qué querían. —¡Que venga con nosotros! —fue la lacónica respuesta. Anneke pidió que al menos respetaran a su mujer enferma y pasaran a la antesala. Los señores de la santa Hermandad declaran que no piensan abandonar el dormitorio, instan a Anneke a vestirse rápidamente y ni siquiera le permiten hablar con su mujer. Este apremio se convierte en la antesala en agresiones, durante las cuales uno de los gendarmes rompe la puerta de cristal en pedazos. Anneke fue empujado escaleras abajo. Cuatro gendarmes se lo llevan a la nueva cárcel, tres se quedan con la señora Anneke para custodiarla hasta la llegada del procurador del Estado.

Según la prescripción legal, en la detención debe estar presente al menos un funcionario de la policía judicial —comisario de policía o similar—. ¿Para qué tales formalidades, desde que el pueblo posee dos asambleas para la representación de sus derechos, una en Berlín y otra en Fráncfort?

Media hora después llegaron el señor procurador del Estado Hecker y el juez de instrucción Geiger para practicar el registro domiciliario.

La señora Anneke se queja de que el procurador del Estado haya dejado la detención en manos de los brutales gendarmes, no refrenados por la presencia de ninguna autoridad municipal. El señor Hecker declara que no ha dado orden alguna para brutalidades. ¡Como si el señor Hecker pudiese ordenar brutalidades!

Señora Anneke: Según parece, han enviado por delante a los gendarmes solos para no tener que responder de su brutalidad. Además, la detención no se ha efectuado en la forma legal, pues ningún gendarme presentó una orden de detención, sino que uno solo sacó del bolsillo un papel que Anneke no pudo leer.

Señor Hecker: «Los gendarmes fueron comisionados judicialmente para la detención.» ¿Y el encargo de los jueces no está sujeto al imperio de la ley? El procurador del Estado y el juez de instrucción confiscaron una masa de papeles, folletos, entre ellos toda la carpeta de la señora Anneke, etc. Dicho sea de paso, el señor juez de instrucción Geiger ha sido designado director de policía.

Por la noche, Anneke fue interrogado durante media hora. El motivo de su detención sería un discurso sedicioso que pronunció en la última asamblea popular en el Gürzenich. El artículo 102 del Code pénal habla de discursos públicos que incitan directamente a complots contra el emperador y su familia o que tienden a perturbar la tranquilidad del Estado mediante guerra civil, empleo ilegal de la fuerza armada, devastación y saqueo públicos. El Code no conoce el «suscitar descontento» prusiano. A falta del derecho territorial prusiano, se aplicará provisionalmente el artículo 102 en todos los casos donde su aplicación pertenece al reino de las imposibilidades jurídicas...

En la propia detención se desplegó un gran aparato militar —desde las cuatro, consignación de las tropas en los cuarteles. Panaderos y artesanos fueron encerrados en ellos, pero no se les dejó salir. Los húsares avanzaron hacia las seis de Deutz a Colonia y recorrieron toda la ciudad. La nueva cárcel estaba ocupada por 300 hombres. Para hoy se anuncian cuatro nuevas detenciones, las de Jansen, Kalker, Esser y un cuarto. El cartel mural de Jansen, en el que exhorta a los obreros a la tranquilidad, fue, según nos aseguran testigos presenciales, arrancado ayer por la noche por la policía. ¿Se hizo esto en interés del orden? ¿O se buscaba un pretexto para llevar a cabo en la buena ciudad de Colonia planes largamente acariciados?

El señor procurador general Zweiffel, según se dice, ya había consultado anteriormente al tribunal superior territorial de Arnsberg si debía detener a Anneke por su anterior condena y trasladarlo a Jülich. La amnistía real parece haberse interpuesto en el camino de esta bienintencionada intención. El asunto fue remitido al ministerio.

El señor procurador general Zweiffel, según se dice, ha declarado además que en el plazo de 8 días acabará en Colonia del Rin con el 19 de marzo, con los clubes y la libertad de prensa y otras degeneraciones del malvado año de 1848. El señor Zweiffel no es de los escépticos.

¿Acaso une el señor Zweiffel el poder ejecutivo con el legislativo? ¿Deben los laureles del procurador general cubrir las vergüenzas del representante popular? Una vez más examinaremos nuestros muy amados informes taquigráficos y ofreceremos al público una fiel semblanza de la actuación del representante popular y procurador general Zweiffel.

Estas son, pues, las hazañas del ministerio de la acción, del ministerio del centro izquierda, del ministerio de la transición a un ministerio de la vieja nobleza, de la vieja burocracia, de la vieja Prusia. En cuanto el señor Hansemann haya cumplido su misión transitoria, se le despedirá.

Pero la izquierda berlinesa ha de comprender que el viejo poder puede cederle confiadamente pequeñas victorias parlamentarias y grandes proyectos constitucionales siempre que, entretanto, se apodere de todas las posiciones realmente decisivas. Puede reconocer confiadamente la revolución del 19 de marzo en la Cámara, si esta revolución es desarmada fuera de la Cámara.

La izquierda podría encontrarse cualquier buen día con que su victoria parlamentaria y su derrota real coinciden. El desarrollo alemán necesita tal vez de tales contrastes. El ministerio de la acción reconoce la revolución en principio, para llevar a la práctica la contrarrevolución.