Declaración contra Karl Grün

Karl Marx

[Declaración contra Karl Grün]

["Deutsche-Brüsseler-Zeitung Nr. 28 vom 8. April 1847]

Con la fecha «Berlín, 20 de marzo», la «Trier'sche Zeitung» trae un artículo sobre mi folleto aún en imprenta: «Contradictions dans le système des contradictions économiques de M. Proudhon ou les misères de la philosophie». El corresponsal berlinés me convierte en autor de una corresponsalía sobre ese folleto, sobre la obra de Proudhon y sobre la labor de su traductor, el señor Grün, impresa en la «Rhein- u. Moselzeitung» y en otros lugares. Pero una y otra vez me saluda como «redactor de la *antigua* “Rheinischen Zeitung”» — estilo del corresponsal bruselense o de cualquier otro. «Apoyándose en el conocimiento de los estados temporales de la prensa en Alemania», nuestro amigo suelta su insinuación. No solo su insinuación, sino toda su existencia literaria puede, por mí, estar «apoyada en el conocimiento de los estados temporales de la prensa en Alemania». Le concedo el más prácticamente probado «conocimiento de los estados temporales de la prensa en Alemania». Pero esta vez no le ha *«apoyado»*.

El supuesto corresponsal berlinés no tenía más que releer mi enjuiciamiento de Proudhon en la «Kritischen Kritik» para comprender que la corresponsalía atacada podía, tal vez, proceder de Bruselas, pero en modo alguno de mí, ya por la sola razón de que sitúa a Proudhon y al señor Grün como *«igualmente valiosos»*.

Mi crítica de Proudhon está escrita en *francés*. Proudhon mismo podrá responder. Una carta que me escribió antes de la aparición de su libro no muestra en absoluto inclinación alguna a dejar, en caso de una crítica por mi parte, la revancha al señor Grün y consortes.

«En cuanto al traductor de la obra de Proudhon sobre economía», el amigo berlinés solo necesita hacer constar en acta que *«Nosotros, aquí en Berlín»*, de la «Soziale Bewegung in Frankreich und Belgien» del señor Grün – *«hemos aprendido mucho y cosas de diversa índole»* , para poner el valor de este escrito por encima de toda duda. ¡Pero considérese bien lo que significa que «Nosotros, aquí en Berlín» aprendamos algo en general, y además «mucho y cosas de diversa índole», cuantitativa y cualitativamente a la vez! ¡Nosotros, aquí en Berlín!

Al identificarme el corresponsal berlinés, o supuesto tal, con el corresponsal bruselense o cualquier otro, exclama:

Grün «ha tenido probablemente la desgracia de expiar el haber familiarizado al mundo alemán con los resultados del socialismo extranjero antes que el señor Dr. Marx, “redactor de la *antigua* ‘Rheinischen Zeitung’”».

¡Nuestro amigo revela innegablemente un ingenio muy jovial en la formación de sus conjeturas! Quiero confiarle sub rosa <en secreto> que, en mi opinión, ciertamente, la «Soziale Bewegung in Frankreich und Belgien» del señor Grün y el movimiento social de Francia y Bélgica, salvo algunos nombres y datos, no tienen nada en común. Pero al mismo tiempo debo confiarle que tan poco me apremiaba «familiarizar al mundo alemán» con los resultados de mis estudios sobre la «Soziale Bewegung in Frankreich und Belgien» del señor Grün, que he dejado dormir tranquilamente el sueño de los justos, como manuscrito, una reseña más detallada del libro de Grün, terminada hace un año, y sólo ahora, provocado por el amigo berlinés, la enviaré para su impresión al «Westphälischen Dampfboot». La reseña constituye un apéndice del escrito sobre *«Die deutsche Ideologie»* (Crítica de la novísima filosofía alemana en sus representantes, Feuerbach, Bruno Bauer y Stirner, y del *socialismo alemán* en sus diversos profetas), redactado conjuntamente por Friedrich Engels y por mí. Las circunstancias que han impedido y siguen impidiendo la impresión de este manuscrito serán expuestas quizá en otro lugar al público, como contribución a la descripción de los «estados temporales de la prensa en Alemania». A la impresión aparte de la reseña del libro de Grün, en modo alguno contraria a la censura, no se oponía otro obstáculo que el pequeño inconveniente de que no se consideraba este libro digno de un ataque especial y se creía que sólo en una descripción de toda la insípida y desabrida literatura del socialismo alemán no podía evitarse la referencia al señor Grün. Pero ahora, después de la intervención del amigo berlinés, la impresión aparte de esta reseña cobra la significación más o menos humorística de mostrar de qué manera «el mundo alemán» se «familiariza con los resultados del socialismo extranjero», y en especial, qué avidez y capacidad poseemos «Nosotros, aquí en Berlín» para «aprender mucho y cosas de diversa índole». Se comprenderá al mismo tiempo cuánto me vi obligado a refugiarme en pequeñas salidas en pequeños articulillos de periódico, si es que algo me importaba detener en su movimiento la «Soziale Bewegung in Frankreich und Belgien» del señor Grün. Por último, el propio amigo berlinés no podrá negarse a extenderme públicamente el testimonio de que, si realmente abrigara yo la intención, en el sentido que él supone, de «familiarizar al mundo alemán con los resultados del socialismo extranjero», si realmente temiera yo un competidor en un predecesor, tendría que implorar diariamente al destino: «¡No me des ningún predecesor, o, mejor aún, dame por predecesor al señor Grün!».

Una palabra aún sobre «mi presunción de haber alcanzado la más alta cima de la sabiduría humana».

¿Quién sino el señor Grün podría haberme inoculado esta enfermedad, él que (véase, por ejemplo, el prólogo de sus *«Bausteine»*) en mis desarrollos en los «Deutsch-Französische Jahrbücher» encontró resuelto el último enigma, lo mismo que ahora en la economía de Proudhon; él que, así como ahora celebra en Proudhon el verdadero punto de vista, también aseguró de mí (en «Neue Anekdota» de Grün) que yo había «superado el punto de vista constitucional y radical». ¡El señor Grün me envenena primero, para poder hacerme luego el reproche de que su veneno ha surtido efecto! Pero que el amigo berlinés se tranquilice: gozo de una salud completa.

Bruselas, 6 de abril

Karl Marx