LA CONSTITUCIÓN PRUSIANA [The Northern Star, núm. 489, 6 de marzo de 1847]

Por fin, tenemos ante nosotros la tan esperada obra de artificio.22 Por fin, Prusia ha entrado —si hemos de creer al Times, al Globe,?2? a al. gunos periódicos franceses y a unos cuantos alemanes— en las filas de los países constitucionales. Sin embargo, ya el Northern Star se ha encargado de demostrar satisfactoriamente que esto que se llama Constitución no es otra cosa que una celada tendida al pueblo prusiano para hurtarle los derechos que le habían sido prometidos por el difunto rey * en momentos en que necesitaba de la ayuda del pueblo. Y que ello es así, que Federico Guillermo intenta con esta llamada Constitución conseguir dinero sin verse obligado a cambio de ello a hacer concesiones a la opinión pública, es algo que se halla fuera de toda duda. En ello están concordes los periódicos democráticos de todos los países —en Francia, especialmente, el National y la Réforme, más aún, hasta el Journal des Débats de tendencia ministerial.223 Y la prensa alemana, maniatada, balbucea palabras cuyo sentido no puede ser más claro: en Prusia, el partido del movimiento tiene plena conciencia de las astutas intenciones que su “sincero y noble” monarca abriga.

Surge, pues, la pregunta: ¿Saldrá el rey adelante con sus planes? ¿Será la Dieta unida lo bastante necia o lo bastante cobarde para autorizar un nuevo empréstito sin garantizar al pueblo amplias libertades, poniendo así en manos del rey los medios necesarios para que el sistema vigente se prolongue todo el tiempo que se quiera?

He aquí nuestra respuesta: no, no lo hará ni puede hacerlo. El plan de gobierno hasta aquí seguido en Prusia era el resultado de las relaciones mutuas existentes entre la nobleza y la burguesía prusianas. La nobleza ha perdido una parte demasiado grande de su bienestar y su influencia anteriores para poder seguir dominando al rey como hasta aquí. Por su parte, la burguesía no era aún lo suficientemente fuerte para quitarse de encima la losa de plomo de la nobleza, que entorpece su progreso comercial e industrial. Y esto permite al rey, representante del poder central del Estado y apoyado por la clase, numéricamente fuerte, de los funcionarios del gobierno y la oficialidad del ejército —aun prescindiendo del hecho de que tiene a éste a su disposición—, contrarrestar a la burguesía con la nobleza y a ésta con la burguesía, halagando tan pronto los intereses de la una como los de la otra y procurando man. tener, en lo posible, el equilibrio entre ambas. Por esta fase de la monarquía absoluta han pasado casi todos los países civilizados de Europa, y a Federico Guillermo HI.

LA CONSTITUCIÓN PRUSIANA : 607 en los más progresivos ese régimen ha cedido el puesto, ahora, al gobierno de la burguesía. Prusia, el más avanzado de los Estados alemanes, ha carecido hasta ahora de una burguesía suficientemente acomodada, fuerte, unida y enérgica para sacudir la dominación del absolutismo y acabar con los vestigios de la nobleza feudal. Sin embargo, los dos elementos que lu. chan entre sí, nobleza y burguesía, se hallan en una situación tal, que el progreso natural de la industria y la civilización tiene necesariamente que acrecentar el bienestar y la influencia de uno de ellos (de la burguesía), en tanto que el otro (la nobleza) irá descendiendo, empobreciéndose y disminuyendo cada vez más de rango. Así, vemos que, mien. tras la nobleza y los grandes terratenientes prusianos se encuentran en peor situación cada año, de una parte a consecuencia de las devastadoras guerras libradas contra Francia a comienzos de este siglo, de otra como resultado de las leyes inglesas sobre el trigo,?2* que eliminan a Prusia del mercado de Inglaterra y, finalmente, por efecto de la competencia de Australia en una de sus principales ramas de producción, que es la lana, así como en virtud de toda otra serie de circunstancias, la burguesía de Prusia ha acrecentado en enormes proporciones su bienes. tar, sus fuerzas productivas y su influencia. Las guerras con Francia y el cierre de los mercados continentales a los artículos manufacturados procedentes de Inglaterra hicieron brotar en Prusia una industria y, al restablecerse la paz, los fabricantes enriquecidos eran ya: lo bastante fuertes para imponer al gobierno (como lo hicieron en 1818) aranceles protectores. Poco después, se fundó la Unión aduanera,*** que propició casi exclusivamente los intereses de la burguesía. Pero fue sobre todo la violenta lucha de competencia desencadenada entre las distintas naciones comerciales e industriales durante los anteriores treinta años de paz la que espoleó a la burguesía prusiana, un tanto indolente, y la obli. gó a decidirse entre consentir que la competencia extranjera la hundiera en la más completa ruina o poner seriamente manos a la obra, al igual que sus vecinos, Los progresos de la burguesía fueron.muy poco visibles hasta que en 1840, con motivo de la ascensión al trono: del nuevo rey,??% pareció presentarse el momento indicado para demostrar que, en Prusia, las condi. ciones habían cambiado considerablemente desde 1815. No necesito recapitular los progresos hechos de entonces acá por el movimiento de la burguesía y cómo fue extendiéndose a todas las partes del reino, hasta que por último se unieron a él toda la burguesía, gran parte de los cam. pesinos y buen número de nobles. Las reivindicaciones de la burguesía eran de este tenor: una Constitución representatitva, libertad de prensa, publicidad en los procesos, inamovilidad de los jueces y tribunal del jurado. Los campesinos o los pequeños propietarios de tierras se dieron perfectamente cuenta —por lo menos, en las partes más ilustradas del reino— de que estas medidas les interesaban también a ellos, ya que solamente así podían confiar en liberarse: de los vestigios del feudalismo y ejercer sobre la legislación la influencia apetecida. A su vez, la parte pobre de la nobleza pensó que el sistema constitucional le confería, tal vez, dentro del régimen legislativo, una posición adecuada a sus intereses y que, en todo caso, este sistema no podía ser más ruinoso para ella que el vigente en la actualidad. Fue, principalmente, la nobleza de la Prusia en sentido estricto y de Posen, muy agobiada por la falta de mercados para sus productos, la que, movida por aquellas razones, se sumó al movimiento liberal, La burguesía fue cayendo cada vez más en una situación difícil, Ha. bía logrado extender en considerable medida sus empresas manufactureras y mineras y su navegación; era la principal encargada de abastecer los mercados enclavados dentro de la Unión aduanera; habían crecido considerablemente su riqueza y su fuerza numérica. Pero, durante los últimos diez a quince años, la han amenazado con una peligrosa competencia los enormes progresos de las manufacturas y las minas inglesas. Los abarrotamientos del mercado inglés lanzaban grandes cantidades de mercancías sobrantes a la zona de la Unión aduanera, donde se vendían a precios que arruinaban a los alemanes más que a los ingleses, ya que éstos lograban en tiempos de prosperidad grandes ganancias en Norte. américa y en otros mercados en tanto que los prusianos no podían vender sus productos fuera de los dominios situados al otro lado de sus fronteras aduanales. A sus barcos se les negaba casi totalmente el acceso a los puertos de otros países, mientras que buques de todas las banderas tocaban en los puertos prusianos bajo las mismas condiciones que los barcos de esta nacionalidad.

Todo esto hizo que surgieran en Prusia —a pesar de disponer relativamente de poco capital— dificultades para invertir los capitales de un modo rentable. Los negocios parecían estancarse permanentemente; las fábricas, la maquinaria y los stocks de mercancías iban depreciándose de un modo lento, pero seguro; sólo durante un periodo corto de tiempo se vio interrumpido este estancamiento general por la especulación en torno a las empresas ferroviarias, iniciada en Prusia en los ocho años anteriores. Pero como estas especulaciones hicieron subir el valor del dinero circulante, resultó que sólo sirvieron para acentuar la depreciación de los stocks de mercancías, mientras que dichas especulaciones, por su parte, no demostraron ser muy lucrativas en la mayor parte del país, por razón de la densidad relativamente pequeña de la población y del incipiente grado de desarrollo de la industria. Brindaban, no obstante, una perspectiva de ganancia mayor que las demás inversiones industriales, razón por la cual todo el que disponía de algún capital participaba en ellas, Como suele ocurrir, estas especulaciones no tardaron en adquirir un carácter febril y desembocaron en una crisis que viene pesando sobre el mercado prusiano de dinero desde hace unos doce meses. Todo esto explica por qué la burguesía se hallaba al comienzo del presente año en una situación muy desagradable: los mercados moneta. rios se veían bajo la presión de una escasez de dinero extraordinaria; las zonas industriales reclamaban con más fuerza que nunca los aranceles protectores que el gobierno les niega; por su parte, las ciudades marítimas claman por leyes de navegación como único medio para aliviar la difícil situación en que se encuentran; y, por si fuera poco todo lo anterior, un alza de precios en los mercados de cereales que colocó al país al borde del hambre.

Todas estas causas de descontento pesaban al mismo tiempo, y con tanta mayor fuerza, como es natural, sobre el pueblo: los tejedores sile. sianos, sumidos en la mayor miseria; la industria algodonera, paralizada; en la gran región industrial del Rin, casi todos los obreros parados; la cosecha de patatas casi totalmente perdida y el pan vendido a precios de agio. Había llegado, manifiestamente, para la burguesía el momento de arrebatar el poder de manos de un rey débil mental, de una no. bleza sin fuerza y de una sombría burocracia, y asegurarlo para ella misma.

Es un hecho curioso, que se repite sin embargo en toda época revolucionaria, el que en el preciso instante en que la clase dirigente de un movimiento se halla en la situación más favorable para dar cima a su movimiento, el viejo y caduco gobierno no puede hacer ya otra cosa que implorar el apoyo de esta misma clase dirigente. Así ocurrió en 1789 en Francia, cuando el hambre, los malos negocios y las divisiones surgi. das en el seno de la nobleza empujaron, por así decirlo, a la burguesía a la revolución: precisamente en aquel momento, encontró el gobierno sus fuentes de dinero agotadas y se vio obligado a iniciar la revolución mediante la convocatoria de los Estados generales.228 Otro tanto sucede en Prusia en 1847. En el mismo momento en que la burguesía prusiana, más indiferente que la francesa, se ve casi obligada por las circuns- | tancias a cambiar el sistema de gobierno, la falta de dinero fuerza al rey a iniciar este cambio y a convocar, a su vez, a los Estados generales prusianos.» Está fuera de toda duda que los estamentos le opondrían menos resistencia de la que ahora le oponen si el mercado de dinero tuviese fluidez, las fábricas trabajasen a pleno rendimiento (como ocurriría si el comercio fuese floreciente, las ventas rápidas y, como consecuencia de ello, los precios de los artículos manufacturados ingleses, elevados) y pudiera obtenerse el trigo a un precio relativamente bajo. Pero así son las cosas: cuando se avecina una revolución, las clases progresivas de la sociedad llevan siempre las de ganar. : Durante los años 1845 y 1846 tuve ocasión de hacer ver más de una vez a los lectores del Star * que el Rey de Prusia se hallaba en una apurada situación financiera; y llamé también su atención hacia los diversos inteligentes planes con que sus consejeros trataban de sacarlo del apuro y pronostiqué que toda la historia acabaría en una convocatoria de los Estados generales. Como se ve, el acontecimiento ni fue inesperado ni se debió, como ahora se lo quiere presentar, a la magnánima benevolencia de Su Majestad; la verdad es que sólo la necesidad, la pobreza y la penuria pudieron mover al rey a dar semejante paso, y hasta los niños saben esto, en Prusia. Por consiguiente, la única pregunta que cabe hacer es ésta: ¿permitirá la burguesía prusiana que el rey, mediante la conb Es decir, a la Dieta prusiana unida, e Northern Star, cesión de un nuevo empréstito, garantizado por ella, siga como hasta aquí y continúe otros siete años ignorando sus peticiones y sus necesidades? Ya hemos contestado a esta pregunta. No podrá hacerlo. Hemos demostrado esto a la luz de la situación de las diferentes clases y trataremos de demostrarlo ahora a la vista de la composición de la Dieta unida, que es la siguiente: Representantes de la alta y baja nobleza ......... 311 Representantes de las ciudades y los campesinos ... 306 Puesto que el rey ha anunciado su intención de elevar mediante nuevos nombramientos el número de representantes de la alta nobleza (80, en total) podemos añadir la cifra de 30 al total de los representantes nobles, lo que aumentará a 341 el número de diputados de la nobleza, es decir, del partido gubernamental. De este número hay que restar las fracciones liberales de la baja nobleza, dos terceras partes de la nobleza de Posen y unos cuantos miembros de la nobleza renana, silesiana, brandemburguesa y westfaliana, digamos aproximadamente unos 70 miembros liberales de la nobleza que hay que suponer que votarán con las ciudades y los campesinos, y tendremos que la posición hipotética de los partidos será la siguiente: Nobleza o partido gubernamental .............. 271 Ciudades y campesinos, u oposición liberal ...... 376 De este modo, y aun concediendo que voten con el gobierno treinta o cuarenta representaciones de los estamentos de las ciudades o de los campesinos, resultará siempre una mayoría liberal de veinticinco a Cin. cuenta votos, y con un poco de energía por parte de los liberales no les será difícil contestar a cualquier petición de dinero con otra petición demandando la liberalización del régimen. Además, no cabe ninguna duda de que, en las actuales circunstancias, el pueblo apoyará a la burguesía y fortalecerá el ánimo y despertará las energías de los representantes en el parlamento mediante su presión desde fuera, lo que sería muy de desear.

Así, pues, aunque insignificante de por sí, la Constitución de Prusia marca, sin embargo, el comienzo de una mueva época para este país y para toda Alemania. Caracteriza el derrocamiento del absolutismo y de la nobleza y el ascenso de la burguesía; señala el inicio de un movimiento, que muy pronto habrá de conducir al logro de una Constitución representativa para la burguesía, a la libertad de prensa, a la independencia del poder judicial, al tribunal del jurado y quién sabe a cuántas cosas más. Esta Constitución marca la repetición del año 1789 en Prusia. Y aunque el movimiento revolucionario que ahora se inicia sólo interesa directamente a la burguesía, no deja de afectar también a los intereses del pueblo. A partir del momento en que se estructura el poder de la burguesía, comienza el específico y genuino movimiento democrático. En la lucha contra el despotismo y la aristocracia, el pueblo, el partido democrático, sólo puede desempeñar un papel secundario; el papel principal corresponde a la burguesía. Pero, desde el instante en que la burguesía instaura su propio gobierno y se identifica con un nuevo despotismo y una nueva aristocracia en contra del pueblo, desde ese instante mismo se manifiesta la democracia como un partido y un movimiento únicos y exclusivos; desde ese momento, la lucha se simplifica, queda reducida a dos partidos y se convierte por este hecho en una “lucha sin cuartel”. Así lo atestigua plenamente la historia de los partidos democráticos de Francia e Inglaterra. Hay otra circunstancia que merece señalarse. La conquista del poder político por la burguesía de Prusia hará cambiar la situación política de todos los países europeos. Se disolverá la alianza nórdica y Austria y Rusia, principales interesados en el reparto de Polonia,?27 quedarán com. pletamente aisladas del resto de Europa, pues Prusia arrastrará consigo a los pequeños Estados alemanes, que tienen, todos, gobiernos constitucionales. Por donde, esta Constitución, de suyo insignificante, hará cambiar por completo el equilibrio de fuerzas en Europa y determinará el paso de tres cuartas partes de Alemania del campo de la retrógrada Europa oriental al campo de la progresiva Europa occidental. En febrero de 1846 estalló la última insurrección polaca.228 En febrero de 1847 convoca Federico Guillermo a sus Estados generales, ¡La venganza de Polonia está en marchal