Notas al artículo del señor Adolph Bartels

Karl Marx

[Notas al artículo del señor Adolph Bartels]

["Deutsche-Brüsseler-Zeitung" N.º 101 del 19 de diciembre de 1847]

El señor
Adolph Bartels
afirma que la vida pública ha terminado para él. En realidad, con toda seriedad, se ha retirado a la vida privada: se limita, ante cada acontecimiento político, a lanzar protestas, a proclamar en voz alta que él cree ser dueño de sí mismo, que todo ha ocurrido sin él —el señor Bartels— y contra él —el señor Bartels—, y que posee el derecho de negar a los acontecimientos su sanción suprema. Se me concederá que también de este modo se puede participar en la vida pública, y que, con ayuda de tanto declarar, proclamar y protestar, el hombre que de hecho está en la vida pública se oculta tras el modesto porte del particular. Así se revela el genio incomprendido y desconocido.

El señor A. Bartels sabe muy bien que los demócratas de las diversas naciones, al agruparse bajo el nombre de Sociedad Democrática, no perseguían otro objetivo que intercambiar sus ideas y ponerse mutuamente de acuerdo sobre los principios que pueden servir a la realización de la unidad y la fraternidad entre los pueblos. Se comprende por sí mismo que en una sociedad con tales fines es deber de todos los extranjeros exponer abiertamente su opinión, y ya resulta ridículo calificarlos de
maestros de escuela
cada vez que toman la palabra para cumplir con su deber, precisamente como miembros de la asociación. Si el señor A. Bartels acusa a los extranjeros de querer dar lecciones, es tan sólo porque éstos se niegan a recibir lecciones de él.

Sin duda, el señor A. Bartels recuerda que, en el comité provisional al que pertenecía, llegó incluso a proponer que la asociación de los trabajadores alemanes se convirtiera en el
núcleo
de la nueva sociedad que se iba a fundar. Yo mismo tuve que rechazar aquella propuesta, en nombre de los trabajadores alemanes. ¿Acaso pretendía el señor Bartels tendernos con ello una trampa, a fin de procurarse un pretexto para una denuncia ulterior?

El señor Bartels tiene todo el derecho de insultar nuestras teorías calificándolas de «sucias y bárbaras». No ejerce crítica alguna, no aporta ninguna prueba; condena, por entero a la manera de la ortodoxia, maldiciendo de antemano lo que no comprende.

Somos más tolerantes que el señor A. Bartels. Pasamos por alto sus «diablos azules», que son diablos completamente inofensivos.

Puesto que el señor A. Bartels es más teócrata que demócrata, es naturalísimo que encuentre un cómplice en el
"Journal de Bruxelles"
. Este periódico nos acusa de querer
«mejorar el género humano»
. ¡Puede tranquilizarse! Por fortuna, los alemanes sabemos muy bien que desde 1640 la
Congregatio de propaganda fide
posee el monopolio exclusivo de mejorar el género humano. Somos demasiado modestos e insignificantes para hacer la competencia a los venerables padres, tan encomiablemente afanados por el bien de la humanidad. No tienen más que tomarse la molestia de comparar el informe de la
"Deutsche-Brüsseler-Zeitung"
con el del
"Northern Star"
, y podrán cerciorarse de que el
"Northern Star"
me atribuye, por un mero error, las palabras: «Cartistas… seréis celebrados como los salvadores del género humano.»

El
"Journal de Bruxelles"
está animado de un amor al prójimo más cálido cuando nos recuerda el ejemplo de
Anacharsis Cloots
, que tuvo que subir al cadalso por querer ser más patriota que los patriotas de 1793 y 1794. A este respecto no cabe reproche alguno a los venerables padres. Ellos nunca fueron más patriotas que los patriotas. Al contrario, siempre y en todas partes se les acusó de querer ser más reaccionarios que los reaccionarios y, peor aún, de defender los fines del gobierno más de lo que lo hacía el gobierno nacional. Si pensamos en las tristes experiencias que han hecho recientemente en Suiza, estamos enteramente dispuestos a reconocer que de su advertencia se desprende una generosidad digna de los primeros cristianos, cuando nos exhortan a tratar de evitar por nuestra parte el extremo opuesto y peligros semejantes. Les damos las gracias por ello.

Karl Marx