CARLOS MARX EL SALARIO13 Ya explicado: 1) Salario = precio de la mercancía.

La determinación del salario coincide, por tanto, en general, con la determinación del precio.

La actividad humana = mercancía.

La manifestación de la vida, la actividad vital, aparece como un simple medio: el fenómeno disociado de esta actividad, como fin. 2) En cuanto mercancía, el salario depende de la concurrencia de la oferta y la demanda.

3) A su vez, la oferta depende del costo de producción, es decir, del tiempo de trabajo necesario para producir una mercancía. 4) Relación inversa entre el salario y la ganancia. Antagonismo de las dos clases cuya existencia económica son la ganancia y el salario. 5) Lucha para elevar o alterar el salario. Asociaciones obreras. 6) Precio medio o normal del trabajo;11 el mínimo rige solamente para la clase obrera, no para el obrero individual. Coaliciones obreras para el mantenimiento del salario.

7) Cómo influyen sobre el salario la supresión de impuestos, los aranceles aduaneros, la reducción de los ejércitos, etc. El mínimo, determinado como promedio = precio de los medios de sustento indispensables. A d icio nes.

/. Atkinson.

1) Handloomweavers* (Trabajan 15 horas diarias.) (Llegan a. medio millón.) \ “Su distress ** condición inevitable del tipo de trabajo, de fácil aprendizaje y constantemente expuesto al peligro de verse desplazados por medios de producción más baratos. El rápido término de la demanda, ante una oferta tan grande, provoca la crisis. La inutilidad de una rama de trabajo y la aparición de otra produce sufrimientos temporales. Ejemplo # ** Tejedores manuales. (N. dej, E.)

Miseria. (N. del E.)

de los tejedores manuales de algodón en el distrito de Dakka, en la India; lanzados al hambre u obligados a retornar a los trabajos agrícolas por la competencia de la maquinaria inglesa.” (Extracto del discurso pronunciado por el Dr. Bowring en la Cámara de los Comunes, en julio de 1835.) (Utilizar para el debate sobre el librecambio este ejemplo del paso de un comercio a otro.)

2) Decir algo acerca de la teoría de la población. 3) Influencia de la alterada y extensa división del trabajo sobre la determinación del salario.

//. Carlyle.

1) No considerar solamente la cantidad de los wagés* Oscila también su calidad, bajo la acción de las fluctuaciones. 2) Ventaja del salario: que agudiza más la necesidad, el interés y el regateo de los obreros con el patrono. No hay ya en él nada patriarcal, como en la Edad Media.

Leyes de beneficencia, exterminio de las ratas, chargeable labourers.** 3) La mayor parte del trabajo no es skilled labour.*** 4) Toda la teoría maltusiana y comunista se reduce a que los obreros tienen en sus manos la posibilidad de alterar la demanda, dejando de procrear hijos.

III. Mac Culloch.

“El salario que percibe el obrero equivale, para el propietario de la máquina llamada hombre, a la cuota usual de ganancia, más una suma destinada to replace el wear y tear of the machines f o, lo que es lo mismo, a reemplazar los obreros viejos y desgastados por new ones.”ft IV. John Wade.

1) “Si de lo que se trata es de convertir al obrero en una máquina de la que pueda obtenerse la mayor cantidad posible de trabajo en una determinada ocupación, el medio más eficaz para conseguirlo es la división del trabajo.” 2) La reducción del trabajo impulsa a los obreros a disminuir sus gastos o aun incrementar su productividad, por ejemplo en las fábricas a base de maquinaria (y, en general) trabajando mayor número de horas o, tratándose de artesanos, tejedores manuales, etc., trabajando más en una misma hora. Pero, como su salario se reduce cabalmente por la * Salarios. (N. del E.)

** Obreros sujetos a tributación. (N. del E.)

*** Trabajo calificado. (N. del E.)

f Reponer el desgaste de las máquinas. (N. del E.) ff Otros nuevos. (N. del E.)

disminución de la demanda, tenemos que aumentar también la oferta en el momento desfavorable. Consecuencia de ello es que N su salario “baje” todavía más, y entonces viene el burgués, y dice: “¡Ah, si la gente se decidiera a trabajar más!” 3) Es una ley general la de que no pueden existir dos precios del mercado y de que (a calidad igual) se impone siempre el más bajo. Supongamos que de 1,000 obreros igualmente diestros se queden sin trabajo 50: el precio se determinará, no por los 950 que siguen trabajando, sino por los 50 que se quedan ociosos.

Pero esta ley del precio del mercado gravita con mayor dureza sobre la mercancía trabajo que sobre cualquier otra mercancía, porque el obrero no puede guardar su mercancía esperando mejores tiempos, sino que necesita seguir trabajando, si no quiere morirse de hambre, por falta de medios de sustento.

La mercancía vendible trabajo se distingue de cualquiera otra precisamente por su carácter precario, por la imposibilidad de acumularla y por el hecho de que, aquí, la oferta no puede aumentar o disminuir tan fácilmente como en los demás productos.

4) La humanidad de los capitalistas consiste en comprar la mayor cantidad posible de trabajo al precio más barato que puedan. Los obreros agrícolas ganan más en verano que en invierno, a pesar de que en invierno necesitan más alimento, calefacción y ropa de abrigo. 5) Por ejemplo, la abolición del domingo representaría tina pura pérdida para los obreros. Los patronos [se las arreglarían] para alterar el salario, fijándolo nominalmente y haciendo a los obreros, por ejemplo, trabajar un cuarto de hora más, descontándoles el tiempo de las comidas, etcétera.

6) Determinación del salario por las modas, los cambios de estaciones y las fluctuaciones comerciales. 7) Cuando el obrero, desplazado por la máquina, cambia de rama de trabajo es, por lo general, para pasar a otra peor. Y ya no recobra nunca su situación anterior.

La máquina y la división del trabajo sustituyen el trabajo caro por otro más barato.

Se propone a los obreros: 1) las cajas de ahorros; 2) aprender toda suerte de ramas de trabajo (de este modo, cuando en una de ellas hubiera exceso de obreros, sucedería inmediatamente otro tanto en todas). 8) En los períodos de estancamiento: a) cesación del trabajo; b) reducción del salario; c) seguir percibiendo el mismo salario, pero trabajando pocos * días a la semana.

9) Con respecto a las combinations of trade* hay que observar: 1) Los desembolsos de los obreros (los costos). Invención de má- * Asociaciones obreras. (N. del E.)

quinas, como consecuencia de las coaliciones. Otra división del trabajo. Rebaja del salario.

2) Si se lograra, sin mantener elevados todos los salarios, que la ganancia descendiera considerablemente por debajo de la ganancia media de otros países o que el capital aumentara más lentamente, quedaría arruinada la industria del país en cuestión y con ella se arruinarían los obreros a la par que los patronos, y aún más: se desplazarían las fábricas hacia otras localidades.

La disminución de los impuestos no favorece en nada a los obreros; en cambio, su aumento los perjudica. Lo que tiene de bueno el aumento de los impuestos en los países desarrollados desde el punto de vista burgués es que arruina a los pequeños campesinos y propietarios (artesanos, etc.), arrojándolos a la clase obrera.

Influencia sobre los salarios de los irlandeses en Inglaterra y de los alemanes en Alsacia.

V. Babbage.

El sistema truck* VI. Andrew Ure.

Principio general de la industria moderna: sustitución de los adultos por niños, de los obreros calificados por los peones y de los hombres por mujeres.

Nivelación de los salarios. Es una característica fundamental de la moderna industria.

VII. Rossi.

El señor Rossi opina: El fabricante no hace más que descontar al obrero la parte que le corresponde en el producto, ya que el obrero no puede esperar a que se venda. Lo primero es una especulación que para nada afecta directamente al proceso de producción. Si el obrero pudiera sostenerse hasta el momento de vender el producto, podría reclamar más tarde, como asociado, su parte correspondiente.

Por tanto, el salario no es un elemento integrante de la producción, como el capital y la tierra. Es tan sólo un accidente, una forma de nuestro estado social. El salario nada tiene que ver con el capital. El salario no es un factor indispensable de la producción. Podrá desaparecer, con otra organización del trabajo. * Pago de salario, no en dinero, sino en mercancías, generalmente de precio superior y calidad inferior a los normales. (N. del E.) VIH. Cherhuliez.

1) “El aumento del capital productivo no trae consigo necesariamente el aumento del aprovisionamiento de los obreros. Puede ocurrir que aumenten las materias primas y la maquinaria y que el aprovisionamiento, en cambio, disminuya.

El precio del trabajo depende: a) de la cantidad absoluta del capital productivo; b) de la proporción entre los diferentes elementos del capital, dos hechos sociales sobre los que no puede influir en lo más mínimo la voluntad de los obreros.

2) Lo que hace que sea venturosa o desdichada la situación del obrero no es tanto su consumo absoluto como su consumo relativo. Más allá del consumo necesario, el valor de nuestro disfrute es esencialmente relativo ” Cuando se habla del aumento o la baja del salario, no debe perderse de vista todo el mercado mundial y la situación de los obreros en lás distintas regiones.

Anhelos igualitarios y otros deseos encaminados a la justa determinación del salario. El mismo salario mínimo varía y tiende constantemente a descender. Ejemplo del aguardiente.

IX. Bray.

Cajas de ahorro.

Triple palanca en manos del despotismo y del capital: 1) El dinero refluye al banco nacional, el cuál obtiene ganancias, que luego retransfiere en forma de crédito a los capitalistas. 2) Es una cadena dorada por la que el gobierno mantiene sujeta a grarí parte de la clase obrera.

3) Con ella, se ponen también nuevas armas en manos de los capitalistas en cuanto tales. Una vez que baja el salario, ya no vuelve a subir a su nivel anterior; salario absoluto y relativo.

I. ¿Cómo influye sobre el salario el incremento de las fuerzas productivas? (cfr. VI, 3).* Maquinaria: división del trabajo.

En cuanto a la competencia de los obreros con las máquinas, hay que observar que los obreros manuales (por ejemplo, los tejedores a mano) sufren más de ella que los que trabajan directamente en la fábrica, con máquinas.

El trabajo se simplifica. Su costo de producción disminuye. Se abarata. Aumenta la competencia entre los obreros.

* Referencia al punto 3 del apartado VI de este mismo trabajo (v. más abajo, páginas 174-179).

Paso de una rama de trabajo a otra. Ver acerca de esto lo que dice el Dr. Bowring, con respecto a los tejedores manuales del distrito de Dakka, en la India, en su discurso del parlamento, 1835.

El nuevo trabajo a que se ven empujados los obreros es peor que el que anteriormente ejecutaban los obreros manuales. Sustitución del trabajo de los adultos por el de los niños, del de los hombres por el de las mujeres, del de los obreros calificados por el de los peones. 0 aumento de las horas de trabajo o disminución del salario. La competencia entre los obreros no consiste solamente en que uno se venda más barato que el otro, sino en que uno realiza el trabajo de dos. El incremento de las fuerzas productivas en general acarrea las siguientes consecuencias: a) Empeora relativamente la situación del obrero con respecto al capitalista, ya que el valor del disfrute es siempre relativo. Los disfrutes de por sí no son, en efecto, otra cosa que disfrutes sociales, relaciones. b) El obrero tiende a convertirse en una fuerza productiva cada vez más unilateral, que produce la mayor cantidad posible en el menor tiempo posible. El trabajo calificado va convirtiéndose cada vez más en trabajó simple.

c) El salario depende cada vez más del mercado mundial. .. * como jugando la situación del obrero.

d) Dentro del capital productivo, la parte destinada a maquinaria y materias primas aumenta mucho más rápidamente que destinada a aprovisionamiento [de los obreros]. Por tanto, el aumento del capital productivo no lleva aparejado necesariamente un aumento de la demanda de trabajo.

El salario depende: a) de la masa del capital productivo en general; P) de la producción entre sus partes integrantes.

Sobre ninguno de ambos factores influye el obrero. (A no ser por las fluctuaciones del salario, el obrero no participaría para nada en el desarrollo de la civilización, sino que permanecería estacionario.) Todo desarrollo de una nueva fuerza productiva es, al mismo tiempo, un arma en contra de los obreros. Así, por ejemplo, todos los progresos logrados en cuanto a los medios de comunicación fomentan la competencia entre los obreros de distintas localidades y convierten la concurrencia local en nacional, etc.

El abaratamiento de todas las mercancías— si bien esto no es aplicable, por lo demás, a los medios de sustento más directos— hace que el obrero sé vista con harapos mal cosidos y que su miseria se tiña con los colores de la civilización.

* Palabra difícilmente descifrable, en el manuscrito. (N. del E.) IL La competencia entre obreros y patronos.

a) En cuanto a la determinación del salario relativo, hay que decir que no tienen el mismo valor un táler para un obrero y un táler para un patrono. El obrero se ve obligado a comprarlo todo más caro y de peor calidad. Su táler no moviliza tantas mercancías como el del patrono ni de tan buen género. El obrero no tiene más remedio que malgastar, comprando y vendiendo en contravención de todos los principios económicos. En términos generales, debemos hacer constar aquí que, al decir esto, sólo nos fijamos en uno de los lados del problema, en el salario mismo. La explotación del obrero se reanuda, tan pronto como cambia por otras mercancías el fruto de su trabajo. El tendero, el prestamista, el casero, tout le monde Vexploite encore une fois * /?) El patrono, por cuanto dispone de los medios para ocupar al obrero, dispone también de los medios de sustento de éste, lo que quiere decir que la vida del obrero depende de él; y ello significa, asimismo, que el obrero se ve obligado a degradar su actividad de vida, para convertirla en simple medio de existir.

y) La mercancía trabajo adolece de grandes inconvenientes, en comparación con otras mercancías. En la competencia con los obreros, para el capitalista sólo se ventila la ganancia; para el obrero se ventila en ella la existencia misma.

El trabajo tiene un carácter más precario que las otras mercancías. No puede acumularse. La oferta no puede aumentar o disminuir tan fácilmente como con respecto a las demás. 8) Régimen fabril. Legislación sobre el trabajo a domicilio. Sistema truck, en que el patrono engaña al obrero, vendiéndole las mercancías por encima de su precio y manteniendo intangible el salario nominal. III. La competencia entre los obreros.

a) Según una ley económica general, no puede haber dos precios del mercado. Entre 1.000 obreros de la misma destreza, el salario no lo determinan los 950 que trabajan, sino los 50 que se quedan parados. Influencia de los irlandeses en la situación de los obreros ingleses y de los alemanes en la de los alsacianos. b) Los obreros no se hacen la competencia solamente en cuanto que uno se ofrece más barato que el otro, sino también en cuanto que uno trabaja por dos.

Ventajas del obrero soltero sobre el casado, etc. Competencia entre los obreros del campo y los de la ciudad.

IV. Las fluctuaciones del salario.

Obedecen: 1) A las variaciones de las modas.

* Todo el mundo vuelve a explotarle, una vez más. (N. del E.) 2) A los cambios de las estaciones.

3) A las fluctuaciones comerciales.

En caso de crisis, a) el obrero se ve obligado a reducir sus gastos o, [para] aumentar su productividad, a trabajar mayor número de horas o a fabricar más productos en una misma hora. Pero, como su salario se reduce, al disminuir la demanda de su producto, empeora todavía más la relación desfavorable entre la oferta y la demanda, y entonces viene el burgués y dice: jAh, si la gente quisiera trabajar más! Y su salario desciende todavía más a consecuencia de su exceso de trabajo.

/?) En los estados de crisis: Paro total. Descenso del salario. Estancamiento del salario y reducción de los días de trabajo.

y) En todas las crisis, observamos el siguiente movimiento cíclico, con respecto a los obreros: El patrono no puede ocupar a los obreros, porque su producto no encuentra salida. No puede dar salida a su producto, porque no encuentra compradores. Y no encuentra compradores, porque los obreros no pueden ofrecer en intercambio otra cosa que su trabajo, razón por la cual nadie se lo toma a cambio.

$) Cuando se habla de la subida del salario, hay que tener presente que se debe tomar siempre en consideración el mercado mundial y que la subida del salario se obtiene a costa de privar del pan a los obreros de otros países.

Y. El salario mínimo.

1) El salario percibido por el obrero es el ingreso que al propietario le reporta su máquina, su cuerpo. Ese ingreso incluye la suma necesaria para reponer el wear y tear * de la máquina o, lo que tanto vale, para sustituir por otros nuevos los obreros viejos y agotados. 2) El salario mínimo implica, por ejemplo, el que la abolición del domingo representaría una pura pérdida para los obreros. Estos tendrían que ganarse el salario en peores condiciones. No es otro el sentido de los sagaces filántropos que protestan fogosamente contra la fiesta dominical. 3) Aunque el salario mínimo se determina, en cuanto al promedio, por el precio de los medios de vida estrictamente indispensables, hay que observar: Primero, que el mínimo varía según los diversos países, por ejemplo, patatas en Irlanda.

Segundo, no sólo esto, sino que el mínimo responde siempre a un movimiento histórico y tiende a descender siempre por debajo del level ** absoluto inferior. Ejemplo del aguardiente, que primero se fabricaba de agua vulneraria, más tarde de trigo, y por último de alcohol. Contribuyen a rebajar el salario al nivel mínimo realmente más bajo: 1) el desarrollo general de la maquinaria de producción, la división * Desgaste. (N. del E.)

** Nivel. (N. del E.)

del trabajo, la tendencia a la competencia de los obreros entre sí, libre de las trabas locales, y 2) el aumento de los impuestos y los gastos cada vez mayores de los presupuestos públicos, pues aunque, según hemos visto, la supresión de un impuesto no favorece en nada al obrero, en cambio le perjudica la creación de otros nuevos, mientras el salario mínimo no se vea aún reducido a su última expresión, y lo mismo ocurre con todos los entorpecimientos y perturbaciones del tráfico civil. Por otra parte, dicho sea de pasada, el aumento de los impuestos conduce a la ruina de los pequeños campesinos, los burgueses modestos y los artesanos. Un ejemplo de ello lo tenemos también en la guerra de la independencia. Los progresos de la industria, que traen consigo productos más baratos y mercancías de peor calidad.

3) El salario mínimo tiende a nivelarse en los distintos países. 4) Cuando el salario desciende, aunque vuelva a subir, no recobra nunca su nivel anterior.

A lo largo del desarrollo, el salario desciende, por tanto, de dos modos: Primero, en términos relativos, con relación al desarrollo de la riqueza general.

Segundo, en términos absolutos, al disminuir la cantidad de mercancías que él obrero obtiene a cambio de su salario. 5) En el transcurso de la gran industria, el tiempo va convirtiéndose cada vez más en la medida de valor de las mercancías y también, por consiguiente, en la medida del salario. A la par con ello, se abarata cada vez más la producción de la mercancía trabajo, que cuesta un tiempo de trabajo cada vez menor, con el desarrollo de la civilización. El campesino dispone todavía de tiempo libre, que utiliza para mejorar sus ingresos. Pero la gran industria (no la industria manufacturera) acaba con esta [situación] patriarcal. Aquí se ve absorbido por el tráfago, más y más, cada mes de la vida, de la existencia del obrero. (Añadir, ahora, los siguientes apartados: 1) Propuestas encaminadas a mejorar la situación de los obreros. Malthus, Rossi, etc. Proudhon, Weitling.

2) Las asociaciones obreras.

3) Apreciación positiva del trabajo asalariado.)

VI. Propuestas de mejora.

1. Una de las propuestas más favoritas es el sistema de las cajas de ahorro.

Huelga hablar de la imposibilidad de ahorrar en que se halla la inmensa mayoría de los obreros. La finalidad —o, por lo menos, el sentido estrictamente económico de las cajas de ahorro— pretende ser ésta: que los obreros,, gracias a su prudencia y habilidad, se las arreglen para compensar las épocas de trabajo buenas con las malas y para distribuir su salario, en el ciclo recorrido por el movimiento industrial, de tal modo que no gasten nunca más que el salario mínimo, lo estrictamente indispensable para vivir. Pero ya hemos visto no sólo que las fluctuaciones del salario revolucionan al obrero, sino que éste, sin el alza momentánea del salario por encima del mínimo, se vería situado al margen de todos los progresos de la producción, de la riqueza pública y de la civilización y, por tanto, de toda posibilidad de llegar a emanciparse. Se trata de convertirlo en una máquina de cálculo burguesa, de elevar a sistema la cicatería y de dar a la vida andrajosa un carácter estacionario, conservador. Aparte de esto, vemos que el sistema de las cajas de ahorro pone una triple palanca en manos del despotismo: 2) * La caja de ahorros es la cadena dorada con que el gobierno mantiene sujeta a gran parte de la clase obrera. De este modo, no sólo se la interesa por el mantenimiento del orden existente, no sólo se abre una brecha entre la parte de la clase obrera que participa en las cajas de ahorro y la que no tiene parte en ellas, sino que los propios obreros entregan así a sus enemigos las armas encaminadas a mantener en pie la organización actual de la sociedad, que los sojuzga. 3) El dinero refluye de nuevo al banco nacional, el cual se lo retransfiere en forma de créditos a los capitalistas, dividiéndose entre ambos las ganancias e incrementando así, con el dinero que a cambio de unos intereses mezquinos les presta el pueblo, lo que precisamente gracias a esta centralización se convierte en poderosa palanca industrial: su capital, su poder directo de opresión sobre el pueblo.

2. Otra propuesta predilecta de los burgueses es la educación, especialmente la educación industrial total. No queremos poner de manifiesto aquí la insulsa contradicción que supone el hecho de que la industria moderna tienda cada vez más a sustituir el trabajo complejo por el simple, que no requiere educación alguna; ni queremos tampoco llamar la atención hacia el hecho de que ponga a trabajar junto a las máquinas, en número cada vez mayor, a niños de siete años en adelante, convirtiéndolos en fuente de lucro para la clase burguesa y en fuente de ingresos para sus propios padres. El sistema fabril hace que sean letra muerta las leyes escolares, como lo demuestra el ejemplo de Prusia. Y tampoco queremos señalar que la formación intelectual, suponiendo que el obrero la tuviese, para nada influiría directamente en su salario, que la educación depende, en general, de las condiciones de vida, que el burgués [entiende] por educación moral el inculcar los principios burgueses y, finalmente, que la clase burguesa no dispone de los medios necesarios para ofrecer al pueblo una verdadera educación, ni los emplearía tampoco, suponiendo que los tuviera. Nos limitaremos a poner de relieve aquí un punto de vista puramente económico.

El único sentido que la educación tiene para los filántropos economistas es éste: hacer que el obrero aprenda el mayor número posible de ramas de trabajo, para que, cuando se vea arrojado de una de ellas por el empleo de nuevas máquinas o una distinta división del trabajo, pueda encontrar el más fácil acomodo posible en otra.

Suponiendo que ello fuera posible, esto traería como consecuencia el * El punto 1) falta en el manuscrito. (N. del E.)

que, al existir exceso de brazos en una rama de trabajo, este exceso se manifestase inmediatamente en todas las demás, con lo que, aún más que hasta ahora, la baja del salario en un campo industrial acarrearía inmediatamente el descenso general de los salarios. Ya sin necesidad de esto nos encontramos con que la moderna industria, al simplificar extraordinariamente el trabajo en todas las ramas y hacer más fácil su aprendizaje, hace que la subida del salario en una rama industrial provoque en seguida la afluencia de obreros a ella,^ con lo que la baja de salarios adquiere más o menos directamente carácter general.

No podemos entrar aquí, naturalmente, en los numerosos pequeños paliativos a que recurre la burguesía.

3. Pero sí debemos decir algo de una tercera propuesta que se ha traducido prácticamente y se traduce todos los días en consecuencias muy importantes: nos referimos a la teoría maltusiana. Toda esta teoría, en aquello en que aquí nos interesa, se reduce a lo siguiente: a) El nivel del salario depende de la proporción entre la mano de obra que se ofrece y la mano de obra que encuentra demanda. El salario puede aumentar de uno de dos modos: o bien cuando el capital que pone en acción el trabajo aumenta con tal rapidez que la demanda de obreros experimenta un aumento todavía más rápido —en progresión más acelerada— que su demanda; o bien, en segundo lugar, cuando la población aumenta con tal lentitud, que la competencia entre los obreros permanece débil, aunque el capital productivo no crezca rápidamente.

Vosotros, los obreros, no podéis influir en uno de los dos términos de esta relación, el aumento del capital productivo.

Sí podéis, en cambio, influir en el otro término.

Podéis amortiguar la oferta entre los obreros, es decir, la competencia entre ellos, procreando el menor número posible de hijos. Para poner al descubierto todo lo que hay de necio, de infame y de hipócrita en esta doctrina, basta con decir lo siguiente: ¡3) (Añadir esto al punto I: ¿Cómo influye sobre el salario el crecimiento de las fuerzas productivas? *) El salario aumenta al aumentar la demanda de trabajo. Y la demanda de trabajo aumenta cuando aumenta el capital que pone en acción al trabajo, es decir, al incrementarse el capital productivo. A este propósito, cumple hacer dos observaciones fundamentales: Primera: Condición primordial para el aumento del salario es el incremento del capital productivo y el más rápido crecimiento posible de éste. Condición primordial para que los obreros puedan hallarse en una situación tolerable es, por tanto, que su situación se haga cada vez peor que la de la clase burguesa, que el poder de su adversario —el capital— aumente todo lo posible. Es decir, que los obreros sólo pueden encontrarse en una situación tolerable a condición de que engendren y fortalezcan al poder enemigo de ellos, a su propia antítesis. Bajo esta condición, * El punto I es el que figura más arriba, págs. 168-169. (N. del E.) creando el poder enemigo suyo, este poder hará que afluyan a los obreros los medios necesarios para mantenerlos ocupados, medios que volverán a convertirles en parte del capital productivo y en palanca para incrementarlo, en un movimiento acelerado de crecimiento. Y diremos, de pasada, que cuando se ha comprendido esta relación entre el capital y el trabajo, tienen necesariamente que antojarse ridículos todos los intentos fourieristas de conciliación, y otros semejantes a ellos. Segunda: Una vez que hemos explicado, en términos generales, esta insensata relación, viene a sumarse a ella un segundo elemento, aún más importante.

En efecto, ¿qué significa el incremento del capital productivo y bajo qué condiciones se efectúa?

Crecimiento del capital es = acumulación y concentración del capital. A medida que el capital se acumula y se concentra, conduce al trabajo en una escala superior y, por tanto, a una distinta división del trabajo, que hace que éste se simplifique más todavía; y, además, a la introducción de maquinaria en mayor escala y al empleo de nuevas máquinas. Es decir, que, a medida que crece el capital productivo, crece la competencia entre los obreros, puesto que la división del trabajo se simplifica y cada rama de trabajo es asequible a cualquiera.

La concurrencia crece entre ellos, además, por otra razón, y es que tienen que competir en igual medida con las máquinas, que les dejan sin pan. La concentración y acumulación del capital productivo, al elevar cada vez más^ la escala en que se produce y al bajar cada vez más el tipo de interés, por efecto de la competencia entre los capitales que se ofrecen, acarrean las siguientes consecuencias: Las pequeñas empresas industriales se hunden y no pueden hacer frente a la competencia con las grandes. Sectores enteros de la clase burguesa se yen empujados a las filas de la clase obrera. De este modo, la competencia entre los obreros crece por efecto de la ruina de los pequeños industriales, fatalmente unida al crecimiento del capital productivo. Y, al mismo tiempo, con la baja del tipo de interés, los pequeños capitalistas que antes no participaban directamente en la industria se ven obligados a convertirse en industriales, es decir, a inmolar nuevas víctimas en el campo de batalla de la industria. Por tanto, también por este lado crece la clase obrera y aumenta la competencia entre los obreros. El crecimiento de las fuerzas productivas obliga a trabajar en mayor escala y ello hace que la superproducción momentánea sea cada vez más inevitable, que el mercado mundial se extienda más y más y que, por tanto, al hacerse universal la competencia, adquieran las crisis un carácter cada vez más violento. Se estimula súbitamente a los obreros a casarse y multiplicarse, se concentran y aglomeran en masas cada vez mavores y su salario desciende sin cesar. Cada nueva crisis provoca así, directamente, una concurrencia mucho mayor entre los obreros.

En general, el crecimiento de las fuerzas productivas, con sus medios r1 c°munic.^ción cada vez más veloces, una circulación acelerada y una febril rotación de los capitales; todo ello, trae como consecuencia que se produzca más en el mismo tiempo y que, por tanto, con arreglo a la ley de la competencia, sea necesario producir más. Dicho en otros términos, I?ó CARLOS MARX la producción se lleva a cabo en condiciones cada vez más difíciles y, para poder hacer frente a la competencia en estas condiciones, no hay más remedio que trabajar en escala cada vez mayoi y concentrar el capital en un número de manos cada vez más reducido. Y, para que esta producción en escala superior resulte fructífera, no cabe otro recurso que ampliar continua y desproporcionadamente la división del trabajo y la maquinaria.

Esta producción, en condiciones cada vez más difíciles, se hace también extensiva- a?los obreros, como parte que son del capital. Estos se ven obligados a trabajar en condiciones cada vez más difíciles, es decir, percibiendo un salario cada vez menor y trabajando más, produciendo más por un costo de producción cada vez más barato. De este modo, el salario mínimo va reduciéndose más y más, aumenta el esfuerzo y disminuye más aún el mínimo del disfrute de la vida. Así, pues, el crecimiento de las fuerzas productivas trae consigo un imperio cada vez mayor del gran capital, la simplificación cada vez mayor de la máquina llamada obrero y la agudización de la competencia directa entre los obreros mediante el aumento de la división del trabajo y el empleo de maquinaria, mediante primas concedidas en toda regla a la producción maquinizada, mediante la competencia de las fracciones arruinadas de la clase burguesa, etc.

Y aún podemos formular la cuestión en términos más sencillos: El capital productivo consta de tres partes integrantes: 1) La materia prima elaborada.

2) Las máquinas y los materiales (carbón, etc.) necesarios para moverlas, los edificios, etc.

3) La parte del capital que se destina a sostener a los obreros. Pues bien, ¿cómo se comportan entre sí estos tres elementos en el proceso de crecimiento del capital productivo?

El crecimiento del capital productivo lleva aparejada su concentración, lo que supone que sólo pueda rendir ganancias si se le explota en escala cada vez mayor.

Una gran parte del capital se convertirá, por tanto, directamente en instrumento de trabajo, funcionará como tal, y cuanto más crezcan las fuerzas productivas mayor será esta parte del capital convertida directamente en maquinaria. El aumento de la maquinaria y el de la división del trabajo trae consigo el que se produzca incomparablemente más en menos tiempo. Ello quiere decir que deberá aumentar en la misma proporción la provisión de materia prima. A medida que crece el capital productivo, aumenta también, necesariamente, la parte del capital invertida en materias primas. Sólo resta, pues, la tercera parte del capital productivo, destinado a sostener a los obreros; es decir, la parte que se invierte en el pago de salarios.

Ahora bien, ¿cómo se comporta el aumento de esta parte del capital productivo con respecto a las otras dos?

La desproporción no crece en proporción aritmética, sino geométrica. Al ampliarse la división del trabajo, tenemos que un solo obrero produce tanto como antes tres, cuatro o cinco. Y la maquinaria trae como consecuencia la misma proporción, sólo que en escala incomparablemente mayor. Fácilmente se comprende, por tanto, que el aumento de las partes del capital productivo invertidas en maquinaria y materias primas no va acompañado por un aumento análogo de la parte del capital destinado a pagar salarios. Si así fuera, se frustraría, en efecto, la finalidad que se persigue con el empleo de maquinaria y con la división ampliada del trabajo. De suyo se comprende, por ello, que la parte del capital productivo que se invierte en salarios no crece ni puede crecer en la misma proporción que las partes que se destinan a maquinaria y materias primas. Más aún. En la misma proporción en que crece el capital productivo, es decir, en que crece el poder del capital en cuanto tal, crece también la desproporción entre el capital invertido en materias primas y en máquinas con respecto al que se desembolsa en pago de salarios. Lo que quiere decir que la parte del capital productivo que se destina al salario va disminuyendo cada vez más, proporcionalmente al que actúa bajo la forma de maquinaria y materias primas.

El capitalista, después de invertir un capital mayor en maquinaria, se ve obligado a ampliar el capital destinado a comprar materias primas y materiales necesarios para mantener las máquinas en acción. En cambio, si antes ocupaba a 100 obreros, es posible que ahora ocupe solamente a 50. De otro modo, se vería obligado, tal vez, a duplicar nuevamente las otras partes de su capital, aumentando todavía más la desproporción. Tendrá, por tanto, que licenciar a 50 obreros, si es que no consigue hacer que los 100 trabajen por el mismo precio que antes se pagaba a 50. Quedarán, pues, en el mercado obreros sobrantes. Al cambiar la división del trabajo, sólo será necesario aumentar el capital destinado a las materias primas. En vez de tres obreros, ahora trabajará tal vez uno solo.

Pero supongamos que se dé el caso más favorable de todos. Que el capitalista amplíe su empresa en condiciones tales que no sólo pueda retener el número de obreros anterior —y, como es natural, a él no le preocupa en lo más mínimo el aguardar a poder hacerlo—, sino incluso aumentarlo: para conservar el mismo número de obreros, y más aún para aumentarlo, sería necesario acrecentar la producción en enormes proporciones y, con ello, la relación entre el número de obreros y las fuerzas productivas se volvería infinitamente más desproporcionada. Ello aceleraría la superproducción y, al estallar la siguiente crisis, se verían lanzados al paro más obreros que nunca.

Constituye, pues, una ley general, derivada necesariamente de la naturaleza de las relaciones entre capital y trabajo, el que, al crecer las fuerzas de la producción, la parte del capital productivo invertida en maquinaria y en materias primas, es decir, el capital en cuanto tal, aumente desproporcionadamente con respecto a la parte destinada al pago de salarios. En otras palabras: los obreros dispondrán, para repartirse entre ellos, de una parte cada vez menor, en proporción a la masa total del capital productivo. Y, como consecuencia de esto, la competencia entre los obreros será cada vez más enconada. Dicho en otros términos: al crecer el capital productivo, disminuirán proporcionalmente ¡os medios de ocupación y de Escritos económicos.— 12 sustento de los obreros, lo que vale tanto como decir que la población trabajadora crece con rapidez mucho mayor que los medios con que se cuenta para ocuparla. Y crece, cabalmente, en la misma proporción en que se incrementa, en general, el capital productivo.

Para poder compensar la desproporción más arriba señalada, tiene que aumentar en proporción geométrica el capital productivo, y su incremento deberá ser todavía mayor, para reajustarse más tardecen tiempo de crisis. Esta ley, emanada pura y simplemente de las relaciones entre el obrero y el capital y que, por tanto, hace que sea desfavorable para el obrero incluso el estado de cosas más favorable, que es el rápido crecimiento del capital productivo, lo convierten los burgueses de una ley social^ en una ley natural, al sostener que la población crece, por ley natural, más aprisa que los medios de ocupación o medios de sustento.

No comprenden que el crecimiento del capital productivo lleva consigo el crecimiento de esta contradicción. Sobre esto volveremos más adelante.

La fuerza productiva, principalmente, la fuerza social de los mismos obreros, no se les paga e incluso se vuelve en contra suya. y) Primer absurdo: Hemos visto que, si aumenta el capital productivo —que es el caso más favorable previsto por los economistas— y crece, por tanto, proporcionalmente la demanda de trabajo, va implícito en el carácter de la moderna industria y en la naturaleza del capital el que los medios para dar ocupación a los obreros no aumenten en la misma proporción, el que las mismas circunstancias que hacen crecer el capital productivo hacen que aumente más rápidamente todavía la desproporción entre la oferta y la demanda de trabajo; en una palabra, que el crecimiento de las fuerzas productivas hace crecer, al mismo tiempo, la desproporción entre los obreros y los medios para ocuparlos. Y esto no depende ni del aumento de los medios de vida ni del aumento de la población, de por sí considerado. Es una consecuencia necesaria de la naturaleza misma de la gran industria y de las relaciones entre el trabajo y el capital. Y si el crecimiento del capital productivo es lento o éste permanece estacionario o incluso desciende, tendremos que el número de obreros resulta siempre excesivo, en proporción a la demanda de trabajo. En ambos casos, el más propicio y el más desfavorable, se desprende de las relaciones entre el trabajo y el capital, de la naturaleza del capital mismo, que la oferta de mano de obra será siempre demasiado grande, en proporción a la demanda.

S) Aun prescindiendo del dislate que representa pretender que la clase obrera en bloque decida dejar de procrear, tenemos que su situación hace, por el contrario, que el impulso sexual constituya para ella un especial acicate, ya que la vida no le ofrece otros goces, y se desarrolle exageradamente.

La burguesía, después de haber reducido al mínimo la existencia del obrero, por si eso fuera poco, trata de reducir también al mínimo su coeficiente de reproducción. s) Por lo demás, la burguesía no toma muy en serio, ella misma, estas frases y exhortaciones, como se desprende de lo que sigue: Primero: la industria moderna, al sustituir los adultos por los niños, asigna una verdadera prima a la procreación.

Segundo: la gran industria necesita constantemente de un ejército de reserva de obreros parados, para los tiempos de superproducción. La principal finalidad que el burgués persigue con respecto al obrero no es otra, en efecto, hablando en general, que la de obtener la mercancía trabajo lo más barata que le sea posible, cosa que sólo puede conseguir a condición de que la oferta de esta mercancía exceda en la mayor proporción posible de la demanda; es decir, a condición de que exista la mayor superpoblación posible.

La superpoblación interesa, pues, a la burguesía, y ésta le da al obrero un buen consejo, a sabiendas de que es irrealizable. £) Como el capital solo aumenta dando ocupación a obreros, el aumento del capital lleva consigo un aumento del proletariado y, según hemos visto, la naturaleza misma de las relaciones entre el capital y el trabajo exige que el aumento del proletariado sea, relativamente, mucho más rápido.

V) Sin embargo, la mencionada teoría, que gusta de presentarse como una ley natural, sosteniendo que la población crece más rápidamente que los medios de vida, es tanto más grata para el burgués cuanto que aquieta su conciencia, trueca su dureza de corazón en un deber moral, convierte las consecuencias de la sociedad en imperativos de la naturaleza y, por último, le da pie para contemplar la muerte por hambre del proletariado con la misma tranquilidad con que cualquier otro fenómeno natural, sin conmoverse, a la vez que considera y castiga la miseria del proletariado como culpa de los propios proletarios. El proletario, se dice, puede refrenar mediante la razón el instinto natural, atajando con el control moral las dañinas consecuencias de una ley de la naturaleza. #) Las leyes de beneficencia pueden ser consideradas como un corolario de esta teoría. Exterminio de las ratas. Arsénico. Workhouses* Pauperismo, en general. De nuevo el infierno, dentro de la civilización. Reaparece la barbarie, pero naciendo de nuevo de la entraña de la civilización y formando parte de ésta; es, por tanto, una barbarie leprosa, la barbarie como la lepra de la civilización. Las workhouses, Bastillas del obrero. Separación de hombre y mujer.

^4. Solamente dos palabras sobre quienes tratan de mejorar la situación del obrero mediante otra determinación del salario. Proudhon.

5. Nos resta mencionar una concepción, por último, entre las manifestaciones de los economistas filántropos acerca del salario. a) Entre otros economistas, Rossi principalmente dice lo que sigue: El fabricante sólo le anticipa al obrero la parte que a éste le corresponde en el producto, porque el obrero no puede aguardar a su venta. Si el obrero pudiera sostenerse por sus propios medios hasta el momento de venderse el producto, haría valer más tarde su parte como asociado, como ocurre entre el verdadero capitalista y el socio industrial. Por tanto, el hecho de que la parte del obrero revista precisamente la forma deí * Casas de Traigo. (N. del E.)

salario no pasa de ser una contingencia; es el resultado de una especulación, de un acto especial que viene a yuxtaponerse al proceso de producción, pero que no es un elemento constitutivo necesario de éste. El salario es, simplemente, una forma accidental de nuestro régimen social. No forma necesariamente parte del capital. No es un hecho indispensable de la producción. Podrá desaparecer, en otro sistema de organización de la sociedad. /?) Todo el chiste del asunto está en lo siguiente: si los obreros poseyeran bastante trabajo acumulado, es decir, bastante capital, para no tener que vivir directamente de la venta de su trabajo, desaparecería la forma del salario. Es decir, ocurriría esto si todos los obreros fuesen, al mismo tiempo, capitalistas, lo que vale tanto como admitir y retener el capital sin la antítesis del trabajo asalariado, sin la cual no puede existir. y) Debemos, sin embargo, tomar nota de esta concesión. El salario no es una forma accidental de la producción burguesa, pero toda la producción burguesa es una forma histórica transitoria de la producción. Todas sus relaciones, lo mismo el capital que el salario, la renta del suelo, etcétera, son transitorias y podrán ser abolidas al llegar a un cierto punto de su evolución.

VII. Las asociaciones obreras.

Uno de los aspectos de la teoría de la evolución es que se propone reducir la competencia entre los obreros. Las asociaciones, por su parte, persiguen la finalidad de acabar con esa competencia y de instituir en vez de ella la unificación de los trabajadores.

Los reparos que ponen los economistas a las asociaciones son fundados: 1) En la mayor parte de los casos, los gastos que originan a los obreros son superiores a los beneficios que con ellas se trata de obtener. A la larga, no pueden hacer frente a las leyes de la competencia. Estas coaliciones hacen surgir nuevas máquinas y una nueva división del trabajo. Desplazamiento de un lugar de producción a otro. Y, como consecuencia de todo ello, reducción del salario.

2) Suponiendo que las coaliciones consiguieran, en un país, mantener el precio del trabajo tan elevado que la ganancia descendiera considerablemente con respecto a la ganancia media obtenida en otros países o que el capital se viera entorpecido en su crcimiento, ello traería como consecuencia la paralización y el retroceso de la industria, y los obreros se verían arruinados juntamente con sus patronos, ya que ésa es, como hemos visto, la situación del obrero. Sus condiciones de vida empeoran a saltos cuando el capital productivo crece, y se ve de antemano lanzado a la ruina cuando decrece o permanece estacionario.

3) Todas estas objeciones de los economistas burgueses son fundadas, como hemos dicho, pero solamente desde su punto de vista. Si las asociaciones obreras sólo persiguieran realmente, como parece a primera vista, la determinación del salario y, si la relación entre el capital y el trabajo fuese eterna, no cabe duda de que estas coaliciones se estrellarían contra la necesidad de las cosas, sin conseguir nada. Pero dichas coaliciones son, en realidad, el medio para agrupar a la clase obrera y para preparar el derrocamiento de toda la vieja sociedad, con sus antagonismos de clase. Y, vista así la cosa, los obreros se ríen con razón de esos listos maestros de escuela burgueses que de antemano calculan lo que esta guerra civil habrá de costarles en muertos, heridos y pérdidas de dinero. Cuando se trata de aplastar al adversario, no es cosa de pararse a discutir con él el costo de la guerra. Y cuán lejos están los obreros de caer en esa mezquindad se lo demuestra a los economistas el hecho de que la mayoría de las coaliciones son obra de los obreros mejor pagados y de que los trabajadores destinen todo lo que pueden escatimar de su salario a la creación de asociaciones políticas e industriales y a financiar los gastos de este movimiento. Y cuando los señores burgueses y sus filantrópicas azafatas, los economistas, se sienten generosos e incluyen en el salario mínimo, es decir, en el mínimo de vida, un poco de té, de ron, de azúcar o de carne, necesariamente tienen que reputar como algo escandaloso e inconcebible el que los obreros calculen en él una parte de los gastos de guerra contra la burguesía y el que incluso vean en su actividad revolucionaria el goce máximo de su vida. VIH. El lado positivo del salariado.

Antes de terminar, debemos llamar la atención hacia el lado positivo del salariado.

a) Al decir lado positivo del salariado se dice lado positivo del capital, de la gran industria, de la libre competencia, del mercado mundial, y no necesito explicar a ustedes cómo sin estas relaciones de producción no se habrían creado los medios de producción, los medios materiales para emancipar al proletariado y fundar una nueva sociedad, ni el propio proletariado habría llegado a alcanzar la unificación y el desarrollo que realmente le permiten revolucionar la vieja sociedad y revolucionarse a sí mismo. Nivelación del salario.

P) Fijémonos incluso en lo que constituye el meollo de lp que el salario tiene de reprobable, que es el convertir la actividad del hombre en mercancía, el hacer del hombre algo totalmente venal. Primero: ello echa por tierra todo lo patriarcal, haciendo que el chalaneo, la compraventa, prevalezca como la única relación, que la relación dinero sea la única relación que media entre patrono y obrero. Segundo: todas, absolutamente todas las relaciones de la vieja sociedad pierden su halo de santidad, para reducirse pura y simplemente a relaciones basadas en el dinero. Del mismo modo, vemos que todos los que se llaman trabajos superiores, el trabajo intelectual, el trabajo artístico, etc., se han convertido en artículos comerciales, perdiendo con ello su vieja aureola. Representa un gran progreso el que toda la actuación de sacerdotes, médicos, juristas, etcétera, es decir, la religión, la jurisprudencia, etc., se determinan ahora, pura y exclusivamente, por su valor comercial.

(*Tercero: Al convertirse el dinero en mercancía y caer, por tanto, * Marx no tachó, sino que puso entre paréntesis esta primera formulación del apartado tercero. (N. del E.)

1 8 2 CARLOS MARX bajo la acción de la libre competencia, se procura conseguirlo lo más barato posible, es decir, al más bajo costo de producción. De este modo, todo el trabajo físico se torna infinitamente sencillo y fácil para una organización vigorosa de la sociedad. Formular esto de un modo general.) Tercero: La posibilidad general de ponerlo en venta hace que los obreros comprueben que todo es susceptible de desglosarse de ellos y de subastarse, lo que por primera vez los libera de la sujeción a determinados vínculos. Ello tiene la ventaja de que el obrero pueda hacer con su dinero lo que se le antoje, tanto en contra de las entregas en especie como en contra del modo de vida (feudal) impuesto por los estamentos. Escrito en 1847.

Tomado de Karl Marx-Friedrich Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe, Sección primera, tomo VI, Berlín, 1932, págs. 451-472.