El movimiento reformista en Francia

[Friedrich Engels]

[El movimiento reformista en Francia]

Escisión dentro del campo reformista —

La “Réforme” y el “National” —

Avance de la democracia

Escrito a fines de noviembre de 1847.

Del inglés.

[“The Northern Star” núm. 528, del 4 de diciembre de 1847]

Desde mi último artículo, los banquetes de Lille, Avesnes y Valenciennes se han celebrado. Avesnes fue por completo constitucional; Valenciennes, mitad y mitad; Lille, un rotundo triunfo de la democracia sobre la intriga burguesa. Resumo aquí brevemente los hechos de esta importantísima reunión.

Además de los liberales y del partido del
“National”,
habían sido invitados los demócratas de
“La Réforme”,
y los señores Ledru-Rollin y Flocon, redactor de este último periódico, habían aceptado la invitación. El señor Odilon Barrot, el excelso fustigador burgués, también estaba invitado; todo estaba preparado, los brindis estaban listos, cuando el señor Odilon Barrot declaró de pronto que no podría asistir ni pronunciar su brindis por la “reforma parlamentaria” a menos que esta reforma fuera calificada con el añadido “como medio de asegurar la pureza y autenticidad de las instituciones conquistadas en julio de 1830”. Este añadido excluía, naturalmente, a los republicanos. En el comité cundió la consternación. El señor Barrot se mostró inflexible. Por fin se decidió someter la decisión a la asamblea entera. La asamblea, sin embargo, declaró sin rodeos que no toleraría ningún cambio en el programa; que no violaría el acuerdo por el cual los demócratas habían acudido a Lille. El señor Odilon Barrot se retiró airadamente (scornfully) con su séquito de diputados liberales y redactores. Se hizo venir a los señores Flocon y Ledru-Rollin; el banquete se celebró a despecho de los liberales, y el discurso del señor Ledru fue acogido con tempestuosos aplausos.

Así acabó, con un glorioso triunfo de la democracia, el plan traicionero de los reformistas burgueses. El señor Odilon Barrot tuvo que retirarse ignominiosamente y jamás volverá a atreverse a mostrar su rostro en la democrática ciudad de Lille. Su única excusa fue que había creído que los señores de
“La Réforme”
pretendían desencadenar una revolución con el banquete de Lille… ¡y eso en la más profunda paz!

Algunos días después, el señor Barrot recibió algún consuelo con el banquete de Avesnes, una mera reunión de familia de varios liberales burgueses. Allí tuvo el gusto de brindar por el rey. En Valenciennes, en cambio, se vio de nuevo obligado a suprimir su brindis favorito, aquel que tan miserablemente había quedado debajo de la mesa en Lille. No hubo brindis por el rey, aunque los terribles e irreflexivos revolucionarios no estaban presentes. El derrotado fustigador tendrá que tragarse su virtuosa indignación hasta que otro banquete clandestino le permita denunciar, ante los asombrados tenderos y fabricantes de velas de cualquier villorrio provinciano, el “anarquismo”, el “physical forcism” <doctrina de la fuerza física> y el “comunismo”.

El banquete de Lille suscitó extraordinarias discusiones en la prensa. Los periódicos conservadores triunfaron por la escisión en las filas de los reformistas. El viejo y soñoliento
“Constitutionnel”,
del señor Thiers, y
“Le Siècle”,
el “propio” periódico del señor Barrot, se vieron sacudidos de repente por las más terribles convulsiones.

“¡No!”, gritaba el indignado
“Siècle”
a su público de tenderos, “¡no, nosotros no pertenecemos a esos anarquistas, no tenemos nada en común con esos restauradores del Terror, con esos partidarios de Marat y de Robespierre; preferiríamos el sistema actual a su sangrienta dominación, aun cuando fuera cien veces peor de lo que es.”

Y es verdad: a tenderos y fabricantes de velas tan pacíficos les sienta cien veces mejor el gorro de dormir blanco que el gorro rojo de los jacobinos. Sin embargo, al mismo tiempo que estos periódicos colmaban a
“La Réforme”
con los más viles y malintencionados insultos, trataban a
“Le National”
con el mayor respeto. Y
“Le National”
se ha conducido, en efecto, de manera más que dudosa. Ya en el banquete de Cosne, este periódico condenó la actitud de varios demócratas que no quisieron participar porque se brindó por la salud del rey. Ahora vuelve a hablar con mucha frialdad del banquete de Lille y lamenta el incidente que turbó por un instante la manifestación, mientras que algunos aliados del
“National”
en provincias atacaban abiertamente la conducta de los señores Ledru y Flocon.
“La Réforme”
exigió entonces de este periódico una declaración más clara.
“Le National”
declaró que su artículo ya era suficientemente claro. Pues entonces, ¿cuál era ese lamentable incidente de Lille?, preguntó
“La Réforme”
. ¿Qué es lo que lamentan ustedes? ¿Lamentan la conducta del señor Barrot o la del señor Ledru-Rollin? ¿Lamentan la desfachatez o la mala suerte del señor Barrot? ¿O se trata del discurso del señor Ledru en favor del sufragio universal? ¿Lamentan la derrota del monarquismo o el triunfo de la democracia? ¿Reconocen o no lo que sus aliados de provincias dicen al respecto? ¿Aceptan los elogios de
“Le Siècle”
o se aplican a sí mismos una parte de los improperios con que él nos abruma? ¿Habrían aconsejado ustedes al señor Marie, amigo suyo, que cediera si el señor Odilon Barrot hubiese planteado exigencias semejantes en Orleans?
“Le National”
respondió que, por razones de partido, no querían tener una controversia con
“La Réforme”
. Que ellos no se hacían responsables de los artículos que uno de sus
“amigos”
envía a periódicos de provincia. En cuanto a las otras preguntas, el pasado de
“Le National”
les permitía dejarlas de lado y ahorrarse la molestia de responder.
“La Réforme”
contestó únicamente con esta observación: “Nuestras preguntas quedan en pie.” Ahora los demócratas tienen los documentos ante sí, que juzguen por sí mismos. Y así lo han hecho; un gran número de periódicos radicales e incluso liberales de Francia se han declarado sin vacilar a favor de
“La Réforme”.

La conducta de
“Le National”
merece, en verdad, la más severa condena. Este periódico cae cada vez más en manos de la burguesía. En los últimos tiempos ha abandonado siempre la causa de la democracia en el momento decisivo. Ha predicado la unión con la burguesía y en más de una ocasión no ha servido a nadie más que a Thiers y a Odilon Barrot. Si
“Le National”
no modifica muy pronto su actitud, dejará de contar como periódico democrático. En el asunto de Lille,
“Le National”
, por mera antipatía personal hacia hombres más radicales que él, no ha vacilado en abandonar aquellos mismos principios sobre los cuales había concertado una alianza con los liberales para la celebración de los banquetes. Después de lo ocurrido,
“Le National”
jamás volverá a estar en condiciones de oponerse seriamente, en futuros banquetes, a los brindis por el rey. El “pasado” de
“Le National”
no es tan brillante como para que pueda permitirse responder con el silencio a las preguntas de su coetáneo. ¡Piénsese tan solo en su defensa de las fortificaciones de París!

P. D. — El banquete reformista de Dijon se ha celebrado esta semana. Trececientas personas se sentaron a la mesa. Todo el acto fue completamente democrático. Ningún brindis por el rey, por supuesto. Todos los oradores pertenecían al partido de
“La Réforme”
. Los señores Louis Blanc, Flocon, É[tienne] Arago y Ledru-Rollin fueron los principales oradores. El señor Flocon, redactor de
“La Réforme”
, propuso un brindis por los demócratas extranjeros y mencionó a los cartistas ingleses en términos muy honoríficos. La semana próxima les daré tanto el texto completo de su discurso como un informe detallado del entero desarrollo de esta importantísima reunión.