Circular contra Kriege

Karl Marx/Friedrich Engels

[Circular contra Kriege]

Escrito el 11 de mayo de 1846.

Difundido como circular litográfica en mayo de 1846.

Primera sección. Transformación del comunismo en sensiblería amorosa

Segunda sección. La economía del «Volks-Tribun» y su posición respecto a la Joven América

Tercera sección. Fanfarronadas metafísicas

Cuarta sección. Juegos religiosos

Quinta sección. Actuación personal de Kriege

En una reunión de los abajo firmantes comunistas:
Engels, Gigot, Heilberg, Marx, Seiler, Weitling, v. Westphalen
y
Wolff
<en el original: Wolf>

se adoptaron por unanimidad, con la sola excepción de Weitling, «que votó en contra», los siguientes acuerdos, motivados en el anexo, acerca del periódico alemán de Nueva York,

«Der Volks-Tribun, redactado por Hermann Kriege».

Acuerdos:

1. La tendencia representada en el «Volks-Tribun» por el redactor Hermann Kriege no es comunista.

2. La manera infantil y pomposa con que Kriege defiende esa tendencia es sumamente comprometedora para el partido comunista tanto en Europa como en América, en la medida en que pasa por ser el representante literario del comunismo alemán en Nueva York.

3. La fantástica exaltación sentimental que Kriege predica en Nueva York bajo el nombre de «comunismo» ha de ejercer un efecto sumamente desmoralizador sobre los obreros, en caso de que sea adoptada por ellos.

4. Los presentes acuerdos, junto con su fundamentación, serán comunicados a los comunistas de Alemania, Francia e Inglaterra.

5. Se enviará un ejemplar a la redacción del «Volks-Tribun» con el requerimiento de que publique estos acuerdos y su fundamentación en los próximos números del «Volks-Tribun».

Bruselas, 11 de mayo de 1846

Engels, Phil. Gigot, Louis Heilberg

K. Marx, Seiler

v. Westphalen, Wolff

PRIMERA SECCIÓN

Transformación del comunismo en sensiblería amorosa

El número 13 del
«Volks-Tribun»
contiene un artículo: «A las mujeres».

1) «Las mujeres, sacerdotisas del
amor
».

2) «El
amor
es quien nos ha enviado».

3) «Apóstoles del
amor
».

a) Intermezzo literario: «miradas llameantes de la humanidad», «sonidos de la verdad».

b) Captatio benevolentiae hipócrita e ignorante de la mujer: «Incluso bajo el ropaje de reina no desmentís vosotras a la
mujer
... ni habéis aprendido a especular con las lágrimas del desdichado; sois demasiado tiernas para dejar morir de hambre al pobre hijo de una
madre
en vuestro provecho.»

4) «El porvenir del
amado
hijo».

5) «
Amadas
hermanas».

6) «¡Oh, escuchadnos! Cometéis una traición al
amor
si no lo hacéis.»

7) «Del
amor
».

8) «Del
amor
».

9) «Por mor del
amor
».

10) «La más sagrada obra de
amor
que de vosotras imploramos» (gimotean).

c) Trivialidad bíblico-literaria: «La mujer está destinada a parir al hijo del hombre», con lo que se constata que los varones no paren hijos.

11) «Del
corazón del
amor ha de desarrollarse el
Espíritu Santo
de la comunidad».

 d) Ave María episódico: «
Benditas, tres veces benditas
seáis vosotras, mujeres, que habéis sido elegidas para dar la
primera consagración
al largamente
prometido
reino de la felicidad.»

12) «
Amadas
hermanas».

13) «En lugar del
amor
, el odio» (contraposición de la sociedad burguesa y la comunista).

14) «Vosotros, los
amados
».

15) «Elevar el amor al trono».

16) «Hombres activos en
amante
comunidad».

17) «Verdaderas sacerdotisas del
amor
».

e) Paréntesis estético: «si vuestra alma temblorosa no ha desaprendido aún el hermoso vuelo» — (una hazaña cuya viabilidad habrá que demostrar primero).

18) «El mundo del
amor
».

19) «Reino del odio y reino del
amor
».

f) Se les hace creer falsamente a las mujeres: «Y por eso también tenéis vosotras en la política una voz muy importante. Sólo necesitáis emplear vuestra influencia, y todo el viejo reino del odio se desmoronará en ruinas, para dejar paso al nuevo reino del
amor
.»

g) Redoble filosófico para aturdir la reflexión: «Un eterno y alegre goce de sí mismo por parte de toda la humanidad es el objetivo final de su actividad.»

20) «Vuestro
amor
».

En esta ocasión se exige de las mujeres que su amor «no sea demasiado pequeño», que «abrace a todos los hombres con igual entrega». Exigencia tan desvergonzada como desbordante.

h) Fuga: «Que a miles y miles de huérfanos abandonados se les abandona al horrible asesinato de las circunstancias.» ¿En qué consiste aquí lo «horrible»? ¿En que los «huérfanos» asesinan a las «circunstancias» o en que las «circunstancias» asesinan a los «huérfanos»?

i) Revelación de la política neocomunista: «No queremos atentar contra la propiedad privada de nadie; que el usurero conserve lo que ya tiene; sólo queremos evitar el robo ulterior a la propiedad del pueblo e impedir que el capital continúe reteniendo a la fuerza de trabajo su legítima propiedad.» Este fin se alcanzará del siguiente modo: «Cada pobre se convierte al instante en un miembro útil de la sociedad humana tan pronto como se le ofrece la oportunidad de ser productivamente activo.» (Según esto, nadie adquiere un mérito mayor para la «sociedad humana» que los capitalistas, también los de Nueva York, contra los que Kriege truena con tanta violencia.) «Esta oportunidad le queda garantizada para siempre tan pronto como la socie-

dad le da un pedazo de tierra en el que pueda alimentarse junto con su familia ... Si esta enorme superficie de suelo (los 1.400 millones de acres <1 acre = 4.046,7 m²> de tierras del Estado americano)
es retirada del comercio y asegurada en cantidades limitadas
a la fuerza de trabajo, se pone fin de un
golpe
a toda la pobreza en América; pues todo el mundo recibe la oportunidad de fundar con ayuda de sus manos una patria inalienable.» No era de esperar que Kriege comprendiese que no está en poder de los legisladores detener mediante decretos la evolución del estado patriarcal por él deseado hacia el estado industrial, ni hacer retroceder a los estados industriales y comerciales de la costa oriental de los Estados Unidos a la barbarie patriarcal. Mientras tanto, para el tiempo en que haya llegado la esplendidez arriba descrita, Kriege prepara las siguientes palabras de párroco rural: «Y entonces podremos enseñar a los hombres
a vivir juntos en paz
, a aliviarse mutuamente la carga y los trabajos de la vida y:

21) a construir sobre la tierra las primeras moradas para el cielo del
amor
» (cada una de 160 acres).

Kriege concluye su alocución a las mujeres casadas del siguiente modo: «Dirigíos primero a

22) los hombres de vuestro
amor
,

pedidles
que vuelvan la espalda a la vieja política, ... mostradles a sus hijos, conjuradle en
nombre de ellos
(los insensatos)
a que acepten la razón.» En segundo lugar, a las «vírgenes»: «Haced que en

23) vuestros
amantes

la liberación del suelo sea la piedra de toque de su valor humano
, y no confiéis

24) en su
amor

antes de que se hayan consagrado a la humanidad.» (¿Qué quiere decir eso?) Si las vírgenes se comportan así, les garantiza que sus hijos

25) «serán
amantes
como ellas»

(a saber, «las aves del cielo»), y cierra su cantinela repitiendo:

26) «verdaderas sacerdotisas del
amor
», «gran reino de la comunidad» y «consagración».

Núm. 13 del «Volks-Trib[un]»: —
«Respuesta
a
Sollta.»

27) «Él» (el gran espíritu de la comunidad) «llamea como fuego del
amor
en el ojo del hermano».

28) «¿Qué es una mujer sin el hombre al que puede
amar
, al que puede entregar su
alma temblorosa
?»

29) «Unir a todos los hombres en el
amor
».

30) «El
amor
maternal»...

31) «El
amor
a los hombres»...

32) «Todos los primeros balbuceos del
amor
»...

33) «Los rayos del
amor
.»

k) El fin del comunismo es: «someter toda la vida de la humanidad a los» (del corazón sensible) «latidos del corazón».

34) «El sonido del
amor
se escapa ante el tintinear del dinero.»

35) «Con
amor
y entrega todo se puede conseguir.»

Así pues, tenemos en este
único
número el amor, mal contado, en treinta y cinco figuras. A esta baba amorosa corresponde el hecho de que Kriege, en la «Respuesta a Sollta» y en otros lugares, presente el comunismo como el amante contrario del egoísmo y reduzca un movimiento revolucionario histórico-universal a las dos palabras: amor — odio, comunismo — egoísmo. A esto pertenece también la cobardía con la que aduló hace un momento al usurero prometiéndole dejarle lo que ya tiene, y asegura más abajo que no quiere «destruir los
sentimientos entrañables
de la
vida familiar
, de la
patria
, de la
nacionalidad
», sino solamente «realizarlos». Esta representación cobarde e hipócrita del comunismo no como «destrucción», sino como «realización» de las malas condiciones existentes y de las ilusiones que la burguesía se forja al respecto, recorre todos los números del «Volks-Tribun». A esta hipocresía y cobardía corresponde la posición que adopta en las discusiones con políticos. Reconoce (núm. 10) como un pecado contra el comunismo escribir contra fantásticos políticos catolizantes como Lamennais y Börne, con lo cual hombres como Proudhon, Cabet, Dézamy, en una palabra, todos los comunistas franceses, no serían sino «individuos que se dicen comunistas». Que los comunistas alemanes están tan por encima de Börne como los franceses por encima de Lamennais, Kriege habría podido aprenderlo ya en Alemania, Bruselas y Londres.

Sobre qué efecto extenuante ha de ejercer en ambos sexos esta sensiblería amorosa y qué histeria y clorosis en masa ha de provocar entre las «vírgenes», que reflexione el propio Kriege.

SEGUNDA SECCIÓN

La economía del «Volks-Tribun» y su

posición respecto a la Joven América

Reconocemos plenamente la legitimidad histórica del movimiento de los reformadores nacionales americanos. Sabemos que este movimiento aspira a un resultado que, si bien por el momento fomentaría el industrialismo de la moderna sociedad burguesa, sin embargo, como resultado de un movimiento proletario, como ataque a la propiedad territorial en general y, en particular, bajo las condiciones existentes en América, por sus propias consecuencias necesariamente impulsará hacia el comunismo. Kriege, que con los comunistas alemanes en Nueva York se ha adherido al movimiento antirrentista, recubre este hecho escueto con sus acostumbradas frases comunistas y exaltadas, sin entrar nunca en el contenido positivo del movimiento, demostrando con ello que es sumamente confuso acerca de la conexión de la Joven América con las condiciones americanas. Aparte de los pasajes ya citados ocasionalmente, daremos aún un ejemplo de cómo rocía una parcelación agraria, recortada a la medida americana, con su entusiasmo por la humanidad.

En el núm. 10, «Lo que queremos», se dice:

«Ellos» — a saber, los reformadores nacionales americanos — «llaman al suelo la
herencia común
de todos los hombres ... y quieren que, mediante el poder legislativo del pueblo, se adopten medidas para
conservar
los 1.400 millones de acres de tierra que aún no han caído en manos de rateros especuladores,
como bien común inalienable de toda la humanidad
.»

Para conservar esta «
herencia común
», este «
bien común
inalienable» en su comunidad «para toda la humanidad», adopta el plan de los reformadores nacionales: «poner a disposición de cada campesino, sea cual fuere su país, para su sustento, 160 acres de tierra americana», o como se expresa en el núm. 14, «Respuesta a Conze»:

«De este bien del pueblo, aún intacto, nadie deberá tomar posesión de más de 160 acres, y aun éstos sólo si los cultiva él mismo.»

Así pues, el suelo ha de seguir siendo «
bien común
inalienable» y, además, «de toda la humanidad», ¡porque se comienza de inmediato a
repartirlo
!

Kriege se imagina que puede
prohibir
mediante leyes las consecuencias necesarias de este reparto: concentración, progreso industrial, etc. Los 160 acres de tierra valen para él como una medida siempre invariable, como si el valor de una superficie de tierra no variase según su calidad. Los «campesinos» tendrán que intercambiar no su tierra, pero sí sus productos agrícolas entre sí y con otros, y cuando las cosas hayan llegado a ese punto, pronto se verá que un «campesino», sin capital, sólo mediante su trabajo y la mayor productividad originaria de sus 160 acres, vuelve a rebajar al otro a su
siervo
. Y entonces, ¿no da igual que «el suelo» o los
productos
del suelo «caigan en manos de rateros especuladores»?

Tomemos en serio por una vez el regalo de Kriege a la humanidad.

1.400 millones de acres deben «conservarse como bien común inalienable de toda la humanidad». Y a cada «campesino» le corresponderán 160 acres. Según esto, puede calcularse cuán grande es la «entera humanidad» de Kriege: exactamente 8
3
/
4
millones de «campesinos», que como padres de familia representan cada uno una familia de cinco cabezas, es decir, una masa total de 43
3
/
4
millones de personas. También podemos calcular cuánto dura la «toda eternidad» durante la cual «el proletariado, en su calidad de humanidad, puede reclamar toda la tierra», al menos la de los Estados Unidos. Si la población de los Estados Unidos sigue aumentando al mismo ritmo que hasta ahora (es decir, se duplica en 25 años), esa «toda eternidad» no dura ni 40 años completos; en ese tiempo los 1.400 millones de acres estarán ocupados, y a las generaciones siguientes no les quedará
nada
que «reclamar». Pero como la liberación del suelo aumentaría enormemente la inmigración, la «eternidad» de Kriege podría volverse «toda» mucho antes. Sobre todo si se piensa que tierras para 44 millones de personas no serían ni siquiera un canal de desagüe suficiente para el pauperismo europeo actual, pues en Europa uno de cada diez hombres es un pobre, y sólo las islas británicas proporcionan 7 millones. Una ingenuidad económica semejante se encuentra en el núm. 13, «A las mujeres», donde Kriege opina que si la ciudad de Nueva York liberase sus 52.000 acres en Long Island, eso bastaría para liberar «de un golpe» a Nueva York de todo pauperismo, miseria y crimen para siempre.

Si Kriege hubiera concebido el movimiento por la libertad del suelo como una primera forma necesaria, bajo determinadas condiciones, del movimiento proletario, como un movimiento que por la posición vital de la clase de la que parte debe desarrollarse necesariamente hasta convertirse en comunista, si hubiera mostrado cómo las tendencias comunistas en América tenían que aparecer originariamente en

esta forma agraria, aparentemente contradictoria con todo comunismo, nada habría que objetar. Pero, tal como hace, declara una forma de movimiento todavía subordinada de hombres reales y determinados como una cosa
de
la humanidad, la presenta, contra su propio mejor saber, como meta última y suprema de todo movimiento en general, y con ello convierte los fines determinados del movimiento en un puro disparate exaltado.

Sin embargo, él sigue entonando imperturbable su canto de triunfo en el mismo artículo (núm. 10):

«Así pues, con esto se cumplían por fin los viejos sueños de los europeos: se les preparaba una morada a este lado del océano, que sólo tendrían que ocupar y fecundar con el trabajo de sus manos para poder gritar orgullosos a todos los tiranos del mundo:

Ésta es
mi
choza,

Que vosotros no habéis construido,

Éste es
mi
hogar,

Cuyo rescoldo me envidiáis.»

Habría podido añadir: Éste es
mi
estercolero, que yo y mi mujer, hijo, criado, criada y ganado hemos producido. ¿Qué europeos son esos cuyos «sueños» se cumplen aquí? No los obreros comunistas, sino los tenderos y maestros artesanos en bancarrota o los arrendatarios arruinados que aspiran a la dicha de volver a ser pequeños burgueses y campesinos en América. ¿Y qué «deseo» es el que se realizará mediante los 1.400 millones de acres? Ningún otro que convertir
a todos los hombres en propietarios privados
, un deseo que es tan realizable y comunista como el de convertir a todos los hombres en emperadores, reyes y papas. Como prueba última del conocimiento que Kriege tiene de los movimientos comunistas revolucionarios y de las relaciones económicas, sirva aún la siguiente frase:

«
Cada
hombre debería aprender de cada oficio al menos lo suficiente para poder, en caso necesario,
arreglárselas solo durante algún tiempo
, si un destino adverso lo arrancase de la sociedad humana.»

Es, desde luego, mucho más fácil «irradiar» «amor» y «entrega» que ocuparse del desarrollo de relaciones reales y de cuestiones prácticas.

TERCERA SECCIÓN

Fanfarronadas metafísicas

Núm. 13 del «Volks-Trib[un]»: «Respuesta a Sollta.»

1) Kriege afirma aquí que no está «acostumbrado a hacer volatines lógicos en el árido desierto de la abstracción». Que baila, si no «lógicamente», sí sobre una «cuerda» trenzada con frases filosóficas y amorosas, se desprende de cada número del «Volks-Tribun».

2) La frase de que «el hombre individual vive individualmente» (lo que ya es un sinsentido) la expresa Kriege en el siguiente «volatín» ilógico: «mientras la especie humana en general encuentra aún su representación en individuos»,

3) ha de depender del «agrado» del «espíritu creador de la humanidad», que no existe en parte alguna, «poner fin a la situación actual de las cosas».

4) Lo siguiente es el ideal del hombre comunista: «Lleva el sello de la especie» (¿quién no lo lleva ya ahora por completo?), «determina sus propios fines según los fines de la especie» (¡como si la especie fuese una persona que pudiera tener fines!) «y sólo busca volverse enteramente él mismo para poder entregarse a la especie con todo lo que es y puede llegar a ser» (completo sacrificio y humillación de sí mismo ante una imagen ilusoria y fantasmagórica).

5) La posición del hombre individual respecto a la especie se caracteriza también en el siguiente disparate exaltado: «Todos nosotros y nuestra actividad particular no somos sino
síntomas
del gran movimiento que se opera en lo profundo del interior de la humanidad.» «En lo profundo del interior de la humanidad», ¿dónde está eso? Según esta frase, los hombres reales no son más que «síntomas», signos de un «movimiento» que se opera «en el interior» de un fantasma mental.

6) La lucha por la sociedad comunista es transformada por este párroco rural en «la búsqueda de aquel gran espíritu de la comunidad». A este «gran espíritu» lo hace «rebosar bello y pleno del
cáliz de la comunión
» y «llamear como el
Espíritu Santo
en el ojo del hermano».

Una vez que el movimiento comunista revolucionario ha sido transformado en la «búsqueda» del Espíritu Santo y de la santa cena, Kriege puede, naturalmente, afirmar también que ese espíritu «sólo necesita ser
reconocido
para unir a todos los hombres en el amor».

7) A este resultado metafísico precede la siguiente confusión del
comunismo
con la
comunión
: «El espíritu que vence al mundo, el espíritu que ordena a la tempestad y a la tormenta (!!!!), el espíritu que cura a los ciegos y a los leprosos, el espíritu que ofrece a todos los hombres beber de
un mismo
vino» (nosotros preferimos las diversas clases) «y comer de
un mismo
pan» (los comunistas franceses e ingleses tienen más exigencias), «el espíritu
que es eterno y omnipresente
, ése es el espíritu de la comunidad.» Si este «espíritu» es «eterno y omnipresente», no se ve cómo, según Kriege, la propiedad privada ha podido existir tanto tiempo. Pero, por supuesto, no era «reconocido» y, por lo tanto, era «eterno y omnipresente» sólo en su propia imaginación.

Aquí Kriege predica, pues,
en nombre
del
comunismo
, la vieja fantasía religiosa y filosófico-alemana, que
contradice directamente al comunismo
. La
fe
, y precisamente la fe en el «Espíritu Santo de la comunidad», es lo último que se exige para la realización del comunismo.

CUARTA SECCIÓN

Juegos religiosos

Se sobreentiende que las baboserías amorosas de Kriege y su contraposición al egoísmo no son más que las revelaciones ampulosas de un ánimo completamente disuelto en la religión. Veremos cómo Kriege, que en Europa siempre se hizo pasar por ateo, intenta aquí colocar bajo el rótulo de mesón del comunismo todas las infamias del cristianismo y concluye consecuentemente con la
autoenvilecimiento del hombre
.

El núm. 10, «Lo que queremos» y «H[erman] Kriege a Harro Harring», determinan el fin de la lucha comunista del siguiente modo:

1) «Convertir en verdad la
religión del amor
y en realidad la largamente anhelada comunidad de los bienaventurados habitantes del cielo.» Kriege pasa por alto que esas exaltaciones cristianas no son más que la expresión fantástica del mundo existente y, por tanto, su «realidad»
ya existe
en las malas condiciones de este mundo existente.

2) «Exigimos en nombre de esa
religión del amor
que el hambriento sea alimentado, el sediento saciado y el desnudo vestido.»

Exigencia que se repite desde hace 1.800 años hasta la náusea y sin el menor éxito.

3) «Enseñamos a practicar el
amor
» para

4) «recibir
amor
».

5) «En su
reino del amor
, ahí no pueden habitar diablos.»

6) «Es su» (del hombre) «necesidad más
sagrada
disolverse
con toda su individualidad en la sociedad de
seres amantes,
frente a los cuales ya no puede retener nada sino

7) su
amor sin límites
.» Con esta ausencia de límites, podría creerse que la teoría del amor ha alcanzado su más alta cúspide, una altura tan grande que ya no se puede pensar nada al respecto; sin embargo, va aún más alto.

8) «Ese ardiente fluir del amor, esa entrega a todos, ese divino impulso hacia la comunidad… ¿qué otra cosa es sino la religión más íntima del comunista, a la que solo le falta un mundo exterior adecuado para expresarse en la plena vida humana?» El actual «mundo exterior» parece, entretanto, ser por completo suficiente para que Kriege pueda «expresar» del modo más amplio su «religión más íntima», su «divino impulso», su «entrega a todos» y su «ardiente fluir» en su «plena vida humana» mediante guerras.

9) «¿No tenemos acaso el derecho de tomar en serio los deseos largamente reprimidos del corazón religioso y de lanzarnos a la lucha, en nombre de los pobres, de los desdichados, de los proscritos, por la realización final del hermoso reino del amor fraterno?» Kriege se lanza, pues, a la lucha para tomar en serio los deseos, no del corazón real, profano, sino del corazón religioso; no del corazón exacerbado por la miseria real, sino del corazón inflado por la fantasía beatífica. Y demuestra en el acto su «corazón religioso» al lanzarse a la lucha como sacerdote, bajo nombre ajeno —a saber, en nombre de los «pobres»—, y al dar a entender con claridad que él, para sí mismo, no necesita el comunismo, que se lanza a la lucha por puro sacrificio magnánimo, entregado y lacrimoso en favor de los «pobres, desdichados y proscritos» que lo necesitan a él: un sentimiento de exaltación que hincha más el pecho del probo varón en las horas solitarias y sombrías y compensa toda la aflicción del mundo malo.

10) Kriege concluye su ampuloso discurso: «Quien no apoye a un partido semejante puede, con razón, ser tratado como enemigo de la humanidad.» Esta frase intolerante parece contradecir la «entrega a todos», la «religión del amor» hacia todos. Pero es una conclusión por completo consecuente de esta nueva religión que, como toda otra, odia y persigue mortalmente a todos sus enemigos. El enemigo del partido se transforma de modo enteramente consecuente en hereje, en la medida en que se lo convierte, de enemigo del partido realmente existente, con el que se lucha, en un pecador contra la humanidad que solo existe en la imaginación, al que hay que castigar.

11) En la carta a Harro Harring se dice: «Queremos sublevar a todos los pobres del mundo contra Mammón, bajo cuya vara de castigo están condenados a atormentarse hasta morir, y cuando hayamos derribado al espantoso tirano de su viejo trono, entonces queremos unir a la humanidad por el amor, entonces queremos enseñarle a trabajar en común y a gozar en común, para que se cumpla por fin el largamente prometido reino de la alegría.» Para encolerizarse contra el moderno dominio del dinero, tiene primero que convertírselo en el ídolo Mammón. Ese ídolo es derribado —cómo, no llegamos a saberlo; el movimiento revolucionario del proletariado de todos los países se encoge hasta convertirse en un alboroto—, y una vez consumado ese derrocamiento, vienen entonces los profetas, el «nosotros», que «enseñan» al proletario lo que hay que hacer a continuación. Estos profetas «enseñan» a sus discípulos —que aparecen aquí sumidos en una extraña ignorancia sobre sus propios intereses— cómo deben «trabajar y gozar en común», y por cierto no para «trabajar y gozar en común», sino más bien solo para que se cumplan las Escrituras y algunos fantasiosos no hayan profetizado en vano hace 1800 años. — Esta manera de profecía se repite en otros pasajes, por ej.:

N.º 8. «¿Qué es el proletariado?» y «Andreas Dietsch», como

a) «Proletarios, ha llegado la hora de vuestra redención»,

b) «Mil corazones latían alborozados de cara al gran tiempo de la promesa» —a saber, «de aquel gran reino del amor... hacia el largamente anhelado reino del amor».

c) N.º 12. «Respuesta a Koch, el anticura.»

«Ya palpita, de ojo a ojo» e —incluso— «de mano a mano, el evangelio de la infinita redención del mundo.» Este milagro del «evangelio palpitante», este desvarío de la «infinita redención del mundo» corresponde por entero al otro milagro de que las profecías, abandonadas hace mucho, de los viejos evangelistas sean cumplidas por Kriege contra toda expectativa.

12) Desde este punto de vista religioso, la respuesta a todas las preguntas reales no puede consistir sino en unas cuantas imágenes religiosamente exaltadas y que anublan todo sentido, en unas cuantas etiquetas pomposas como «humanidad», «humanitarismo», «género», etc., y en una transformación de toda acción real en una frase fantasiosa. Esto se muestra particularmente en el artículo: «¿Qué es el proletariado?» (N.º 8.) A esta pregunta del título se responde: «El proletariado es la humanidad», —una mentira a sabiendas, según la cual los comunistas se empeñan en la abolición de la humanidad. Esta respuesta, «la humanidad», pretende ser la misma que Sieyès dio a la pregunta: ¿Qué es el tiers-état? Prueba de cómo Kriege embrolla los hechos históricos. Y lo prueba acto seguido una vez más en su beatificación del movimiento americano Anti-Rent: «Y cómo, finalmente, si entonces este proletariado, en su calidad de humanidad» (máscara de carácter necesaria bajo la que tiene que presentarse —hace un momento el proletariado era la humanidad, ahora la humanidad no es más que una cualidad del proletariado) «reclamara para toda la eternidad la tierra entera como su indiscutible propiedad?». Se ve cómo hasta un movimiento sumamente simple y práctico se convierte en frases huecas como «humanidad», «indiscutible propiedad», «toda la eternidad», etc., y cómo, por tanto, todo queda en la mera «reclamación». — Aparte de los usuales vocablos convencionales como «proscritos», etc., a los que se añade aún el religioso «malditos», todas las comunicaciones de Kriege sobre el proletariado se limitan a las siguientes imágenes mitológico-bíblicas:

«el Prometeo encadenado»,

«el cordero de Dios, que lleva los pecados del mundo»,

«el judío errante»,

y por último se plantea la curiosa pregunta: «¿Acaso la humanidad ha de errar eternamente sobre la tierra como un vagabundo sin patria?» ¡Siendo así que precisamente la fijación sedentaria y exclusiva de una parte de la «humanidad» sobre la tierra es la espina que tiene clavada en el ojo!

13) La religión kriegeana pone de relieve su contundente agudeza en el siguiente pasaje: «Tenemos algo más que hacer que cuidar de nuestro miserable yo; nosotros pertenecemos a la humanidad.» Con este infame y nauseabundo servilismo hacia una «humanidad» separada y distinta del «yo», que es por tanto una ficción metafísica y, en él, incluso una ficción religiosa, con esta humillación esclava, ciertamente de lo más «miserable», concluye esta religión, como toda otra. Semejante doctrina, que predica la voluptuosidad de la adulación rastrera y el autodesprecio, es del todo adecuada para valerosos —monjes, pero nunca para hombres enérgicos, y menos que nunca en una época de lucha. ¡Solo falta que estos valerosos monjes se castren su «miserable yo» y con ello prueben de modo suficiente su confianza en la capacidad de la «humanidad» para reproducirse! — Si Kriege no sabe aducir nada mejor que estos sentimentalismos deplorablemente estilizados, haría en verdad más sensato traducir una y otra vez a su «padre Lamennais» en cada número del Volks-Tribunen.

Las consecuencias prácticas que tiene esta religión kriegeana de la infinita compasión y de la infinita entrega las prueban las mendicidades por trabajo que figuran en casi todos los números del Volks-Tribunen. Así leemos en el N.º 8:

«¡Trabajo! ¡Trabajo! ¡Trabajo!»

«¿No hay acaso entre todos estos sabios <En el Volks-Tribun, N.º 8: ricos> señores nadie que no considere esfuerzo perdido procurar sustento a honradas familias y preservar de la miseria y la desesperación a jóvenes desvalidos? Ahí está en primer lugar Johann Stern de Mecklemburgo, todavía sin trabajo, y sin embargo no pide más que matarse a trabajar en provecho de un capitalista y ganarse con ello el pan suficiente para mantenerse en pie para su trabajo… ¿es acaso pedir demasiado en la sociedad civilizada? — Y luego Karl Gescheidtle de Baden, un joven de las más excelentes aptitudes y no sin formación escolar superior — tiene un aspecto tan leal, tan bondadoso; yo garantizo que es la honradez en persona… Y también un anciano y varios jóvenes más imploran pan cotidiano a cambio del trabajo de sus manos. — Quien pueda ayudar, que no demore más, o su conciencia le robará un día el sueño cuando más lo necesite. Podríais decir, desde luego: hay miles que claman en vano por trabajo, y a todos no podemos ayudarles — sí podríais, pero sois siervos del egoísmo y no tenéis corazón para hacer algo. Pero mientras no queráis ayudar a todos, mostrad al menos que aún os queda un restico de sentimiento humano y ayudad a tantos individuos como os sea posible.»

Naturalmente, si quisieran, podrían ayudar a más de lo que les es posible. Esta es la práctica, el ejercicio real de la autohumillación y del abandono de sí que enseña esa novísima religión.

QUINTO APARTADO

La actuación personal de Kriege

Cómo está constituida la actuación personal de Kriege en su periódico se desprende ya con necesidad de los pasajes anteriores; destacamos por ello solo algunos puntos.

Kriege actúa como profeta, y por tanto necesariamente también como emisario de una secreta liga esenia, la «Liga de la Justicia». De ahí que, cuando no habla en nombre de los «oprimidos», hable en nombre de la «justicia», que no es la justicia común, sino la justicia de la «Liga de la Justicia». No solo se mistifica a sí mismo, mistifica también la historia. El desarrollo histórico real del comunismo en los diversos países de Europa, que él no conoce, lo mistifica atribuyendo el origen y los progresos del comunismo a fabulosas, novelescas y mendaces intrigas de esa liga esenia. Sobre esto, véanse todos los números, particularmente la respuesta a Harro Harring, donde se dan también las más delirantes fantasías sobre el poder de esta liga.

Como auténtico apóstol del amor, Kriege se dirige en primer lugar a las mujeres, a las que no les atribuye la abyección de poder resistir a un corazón palpitante de amor; luego, a los agitadores hallados, «de modo filial y conciliador» —como «hijo»— como «hermano»— como «hermano del corazón»—, y por último como hombre a los ricos. Apenas llegado a Nueva York, expide cartas abiertas a todos los comerciantes alemanes ricos, les planta en el pecho el trabuco del amor, se guarda muy bien de decir lo que quiere de ellos, firma ora «Un hombre», ora «Un amigo de la humanidad», ora «Un loco» —y, «¿lo creeríais, amigos míos?», ningún hombre cae en la trampa de sus altisonantes bufonadas. De esto nadie puede asombrarse salvo el propio Kriege. — Las consabidas y ya citadas frases amorosas se ven a veces sazonadas con exclamaciones como (N.º 12, «Respuesta a Koch»): «¡Hurra! ¡Viva la comunidad, viva la igualdad, viva el amor!» Las preguntas y dudas prácticas (cf. N.º 14, «Respuesta» a Conze) solo sabe explicárselas por maldad deliberada y obcecación. Como auténtico profeta y revelador del amor, expresa toda la irritación histérica de un alma bella estafada contra los burlones, los incrédulos y los hombres del viejo mundo que no se dejan transformar mágicamente, por su dulce calor amoroso, en «bienaventurados habitantes del cielo». En ese temple de ánimo malcontentadizo y sentimental les grita en el N.º 11 bajo la etiqueta «Primavera»: «Por eso, vosotros que hoy os burláis de nosotros, pronto os haréis piadosos, pues sabed: llega la primavera.»