["The Northern Star", núm. 451, del 4 de julio de 1846]

Probablemente habrán oído ya que el plan del rey de Prusia de hacer dinero de papel ha resultado impracticable. Dos de los administradores de la deuda pública se negaron a firmar los nuevos billetes de banco, por considerar que eran un nuevo empréstito público, dependiente, por tanto, de la aprobación de los Estados generales. Federico Guillermo IV, para demostrar que puede hacer tanto dinero como quiera, ha caído en un plan muchísimo mejor. En vez de diez millones, hace treinta: veinte millones en papel moneda y diez millones en buena y sólida moneda de oro y plata. Propone que diez millones del capital se reúnan mediante acciones, «¡acciones que manifiestamente no rinden dividendos, sino sólo un 3 1/2 por ciento de interés y que no han de ser transferibles hasta la muerte del propietario, para que no queden expuestas a la especulación»!!! ¿Llamarían ustedes a eso acciones? ¿Por qué no? Su Majestad prusiana ha decretado que son acciones, y abriga la cándida esperanza de encontrar un montón de capitalistas lo bastante estúpidos para meter diez millones de taleros en este capital bancario intransferible, engorroso y del 3 1/2 por ciento. ¡Y esto, justamente, en una época en que, mediante la especulación con acciones ferroviarias, pueden alcanzar un porcentaje muy distinto! Cuando el rey haya encontrado el puñado de necios que necesita y se haya tomado prestados de ese modo diez millones en dinero acuñado, emitirá veinte millones en billetes de banco, con lo que la deuda pública se incrementará en «una suma total de treinta millones». ¡Verdaderamente, es ésta una bonita manera de procurarse dinero! Uno se procura treinta millones porque no puede obtener diez.