Un fragmento de Fourier sobre el comercio

[Introducción y epílogo]

De: «Deutsches Bürgerbuch für 1846» (segundo año), Mannheim 1846, págs. 1-4 y 52-56

Escrito entre abril y mediados de julio de 1845

Los alemanes empiezan ya, por fin, a echar a perder también el movimiento comunista. Como siempre, también aquí los últimos y los más inactivos, creen poder ocultar su somnolencia mediante el desprecio de sus predecesores y la fanfarronería filosófica. Apenas existe el comunismo en Alemania, cuando es acaparado por todo un ejército de cabezas especulativas, que se imaginan que han hecho maravillas al verter frases que en Francia e Inglaterra ya se han convertido en trivialidades al lenguaje de la lógica hegeliana, y al enviar al mundo esta nueva sabiduría como algo nunca visto, como la “verdadera teoría alemana”, para luego, a su antojo, arrojar barro sobre la “mala práctica”, sobre los sistemas sociales “que provocan sonrisas” de los estrechos de miras franceses e ingleses. Esta teoría alemana, siempre lista, que ha tenido la infinita suerte de haber podido olfatear un poco la filosofía hegeliana de la historia y de ser clasificada por algún reseco profesor berlinés dentro del esquematismo de las categorías eternas, y que luego quizá ha hojeado a Feuerbach, algunos escritos comunistas alemanes y la obra del señor Stein sobre el socialismo francés —, esta teoría alemana de la peor clase se ha construido ya sin dificultad alguna, a partir del señor Stein, un socialismo y comunismo francés a su medida, le ha asignado un lugar subordinado, lo ha “superado”, lo ha “absorbido” en la “etapa superior de desarrollo” de la siempre lista “teoría alemana”. Naturalmente, ni se le ocurre enterarse mínimamente de las cosas que pretende superar, echar un vistazo a Fourier, Saint-Simon, Owen y los comunistas franceses: los magros extractos del señor Stein bastan de sobra para lograr esta brillante victoria de la teoría alemana sobre los cojos intentos del extranjero.

Frente a este cómico orgullo de la teoría alemana, que no puede morir, es absolutamente necesario poner de relieve alguna vez a los alemanes todo lo que deben al extranjero desde que se ocupan de cuestiones sociales. Entre todas las frases pomposas que ahora se proclaman en la literatura alemana como los principios fundamentales del verdadero, puro, alemán comunismo y socialismo teórico, no hay hasta ahora ni un solo pensamiento que haya nacido en suelo alemán. Lo que los franceses o los ingleses ya habían dicho hace diez, veinte, hasta cuarenta años —y lo habían dicho muy bien, muy claro, en un lenguaje muy hermoso—, eso es lo que los alemanes han conocido finalmente, desde hace un año, fragmentariamente y lo han hegelianizado, o, en el mejor de los casos, lo han inventado de nuevo a posteriori y lo han hecho imprimir como un invento totalmente nuevo, en una forma mucho peor, más abstracta. No excluyo de esto mis propios trabajos. Lo peculiar de los alemanes es únicamente la forma mala, abstracta, incomprensible y torcida en que han expresado estos pensamientos. Y, como corresponde a auténticos teóricos, hasta ahora sólo han considerado dignos de su conocimiento de los franceses —a los ingleses casi no los conocen—, además de los principios más generales, únicamente lo peor y lo más teórico: la esquematización de la sociedad futura, los sistemas sociales. El mejor lado, la crítica de la sociedad existente, la verdadera base, la tarea principal de toda ocupación con las cuestiones sociales, ha sido dejado tranquilamente de lado. Para no hablar siquiera de que estos sabios teóricos suelen mencionar con desprecio, o simplemente no mencionar, al único alemán que realmente ha hecho algo, a Weitling.

A estos sabios señores quiero presentarles un pequeño capítulo de Fourier, del que puedan tomar ejemplo. Es cierto, Fourier no ha surgido de la teoría hegeliana y por eso, desgraciadamente, no ha podido llegar al conocimiento de la verdad absoluta, ni siquiera al socialismo absoluto; es cierto que Fourier, por esta carencia, se ha dejado llevar desgraciadamente a poner el método de las series en lugar del método absoluto, y con ello ha llegado a construir la transformación del mar en limonada, las couronnes boréale et australe <coronas boreal y austral>, el antileón y el acoplamiento de los planetas; pero, si así ha de ser, prefiero creer con el alegre Fourier en todas estas historias antes que en el reino absoluto de los espíritus, donde no hay limonada alguna, en la identidad del ser y la nada y en el acoplamiento de las categorías eternas. La locura francesa es por lo menos divertida, mientras que la locura alemana es taciturna y profunda. Y, además, Fourier ha criticado las relaciones sociales existentes con tal agudeza, con tal ingenio y humor, que se le perdonan de buena gana sus fantasías cosmológicas, que también descansan en una genial concepción del mundo.

El fragmento que aquí comunico se encontró entre los papeles póstumos de Fourier y está impreso en el primer cuaderno de la “Phalange”, publicada por los fourieristas desde comienzos de 1845 (1). Dejo fuera lo que se refiere al sistema positivo de Fourier y lo que por lo demás carece de interés, y procedo en general con tanta libertad como es necesario hacerlo siempre con los socialistas extranjeros para hacer disfrutables a un público extraño a esos fines las cosas que ellos escribieron para fines determinados. Este fragmento, ni con mucho, es lo más genial que ha escrito Fourier, ni tampoco lo mejor de lo que ha escrito sobre el comercio —y, sin embargo, ningún socialista o comunista alemán, con excepción de Weitling, ha escrito aún nada que se le aproxime ni remotamente a este borrador.

Para ahorrar al público alemán la molestia de leer la “Phalange”, observo que esta revista es una pura especulación monetaria de los fourieristas y que los manuscritos de Fourier comunicados tienen un valor muy desigual. Los señores fourieristas que editan esta revista son teóricos solemnes, vueltos alemanes, que han sustituido el humor con que su maestro puso al desnudo el mundo de la burguesía por una santa, profunda y teórica seriedad de la cientificidad, y que por ello, merecidamente, son escarnecidos en Francia y apreciados en Alemania. Su construcción de los triunfos imaginarios del fourierismo en el primer cuaderno de la “Phalange” podría entusiasmar a un profesor del método absoluto.

Comienzo mis comunicaciones con una frase que ya fue impresa en la “Théorie des quatre mouvements” <“Teoría de los cuatro movimientos”>. Éste es el caso de importantes secciones del presente fragmento, de las que, sin embargo, sólo daré lo más necesario.

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Hasta aquí Fourier. La continuación de este artículo en el segundo cuaderno de la “Phalange” contiene tres capítulos sobre el agiotage, el acaparamiento (accaparement) y el parasitismo, pero que ya han sido impresos en su mayor parte en los “quatre mouvements”. En parte por este motivo, y en parte porque el fragmento anterior responde plenamente a mi propósito, interrumpo aquí.

Los doctos señores alemanes, que tan afanosos navegan por el “salvaje mar hepático” de la teoría infundada y ante todo pescan el “principio” del “socialismo”, pueden tomar ejemplo del commis marchand <dependiente de comercio> Fourier. Fourier no era filósofo, sentía un gran odio contra la filosofía y la ha escarnecido cruelmente en sus escritos, y en esa ocasión ha dicho una multitud de cosas que harían bien en tomar a pecho nuestros “filósofos del socialismo” alemanes. Por supuesto me replicarán que Fourier también era “abstracto”, que con sus series construía a Dios y al mundo a pesar de Hegel, pero eso no los salva. Las extravagancias siempre geniales de Fourier no excusan los acartonados, así llamados desarrollos, de la seca teoría alemana. Fourier se construye el futuro después de haber reconocido correctamente el pasado y el presente; la teoría alemana se arregla primero la historia pasada a su gusto y luego también le ordena al futuro la dirección que ha de tomar. Compárese, por ejemplo, las épocas del desarrollo social de Fourier (salvajismo, patriarcado, barbarie, civilización) y su caracterización con la idea absoluta hegeliana, tal como ésta se abre paso penosamente por el laberinto de la historia y, a pesar de los cuatro imperios mundiales, al final consigue a duras penas la apariencia de una tricotomía —para no hablar ya de las construcciones posthegelianas. Pues si en Hegel la construcción aún tenía un sentido, aunque fuese invertido, en los fabricantes de desarrollos posthegelianos ya no tiene ninguno.

Los alemanes deberían de una vez dejar de hacer tanto alarde de su profundidad. Con media docena de datos magros son capaces no sólo de hilvanar centenares y miles de cosas, sino también de ponerlas en conexión con la historia universal. Del primer hecho mejor que les llega de tercera mano, del que ni siquiera saben si ocurrió así o de otro modo, os demuestran que tuvo que ocurrir así y no de otro modo. ¡Quién ha escrito en Alemania sobre cuestiones sociales sin haber dicho también algo sobre Fourier, por lo que la profundidad alemana queda del modo más profundo en ridículo! Ahí está, entre otros, un señor Kaiser que ha utilizado en seguida la “excelente obra de L. Stein” para una construcción histórico-universal, en la que sólo es lástima que todos los hechos en que se basa sean falsos. Fourier ha recibido ya por lo menos veinte veces de la teoría alemana la asignación de su “lugar en el desarrollo de la idea absoluta” —y cada vez un lugar distinto—, y cada vez la teoría alemana se ha remitido, en cuanto al estado de cosas, al señor Stein o a otras fuentes no limpias. De ahí que también el “socialismo absoluto” alemán sea tan espantosamente pauvre. Un poco de “humanidad”, como recientemente se ha bautizado a ese chisme, un poco de “realización” de esa humanidad o, más bien, de ese adefesio, un poquito sobre la propiedad sacado de Proudhon —de tercera o cuarta mano—, un poco de lamento proletario, organización del trabajo, las miserias asociativas para elevar a las clases populares bajas, junto con una ignorancia sin límites acerca de la economía política y de la sociedad real: ésa es toda la historia, que además pierde, por la imparcialidad teórica, la “absoluta quietud del pensamiento”, la última gota de sangre, el último rastro de energía y tensión. Y con este aburrimiento se pretende revolucionar a Alemania, poner en movimiento al proletariado, hacer pensar y actuar a las masas.

Si nuestros docentes alemanes, semicomunistas y comunistas enteros, se hubieran tomado la molestia de examinar un poco las cosas principales de Fourier, que con tanta facilidad como cualquier libro alemán podían haber tenido, ¡qué yacimiento de material para construir y para otros usos habrían descubierto allí! ¡Qué masa de nuevas ideas —también hoy todavía nuevas para Alemania— se les habría ofrecido! Las buenas gentes, hasta el día de hoy, no saben reprochar a la sociedad actual nada más que la situación del proletariado, y hasta de eso no saben decir gran cosa. Ciertamente, la situación del proletariado es el punto principal, pero ¿con eso queda despachada la crítica de la sociedad de hoy? Fourier, quien, salvo en escritos posteriores, apenas toca este punto, suministra la prueba de cómo se puede reconocer a la sociedad existente como enteramente despreciable también sin él, de cómo se puede llegar a la necesidad de una reorganización social únicamente mediante la crítica de la burguesía, y precisamente de la burguesía en sus relaciones internas, prescindiendo de su posición frente al proletariado. Para este lado de la crítica, Fourier es hasta ahora único. Fourier pone al desnudo sin piedad la hipocresía de la sociedad respetable, la contradicción entre su teoría y su práctica, el aburrimiento de todo su modo de existencia; se burla de su filosofía, de su afán por la perfection de la perfectibilité perfectibilisante <perfeccionamiento de la facultad perfeccionadora de la perfección> y la auguste vérité <verdad augusta>, de su “moral pura”, de sus instituciones sociales uniformes, y confronta con ello su práctica, el doux commerce <dulce comercio>, que él critica magistralmente, sus goces licenciosos que no son goces, su organización del cornudismo en el matrimonio, su confusión general. Todas éstas son facetas de la sociedad existente de las que en Alemania aún no se ha hablado en absoluto. Cierto que se ha hablado aquí y allá de la libertad del amor, de la posición, de la emancipación de la mujer: pero ¿qué se ha conseguido? Un par de frases confusas, algunas marisabidillas, algo de histeria y una buena parte de miseria familiar alemana —¡ni siquiera un bastardo ha salido de ahí!

Los alemanes deberían, ante todo, empezar por conocer el movimiento social práctico y literario del extranjero —al movimiento práctico pertenecen toda la historia inglesa y francesa de los últimos ochenta años, la industria de Inglaterra, la revolución de Francia—, luego hacer en lo práctico y en lo literario tanto como sus vecinos, y sólo entonces será el momento de plantear cuestiones ociosas como la del mayor o menor mérito de las diferentes naciones. Pero entonces ya no se encontrará público para estas disquisiciones sutiles.

Hasta entonces, los alemanes harán mejor en familiarizarse ante todo con las realizaciones del extranjero. Todos los libros hasta ahora aparecidos al respecto son, sin excepción, malos. Tales resúmenes breves sólo pueden dar en el mejor de los casos la crítica de las cosas, no las cosas mismas. Éstas, en parte, son raras e inasequibles en Alemania, en parte demasiado voluminosas, en parte están mezcladas con cosas que ya sólo tienen interés histórico y literario y que ya no interesan al público alemán de 1845. Para hacer accesibles estas cosas, cuyo valioso contenido es todavía nuevo para Alemania, es necesaria una selección y elaboración como la que los franceses —mucho más prácticos que nosotros también en estas materias— realizan con todo el material que les llega del extranjero. Una elaboración tal de la literatura socialista del extranjero que hace época empezará a publicarse en breve. Varios comunistas alemanes, entre ellos las mejores cabezas del movimiento, que con la misma facilidad podrían dar trabajos propios, se han unido para esta empresa, que, según esperamos, demostrará a los sabios teóricos alemanes que toda su sabiduría es vieja, debatida pro et contra hace ya mucho tiempo allende el Rin y el Canal de la Mancha. Una vez que hayan visto lo que se ha hecho antes que ellos, encontrarán la ocasión de demostrar lo que son capaces de hacer.

Bruselas

F. Engels

Notas de F. E.:

(1) «La Phalange». Revue de la science sociale, XIVe année, 1re Série in 8°, París, aux Bureaux de la Phalange, 1845. — Publication des Manuscrits de Fourier: «Section ébauchée des trois unités externes» [Revista de ciencia social, año XIV, 1.ª serie en 8°, París, en las oficinas de la Phalange, 1845. — Publicación de los manuscritos de Fourier: «Esbozo de la sección sobre las tres unidades externas»], pág. 142 del cuaderno de enero y febrero.