DESCRIPCIÓN DE LAS COLONIAS COMUNISTAS CREADAS EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS Y QUE AÚN EXISTEN [Deutsches-Biirgerbuch fiir 1845 pp. 326-340, Darmstadt,1845]

Cuando la gente habla acerca del socialismo o el comunismo, se da uno cuenta, con frecuencia, de que están totalmente de acuerdo con uno en cuanto a la cosa en sí y que ven en el comunismo algo muy hermoso; “pero se trata”, vienen a decir, “de algo imposible, que jamás llegará a ser una realidad”. Tantas veces se tropieza con semejante objeción, que el autor de este escrito ha considerado útil y necesario salir al paso de ella, exponiendo algunos hechos poco conocidos en Alemania, que dan completamente al traste con dichos reparos, En efecto, el comunismo, la vida y la actuación social del hombre en un régimen de comunidad de bienes, no sólo son perfectamente posibles, sino que han sido puestos ya en práctica, y con el mejor de los éxitos, como veremos, en muchas comunidades de América y en un lugar de Inglaterra. Por lo demás, cuando se examina más de cerca aquella objeción, se ye que lleva consigo, en realidad, dos. La primera es que ningún trabajador se prestaría a ejecutar las faenas manuales más bajas y desagradables, y la segunda que, si todos tuviesen el mismo derecho a disfrutar de los bienes comunes, las gentes se pelearían por entrar en posesión de ellos, lo que haría fracasar la comunidad. La primera objeción puede refutarse, sencillamente, diciendo que, una vez establecida la comuni. dad, no hay ya trabajos inferiores, que, por otra parte, pueden descartarse casi en su totalidad mediante una mejor organización, empleando máquinas, etc. Así, vemos que en Nueva York hay un gran hotel donde los zapatos se limpian al vapor y en la colonia comunista de Harmony,* en Inglaterra (de la que hablaremos más adelante), los retretes (waterclosets), instalados según la cómoda manera de Inglaterra, no sólo se barren automáticamente, sino que están dotados, además, de tubos, que se encargan de conducir las heces a un gran depósito de materias feca. les para abono. Y, en cuanto a la segunda objeción, todas las colonias comunistas llegan a ser, al cabo de diez o quince años de funcionamien. to, tan enormemente ricas, que cuentan con mayor cantidad de cosas apetecibles de las que podrían consumir, razón por la cual no hay motivo alguno de desavenencia. : El lector advertirá que la mayoría de las colonias comunistas que a continuación describimos han sido fundadas por diversas sectas religiosas, que, no pocas veces, profesan ideas absurdas e irracionales en torno a diferentes asuntos, las cuales —y el autor se apresura a decirlo breve- [554]

mente— nada tienen que ver con el comunismo. Y lo mismo da, evi dentemente, que quienes demuestran la viabilidad de la comunidad en el terreno de los hechos crean en un solo Dios, en veinte o en ninguno. El hecho de que profesen una religión irracional representa, sin duda, un obstáculo que entorpece la comunidad y si, a pesar de ello, la comunidad sale adelante en estos casos, es fácil pensar cuánto mejor se desenvolvería en otros en que se viese libre de semejantes supercherías. Casi todas las colonias modernas se hallan perfectamente exentas de tales patrañas religiosas, y los socialistas ingleses, aunque son muy tolerantes, no profesan casi nunca una religión, lo que hace que sean muy calumniados y vituperados en un país tan beato como 'Inglaterra, Pero hasta sus mismos adversarios se ven obligados a reconocer que todos estos reproches carecen de fundamento.

Los primeros que en Norteamérica y en el mundo entero pusieron en pie una sociedad basada en la comunidad de bienes fueron los lla. - mados shakers. Se trata de una secta especial, cuyos miembros profesan opiniones religiosas muy peregrinas, renuncian al matrimonio, no mantienen ninguna clase de relaciones sexuales, 'etc. Pero esto, aquí, no nos interesa. La secta de los shakers nació hace aproximadamente setenta años. Fue fundada por gentes pobres, que se agruparon y conviven en amor fraternal y comunidad de bienes y adoran a su manera al Dios en quien creen. Á pesar de que sus ideas religiosas, sobre todo el veto del matrimonio, asustaba a muchos, encontraron adeptos y forman ac. tualmente diez grandes comunidades, cada una de las cuales cuenta entre trescientos y ochocientos miembros. Forma cada una de ellas una hermosa ciudad, regularmente trazada, en la que se levantan viviendas, fábricas, talleres, edificios sociales y graneros; hay en ellas extensos campos de flores y huertos de hortalizas y legumbres, árboles frutales, bosques, viñedos, prados y tierras labrantías; abunda el ganado de todas clases, caballos y vacas, ovejas, cerdos y aves, más de lo que los habi. tantes necesitan para su consumo, y de raza excelente. Sus graneros están siempre abarrotados de trigo, sus almacenes llenos de telas para vestidos. Un viajero inglés que visitó estas comunidades dijo que no comprendía por qué aquellas gentes, que disponían de todo en abundancia, seguían trabajando, a menos que lo hicieran para distraerse, ya que, de otro modo, no tendrían quehacer alguno. No hay entre ellos nadie que trabaje contra su voluntad o que busque trabajo en vano. No conocen lo que son los asilos o los hospitales, pues no hay entre ellos pobres ni gentes que sufran, viudas o huérfanos desamparados; no saben lo que es la penuria ni tienen por qué temerla. En ninguna de sus diez ciudades hay un solo gendarme o policía, no existen jueces, abogados o soldados, cárceles ni correccionales, lo que no es obstáculo para que todo el mundo viva tranquilo. Las leyes del país no rigen para su conducta y, si de ellos dependieran, podrían ser derogadas todas sin que les importara un ardite, pues no habrá en el mundo ciudadanos más tranqui. los, ya que jamás uno de ellos ha tenido que ir a la cárcel. Viven, como hemos dicho, en un régimen de perfecta comunidad de bienes y no conocen el comercio ni el dinero. Un viajero inglés llamado Finch visitó el año pasado una de estas ciudades, Pleasant Hill, cerca de Lexington, en el Estado de Kentucky y nos hace el siguiente ralato de su visita.

“Pleasant Hill es un conjunto de casas grandes y bonitas, hechas de ladrillo y piedra, de talleres, establos y graneros, todo muy bien ordenado y de las más agradables ciudades de Kentucky. Las tierras de labor de los shakers son fáciles de reconocer, por sus hermosas cercas de piedra y por lo bien cultivadas; pastan en sus campos gran número de vacas y ovejas muy lucidas y vemos muchos cerdos bien cebados, que se alimentan en sus huertos de árboles frutales con los frutos caídos. Los shakers poseen aquí cerca de cuatro mil yugadas americanas de tierra, las dos terceras partes de las cuales están en cultivo. Esta colonia fue fundada hacia el año 1806 por una sola familia; más tarde, vinieron otras, y así fue desarrollándose poco a poco la colonia; algunos trajeron consigo algo de dinero, otros nada. Tuvieron que luchar con muchas dificultades y, como en su mayoría eran gentes muy pobres, sufrieron al principio mucha penuria, pero han salido adelante gracias a su laboriosidad, a su sobriedad y espíritu ahorrativo; hoy tienen abundancia de todo y no deben un centavo a nadie. En el momento actual, componen esta sociedad como unas trescientas personas, entre las que figuran cincuenta o sesenta muchachos menores de dieciséis años. Aquí, no hay señores mi criados, y menos aún esclavos: todos son libres, ricos y felices. Cuentan con dos escuelas, una de chicos y otra de muchachas, en las que se enseña a los alumnos a leer, escribir y contar, lengua inglesa y los principios de su religión; no se profesa aquí ninguna clase de ciencias, por no considerarlas necesarias para la dicha del hombre. Como los shakers tienen vedado el matrimonio, la colonia se extinguiría si no se incorporaran constantemente a ella nuevos miembros; y, a pesar de que la prohibición del matrimonio atemoriza a muchos miles de gentes y hace que se separen de la comunidad algunos de sus mejores componentes, son tantos los nuevos miembros que afluyen constantemente a ella, que su número crece sin cesar. Se dedican a la ganadería, la agricultura y el cultivo de los campos y ellos mismos se encargan de cultivar el lino, la lana y la seda que luego se hila y se teje en sus propias fábricas. Venden o intercambian con sus vecinos lo que les sobra, después de cubrir sus necesidades. Generalmente, trabajan mientras hay luz. El consejo de administración de la colonia tiene una oficina pública en la que se llevan los libros de cuentas y todos los miembros de la comunidad están autorizados a consultarlos cuantas veces consideran oportuno. Ni ellos mismos saben a Cuanto asciende su riqueza, pues no llevan un registro de sus bienes; se contentan con saber que cuanto tienen les pertenece a todos y que no deben nada a nadie, Solamente una vez al año registran las sumas que sus vecinos les adeudan.

”La comunidad está dividida en cinco familias (o secciones), formadas por cuarenta o cincuenta individuos cada una; cada familia lleva una economía aparte y vive colectivamente en una casa grande y hermosa. Cada cual recibe lo que necesita de los almacenes generales de la comunidad, sin págar nada y en la cantidad necesaria. En cada familia hay un diácono, encargado de velar por que todos dispongan de lo que necesitan y de atender en lo posible a los deseos de todos. Visten, como los cuáqueros, ropas sencillas, limpias y agradables; su alimentación es muy variada y siempre de la mejor calidad. Cuando solicita ingresar en la comunidad un nuevo miembro, las leyes vigentes en ella disponen que aporte al patrimonio colectivo todo lo que le pertenece, sin que pueda volver a reclamarlo ni aun cuando se separe. El que abandone la comunidad y no haya aportado nada a ella no puede tampoco, según sus leyes, reclamar indemnización alguna por su trabajo, ya que, mientras trabajó, fue alimentado y vesti: do a costa de la comunidad; sin embargo, en estos casos, es usual hacer al que se marcha un regalo, siempre y cuando que se separe en paz de sus antiguos com» pañeros.

”El gobierno de la comunidad está organizado a la manera del de los cristianos primitivos, Cada una de las comunidades cuenta con dos sacerdotes, un hombre y una mujer, con dos coadjutores. Estos cuatro sacerdotes se hallan a la cabeza de la colectividad y ventilan todos los litigios. A su vez, cada familia de las que integran la comunidad, tiene dos decanos, con dos suplentes y un diácono o administrador. El patrimonio de la comunidad corre a cargo de un consejo de administración, formado por tres miembros, encargado de vigilar todas las inversiones, de dirigir los trabajos y de comerciar con los vecinos. Y hay, como es natural, vigilantes y administradores en las diversas ramas de trabajo; pero todos ellos tienen por norma que nadie reciba órdenes de nadie, sino que todos obren libremente, por medio del convencimiento.” Otra de las colonias de los shakers, el “Nuevo Líbano”, en el Estado de Nueva York, fue visitada en 1842 por otro viajero inglés, llamado Pitkeithley. El visitante recorrió detenidamente toda la ciudad, formada por unos ochocientos habitantes y establecida en unas siete u ocho mil yugadas de tierra, investigó sus fábricas y talleres, sus tenerías, sus ase. rraderos, etc., testimoniando, como resultado de ello, que todas las ins. talaciones eran perfectas. También él se muestra maravillado de la ri. queza de aquellos pobladores, que, habiendo comenzado en la nada, son más ricos con cada año que pasa, y declara: “Estas gentes viven alegres y felices entre sí; lejos de haber entre ellos discordias, reina aquí la amistad y el amor, y en ninguna otra parte hemos visto tanto orden y tanta armonía,” Todo lo anterior se refiere a los shakers, que viven, como hemos dicho, en un régimen total de comunidad de bienes y que cuentan con diez colonias de esta clase en los Estados Unidos de Norteamérica. Pero, además de los shakers, existen en Norteamérica otras colonias basadas también en la comunidad de bienes. Entre ellas hay que citar, principalmente, a los rappitas. Rapp era un predicador de Wurtemberg que, en 1790, se separó con: sus feligreses de la iglesia luterana y, per. seguido por el gobierno, se trasladó a Norteamérica en 1802. Sus adeptos le siguieron dos años más tarde, instalándose en Pensilvania con unas doscientas familias aproximadamente, Contaban entre todos con una suma de unos 25 000 táleros, que emplearon en comprar tierras y herramientas de trabajo. Las tierras eran un bosque virgen, que les costó, sobre poco más o menos, el dinero de que disponían, pero fueron pagándolo a plazos. Se asociaron en régimen de comunidad de bienes y pactaron las siguientes capitulaciones: 1* Todos deben entregar a la comunidad cuanto poseen, sin adquirir a cambio de ello ventaja alguna. Dentro de la comunidad, todos son iguales, 2% Las leyes y los preceptos de la sociedad son obligatorios para todos.

3% Todos se comprometen a trabajar exclusivamente en beneficio de toda la sociedad, y no cada cual exclusivamente para sí, 42 Quien abandone la sociedad no tendrá derecho a exigir que se le remunere su trabajo, pero recibirá cuanto haya aportado al común; quien no haya aportado nada y se separe pacífica y amistosamente, recibirá un regalo de la comunidad.

5% A cambio de lo anterior, la comunidad se compromete a proveer a todos sus miembios y a sus familias de los medios necesarios para atender a sus necesidades, a velar por ellos en caso de enfermedad y vejez, y cuando los padres fallezcan 'o se separen de la coléctividad, dejando en ella a sus hijos, la comunidad se encargará de su educación. En los primeros años de la comunidad, en que ésta tenía “que ocuparse de roturar los terrenos cubiértos de bosque y de maleza y aportar, además, 7 000 táleros al año para amortizar el precio de las tierras, sus componentes, como es lógico, lo pasaron mal. Ello hizo que algunas de. las gentes más acomodadas se asustaran de la comunidad, retirando sus aportaciones, lo que vino a agravar todavía más las dificultades de los colonós. Pero la mayoría de ellos hicieron frente animosamente a la si. tuación y, al cabo de cinco años, en 1810, habían saldado ya todas sus deudas. Cinco años después, procedieron, por diversas razones, a vender todas sus tierras y a comprar otras veinte mil yugadas de bosque silvestre en el Estado de Indiana. En dos o trés años, lograron levantar en aquellos parajes la bonita ciudad de Nueva Armonía y roturar casi todas las tierras de la colonia; plantaron viñas, labraron campos de. trigo, imstalaron una fábrica de tejidos de lana y de algodón y se hicieron cada día más ricos. En 1825, vendieron por doscientos mil táleros toda la colonia al señor Robert Owen y por tercera vez se instalaron en la sel. va virgen. Ahora, se han establecido en las riberas del gran río Ohio, donde han levantado la ciudad llamada Economy, mayor y más hermosa que ninguna de las que habían poblado antes. En 1831, emigró a Norteamérica, para unirse a ellos, el conde León, acompañado por unos treinta alemanes. Los colonos acogieron. de buen grado a los recién lle. gados, pero como el conde azuzara contra Rapp a una parte de los miembros de la colonia, la comunidad, reunida en asamblea, acordó que León y los suyos debían retirarse. Los que decidieron continuar pagaron a los descontentos más de ciento veinte mil táleros, con cuyo dinero fundó el conde una segunda colonia, a la que la mala administración llevó al fracaso. Quienes tomaron parte en ella se dispersaron y, poco después, el conde León moría por los caminos de "Texas como un vagabundo. En cambio, la colonia de Rapp sigue llevando una existencia floreciente hasta la hora actual. Finch, el viajero a quien citábamos más arriba, dice, refiriéndose a la situación actual de esta colonia: DESCRIPCIÓN -DE LAS COLONIAS COMUNISTAS 559 “La ciudad llamada Economy consta de tres largas y anchas calles, cruzadas por otras calles transversales mo menos anchas; cuenta con una iglesia, un hotel, una fábrica de tejidos de lana, algodón y seda, un establecimiento para la cría de gusano de seda, almacenes públicos de mercancías para uso de los vecinos de la colonia y para las compras de las gentes de fuera, un gabinete de historia natural, talleres para la práctica de. diversos oficios, edificios administrativos y espaciosas y hermosas casas destinadas a viviendas de las diversas familias, con un gran jardín adosado a cada casa. Las tierras de labranza adyacentes miden dos horas de largo y un cuarto de hora de ancho y contienen grandes viñedos, un campo de árboles frutales de treinta y siete yugadas de extensión, tierras labrantías y prados. La cifra de miembros de la comunidad es de unos cuatrocientos cincuenta, todos ellos bien vestidos y bien alimentados, magníficamente alojados, gentes contentas, felices y virtuosas, que llevan muchos años viviendo sin conocer lo que es la penuria.

”También estos colonos abrigaron durante mucho tiempo prevenciones contra el matrimonio, pero en la actualidad se casan, tienen familia y se muestran muy propicios a acrecentar: el número de miembros de la colonia, si solicitan ingresar en ella personas realmente adecuadas. Su religión .es el Nuevo Testamento, pero no profesan ninguna confesión especial. y respetan las opiniones de los demás, a condición de que éstos respeten las suyas y no surjan disensiones por motivos religiosos. Se llaman armonicistas, No tienen sacerdotes pagados; el señor Rapp, que cuenta ya más de ochenta años, es al mismo tiempo sacerdote, administrador y juez arbitral. Les gusta mucho la música y organizan a veces conciertos y veladas musicales. El día en que yo llegué, celebraban la iniciación de la cosecha con un gran concierto en los mismos campos. En sus escuelas se enseña a leer, escribir, contar, gramática y lengua; no instruyen en ninguna ciencia, siguiendo la misma norma de los shakers. Trabajan “mucho más de lo que necesitan; invierno y verano, desde: el alba hasta la puesta del sol; trabajan todos, y los que no laboran el invierno en las fábricas encuentran trabajo en las faenas de la trilla, en la ganadería, etc. Tienen 75 vacas lecheras, rebaños de ovejas, caballos, cerdos y aves y, de lo que no consumen, -les adeudan grandes sumas los comerciantes e intermediarios. Y, a pesar de que la bancarrota les ha costado una parte importante de estos adeudos, cuentan, sin embargo, con una buena cantidad de dinero ocioso, que va en aumento año tras año. ”Su gran aspiración, desde un comienzo, ha sido fabricar por sí mismos todo lo que necesitan, para comprar a otros lo menos posible, y han acabado fabricando más de lo necesario; últimamente, han adquirido un rebaño de cien merinas de España para "mejorar la' raza de ganado lanar, págando por él quince mil táleros. Figuran-entre los primeros que en Norteamérica comenzaron a fabricar artículos de lana. Luego, se dedicaron a plantar viñas, a cultivar lino, a instalar una fábrica de tejidos de algodón y a criar y elaborar:la seda. Pero, en todo lo que hacen, cuidan' de proveerse a sí mismos abundantemente, antes de vender a otros. , "Viven en familias de veinte a cuarenta miembros, cada una de las cuales habita una casa propia y tiene.su propia economía. La familia recibe todo lo que necesita de los almacenes colectivos. Disponen de bienes abundantes para todos y todos obtienen gratuitamente cuanto desean. Si necesitan vestido, o calzado, acuden al maestro sastre, a la costurera o al zapatero, quien se encarga de confeccionarles las prendas a su gusto. La came y las demás vituallas son distribuidas a cada familia según el número de miembros y. disfrutan de todo, abundantemente y con exceso.” Otra colonia basada en el régimen de comunidad de bienes se ha establecido en Zoar, Estado de Ohio. Sus miembros son también separatistas wurtemburgueses, escindidos de la iglesia luterana al mismo tiempo que Rapp y emigrados a Norteamérica después de diez años de persecución por esta iglesia y el gobierno. Eran muy pobres y sólo lograron sostenerse, en un principio, gracias a la ayuda de los filantró. picos cuáqueros de Londres y Norteamérica. Llegaron a Filadelfia en el otoño de 1817, encabezados por su párroco Báumler, comprando a un cuáquero la extensión de tierra que todavía hoy poseen y que mide siete mil yugadas. El precio estipulado, unos seis mil táleros, se convino en abonarlo a plazos. Cuando, al instalarse.en sus tierras, contaron el dinero de que disponían, se encontraron con que tocaban exactamente a seis táleros por cabeza. Esa era toda su fortuna; aún no habían pagado ni un centavo del precio convenido por la compra de la tierra. Con aquel puñado de táleros tenían que adquirir simiente, aperos de labranza y víveres hasta la próxima cosecha. Disponían de un bosque virgen en que había dos o tres casas de madera. Había que roturar aquellas tierras y ponerlas en cultivo. Se entregaron diligentemente al trabajo, enseguida pusieron las tierras en condiciones de ser labradas y, al año siguiente, habían levantado ya un molino de trigo. Al principio, dividieron sus tierras en pequeñas parcelas, asignando cada una a una familia para que la trabajara por su cuenta y en propiedad privada. Pronto se dieron cuenta de que este sistema no funcionaba, pues cada cual trabajaba solamente para sí y ello impedía que las tierras fuesen roturadas y puestas en cultivo rápidamente; los colonos no se ayudaban mu. tuamente; muchos habían tenido que endeudarse y estaban en peligro de caer en la pobreza total. En vista de ello, al cabo de año y medio, en abril de 1818, decidieron unirse para implantar la comunidad de bienes, establecieron unas bases para la vida en común y, por unanimi. dad, eligieron director a Báumler, su párroco. Gracias a ello, pudieron ahora cancelar todas las deudas de los miembros de la comunidad, se les dieron dos años para cubrir el precio de la finca y se entregaron al trabajo con redoblado celo, todos a una, y les fue tan bien con el nuevo sistema, que, cuatro años antes del plazo fijado para el pago final, pu. dieron cubrir la suma total convenida por la compra de los terrenos, con sus correspondientes intereses. El siguiente relato de dos testigos oculares nos cuenta, por lo demás, cómo les ha ido: Un comerciante norteamericano que visitaba con frecuencia la colonia, la describe como un modelo perfecto de limpieza, orden y belleza, Nos dice que cuenta con un magnífico hotel, un palacio que sirve de morada al viejo Báumler, un hermoso parque público de dos yugadas de extensión, con un gran invernadero, casas hermosas y bien: construidas y agradables jardines. Los colonos viven, según él, felices y contentos y son ordenados y trabajadores. Las impresiones de este asiduo visitante se han publicado en un periódico de Pittsburg (Ohio), el Pittsburg Daily Advocate and Advertiser, de julio 17 de 1843. En su versión, aquel Finch, a quien varias veces nos hemos referido, considera esta colonia como la mejor organizada de cuantas funcionan en los Estados Unidos a base de comunidad de bienes. Nos ofrece una larga lista de las riquezas de estos colonos y nos cuenta que poseen una hilandería de lino y una fábrica de tejidos de lana, una tenería, fundiciones de hierro, dos molinos de trigo, dos aserraderos, dos máquinas trilladoras y gran número de talleres para toda clase de oficios. Nos dice, además, que sus tierras de labor están mejor cultivadas que cuales. quiera otras que él ha visto en Norteamérica. El Pfenning-Magazin calcula que el patrimonio de esta colonia de separatistas asciende a ciento ochenta mil táleros, reunidos en su totalidad en veinticinco años, puesto que partieron de la nada, de aquellos seis táleros por cabeza a que nos referíamos. También en esta colonia se mantuvo durante algún tiempo la prohibición del matrimonio, pero, al igual que los “rappistas”, se dieron pronto cuenta de su error y lo rectificaron. Finch transcribe las bases de organización de esta colonia, que son, en lo fundamental, las siguientes: Cuantos desempeñan funciones en la comunidad son elegidos de su seno por todos los miembros de ella mayores de 21 años. Estos funcionarios son: 1* Tres administradores, uno de los cuales es elegido cada año, y los tres pueden ser removidos en cualquier momento por sus electores. Tienen por misión administrar todos los bienes de la comunidad y proveer a sus miembros de cuanto necesiten en materia de víveres, alojamiento, vestido y alimento, en la medida en que las circunstancias lo permiten y sin establecer diferencia alguna de carácter personal. Nombran los subadministradores necesarios para regentar las distintas ramas de trabajo, ventilan por la vía arbitral los pequeños conflictos que se presentan y pueden, de acuerdo con el consejo de la sociedad, establecer nuevos preceptos, pero siempre en consonancia con las normas constitucionales. 2% Un director, que permanece en el cargo mientras goce de la confianza de la sociedad y que encabeza, como supremo funcionario, todos los asuntos colectivos. El director tiene derecho a comprar y vender y cerrar contratos y transacciones, pero, cuando se trata de negocios importantes, debe obrar de acuerdo con los tres administradores. 32 El consejo de la sociedad, formado por cinco miembros, uno de los cuales abandona su puesto cada año. Fste consejo constituye el más alto poder de la sociedad, fija las leyes de acuerdo con los administradores y el director, vigila a los demás funcionarios, y falla arbitralmente los litigios, cuando las partes interesadas no se muestren de acuerdo con las decisiones de los administradores. Finalmente, 49 El pagador, elegido cada cuatro años y que es el único de los miem. bros y funcionarios de la colectividad que tiene derecho a poseer y manejar dinero. Se estatuye, además, que la colonia instituirá un establecimiento de enseñanza, que los miembros deberán aportar todos sus bienes a la comunidad, sin poder retirarlos nunca de ella y que no se dará entrada en la sociedad a ningún nuevo miembro antes de haber vivido un año en ella, con el voto favorable de todos sus componentes y, por último, que las bases de organización sólo podrán ser modificadas con los dos tercios de mayoría de sus integrantes, Fácil sería extender esta información, ya que todos los viajeros que recorren el interior de los Estados Unidos visitan algunas de las colonias comunitarias a que nos estamos refiriendo, que figuran en. casi todos los relatos de viajes, sin que ni uno solo tenga que teprochar nada malo a quienes en ellas habitan. Antes al contrario, todos las elogian y sólo censuran, si acaso, sus prejuicios religiosos, principalmente los de los shakers, los cuales, sin embargo; no guardan, como salta a la vista, rela: ción alguna con el régimen de comunidad de bienés. Podríamos citar aquí, además de los ya reseñados, las obras de Miss Martineau, de los señores Melish y Buckingham y muchas más; sin embargo, de lo que aquí se trata creemos que basta con lo dicho, puesto que todos los autores coinciden, en: lo esencial. El éxito logrado por los shakers, los armonicistas y los separatistas, la necesidad general que se siente de implantar un nuevo orden en la sociedad humana y los esfuerzos a ello encaminados de los socialistas- y comunistas han impulsado a muchas otras gentes de Norteamérica a acometer intentos semejantes, en estos últimos años. Por ejemplo, el señor Ginal, predicador alemán de Filadelfia, ha creado una sociedad: que posee 37 000* yugadas de 'bosque en la ciudad citada, en las que ha levantado unas ochenta casas, donde viven en comunidad como quinien- . tas personas, en su mayoría alemanes. Cuentan con una gran tenería y alfarería, con muchos talleres y almacenes, y les va muy bien. Y lo mismo en este caso que en los que siguen, se da por sobreentendido que los colonos viven en régimen de comunidad de bienes. Un señor Hizby, dueño de una fábrica siderúrgica en Pittsburg (Ohio), ha creado en esta ciudad una comunidad del mismo tipo, que el año pasado compró en sus aledaños hacia 4 000 yugadas de tierras, con el propósito de establecer una colonia acogida al sistema de comunidad de bienes. Existe, además, una colonia del mismo -carácter en Skaneateles, Estado de Nueva York, fundada en la primavera de 1843 por J. A. Collins, socialista inglés 'y de la que forman parte treinta miembros; otra en Minden, Massachusetts, en la que, desde 1842, conviven unas cien personas; otras dos en Pike County, Pensilvania, creadas recientemente; otra en Brook Farm, también en el Estado de Massachusetts, que agrupa a cincuenta miembros y treinta alumnos, asentados en unas doscientas yugadas de tierra y en que funciona una excelente escuela, dirigida por el predicador unitario G. Ripley; otra, establecida en Northampton, lugar del mismo Estado, que existe desde 1842, con ciento veinte miembros, que dispone de quinientas yugadas de tierra, dedicadas a la agricultura y la ganadería, con aserraderos, fábricas de tejidos de seda y tintorerías y, por último, una colonia de socialistas ingleses in. migrados que funciona en Equality, cerca de Milwaukee, Estado de Wisconsin, fundada el año pasado por Thomas Hunt y que ha hecho rápidos progresos. Recientemente, parece que han sido creadas, además, otras varías comunidades, pero hasta ahora carecemos de noticias acerca de ellas, Podemos, sin embargo, afirmar que los norteamericanos, especial. mente los trabajadores pobres de las grandes ciudades, Nueva York, Fi. ladelfia, Boston, etc., han tomado a pecho la cosa y han creado sociedades destinadas a la fundación de colonias de este tipo y que a cada paso surgen comunidades de éstas. Y es que los norteamericanos están ya cansados de seguir sometidos al vasallaje de unos cuantos ricos que se nutren del trabajo del pueblo; y, dada la gran actividad y perseverancia de esta nación, nada tiene de extraño que el régimen de comunidad de bienes vaya extendiéndose y esté llamado a abarcar, no tardando, una parte importanité de su territorio, Pero no es solamente en Norteamérica; también en Inglaterra se han hecho intentos por aclimatar la' comunidad de bienes. El filántropo Robert Owen viene predicando aquí esta doctrina desde hace treinta años y ha consagrado su gran fortuna y todos sus esfuerzos a fundar la colonia de Harmony, en Hampshire, que se halla actualmente en funcionamiento. Se creó con este fin una sociedad que posee hoy una extensión de 1200 yugadas de tierra, en la que se ha establecido una comunidad, basada en las propuestas de su fundador. Agrupa en la actualidad a unos cien miembros, que conviven en un gran edificio, de. dicados hasta ahora, principalmente, a la agricultura. Como esta colonia se ha fundado desde el primer momento como un modelo perfecto * del nuevo orden social, necesitaba contar con un capital importante y, hasta el momento actual, se han invertido en ella unos doscientos mil táleros. Una parte de este dinero ha sido tomado en préstamo y debe ser restituido por partes, lo que ocasiona muchas dificultades y hace que muchas inversiones no. puedan completarse ni sean rentables, por falta de dinero. Y como, además, los miembros de la comunidad no son los propietarios exclusivos del patrimonio; sino que dependen de la dirección de la sociedad formada por los socialistas, a las que pertenecen los medios invertidos, ello da lugar, de vez en cuañdo, a discrepancias - y provoca el descontento. No obstante, las cósas marchan, los miembros de la comunidad, según el testimonio de cuantos la visitan, se entienden de la mejor manera, se ayudan mutuamente y la existencia de: la colonia está asegurada, a pesar de las dificultades con que tropieza. Lo importante del asunto es que todas las dificultades nacen, no de la comunidad misma, sino del hecho de que ésta no se haya implantado consecuentemente. A ello se debe, en efecto, el que los miembros tengan que dedicar una parte considerable de sus ingresos a pagar intereses y amortizar el dinero prestado, lo que les impide completar y administrar mejor sus inversiones; además, esto hace que no puedan elegir directamente a sus administradores, sin depender siempre de la dirección de la sociedad.

Un economista práctico que ha viajado por toda Inglaterra para informarse acerca de la situación de la agricultura y que, bajo la forma de “Uno que ha empuñado la esteva del arado”,**% ha publicado uña crónica acerca de ello en el periódico de Londres Morning Chronicle (dic, 13, 1842), por la que informa acerca de los resultados del trabajo, en la colonia a que nos referimos.

Después de pasar por una comarca cuyos campos, cubiertos más de maleza que de trigo, estaban muy mal trabajados, oyó hablar por vez primera en su vida, encontrándose en una aldea vecina, de los socialistas de Harmony. Una persona acomodada de aquella aldea le contó que trabajaban una gran finca, muy bien cultivada, que todos los rumores malévolos que se hacían circular acerca de ellos eran infundados, que el cura de su parroquia podría darse por muy contento si la mitad siquiera de sus feligreses se comportaran tan honorablemente como aquellos socialistas y que sería muy de desear que los terratenientes de los contornos proporcionaran a los pobres tanto trabajo y tan bien remunerado como las gentes de Harmony. Aunque tenían un concepto muy peregrino de lo que era la propiedad, nadie podía negar que se portaban muy bien y daban un buen ejemplo a toda la comarca. Y añadió: profesan diferentes ideas religiosas; unos van a una iglesia y otros a otra y nunca hablan de religión o de política con los vecinos de la aldea. Como yo les preguntase acerca de esto, dos de ellos me contestaron que no profesaban ninguna concepción religiosa definida y que cada cual podía creer lo que mejor le pareciera. Cuando supimos que iban a instalarse aquí, todos nos sentimos consternados; pero ahora hemos podido comprobar que son unos excelentes vecinos y dan a nuestra gente buen ejemplo de moralidad, que suministran trabajo a muchos de muestros pobres y, como nunca tratan de imbuirnos sus ideas, no tenemos razón alguna para sentirnos quejosos de ellos. Se distinguen todos por su conducta decente de personas bien educadas, sin que nadie de estos lugares pueda decir nada contra su modo moral de comportarse. Nuestro informante, habiendo recibido referencias parecidas de otras personas, pasó a visitar personalmente la colonia. Después de volver a cruzar por tierras mal cultivadas, se encontró con un campo de remolacha muy bien trabajado, que prometía una hermosa y abundante cosecha y le dijo a un amigo, arrendatario de tierras en la comarca: si éstas son remolachas socialistas, no tienen mal aspecto. Poco después, vio un rebaño de setecientas ovejas también socialistas, hermosas y bien cuidadas, y enseguida divisaron ambos un gran edificio, bien construido y de gran solidez. Por todas partes se veían obras, ladrillos y madera amontonados, muros a medio construir y zanjas abiertas. Una vez dentro, fueron recibidos cortés y amistosamente y acompañados a visitar el edificio. En los bajos de éste, vieron un gran comedor y las cocinas, desde las que se llevaban al comedor y volvían de él, vacías, por medio de una máquina, las fuentes colmadas de comida. Unos niños vestidos con ropas limpias, con aspecto sano y un comportamiento muy decen. te, mostraron a los visitantes esta máquina. También las mujeres de la cocina tenían un aspecto muy limpio y mostraban un porte muy decoroso, y el visitante manifiesta su asombro ante el hecho de que se presentaran tan limpias y con un aspecto tan agradable en medio de tantos platos y fuentes todavía sin fregar, pues acababa de servirse la comida de mediodía. La cocina era de una belleza de instalación indescripti. ble, y el arquitecto londinense que la había montado aseguraba que en el propio Londres habría pocas cocinas con una instalación tan completa y tan costosa, observación que nuestro visitante corrobora. Junto a la cocina, vefanse cómodos cuartos para lavar la vajilla y el menaje, baños, sótanos y locales separados, en que cada miembro de la comunidad podía lavarse, al volver del trabajo.

En el primer piso había una gran sala de baile y, encima, estaban los dormitorios, muy cómodamente instalados. y El jardín, que medía veinticinco yugadas, aparecía muy limpio y bien cuidado y por todas partes se observaba una gran actividad. En los campos aledaños se fabricaban ladrillos y tejas, había un horno de cal y por todas partes se construían edificios y se abrían calles; cien yugadas de tierra aparecían ya sembradas de trigo y había el plan de cultivar todavía más tierras trigueras; habían abierto un pantano para recoger el abono líquido, y en un bosquecillo cercano a la posesión se reunía el abono vegetal; en una palabra, se hacía todo lo necesario para elevar el rendimiento de los cultivos, Y el visitante de referencia concluye: “Creo que puede calcularse a su finca el valor correspondiente a un alquiler anual de tres libras (veintiún táleros) por yugada, pero los miembros de la colonia pagan solamente quince chelines (cinco táleros) de renta. No cabe duda de que han hecho un buen negocio, a condición de que mantengan una economía racional; y, dígase lo que se quiera de sus edificios sociales, hay que reconocer que están trabajando su posesión de un modo excelente.” A la anterior descripción debemos añadir algo acerca de la organiza. ción interna de esta comunidad. Sus miembros se alojan colectivamente en una gran casa, en la que cada cual tiene su dormitorio aparte, muy bien instalado; las faenas domésticas son ejecutadas para todos ellos por un grupo de mujeres, lo que ahorra, naturalmente, muchos gastos, tiemnpo y esfuerzo, que se, perderían si esas faenas tuviesen que repartirse entre gran número de pequeñas unidades domésticas, obteniéndose con ello, además, muchas comodidades, que sería imposible lograr de otro modo. Así, el fuego de la cocina sirve, al mismo tiempo, para dar calefacción por aire caliente a todos los cuartos de la casa; hay tubería de agua caliente y fría, que alimenta los grifos de todas las habitaciones, y otra serie de ventajas y comodidades que sólo son posibles en una instalación colectiva. Los niños viven en la escuela cercana, donde se les enseña y educa a costa de la colectividad. Los padres pueden visitarlos cuando lo deseen y la educación se orienta tanto hacia su desarrollo físico y espiritual como hacia la vida en comunidad. No se atormenta a los niños con zarandajas religiosas y teológicas ni con el estudio del griego y el latín; en cambio, se les enseña a conocer más a fondo la naturaleza, su propio cuerpo y sus propias capacidades y descansan en los campos del poco tiempo que tienen por estar sentados en las aulas, pues la escuela funciona tanto a cielo abierto como bajo techo y el trabajo es parte de la educación. La educación moral del niño se reduce a un solo principio: no hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a tí; es decir, en el respeto a la igualdad de todos y al amor fraternal, Esta colonia funciona, como ya hemos dicho, bajo la autoridad de un presidente y la dirección de la sociedad de los socialistas, elegida todos los años por el congreso, al que cada sociedad filial envía un delegado, tiene plenos poderes en consonancia con los estatutos de la sociedad y es responsable ante el congreso. Por tanto, la comunidad es gobernada por personas ajenas a ella y, en estas condiciones, no pueden por menos de producirse, de vez en cuando, divergencias y disputas. Pero si el intento de la colonia Harmony llegara a fracasar por estos motivos y por los apuros pecuniarios, lo que no es probable, ni mucho menos, ello no sería sino una razón más en apoyo del régimen de comunidad dé bienes, ya que ambas dificultades tienen su raíz en el hecho de que la comunidad no ha sido implantada, aquí, de un modo consecuente. No obstante, la existencia de la colonia está asegurada y, aunque no pueda progresar tan rápidamente como fuera de desear ni llevarse a su culmi. nación, los adversarios de la comunidad no conseguirán nunca el triunfo de que se hunda. Vemos, pues, que la comunidad de bienes, lejos de ser imposible, ha logrado prosperar, en todos los intentos que hasta ahora se han hecho. Y vemos también que quienes se agrupan en régimen de comunidad, tra. bajando menos, viven mejor y disponen de más tiempo libre para cultivar su espíritu y son hombres. mejores y más morales que sus vecinos, aferrados a su propiedad. Y todo ello han podido comprobarlo ya norteamericanos, ingleses, franceses y belgas y gran número de alemanes. Son muchos los que, en todos los países, se ocupan de la difusión de esta doctrina y toman partido a favor'de la comunidad.

Y si el problema es importante para todos, lo es de una manera muy especial para los pobres trabajadores, que no poseen otra cosa que su salario, que si hoy lo ganan pueden mañana perderlo y quedarse sin pan en el momento menos pensado, por un azar imprevisto e inevitable. Es a estas personas a quienes se les abre aquí la perspectiva de una existencia independiente, segura y libre de cuidados, la posibilidad de verse plenamente equiparados en derechos con quienes actualmente, gracias a su riqueza, pueden convertir en sus esclavos a los trabajadores. A éstos es a quienes más interesa el problema a que nos referimos. En otros países, son los trabajadores quienes forman el núcleo del partido que aboga en pro de la comunidad de bienes, y también los trabajadores alemanes tienen el deber de tomarlo seriamente en sus manos. Cuando los trabajadores se unen entre sí, hacen causa común y se proponen un fin común a todos ellos, son infinitamente más fuertes que los ricos. Y si lo que persiguen es un fin tan razonable y encaminado a llevar a la perfección lo mejor de cada hombre como es la comunidad de bienes, cabe esperar que los mejores y más inteligentes entre los ricos se pongan de acuerdo con los trabajadores y les apoyen en sus esfuerzos. En todas partes de Alemania hay ya gran número de personas pudientes y cultas que se han manifestado abiertamente en pro de la comunidad de bienes y defienden los derechos del pueblo a entrar en posesión de los bienes de la tierra, que hoy se hallan acaparados por la clase rica de la población.