media docena de comisiones investigadoras, cuyos voluminosos dictá. menes han ido a dormir el sueño de los justos bajo montones de papel viejo, en los estantes del Home Office? 2 ¿Se han preocupado acaso de sacar de sus modernos Libros azules una sola obra legible que permita a cualquier lector enterarse sin esfuerzo de cuál es la verdadera situación de la gran mayoría de los ingleses “nacidos libres”? Naturalmente que no, pues éstas son cosas de las que no les gusta hablar, y prefieren dejar en manos de un extranjero el cometido de informar al mundo civilizado sobre la situación humillante en la que se os obliga a vivir. Extranjero para ellos, confío en que no lo seré para vosotros. Aunque mi inglés no sea puro, espero que lo encontraréis, por lo menos, claro. Ningún obrero de Inglaterra —y debo decir, de pasada, que ninguno tampoco de Francia— me ha tratado nunca como a extranjero. Con mucho agrado he podido comprobar que ese funesto azote de la estrechez y la arrogancia nacionales, que no es, en rigor, más que egoísmo en gran escala, no reza con vosotros; he podido darme cuenta de vuestra simpatía hacia todo el que consagra sus energías al progreso humano, sea o no inglés; de la admiración que sentís por todo lo noble y todo lo bueno, haya brotado en vuestro pueblo o en otra parte; he podido conven. cerme de que vosotros no sois simplemente ingleses, hijos de una nación aparte, de que sois realmente hombres, miembros de la gran familia internacional de la humanidad, concientes de que sus intereses y los de toda la raza humana son unos y los mismos y como a tales, como a miembros de esta gran familia de la humanidad “una e indivisible”, como a seres humanos en la acepción más rigurosa de la palabra, os saludo, y aclamo, en unión de muchos otros hombres del continente, vuestros progresos en todos los órdenes y os deseo, a la par con ellos, el mejor de los éxitos. ¡Adelante, pues, en el camino emprendido! Muchos obstáculos tenéis aún por delante. ¡Sed firmes y perseverantes, no os dejéis desanimar! ¡Estad seguros de vuestro éxito! Cada paso de avance en el camino por el que habréis de marchar servirá a nuestra causa común, a la causa de la humanidad.

Barmen (Prusia renana), 15 de marzo de 1845.

F. Engels.

a Ministerio del Interior.