Artículos para The New Moral World por Frederick Engels

Rápido progreso del comunismo en Alemania

The New Moral World, núm. 37, 8 de marzo de 1845

Barmen, 2 de febrero de 1845

II

Desde la última vez que me dirigí a vosotros, la causa del comunismo ha continuado progresando con la misma rapidez que durante la última parte del año 1844. Hace poco visité varias ciudades del Rin, y en todas partes encontré que nuestras ideas habían ganado, y ganaban día a día, más terreno que cuando abandoné por última vez aquellos lugares. En todas partes hallé nuevos prosélitos, que desplegaban en la discusión y difusión de la idea comunista toda la energía que pudiera desearse. Se han celebrado numerosas asambleas públicas en todas las ciudades de Prusia, con el propósito de formar asociaciones para contrarrestar el creciente pauperismo, la ignorancia y el crimen entre la gran masa de la población. Estas asambleas, al principio apoyadas, pero luego reprimidas por el gobierno al hacerse demasiado independientes, han forzado, no obstante, la atención pública hacia la cuestión social, y han contribuido grandemente a la divulgación de nuestros principios. La asamblea de Colonia quedó tan impresionada por los discursos de los principales comunistas, que se eligió un comité para redactar los estatutos de la asociación, comité cuya mayoría estaba compuesta de comunistas convencidos. El borrador de los estatutos se basaba, naturalmente, en principios comunistas: organización del trabajo, protección del trabajo frente al poder del capital, etc., y dichos estatutos fueron adoptados casi por unanimidad por la asamblea. Naturalmente, la sanción del gobierno, indispensable en este país para toda asociación, ha sido denegada; pero desde que se celebraron aquellas asambleas, la cuestión de las comunidades ha sido discutida por todas partes en Colonia. En Elberfeld, se proclamó como principio fundamental de la asociación el que todos los hombres tenían igual derecho a la educación y debían participar de los frutos de la ciencia. Los estatutos de la asociación, sin embargo, no han sido confirmados todavía por el gobierno, y con toda probabilidad compartirán la suerte de los de Colonia, pues los clérigos organizaron una asociación propia tan pronto como su plan de convertir la Sociedad en una rama de la misión urbana fue rechazado por la asamblea. La asociación liberal será prohibida, y la asociación de los clérigos contará con el apoyo del gobierno. Esto, sin embargo, tiene poca importancia, pues una vez planteada la cuestión, se discute ahora en toda la ciudad. Se han formado otras asociaciones en Münster, Cléveris, Düsseldorf, etc., y queda por ver cuáles serán los resultados. En cuanto a la literatura comunista, H. Püttmann, de Colonia, ha publicado una colección de documentos relativos a este tema, que contiene, entre otras cosas, una descripción de las comunidades norteamericanas, así como de vuestro propio Hampshire Establishment, lo que ha contribuido mucho a aniquilar el prejuicio sobre la irrealizabilidad de nuestras ideas. El señor Püttmann ha publicado al mismo tiempo el prospecto de una revista trimestral, cuyo primer número piensa publicar en mayo próximo, y que estará dedicada exclusivamente a la divulgación de nuestras ideas. Otro periódico mensual será iniciado por los señores Hess, de Colonia, y Engels, de Barmen, cuyo primer número se publicará el primero de abril próximo; esta publicación contendrá únicamente hechos, mostrando el estado de la sociedad civilizada y predicando, con la elocuencia de los hechos, la necesidad de una reforma radical. Una nueva obra del Dr. Marx, que contiene una revisión de los principios de la economía política y de la política en general, será publicada en breve. El propio Dr. Marx ha sido obligado por el gobierno conservador francés a abandonar su residencia en París. Piensa ir a Bélgica, y si la venganza del gobierno prusiano (que ha inducido a los ministros franceses a expulsar a Marx) le persigue también allí, tendrá que ir a Inglaterra. Pero el hecho más importante que ha llegado a mi conocimiento desde mi última carta es que el Dr. Feuerbach, el genio filosófico más eminente de Alemania en la actualidad, se ha declarado comunista. Un amigo nuestro le visitó recientemente en su apartada residencia campestre, en un remoto rincón de Baviera, y a él le declaró su plena convicción de que el comunismo no era más que una consecuencia necesaria de los principios que él había proclamado, y que el comunismo no era, de hecho, más que la práctica de lo que había proclamado teóricamente mucho tiempo antes. Feuerbach dijo que jamás había experimentado tanto deleite con ningún otro libro como con la primera parte de los Guarantees de Weitling. Jamás he dedicado un libro a nadie —dijo—, pero me siento muy inclinado a dedicar a Weitling mi próxima obra. Así, la unión entre los filósofos alemanes, de los cuales Feuerbach es el representante más eminente, y los trabajadores alemanes representados por Weitling, una unión que un año atrás fue predicha por el Dr. Marx, está casi completamente realizada. Con los filósofos para pensar y los trabajadores para luchar por nosotros, ¿habrá algún poder terrenal lo bastante fuerte para resistir nuestro progreso?

Un viejo amigo vuestro de Alemania