Nota del traductor: El comentario de Henryk Grossman en una carta fue el primero en llamar la atención sobre estos párrafos de Marx. «He hallado una confirmación muy importante y clara de la teoría de la sobreacumulación en Marx ya en 1845, en las nuevas obras completas de Marx.» (Carta de Henryk Grossman a Paul Mattick, 6 de marzo de 1933, conservada en los Paul Mattick Papers, Instituto Internacional de Historia Social, Ámsterdam. Original en alemán.) Esta y otras cartas y obras se publicarán en una colección de escritos de Grossman editada por Rick Kuhn.

[415] Ricardo explica así la disminución de la ganancia del capital o del interés: cuanto más crecen los capitales, aun cuando las formas de aplicación se multipliquen con el capital, en razón de la mayor dificultad de procurarse los primeros y más necesarios medios de vida. Deja enteramente fuera de juego la competencia. Si los capitales —entendidos bajo el supuesto de la propiedad privada— no fueran demasiado numerosos en relación con la aplicación del capital, entonces la competencia sería del todo inexplicable, ya que la competencia no es posible a menos que haya 20 en lugar de 3, es decir, hay una superfluidad de capitales en relación con su aplicación.

Además, en el lugar mencionado en Smith, deben distinguirse dos puntos, que Smith confunde, bajo los supuestos que él establece:

1) Acumulación en el sentido de que un mismo capital se expande.

2) Acumulación como acción distribuida, como resultado de muchos capitales.

La competencia radica en este último punto. Es evidente que un capital puede ser todavía muy grande y encontrar siempre aplicación. La desproporción no resulta de la desproporción entre el enorme tamaño del capital, por un lado, y el número de aplicaciones posibles, por el otro. Surge de la multiplicidad de capitales, su división y su acción mutuamente hostil. Smith puede considerar 1 y 2 como la misma cosa porque supone un solo país que experimenta una prosperidad progresiva. Y bajo el supuesto de la propiedad privada, la primera fase de rápida acumulación y la reproducción del capital son lo mismo. Se entiende que si los capitales acumulados se concentran en pocas manos, la competencia cesa y, a pesar de la acumulación, las ganancias —como ganancias de monopolio— se disparan.

La economía política no sólo presenta el milagro de la sobreproducción y de la miseria extrema, sino también el del crecimiento de los capitales, en las formas de su aplicación, por un lado, y la falta de oportunidades productivas debida a este crecimiento, por el otro.

En la situación actual, la doctrina de Ricardo sólo muestra lo más importante: cómo la competencia entre los capitalistas, que se produce durante la acumulación progresiva, y la disminución de sus ganancias, no determina, como supone Smith, la necesidad de un alza de los salarios. El número de obreros es ahora en todos los países superior a la demanda de ellos, y cada día pueden reclutarse más entre el proletariado desocupado [416], como éste, a su vez, se recluta cada día. A la inversa, la consecuencia de la acumulación con competencia es que el salario se deprima más y más.

Lo que Ricardo y, no menos, el señor Say (quien coincide con él y fue el primero en plantear el principio de que la demanda de productos sólo está limitada por la producción), no pueden responder es: ¿de dónde provienen la competencia y las consiguientes quiebras, crisis comerciales, etc., si cada capital encuentra su empleo apropiado? ¿Si ese empleo guarda siempre proporción con el número de capitales? En esta única frase queda revocado su principio fundamental, la competencia, así como la base de ese principio y toda su sabiduría, a saber: que cada individuo (entendido como un individuo que no carece de dinero) sabe mejor lo que conviene a su interés y, en consecuencia (el contenido de este «en consecuencia» es difícil), al de la sociedad. ¿Cómo es que estos sabios individuos llegaron a arruinarse a sí mismos y a los demás, si para cada capital existe un empleo rentable y disponible?

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