LA SITUACIÓN EN INGLATERRA * “Past and Present”, por Thomas Carlyle, Londres, 1843 [Deutsch-Franzósiche Jarbiicher, diciembre 1843-—enero 1844]

De todos los gruesos volúmenes y delgados folletos publicados el año pasado en Inglaterra para amenidad o edificación del “mundo culto”, el único que vale la pena leer es el que aquí reseñamos. 'T'odas las novelas en varios volúmenes, con sus tristes y divertidas peripecias, así como todos los comentarios eruditos y no eruditos, edificantes y entretenidos, sobre la Biblia —y las novelas y los libros de devoción son las dos grandes partidas de la literatura inglesa—, todo eso puede dejarse en paz, sin abrir. Tal vez encontremos algunos libros de geología o economía, de historia o de matemáticas en los que se contenga un granito de novedad, pero estos son libros para ser estudiados, y no para ser leídos, libros de áspera ciencia especializada, secos herbarios, plantas cuyas raíces han sido ya de largo tiempo atrás arrancadas del cuerpo humano general del que toman su savia. Por mucho que rebusquéis, tendréis que llegar a la conclusión de que el libro de Carlyle es el único que toca las cuerdas humanas, que expone problemas humanos y que acusa, por lo menos, un rastro de sentido humano en el modo de ver las cosas. Es curioso cómo han decaído y se han embotado espiritualmente en Inglaterra las clases altas de la sociedad, lo que los ingleses llaman “respectable people”, “the better sort of people”,2 etc. Han muerto en ellas toda energía, toda actividad, todo contenido. La nobleza rural se va de caza y la nobleza del dinero estampa asientos en los Libros mayores y, en el mejor de los casos, se dedica a una literatura mo menos vacua y necia. Se heredan de generación en generación los prejuicios políticos y religiosos; hoy, ya no es como en los viejos tiempos, todo se nos da hecho y ya no tenemos que preocuparnos de los principios; éstos se le inculcan a uno en la cuna, acabados y perfectos, sin que se sepa de dónde vienen. ¿Qué más se necesita? Se ha recibido una buena educación, es decir, le han torturado a uno esterilmente en la escuela con los griegos y los romanos; y, por lo demás, se es una persona “respetable”, lo que vale decir que se poseen tantos más cuantos miles de libras esterlinas, y ya no hay para qué ocuparse de ninguna otra cosa, como no sea de elegir esposa, si no se tiene todavía, ¡Y no digamos ese adorno que la gente llama “espíritu”! ¿De dónde, en una vida así, va a venir el espíritu y dónde va a encontrar acomodo, suponiendo que venga? En esta sociedad todo se halla estatuido y or- . e a “Gentes respetables”, “las mejores gentes”.

[1851 denado en forma de círculos, a la manera china, y ¡ay! de aquel que ose traspasar las fronteras, tres veces ¡ay! de quien atente contra un prejuicio venerable y nueve veces ¡ay! si el prejuicio contra el que se atente es un prejuicio religioso. Para todas las preguntas hay aquí dos respuestas, una whig y otra tory, respuestas prescritas y elaboradas de antemano y de largo tiempo atrás por los sabios maestros de ceremonias de ambos partidos; no hay para qué pararse a reflexionar ni a estudiar, todo se halla dispuesto en fórmulas previas; ya lo han dicho por nosotros Dicky Cobden o lord John Russell, o Bobby Peel, o “el duque” por antonomasia, que es el de Wellington; todo está dicho, y asunto concluido, Los buenos alemanes tienen que dejar que los periodistas liberales y los representantes. del pueblo les digan todos los años qué gentes tan independientes y maravillosas son los ingleses, todo ello gracias a sus libres instituciones, cosa que, vista de lejos, parece magnífica. Los debates mantenidos en las cámaras parlamentarias, la prensa libre, los ruidosos mítines, las elecciones, los jurados producen indefectiblemente una gran impresión sobre el timorato ánimo de Michel? que, llevado de su asombro, toma por oro de ley cuanto reluce. Pero resulta que el punto de vista del periodista liberal o del representante del pueblo, no es todavía lo bastante elevado para: poder echar una ojeada de conjunto, ya se trate de la trayectoria de la humanidad entera o de la de una sola nación. La Constitución inglesa fue excelente en su tiempo e hizo muchas cosas buenas; desde 1828 viene laborando en su mejor obra, que es la de su propia destrucción,**% pero aún no ha hecho lo que los liberales le atribuyen. No ha convertido a los ingleses en hombres independientes. Los ingleses, refiriéndose a los ingleses cultos, aquellos por qtienes en el continente se juzga del carácter nacional, son los más desprecia. bles esclavos que hay bajo el sol. Los únicos ingleses realmente respetables, pese a toda su tosquedad y a toda su desmoralización, son la parte de la nación que el continente no conoce, son los obreros, los parias de Inglaterra, pues son todavía materia maleable; carecen de cultura, pero también de prejuicios; tienen, en cambio, una energía capaz de entregarse a una gran obra nacional; tienen todavía un futuro. La aristocracia —que hoy incluye también a las clases medias— está exhausta; lo que aún podía aportar como caudal de ideas ha sido ya gastado y prácticamente estrujado hasta en sus últimás consecuencias, y su reino marcha con paso acelerado hacia su fin. La Constitución es obra suya, y el resultado inmediato de esta obra ha sido envolver a sus autores en una maraña de instituciones que hacen imposible todo lo que sea un movimiento espiritual libre. El imperio del prejuicio público es en todas partes la primera consecuencia de las llamadas instituciones políticas libres, imperio que se impone con mayor fuerza que en parte alguna en el país políticamente más libre de Europa, en Inglaterra, si exceptuamos a Norteamérica, donde por medio de la ley de Lynch se reconoce legalmente el prejuicio público como un poder déntro del Estab Figura proverbial que simboliza al pueblo alemán. THOMAS CARLYLE +»: 187 do. El inglés se prosterna ante el prejuicio público, se sacrifica diaria. mente a él y, cuanto más liberal es, más humildemente se. pone de hinojos ante este ídolo. Ahora bien, en los “medios cultos” el prejuicio público puede ser tory o whig, o, a lo sumo radical, aunque esto huele ya a algo no muy honorable. Si, hablando con ingleses cultos, se os ocurre decir que sois cartistas o demócratas, pondrán en duda vuestro buen juicio y enseguida rehuirán vuestra compañía. Si declaráis que no creéis en la divinidad de Cristo, os tendrán por apestados; y no digamos si afirmáis que sois ateos: os volverán la espalda como si no os conociesen. El inglés a quien se tiene por tan independiente, aun suponiendo —lo que es muy Taro— que se suelte realmente a pensar por cuenta propia y deje las andaderas de los prejuicios que ha mamado con la leche materna, no tendrá nunca el valor de proclamar libremente sus convicciones, tratará de adoptar hipócritamente una manera de pensar que sea, por lo menos, tolerable para la opinión pública y sólo se sentirá contento si, de vez en cuando y cara a cara, sin que nadie oiga, puede hablar a. sus anchas con quien piense igual que él... , : , : Así se explica que las clases cultas, sean, en Inglaterra, reacias. a todo progreso y que sólo se muevan un poco porque la clase de los obreros las empuja. Y sería absurdo esperar que el pan literario de cada día de esta cultura senil fuese distinto de ella misma. Toda esta literatura “res. petable” gira eternamente dando vueltas alrededor del mismo punto y es tan aburrida y tan estéril como la inflada e infatuada “respetable” so. ciedad que la produce. : : Cuando cruzó el canal la Vida de Jesús de Strauss, seguida de la fama del libro, ninguna persona respetable se atrevió a traducirlo, y ningún librero respetable o0só publicarlo. Por último, lo tradujo un lecturer (no hay palabra alemana equivalente a este término artificial de agitación) socialista, o sea un hombre que ocupaba: la posición menos “respetable” del mundo, y un insignificante impresor de libros también socialista se decidió a publicarlo por entregas, a razón de un penique cada úna. De este modo, los obreros de Manchester, Birmingham y Londres forman el único público de Strauss en Inglaterra.

Por lo. demás, si de los dos partidos en que se divide la parte culta de los ingleses hay que dar la preferencia a alguno, es al de los tories. Los whigs, dada la situación social de Inglaterra, son demasiado partidistas para poder merecer un juicio; la industria, el centro de la sociedad inglesa, se halla en sus manos y los enriquece; los whigs no encuentran en ella la menor mácula y ven en su expansión la meta única de toda la legislación, pues le deben su riqueza y su poder. En cambio, el tory, que ha visto cómo la industria atropellaba su poder y su hegemonía y cuyos principios han sido quebrantados por ella, la odia y la considera, cuando más, como un mal necesario. Por eso se ha formado ese sector de tories filantrópicos cuyos - principales dirigentes son lord Ashley, Ferrand, Walter, Oastler y otros, que consideran un deber asumir la defensa de los obreros fabriles en contra de los fabricantes. Thomas Carlyle coménzó también siendo tory y sigue considerándose todavía hoy más cerca de los tories que de los whigs. Lo que sí.podemos asegurar es que un whig jamás habría podido escribir un libro ni a medias tan humano como Past and Present.

Thomas Carlyle es conocido en Alemania por sus esfuerzos para dar a conocer a los ingleses la literatura alemana. Desde hace varios años, se ocupa principalmente de estudiar la situación social de Inglaterra —es el único entre las gentes cultas de su país que lo hace— y ya en 1838 publicó una obra pequeña titulada Chartism.* Por aquel entonces se hallaban los whigs en el gobierno y proclamaron con mucha pompa que el “espectro” del cartismo, nacido aproximadamente en 1835, se había desvanecido ya. El cartismo era la continuación natural del viejo radi. calismo, que, apaciguado durante algunos años por la ley de reformas, resurgía con nueva fuerza y en masas más compactas que antes de los años 1835 y 1836. Este era el cartismo con el que los whigs creían haber acabado, y Thomas Carlyle tomó pie de ello para exponer las verdaderas causas del cartismo y la imposibilidad de exterminarlo antes de haber acabado con estas causas. El punto de vista de este libro es, en líneas generales, el mismo que el de Past and Present, aunque expuesto con colores cartistas más acentuados, tal vez debido simplemente a la circunstancia de que entonces los whigs, por ser el partido gobernante, se hallaban más expuestos a la crítica. En todo caso, podemos afirmar que en Past and Present encontramos todo lo que figuraba ya en aquel pequeño libro, pero expuesto de un modo más claro, más ampliamente desarrollado y con el señalamiento expreso de las consecuencias, por la cual nos creemos exentos del deber de detenernos 'en la obra. Past and Present es un paralelo entre la Inglaterra del siglo xn y la del siglo xrx, y consta de cuatro secciones intituladas: “Proemio”, “El monje antiguo”, “El obrero moderno” y: “Horóscopo”. - Examinaremos una por una estas cuatro secciones, y no podremos resistir a la tentación de traducir los más hermosos de los a veces maravillosamente bellos pasajes del libro. Ya la crítica se cuidará de cumplir con su cometido. El primer capítulo del Proemio se titula: “Midas”. -“La situación de Inglaterra pasa por ser, y con razón, una de las más amena: zadoras y, en general, de las más extrañas que jamás haya habido en el mundo. Inglaterra está llena de toda clase de riquezas, de los más variados productos y medios para satisfacer las necesidades de todas clases y, sin embargo, se muere de hambre. Con una fecundidad jamás desmentida, verdea y florece el suelo de Inglaterrá, henchido de doradas cosechas, densamente salpicado de fábricas y talleres y de equipo industrial de toda suerte, con quince millones de obreros que tienen fama de ser los más fuertes, inteligentes y mejor dispuestos que jamás haya habido en la tierra; estos hombres están ahí; el trabajo realizado por ellos y los frutos que han creado o recolectado están ahí pletóricos, exuberantes, en manos de todos, y, sin embargo, no sabemos qué funesto mandato, como el de un brujo, se alza y dice: “¡No lo toquéis, obreros, no lo toquéis, señores que trabajáis o señores ociosos! ¡Ninguno ose tocarlo, nadie debe disfrutar esos frutos embrujados!” ” e El cartismo, THOMAS CARLYLE - - . 189 «El veto recae en primer lugar sobre los obreros. En 1842 contaban Inglaterra y Gales 1430 000 pobres, de los cuales 222 000 vivían recluí. dos en casas de trabajo, que el pueblo” llama bastillas de beneficencia. ¡Gracias al humanitarismo de los whigs! Escocia no tiene una ley de pobres, pero sí pobres en masa. Irlanda, dicho sea de pasada, puede jactarse de la fabulosa cifra de 2 300 000 "pobres. “Ante los tribunales de Stockport (Cheshire) fueron acusados un padre y una madre, convictos y confesos de haber envenenado a tres de sus hijos para estafar a una sociedad de entierros tres libras y ocho chelines, pagaderos a la muerte de cada hijo, y, según se dice, las autoridades dieron a entender que tal vez no fuese este el único caso y que valía más no hurgar en el asunto. Ejemplos .como éstos son como las altas. cimas de las montañas que emergen en el hori. zonte y que no son más que el remate de una zona montañosa y de muchas tierras ocultas. He aquí una madre humana y un padre humano que hablan entre sí y se preguntan: ¿qué haremos para no morirnos de hambre? ¡Cuán bajo hemos caído en nuestro sombrío sotabanco, a donde no llega la ayuda de nadie! ¡Oh, en la torre del hambre de Hugolino suceden cosas tremendas; el pequeño Gaddo, el bien amado, ha caído muerto sobre las rodillas del padre! Los desgraciados “padres de Stockport se paran a pensar y se: dicen: ¡Pobre, pequeño y hambriento Tom, que se pasa todo el día clamando por pan, a quien este mundo no reserva nada bueno y sí mucho malo! ¿Por qué no hemos de arrancarlo de una vez de las garras de esta miseria, para salvarnos a nosotros? Pensado, dicho y hecho. Y después de muerto Tom, y cuando ya todo se ha. gastado y.comido, le llega el turno al pobre, pequeño y hambriento Jack o al pobre, pequeño y hambriento Will. ¡Terrible reflexión esta acerca de los caminos y los recursos para no morir de hambre! En las ciudades sitiadas, en la ruina extrema de la Jerusalén entregada a la ira de Dios, había hablado el profeta con estas palabras: Y las manos de las desdichadas mujeres han aderezado como comida los cuerpos de sus hijos. La tenebrosa fantasía del hebreo no podía representarse un abismo más negro de miseria, era lo último a que podía llegar el hombre degenerado y maldecido por Dios, y a ello llegamos nosotros aquí, en la moderna Inglaterra, bajo una plétora de riqueza. ¿Cómo explicar esto? ¿Cuáles son sus €ausas y por qué tiene que suceder así?” Los sucesos narrados ocurrieron en 1841. Por mi cuenta puedo añadir que hace cinco meses, en Liverpool, acabó en la horca Betty Eules, de Bolton, que por el mismo motivo, por la miseria, había envenenado a tres hijos y a dos hijastros.

Esto, en cuanto a los pobres. Veamos ahora qué pasa con los ricos. “Hasta. ahora, esta victoriosa industria henchida de riqueza no ha hecho rico a nadie, es como una riqueza embrujada que a nadie pertenece. Podemos gastar miles donde antes invertíamos solamente cientos, pero nada útil compraremos a cambio. Algunos comen bocados exquisitos y beben vinos caros, pero ¿acaso esto representa alguna bendición? ¿Acaso son por ello más bellos, mejores, más fuertes, más bravos? ¿Son acaso lo que ellos llaman “más felices”?” El señor que trabaja no es más feliz, ni lo es tampoco el señor ocioso, es decir, el terrateniente noble, “¿Para. quién, entonces, existe esta .riqueza, la riqueza. de Inglaterra?: ¿A quién beneficia, a quién hace más feliz, más bello, más sabio, mejor? Hasta ahora, a nadie. Nuestra victoriosa industria no tiene, hasta hoy, ningún éxito; en medio de una plétora exuberante, el pueblo. pasa hambre; entre los muros de oro y los graneros repletos, nadie se siente seguro y satisfecho. Midas suspiraba por oro € injuriaba a los dioses del Olimpo. Se le rodéó de oro, convirtiéndose en oro cuanto tocaba, pero de nada le sirvió, pues seguía siendo tan desgraciado como antes, con sus orejas de burro. Midas había juzgado mal la música celeste. Había insultado a Apolo y a los dioses, y éstos accedieron a su deseo y le concediéton además dos orejas de burro, excelente” apéndice: ¡cuánta verdad en “estas viejas fábulas!” o : : “¡Cuán verdadera también ——prosigue el autor en 'el segundo capítulo— la otra vieja fábula, la de la esfinge: la naturaleza, como la esfinge, es una diosa, pero no liberada todavía del todo, sumida todavía a medias en la animalidad, en la carencia de espíritu: dé una parte, orden y sabiduría, de la otra oscuridad, salvajismo y la fatalidad del' destino!” SN La naturaleza-esfinge —misticismo alemán, dicen los ingleses cuando leen este capítulo— tiene una pregunta para todo hombre y toda época; dichoso quien sabe contestarla acertadamente, pues quien no la contesta o la contesta mal cae en las garras de la parte animalsalvaje de la esfinge, y en vez de ser una hermosa doncella es una feroz leona. Y así ocurre también con las naciones: ¿podéis resolver el enigma del destino? Todos los pueblos desventurados, como todos los desventurados individuos, contestan falsamente a la pregunta, confunden la apariencia -con la verdad, los eternos hechos interiores del universo con sus formas externas y perecederas de manifestarse, como lo ha hecho también Inglaterra. Inglaterra, como Carlyle dirá más adelante, se ha dejado llevar del ateísmo, y la situación por que ahora atraviesa es. la consecuencia necesaria de ello. De esto hablaremos después; por el momento, queremos solamente observar que Carlyle habría. podido llevar algo más adelante el símil de la esfinge, si hemos de dejar que prevalezca en el sentido panteísta-schellingiano en que más arriba se emplea: la solución del enig. ma es, hoy, como en la leyenda, el hombre, y la solución, además, en el más amplio de los sentidos. Pero también de esto volveremos a hablar. En el capítulo que sigue encontramos esta descripción de la insurrección producida en Manchester en 1842: “Un millón de obreros hambrientos se sublevaron, se echaron a la calle y se plantaron allí. ¿Qué otra cosa podían hacer? Sus sufrimientos y sus quejas eran amargos, insoportables, y su furia justa; pero ¿quién motiva estas quejas y quién puede remediarlas? No sabemos quiénes o qué son nuestros enemigos; nuestros amigos, ignoramos dónde están. ¿Cómo podemos atacar a alguien, fusilar a alguien o dejar que él nos fusile? ¡Oh, si esta maldita pesadilla, que como monstruo invisible aplasta nuestra vida y la de los nuestros, cobrase una figura, la que fuese, la de un tigre de Hircania, la del Behemot del caos o la del mismo Satán, se presentase ante nosotros bajo alguna forma que pudiésemos ver y aprehender!” Esta era, en efecto, la desgracia de los obreros en la insurrección del “THOMAS CARLYLE * 191 verano de 1842, que no sabían contra quién tenían que luchar. Su. mal era social, y los males sociales no: pueden desterrarse a la manera como se derroca la monarquía o se destruyen los privilegios. Los males sociales no se curan con Cartas del Pueblo, y así lo comprendió el pueblo, pues de otro modo la Carta del Pueblo sería hoy la ley fundamental de Inglaterra. Los males sociales hay que estudiarlos y conocerlos, que es lo que hasta ahora no ha hecho todavía la masa de los" trabajadores. El gran fruto de la insurrección de Manchester, fue que, como dice Carlyle, se expresó de un modo que ahora podían oír todos los oídos pensantes de Inglaterra lo que es el problema vital del país, el problema de la suerte definitiva de la clase obrera. Ya nada ni nadie puede eludir este proble. ma; Inglaterra tendrá que solucionarlo: o perecer, Pasemos por alto los párrafos finales de este capítulo, saltemos tam. bién momentáneamente por encima del siguiente y pasemos enseguida al capítulo tércero, titulado “El obrero moderno”, para tener delante, completo, el relato sobre la situación de Inglaterra que el autor comenzó a trazar en el Proemio.

Hemos abandonado, dice Carlyle, la religiosidad de la Edad. Media, sin obtener nada a cambio de ello: hemos , “olvidado a Dios, hemos cerrado "nuestros ojos.a la eterna sustancia de las cosas; miánteniéndolos «abiertos: tan sólo a. su: engañosa apariencia; nos tranquilizamos pensando que este universo es, intrínsecamente, una gran interrogante .ininteligible y, exteriormente, a ojos vistas, un gran establo y una casa de trabajo, con espaciosas cocinas y mesas de comedor, donde puede encontrar acomodo quien sea juicioso. La verdad de este universo, es toda. ella incierta;. lo ¡Único .evidente para el hombre práctico son las ganancias y las pérdidas, el alimento y el aplauso, — Para nosotros, ya no éxiste ningún Dios. Las leyes divinas se han convertido en el principio de la mayor dicha posible, en un expediente parlamentario; el firmamento se extiénde. sobre nosotros solamente como un reloj astronómico, como un emplazamiento bueno para montar én él los telescopios de Herschel y pónerse a cazar ciencia y sentimentalismo; en nuestra lengua y la del viejo Jonson, el hombre ha perdido su alma y comiénza ahora, al cabo. de:algún tiempo;.a echarla de mienos.. .Aquí.está, en «verdad, la llaga, el centro de-la gangrena sotial universal: — No existe religión, no hay Dios, el hombre ha perdido su alma y busca en vano un puñado de sal para curarsq, En. yano, pues inútilmente. se buscará la salvación en la decapitación de reyes, en la aprobación de leyes “de reformas, en revoluciones como la francesa o en insurrecciones manchesterianas. La repugnante lepra, aliviada por una hora, Ieaparece a la siguiente con mayor fuerza y desesperación.” z Pero, como el lugar de la vieja religión no podía quedar vacante, pasa a ocuparlo un nueyo evangelio, que por su oquedad y falta de contenido corresponde a los tiempos: el evangelio: de:Mammón. Se abandonan .el cielo y. el infierno cristianos, aquél por dudoso y éste por. absurdo, y se nos brinda un núevo infierno; el infierno de la moderna Inglaterra es la conciencia de “no poder imponerse, de no: ganar dinero”. “Debemos reconocer que nuestro evangelio de Mammón nos lleva a extrañas conclusiones. Lo llamamos sociedad y, sin embargo, profesamos abiertamente la separación y el aislamiento totales. Nuestra vida no es una ayuda mutua, sino una .mutua hostilidad envuelta en el ropaje de las leyes de guerra a que damos el nombre de “razonable competencia” y otras cosas por el estilo. He: mos olvidado totalmente que el pago al contado no es el único lazo entre los seres humanos. “¿Que mis obreros pasan hambre”, dice el rico fabricante. “¿Acaso no los he alquilado legalmente en el mercado? ¿No les he pagado, hasta el último medio penique, el “salario convenido? ¿Qué otra cosa puedo hacer por ellos?” ¡En- verdad que la adoración del dios Mammón es un culto bien triste!” “Una pobre viuda irlandesa. de Edimburgo pidió aun establecimiento de beneficencia de aquella ciudad que la socorriera a ella y a tres hijos. En-todos los centros de caridad le dieron con la puerta en las narices; abatida y desesperada, cayó enferma de tifus, murió e infectó a todo el barrio, causando así la muerte de otras diecisiete personas. El humanitario médico .que cuenta esta historia, el Dr. W. P. Alison, se pregunta, a este propósito, si no habría resul. tado más económico: haber prestado ayuda a aquella pobre mujer. Agarró el tifus y mató a diecisiete de vosotros. Cosa curiosa. La desamparada viuda irlandesa se dirige a sus semejantes, como diciéndoles: “Vedme que muero por falta de ayuda; tenéis que ayudarme, pues soy, hermána vuestra, carne de vuestra came; un mismo Dios nos ha hecho a todos.” Pero los -otros contestan: “No, es imposible; tá no eres hermana nuestra”. Pero ella demuestra la hermandad que los iwne,. pues la fiebre que la lleva a la “tumba los mata también a ellos; sí, “eran sus hermanos; aunque lo negaran. ¿Hubo alguna vez una criatura humana que tuviera que descender más bajo en' búsca:de una prueba?” Carlyle, dicho sea de paso, incurre aquí en error, lo mismo que Ali son. Los ricos no sienten compasión ni tienen el menor interés por la muerte de los “diecisiete”. ¿Acaso no es una suerte para la sociedad que se reduzca en diecisiete seres la “población sobrante”? ¡Cuánto mejor sería que los muertos fuesen dos o tres millones, y no esa ridícula cifra de “diecisiete”! Así razonan los ricos maltusianos ingleses. Y hay, además, el otro evangelio, aún, peor, del diletantismo, creado por un gobierno que no hace nada, que toma a todos los hombres en serio y los empuja a querer aparentar lo que no son; la aspiración a la “felicidad”, es decir, a comer bien y a beber, que entroniza la torpe materia y acaba con todo contenido espiritual, ¿Qué se quiere que salga de todo esto?

“¿Qué hemos de pensar de una clase gobernante como la nuestra, que acusa a sus obreros de “superproducción”? ¡Superproducción, así como suena! ¡Vosotros, innobles individuos que os dedicáis a producir tan diversas cosas, habéis producido demasiado! ¡Os acusamos de haber producido más de doscientas mil camisas para cubrir las desnudeces de la humanidad! ¿Y no son también excesivos los pantalones que habéis fabricado de las más diversas materias, de pana, de paño, de tela escocesa, de algodón y de lina? Y lo mismo podríamos decir de los sombreros para cubrir las cabezas de los seres humanos, de los zapatos para calzar sus pies, de las sillas para sentarse o de las cucharas para comer. Pero, ¿qué decimos sombreros y zapatos? Fabricáis también relojes de oro, alhajas, tenedores de plata, cómodas, armarios y sofás acojinados, ¡oh, cielos!, no bastan todos los bazares comerciales y todos los inmensos almacenes de los Howel y los Jammes para albergar vuestros productos. Producís y producís sin parar. Para acusaros de producir demasiado, basta tender la mirada en derredor y ver: millones de camisas y de pares de pantalones vacios, colgados en los almacenes, son otras tantas pruebas de acusación en contra vuestra. Os acusamos de superproducción; sois reos del tremendo delito de haber producido un espantoso exceso de camisas, pantalones, sombreros y zapatos, etc., etc. Esto ha traído consigo una paralización, a consecuencia de la cual vosotros, los trabajadores, pasáis hambre.” “¡Señores y caballeros! ¿De qué acusáis a esos pobres trabajadores? A vosotros, señores y caballeros, se os designó precisamente para velar por que no se produjese ninguna clase de paralizaciones; erais vosotros los encargados de cuidar que la distribución de los salarios por el trabajo realizado se organizara debidamente, que ningún trabajador dejara de percibir su salario, bien en dinero contante, bien en sogas de esparto para colgarse; ese era vuestro cometido, desde tiempos inmemoriales. Estos pobres hilanderos se han olvidado de muchas cosas de las que habrían debido acordarse por las leyes virtuales no escritas que rigen su oficio, pero ¿qué ley escrita de su oficio han olvidado? A ellos se les contrató para hacer camisas. La comunidad, con toda la fuerza de su voz, les ordenó: ¡haced camisas! Y ahí están las camisas. ¿Que son demasiadas? Por cierto que es una novedad, sobre esta tierra inhóspita con sus novecientos millones de cuerpos desnudos. Fue a vosotros, señores y caballeros, a quienes la comunidad ordenó: procurad que las camisas. se distribuyan bien, que nuestras leyes humanas sean el emblema de las leyes divinas. ¿Y qué distribución se ha hecho? Dos millones de trabajadores sin. camisa o con la camisa rota se hacinan embrujados en las bastillas de la ley de pobres y cinco millones más (según los cálculos de algunos) tiritan en los sotabancós del hambre de Hugolino. Y todo lo que se os ocurre decir para ayudarles es esto: ¡aumentad nuestras rentas! Pero ellos dicen, con aire de triunfo: ¿queréis urdir acusaciones contra nosotros, queréis acusarnos de superproducción? Ponemos al cielo y a la tierra por testi: gos de que no hemos producido absolutamente nada. No es de nosotros de quienes procede ese aterrador exceso de camisas. En los vastos dominios de la creación no hay una sola camisa producida por nosotros. Somos inocentes de todó lo que sea producción. Por el contrario, si no fueseis unos' desagradecidos, os daríais cuenta de' las montañas de cosas “consumidas” por nosotros. ¿No han desaparecido estas montañás de productos ante nósotros, como si tuviésemos estómagos de avestruz y estuviésemos dotados de una especie de don divino para devorar? Sois unos desagradecidos, que no veis que habéis crecido bajo la sombra de nuestras alas, ¿Acaso vuestras sucias fábricas 'no se alzán sobre nuestro suelo? ¿Y no hemos de venderos nuestro trigo al precio que nos plazca? ¿Qué sería de vosotros, si nosotros, los propictarios del suelo de Inglaterra, deci: diéramos no sembrar más trigo?” : Esta manera de: pensar de la aristocracia, esta bárbara pregunta: ¿qué sería de vosotros si nosotros no fuésemos lo bastante caritativos para sembrar trigo en nuestras tierras?, ha producido las “locas y lamentables leyes sobre el trigo”; estas leyes sobre el trigo tan locas, que no es posible aducir en contra suya argumentos como los que “harían llorar a un ángel en los cielos y también a un asno en la tierra”. Las leyes sobre el trigo demuestran que la aristocracia aún no ha aprendido a no pro. ducir ningún daño, a estarse tranquilamente sentada, a no hacer nada absolutamente; y muúcho menos a hacer- algo bueno, lo que sería su deber, según Carlyle: “ “Se halla obligada, por la posición que Ocupa, a dig y gobernar ; a Inglaterra, y todo obrero recluido en .la casa de trabajo tiene derecho a preguntarle a ella, por encima de todo: ¿por qué estoy aquí? Sú pregunta será escuchada en el cielo. .y se oirá también en la tierra, aunque no se la tome en cuenta. Su acusación va dirigida contra vosotros, señores y caballeros, que aparecéis sentados en primera fila. en el banco de los acusados y que sois los primeros obligados a contestarla, en virtud de la posición que ocupáis. El destino de la aristocracia ociosa, si leemos su horóscopo hasta aquí en las leyes sobre el trigo, etc., es un abismo que le mueve a uno a desesperación. Sí, mis rosados hermanos cazadores de zorros, una 'tertible mirada hipocrática se dibuja. a través de' vuestros lozanos y saludables rostros. Detrás de' vuestras mayorías para hacer aprobar las leyes sobre el trigo, de vuestras sliding-scales,T* de vuestros aranceles protectores, de vuestras elecciones corrompidas y de vuestras triunfales hogueras de Kent, el ojo vigilante descubre las espantosas imágenes de la muerte, demasiado espan: tosas para poder expresarse en palabras, descubre la escritura del Mene Mene. ¡Oh, buen Dios! ¿No declaró“ también' una 'ociosa' aristocracia francesa, hace apenas medio siglo, en palabras parecidas: no podemos existir, mo podemos seguir vistiéndonos. y desfilando con la pompa que corresponde a nuestra clase; las. rentas. de nuestras tierras no nos bastan, necesitamos más, necesitamos que hicieron patalones de' Sd humaña? * > Ojala, que los > piadosos cielos desvíen' el ominoso aviso, y ojalá que nosótros seamos más prudentes para que 1 ño _tengamos que ser tan desventurados!” . - Y la aristocracia laboriosa se deja captar, en as redes de la ociosa y sale. también. malparada,, con. su “mamonismo” O “A lo que parece, las. gentes del continente importan nuestra maquinaria, hilan algodón y fabrican por.su cuenta, nos mantienen alejados de su mercado y luego nos expulsan. de..él. Tristes noticias, pero no, ni con mucho, las más tristes de todas. .Pueslo más..triste. esque debamos supeditar nuestra existencia nacional, según hg. oído decir, a nuestra, capacidad para vender las telas de algodón..un ochavo la vara más barato.que todos los demás pueblos. ¡Una base bien angosta..por cierto para que: sobre ella descanse. una ¡gran nación! Y una base sobre la.que a la larga creo yo que no podremos :sostenemos, pese a todas las posibles derogaciones de las leyes sobre el trigo. — Ninguna gran nación puede descansar sobre esta punta de una pirámide, elevándose más y más y balanceándose sobre. las puntas de los' pies. En una palabra, este evangelio mammónico, con su infierno de los que no ganan, la oferta y la demanda, la competencia, la libertad de. comercio, el laissez. faire 111 y todo lo demás que el demonio sabe, comienza a convertirse poco a poco en el más deplorable de los evangelios que jamás hayan sido predicados sobre la tierra. — Sí, si mañana se acabase con las leyes sobre el trigo, nada se habría ganado con ello; sólo “se ganaría sitio para emprender negocios de la más diversa especie. Derogadas las á Signos admonitorios de graves desgracias, “THOMAS CARLYLE: 195 leyes sobre el trigo y establecida la libertad: de comercio, no cabe duda de que desaparecería la actual paralización de la industria. Volveríamos a vivir un periodo de .empresas comerciales, dé avance y prosperidad, la cuerda estranguladora del hambre se aflojaría en torno a nuestros cuellós, tendríamos un respiro y ganariamos tiempo para: reflexionar y arrepentimos, un tiempo tres veces precioso para luchar, no. sólo por nuestra vida, sino también por la: reforma de nuestros malos' derroteros, para aliviar, enseñar y disciplinar a nuestro pueblo, para suministrarle un poco der alimento espiritual, para darle una dirección y un: gobierno reales; sería indudablemente, un tiempo inapreciable. Pues el nuevo periodo de prosperidad, siguiendo el viejo.método de “competencia y que el demonio se encargue de lo demás”, volverá: a. ser, evidentemente, un periodo de paroxismo, y tal vez el último de todos. Si nuestra industria. se duplica en veinte “años, en el mismo periodo de. tiempo. se:: duplicará también ' nuestra población; volveríamos a estar donde estábamos antes, con la diferencia de que seríamos dos veces más numerosos y dos veces y hasta diez-más ingobernables. -— ¡Ay de mí, en qué vastas latitudes hemos peregrinado: a través de este viaje por el tiempo, viendo a los hombres moverse como cadáveres galvanizados, con la mirada fija e inexpresivá, como sin ¿lma,: pero con una febril actividad industrial y un estómago para digerir! La tétrica desesperación de las fábricas algodoneras, de las minas de carbón y'de los jormaleros agrícolas de Chando: es, en estos días, algo doloroso de contemplar, pero unica “tan doloroso para quien sepa, verdaderamente, pensar como esta brutal filosofía y sabiduría de la vida basada en las pérdidas y las ganancias que oímos clamar por todas partes, en lás sesiones del Senado y las discusiónes “de los clubs, en los artíciilos “editoriales, desde el púlpito y la tribuna de oradores, como el evangelio- -ultimatam y el cándido y sencillo inglés de la vida diaria.” “Tengo la osadía de creer que en ninguna otra época, desde los comienzos de la sociedad, ha sido tan insoportable como hoy la suerte de los mudos y agotados millones de hombres. No.es la muerte, ni siquiera la muerte por hambre, la que hace desdichados a los séres humanos; todos tenemos que morir y. -partiremos de la vida sin. remedio enel carro de fuego: del dolor; lo que es y será. siempre insoportable para el. hombre, creado por Dioses el ser que.se, siente desdichado sin saber por qué, que se mata a trabajar. para nada, que, se ve agotado.: ¿de trabajo y.con el corazón cansado y, además, aislado, huérfano, cercado por,un frío y universal laissez. faire, agonizando lentamente,.a todo, do largo de la vida, emparedado en una: muda, muerta, infinita injusticia como en. el vientre “maldito: del toro de Falaris. ¿Y todavía nos asombramos de que: haya habido .o haya, una: revolución francesa, una “semana grande” o un cartismo inglés? Los tiempos en que. vivimos, si, nos paramos a pensarlo, son . «verdaderamente. tre; mendos.” l 2% . 2 : ¡Si en tiempos tan terribles como estos la aristocracia se revela incapaz de ponerse al frente de la. esencia general, no hay. más remedio que rechazarla. De:ahí la democracia. “Qué extensión ha ganado ya hoy la democracia y cómo avanza con celeridad ominosa y sin cesar creciente puede verlo todo el que quiera abrirlos ojos para contemplar cualquiera de los campos de las relaciones humanas. Desde el estrépito de las batallas napoleónicas hasta las chácharas de una' reunión de feligreses en la Iglesia de Santa María de Axe, todo anuncia la democracia.” Pero, ¿qué es, en rigor, la democracia?

“Sencillamente, la falta de héroes capaces de gobernaros, la resignación ante este hecho inevitable y el intento de arreglárselas así. — Nadie te oprime, ¡oh libre e independiente elector!, pero' ¿acaso no te oprime ese estúpido bock de cerveza? Ningún hijo de Adán puede ordenarte que entres o que salgas, pero ese estúpido tarro de pesada humedad (heavy-wet) sí puede dominarte, y te domina. No eres siervo de Cedric el sajón, pero si lo eres de tus propios apetitos animales y de ese maldito vaso de alcohol. ¿Y te jactas de tu libertad? Eres un perfecto mentecato. — La idea de que la libertad.de un hombre consiste en emitirisu voto en una casilla electoral, diciendo: “Aquí me tenéis; ahora me corresponde la veintemilésima parte de un orador en nuestro charlatorio nacional, ¿no:me serán propicios, en vista de ello, todos los dioses?”, esta idea es una de las más cómicas del mundo. Especialmente, la libertad que se. compra mediante el aislamiento social y que separa a cada hombre de los demás, sin que tenga más negocios con él que los que se hacen mediante pago al contado, esta libertad tan. extraña y peregrina acabará revelándose para los millones de hombres como la libertad de morirse de- hambre, y para los miles y los unos ociosos. y holgazanes como. la libertad de holgar. Hermanos, al cabo de varios. siglos de gobierno constitucional, sabemos muy poco de lo que es libertad y lo que es esclavitud. Pero la democracia seguirá su curso libremente, los millones. de hombres que trabajan, llevados de. su necesidad de vivir y de su anhelo instintivo y pasional de trabajar bajo una dirección, rechazarán la dirección equivocada. y se dejarán llevar por un momento de la esperanza de que pueden vivir sin dirección ninguna; pero solamente por un momento. Podéis rechazar la opresión de vuestros falsos superiores; no os censuro, sino que me limito a lamentarlo y a amonestaros; pero, una vez que lo hayáis hecho, el gran problema seguirá en pie, sin resolver; el problema de encontrar a los verdaderos superiores que" os dirijan.” “La dirección que hasta ahora llevan las cosas es bien lamentable”. En el comité recientemente nombrado por el parlameñto para investigar la corrupción, las mentes prácticas de mejor sentido parecían opinar que la corrupción era inevitable y que debíamos 'arreglárnoslas, bien o'mal,' sin elecciones efectivas. — ¿Qué leyes pueden salir de un parlamento que se proclama electo: y elegible por medio del soborno? La corrupción no entraña solamente venalidad, sino que implica también deshonra, engaño descarado, insensibilidad 'embotada ante la mentira y los mentirosos. Sed honrados y :abrid en Downing-Street una oficina electoral con tarifas acordes con el volumen de las ciudades: tal o cual población paga tanto impuesto sobre la renta, la propiedad urbana vale-en ella tanto o cuanto, elige dos diputados o uno, o los que-sean, cotizados en tal o cual cantidad de dinero contante; Ipswich tantos miles de libras, Nottingham: tantos, Ese sería un sistema franco y honrado de compra, sin mentiras, sin fraudes, sin descaro. Nuestro parlamento se declara electo y elegible por medio de la corrupción. ¿Qué puede hacer semejante parlamento? Si Belial o Belzebú no gobiernan este universo, un parlamento así preparará las muevas leyes de reforma, Antes que resignarnos a esto, preferimos el cartismo o cualquier otro sistema, el que sea. Un parlamento que se abre con una mentira en los labios, tendrá que ponerse él mismo a un lado. Todos los días y a todas horas se levantará cualquier cartista o cualquier Cromwell armado para increpar a semejante parlamento: “No sois tal parlamento. En nombre del Sumo Hacedor, ¡fuera de aquí?.” THOMAS CARLYLE - 197 Tal es la situación de Inglaterra, según Carlyle. Una aristocracia terrateniente ociosa que “ni siquiera ha aprendido a estarse sentada tranquilamente sin causar, por lo menos, ningún daño”; una aristocracia laboriosa hundida en el mamonismo que debiera ser una asamblea de dirigentes del trabajo, de “capitales de industria”, pero que no es más que un montón de bucaneros y piratas industriales; un parlamento elegido por la corrupción; una filosofía de vida puramente contemplativa, de pasividad, de laissez faire; una religión desgastada y hecha pedazos; una total disolución de todos los intereses humanos; una desesperación universal con respecto a la verdad y a la humanidad y, como consecuencia de ello, un aislamiento universal de los hombres en su “tosca individualidad”, un embrollo caótico y salvaje de todas las relaciones de vida, una guerra de todos contra todos, una muerte general del espíritu, una Carencia de “alma”, es decir, de conciencia auténticamente humana: una clase obrera obligada a trabajar desmedidamente, en medio de una opresión y una miseria insoportables, brutalmente descontenta y en rebeldía contra el viejo orden social. Y, como consecuencia de todo ello, una democracia amenazadora y que avanza incontenible; por todas partes el caos, el desorden, la anarquía, la disolución de los viejos vínculos de la sociedad; por todas partes vaciedad espiritual, ausencia de pensamientos, embotamiento. Tal es la situación en que se halla Inglaterra. Y, en. este sentido, descontando algunas expresiones que respon. den al propio y particular punto de vista de Carlyle, no cabe duda de que tiene razón. Carlyle es el único representante de la clase “respeta. ble” que ha sabido, por lo menos, mantener los ojos abiertos a los hechos y que ha sabido, por.lo menos, enjuiciar. certeramente el porvenir inmediato, todo lo cual es, verdaderamente, mucho, muchísimo, para un inglés “culto”. o Pero, ¿qué traerá el futuro? Tal como están las cosas, no pueden se. guir, ni seguirán así. Como hemos visto,. Carlyle —£l mismo lo dice— no dispone de ningún remedio mágico, de ninguna panacea universal para curar los males sociales. También en esto tiene razón. Toda filo. sofía social que se limite a formular un par de tesis como resultado final, que ofrezca panaceas universales o píldoras mágicas, es una filo. sofía muy imperfecta. Lo que necesitamos de modo apremiante no son los resultados escuetos, sino que es el estudio; los resultados no son nada sin el desarrollo que a ellos conduce, cosa que sabemos. ya, desde Hegel, y son todavía peores que inútiles: si se plasman. y estancan, si no sirven de nuevas premisas para el. desarrollo ulterior. Pero los resultados tienen, además, que revestir temporalmente determinada forma, no tienen más remedio que salir, a través del desarrollo, de su vaguedad y formularse como pensamientos claros, lo que, en una nación tan puramente empírica como la inglesa, quiere decir que no puede evitarse la forma de los “remedios mágicos”. Y no cabe duda de que el propio Carlyle, a pesar de haber tomado tanto de los alemanes y de mantenerse bastante alejado del craso empirismo, tendría a mano unos cuantos remedios, si se expresara de un modo un poco menos vago y oscuro acerca del futuro. - Por el momento, declara qué todo será inútil y estéril: mientras la humanidad se aferré al ateísmo, mientras no haya recobrado su “alma”. No porque crea que debe restaurarse el 'viéjo catolicismo en toda su energía y vitalidad, ni siquiera mantenerse en pie la religión actual; Carlyle sabe: de sobra. que los ritos, los dogmas, las letanías y los rayos del Sinaí de nada servirán, que todos los rayos del Sinaí no nos acerca. rán a lá verdad ni asustarán a ningún hombre racional, que hace ya mucho tiempo: que 'estamos más allá de lá religión del miedo; pero sí dice que la religión misma debe ser restaurada y: que vemos a dónde nos han llevado “dos siglos de gobierno ateo”, desde la “bendita” rés. tautación de Carlos 11 y que debemos ir reconociendo «cómo este ateísmo comienza a desgastarse y a caducar. Hemos visto a qué llama ateísmo Carlyle: no tanto a no creer en un Dios personal como a no creer en la esencia interior, en la infinitud del- universo, a no ereer-en la razón, a desesperar del espíritu y de la verdad; contía lo que: él lucha no es contra la falta de fe en la revelación ' de la Biblia, sino contra “el más espantoso descreimiento, que es la falta ¿de fe en la Biblia de la historia úniversal”. Este es realmente el Libro' dé Dios, en el'que todo hombre en quien'no hayan muerto el alma y.la-luz de los ojos puede ver, 'escribiendo, el dedo de Dios. El burlarse de ella es una impiedad mayor que ninguna otra, una impiedad que será castigada; no con el fuego y la hoguera de la Inquisición, sino con la más categórica orden de guardar silencio mientras' no se tenga algo mejor que decir. ¿Pará' qué romper el venturoso “silencio con ruido de voces, si no se sabe gritar más que esos dislates? 'Si- el pasado ro lleva dentro una razón' divina, sino solaménte una sinrazón dentoníaca, estará condenado a' perecer eternamente y no hay para qué hablar de él; no debemos hablar de la soga nosotros, si todos nuestros padres han muerto ahorcados. “Y la modera -Inglaterra no' puede creer en la historia,” De todas las «cosas, el- újo sólo ve aquello que'puede- ver con arreglo a su: inherente capacidad. -Un: siglo impío no puede comprender una época pletórica de Dios. Sólo verá en el pasado (en'la Edad Media) vacuas'discordias, el imperio general de la fuerza bruta y ñi0 verá que, a la postre, coinciden el derecho y el poder; ro verá la estupidez “y la bestial sinrazón, más aptas' para Bedlam,* que para ell íiundo de'los hombres. De donde' se sigue necesariamente que las mismas cualidades tienen que prevalecer en nuestra época. Millones de hombres condenados a vegetar en bastillas del trabajo; viudas irlandesas' obligadas a atestiguar su humanidad mediante el tifus; ¿ha sido la historia algo'más que el testimonio de la' irremediable estupidez por medio del triunfo 'de lla charlatanería? El pásado no ha conocido más dios que'el mecanismo y los ídolos' caótico -bestiales; ¿cómo el pobre “historiador filosófico”, que ve a sú propio siglo' tan huérfano de Dios, puede “ver a Dios en el pasado”?

Sin embargo no puede decirse que nuestra época esté tan dejada de la mano de Dios, e Manicomio de Londres.

“THOMAS CARLYLE —., :199 ..: “Em. muestra ,misma .pobre y postrada Europa y.en los tiempos en que vivimos, se han alzado voces religiosas, hablando.de una religión nueva y que, sin embargo, es la más antigua de todas, religión totalmente indisputable para todos los corazones de los hombres. Yo conozco a algunos, que no se llaman ni se creen “profetas”, ni mucho menos, pero que, son, en verdad, una vez más, melodiosas voces salidas del eterno corazón de la naturaleza, almas de veras venerables para cuantos tienen un alma. Una revolución francesa es un fenómeno; como complemento y exponente espiritual de ella son otro fenómeno, para mí, el poeta Goethe y la literatura alemana. Si un día, por así decirlo, perece entre las llamas el viejo mundo secular o práctico, ¿no tenemos aquí la profecía y. la aurora de un nuevo ¡mundo espiritual, engendrador de nuevos mundos prácticos, mucho más nobles y más vastos? De nuevo se ha hecho posible y visible para el más moderno de los hombres una vida de devoción. antigua, de antiguo amor por la verdad y de antiguo heroísmo..:¡Un fenómeno, pese a toda su quietud, cuya grandeza no podría ser comparable .a la de ningún otro! Ahí tenemos los acordes de una nueva melodía de las esferas que se. escuchará de nuevo entre toda la jerga infinita y todas las disonancias de eso que se llama literatura.” Goethe, profeta de la “religión del futuro”, y su culto del trabajo. “Porque existe una perenne nobleza y hasta. diríamos: que santidad en el trabajo. Y aunque fuese proscrito y se olvidára desu alta misión, siempre existiría la esperanza'para el hombre que trabaja de verdad y seriamente; sólo 'en- la holganza residé la” eterna desesperación. El trabajo, aunque mamonizado y humillado, sigue siendo el lazo que une al hombre con la naturaleza; el anhelo propulsor de ver realizado su trabajo conducirá al hombre cada vez más'a la verdad y a los preceptos y las leyes de la naturaleza. — El trabajo encierra un significado infinito; el hombre se realiza y perfecciona a través de él. Des: aparecen las tierras pútridas y pantanosas, sustituidas por bellos campos de trigo y espléndidas ciudades y, sobre. :todo y por encima de todo, el hombre mismo deja de ser un pútrido pantano y un estercolero. Fijáos en cómo hasta en los tipos más viles de trabajo se ve toda el alma del hombre traspuesta a una cierta armonía, al entregarse a él. La duda, la preocupación, la indignación, el remordimiento, la misma desesperación, todos estos sentimientos asaltan como los perros del infierno el alma del pobre jornalero, al igual que a cualquier otra, pero tan pronto como pone resueltamente la mano en. el cumplimiento de su tarea diaria, retroceden, ladrando, hacia sus lejanas cuevas. El hombre es ahora un hombre. El santo ardor del trabajo que palpita en'él es como ún fuego purificador en el que se quema todo veneno y hasta el apestoso humo se torna en una llama luminosa y bendita. — Bienaventurado aquel que ha encontrado su trabajo; no debe apetecer ninguna otra bendición. Ya tiene un trabajo, ya su vida tiene un fin; ya lo ha encontrado, ya lo- persigue, y su vida discurre como un canal que fluye libremente, cavado por una fuerza noble en la tierra pantanosa de la existencia, como un río cada vez más profundo que conduce las aguas estancadas y apestosas hasta las feraces y rientes praderas. El trabajo es la vida; lo único que en el fondo sabemos es aquello que aprendemos trabajando; lo demás es mera hipótesis, materia para disputar entre las nubes de la especulación, debatiéndonos entre los interminables embates de la lógica, hasta que lo ensayamos y lo ponemos en práctica. Las dudas, cualesquiera que ellas sean, sólo pueden disiparse mediante la actividad. — Maravillosamente. bella era la divisa de los antiguos monjes: laborare est ordre, el trabajo es la oración. Más viejo que cualquier otro evangelio predicado era este evangelio eterno, impredicado, inexpresado, pero inextinguible; trabaja y encuentra satisfacción en el trabajo, ¡Oh, hombrel, ¿acaso no riora en lo más recóndito de-tu corazón un espíritu de ordenación activa, una fuerza laboriosa, ardiente como una lama dolorosa que note deja reposar hasta que la despliegas, hasta que la traduces en actos, en torno tuyo? Todo lo que yace en el desorden, todo lo que es un páramo, sientes el anhelo de ordenarlo, de regularlo, de hacerlo germinar, hundir en ello el arado, de hacer que te-obedezca y rinda frutos. Allí donde encuentras desorden, allí está tu eterno enemigo; ¡échale mano al cuello rápidamente, sojúzgalo sin pérdida de momento, arráncalo al imperio del caos, ponlo bajo tu dominio, bajo la férula de la inteligencia y la divinidad! Y, sobre todo, donde quiera que descubras la ignorancia, la estupidez, la animalidad, atácalas, golpeasobre ellas, juiciosa, pero incansablemente, no des paz a la mano mientras tú. vivas y ellas vivan, golpea, te digo, en nombre de Dios, golpea! Debes actuar mientras sea de día; vendrá luego la noche y nadie podrá ya trabajar. — Todo verdadero trabajo es sagrado; sudor de muestro rostro, sudor de la frente y del corazón, incluyendo los cálculos de Kepler y las meditaciones de Newton; todas las ciencias, todos los poemas heroicos, todo el heroísmo y el martirio, hasta aquella lucha mortal del sangriento sudor” que todos los hombres han llamado divina. Si esto no es culto, ya pueden irse al diablo todos los cultos. ¿Quién eres tú, que te quejas del amargo trabajo de tu vida? No te quejes, el cielo es severo contigo, pero no inclemente; es para tí una noble madre, como aquellas madres espartanas que entregaban a sus hijos el escudo y le decían: ¡Con él o sobre él! No te. quejes; tampoco se quejaban los espartanos. — Hay en el mundo un monstruo: es el holgazán. ¿Qué religión es la suya sino la que ve en la naturaleza un fantasma, en Dios una mentira y otra mentira en el hombre y en su vida?” : Pero también el trabajo se ha visto arrastrado al salvaje torbellino del desorden y del caos, el principio puro y esclarecedor del desarrollo ha caído en el embrollo, en el extravío y en las tinieblas. Esto nos lleva al verdadero problema cardinal, que es el futuro del trabajo. “¿Qué trabajo será el que nuestros amigos del continente, después de tanto tiempo de absurdos tanteos, llaman la “organización del trabajo”? Hay que arrancarlo de manos de absurdos charlatanes y entregarlo a hombres virtuosos, prudentes y laboriosos e iniciarlo, desarrollarlo y realizarlo rápidamente, si es que Europa, o por lo menos Inglaterra, ha de seguir siendo por mucho tiempo una tierra habitable. Cierto es que muestras esperanzas se ven un poco alicaídas cuando miramos a nuestros excelentísimos duques de las leyes sobre el trigo o a nuestros duques espirituales y pastores de almas percibiendo “un minimum de cuatro mil quinientas libras al año”. Pero, ¡valor! En Inglaterra quedan todavía muchos hombres valientes. Tú, indomeñable lord fabril, ¿no abrigas todavía alguna esperanza? Hasta ahora, no has sido más que un bucanero; pero debajo de esa severa mirada y dentro de ese invencible corazón capaz de dar la batalla del algodón, ¿no se esconden tal vez otras victorias, diez veces más nobles? Mirad en torno vuestro y veréis que en vuestros ejércitos universales todos se hallan amotinados, todo es caos y abandono, en vísperas del día en que habrán de perecer en llamas, en vísperas de la locura. No quieren seguir obedeciendo al principio de seis peniques por día y de la oferta y la demanda; no quieren, y tienen toda la razón: Estáis casi al borde de la locura; procurad ser más cuerdos. Estas gentes no seguirán marchando ya como una turba .embrollada y revuelta, sino como una masa cerrada y en orden, con verdaderos jefes a la cabeza. Al llegar a una determinada fase de su desarrollo, todos los intereses humanos, todas las empresas del hombre necesitan organizarse, y ahora reclama organización el más grande de todos los intereses humanos, que es el trabajo.” Para llevar a cabo esta organización, para imponer una verdadera dirección en vez, de una dirección falsa, Carlyle reclama una “verdadera aristocracia”, el “culto al héroe”, y plantea como el segundo gran problema el de descubri los ipucror,* los mejores, cuya dirección se encar. gará de “combinar la inevitable democracia con la necesaria soberanía”. Los pasajes transcritos permiten comprender con bastante claridad el punto de vista de Carlyle. Su concepción es esencialmente panteista y se halla muy influida por el pensamiento alemán. Los ingleses no profesan el panteísmo, sino simplemente el escepticismo, el resultado de toda la filosofía inglesa es el desesperar de la razón, la confesada incapacidad para resolver las contradicciones en las que se cae siempre en última instancia y, como consecuencia de ello, de una parte, la recaída en la fe y, de la otra, la entrega a la práctica escueta, sin preocuparse ya para nada de la metafísica, etc. Por eso Carlyle, con su panteísmo tomado de la literatura alemana, es también un “fenómeno” en Inglatrera, un fenómeno bastante incomprensible para los ingleses prácticos y escépticos. Las gentes se le quedan mirando fijamente y hablan de “misticismo alemán” y de un inglés contorsionado; otros afirman que detrás de'su prosa hay, indudablemente, algo; que su inglés, aunque no usual, es sin duda muy bello, que se trata de un profeta, y por ahí adelante, sin que nadie sépa a ciencia cierta qué pensar. Para nosotros, alemanes, que conocemos las premisas de que parte el punto de vista de Carlyle, la cosa es bastante clara. Restos de romanticismo tory e ideas humanas tomadas de Goethe, de una parte; de otra, la Inglaterra escéptico-empírica: basta con estos dos factores para explicarse a Carlyle y toda su concepción del universo. Como todos “los panteístas, Carlyle no acierta a sobreponerse todavía a la contradicción y el dualismo resulta en él mucho peor porque, conociendo la literatura alemana, ignora su complemento necesario, que es la filosofía alemana, y todas sus ideas, y además de un modo inmediato intuitivo, tienen más de Schelling que de Hegel, Carlyle tiene gran cantidad de puntos de contacto con Schelling, con el viejo Schelling, y no con el Schelling de la revelación; y con Strauss, cuya concepción del mundo es también panteísta, coincide en el “culto al héroe” o en el “culto al genio”. En estos últimos tiempos, se ha llevado tan a fondo, en Alemania, la crítica del panteísmo, que ya queda poco por decir. En las tesis de Feuerbach publicadas en las Anekdota**? y en las obras de Bruno Bauer se encontrará todo lo hay que decir acerca de este punto. Podremos, f Aristoi, los mejores, en griego.

pues, limitarnos simplemente a extraer las consecuencia del punto de vista de Carlyle y a demostrar:que, en el fondo, «sólo representa una etapa previa hacia el punto de vista de nuestra revista. Carlyle se queja de la vacuidad y la oquedad de muestro tiempo, de la putrefacción interior de todas las instituciones sociales. La queja es justa; pero coñ simples quejas no se resuelve nada; para remediar el mal, hay que indagar sus causas; si Carlyle lo hubiese hecho, se habría dado cuenta de que esta dispersión y oquedad, esta “carencia” de alma, esta irreligión y este “ateísmo” tienen su fundamento en la religión misma. La religión, por su esencia, vacía, al hombre y a la naturaleza de todo contenido, paía transferir este contenido al fantasma de un Dios ultraterrenal, que:luego, graciosamente, hace recaer de nuevo sobre el hombre y la naturaleza algo de lo que le rebosa. Mientras se mantenga vigorosa y viva esta fe en el fantasma del más allá, el hombre obtendrá por este rodeo, al menos, algo de contenido. La vigorosa fe de la Edad Me. dia infundía de este modo a toda la época una poderosa energía, pero una energía que no venía de fuera, sino que se hallaba ya contenida en la naturaleza humana, aunque fuese de un modo todavía inconciente y potencial. La fe fue debilitándose cada vez más, la religión se desgajó ante los ayances de la cultura, pero todavía el hombre no se daba cuenta de que aquello que adoraba y deificaba como una fuerza extraña era su propia esencia. En este estado inconciente, y al propio tiempo carente de fe, no puede el hombre tener contenido propio alguno y se ve llevado necesariamente a desesperar de la verdad, de la razón y de la naturaleza, y esta oquedad y vaciedad, este desesperar de los hechos eternos del universo durará hasta que la humanidad comprenda que la esencia que ha venido adorando como Dios es su propia esencia, hasta ahora desconocida, hasta que... pero no hace falta que copiemos a Feuerbach, La vaciedad ha existido durante mucho tiempo, porque la religión es el acto que deja vacío al hombre, ¿y os maravilláis de que ahora, al palidecer la púrpura que la cubría y al esfumarse el halo que la rodeaba, se manifieste para espanto vuestro. a la luz del día? , Carlyle acusa, además, a nuestra época —lo cual no es más que el corolario directo de lo que antecede—, de mentira e hipocresía. Es natural, pues la vacuidad y la falta de nervio tienen que encubrirse y mantenerse en pie por medio de alambres y serrín, envueltos en pomposos ropajes. También nosotros acusamos de hipocresía al actual estado cristiano del mundo; la lucha contra él, nuestra liberación y la liberación del mundo frente a él constituye, en el fondo, nuestra única tarea, pero como hemos llegado al conocimiento de esta hipocresía a través del desarrollo de la filosofía y libramos la lucha científicamente, la esencia de esta hipocresía no es para nosotros tan extraña e incomprensible como evidentemente sigue siendo todavía para Carlyle. Y esta hipocresía la achacamos también a la religión, cuya primera palabra es ya una menti. ra, ¿o acaso no comienza la religión por enseñarnos algo humano y asegurarnos que se trata de una esencia sobrehumana, divina? Pero, como nosotros sabemos que toda esta mentira y esta inmoralidad vienen de la religión y que la hipocresía religiosa, la teología, es el prototipo de todas las demás mentiras e hipocresías, nos hallamos autorizados a extender el nombre de teología a todas las mentiras e hipocresía de nuestro tiem. po, como por primera vez lo han hecho, en efecto, Feuerbach y Bruno Bauer. Carlyle no tiene más que leer sus obras si quiere saber de dónde proviene la inmoralidad que apesta todas nuestras relaciones. Hay que fundar, se nos dice, o debe esperársela, una nueva religión, un culto panteísta de los héroes, el culto del trabajo. Imposible. Todas las posibilidades de la religión se hallan ya agotadas. Después del cristianismo, después de la religión absoluta, es decir, abstracta, después de la “religión en cuanto tal” no puede surgir ya ninguna otra forma de religión. El propio Carlyle comprende que el cristianismo católico, el protestante o cualquier otro tipo de cristianismo marcha incontenible. mente hacia su ruina; y si percibiese la naturaleza del cristianismo, se daría cuenta de. que después de él ya no es posible ninguna religión. “Tampoco el panteísmo. El panteísmo es una consecuencia del cristianismo que no puede separarse de su premisa, por lo menos el panteísmo moderno, el de Spinoza, Schelling, Hegel y también el de Carlyle. Y de nuevo es Feuerbach quien me releva del trabajo de demostrar esta afirmación.

Como hemos dicho, también nosotros ponemos empeño en combatir la falta de fundamento, la vaciedad interior, la muerte espiritual, la falta de verdad de nuestra época; contra todo esto libramos una batalla a vida o muerte, lo mismo que Carlyle, pero con mayores probabilidades de éxito que él, pues sabemos lo que queremos. Queremos acabar con el ateísmo, tal como Carlyle lo define, devolviendo al hombre el contenido quelo ha hecho perder la religión; no como un contenido divino, sino como un contenido humano, y esta reintegración se limita pura «y sim. plemente a despertar en el hombre la conciencia de sí mismo. Quere: mos quitar de en medio todo lo que se proclama como sobrenatural y sobrehumano, acabando de este modo con la mentira, pues la pretensión de lo humano y lo natural a pasar por sobrenatural y sobrehumano constituye la raíz de toda mentira y de todo fraude. Por eso precisamente hemos declarado la guerra de una vez por todas a la religión y a las ideas religiosas, sin preocuparnos para nada de que nos llamen ateos o nos motejen de otro modo. Ahora bien, si la definición panteísta que Carlyle da del ateísmo fuese exacta, los verdaderos ateos no seríamos nosotros, sino que lo serían nuestros adversarios cristianos. A nosotros no se nos ocurre atacar a los “hechos interiores eternos del universo”; lejos de ello, los hemos establecido por vez primera, demostrando su eternidad y garantizándolos frente a la omnipotente arbitrariedad de un Dios contradictorio consigo mismo. :A nosotros no se nos ocurre decla. rar que “el mundo, el hombre y su vida son una mentira”; son, por el contrario, nuestros adversarios cristianos quienes cometen esta inmoralidad cuando hacen depender el mundo y el hombre de la gracia de un Dios que, en realidad, sólo nace mediante el reflejo del hombre en la tosca hyles de su propia conciencia no desarrollada. Á nosotros no se nos ocurre poner en duda o despreciar “la revelación de la historia”, pues la historia es para nosotros el uno y el todo y la colocamos por encima de cualquier otra dirección filosófica anterior, más alta todavía que Hegel, para quien la historia no es, en fin de cuentas, más que la comprobación de sus ejemplos de cálculo lógico.

Los que se burlan de la historia, los que no respetan el desarrollo de la humanidad, están del otro lado; son, una vez más, los cristianos los que, estatuyendo como algo aparte una “historia del reino de Dios”, niegan a la verdadera historia toda esencia interior, reivindicando esta esencia exclusivamente para su historia ultraterrenal, abstracta y, además, inventada y que hacen alcanzar a la historia una meta imaginaria mediante la consumación del género humano en Cristo, interrumpiéndola en medio de su curso, lo que, consecuentes con su concepción, les obliga a considerar los dieciocho siglos siguientes como un bestial extravío y una absoluta vaciedad. Nosotros reivindicamos el contenido de la historia, pero no vemos en ésta la revelación de “Dios”, sino la del hom. bre y solamente la de él. Para ver y comprender la grandeza de la esencia humana, el desarrollo de la especie a través de la historia y su progreso incontenible, su superación de todo lo aparentemente sobrehumano, su dura, pero victoriosa lucha contra la naturaleza. hasta la conquista definitiva de la libre conciencia humana de sí mismo, de la convicción acerca de la unidad del hombre con la naturaleza y de la libre y soberana creación de un nuevo mundo basado en relaciones de vida morales y puramente humanas; para comprender en su grandeza todo esto, no necesitamos recurrir a la abstracción de un “Dios” y atribuirle todo lo bello, lo grande, lo sublime y lo verdaderamente humano; no necesitamos de este rodeo, no necesitamos estampar sobre lo verdaderamente humano el sello de lo “divino”, para estar seguros de su grandeza y magnificencia. Por el contrario; cuanto más “divino”, es decir, cuanto menos humano es algo, menos podemos admirarlo. Sólo el origen humano del contenido de todas las religiones las hace, en ocasiones, acreedoras al respeto; sólo la conciencia de que incluso la mayor de las supersticiones. encierra en el fondo, a pesar de todo, las normas eternas de la esencia humana, aunque sea bajo una forma deformada y caricaturesca, salva a la historia de la religión, sobre todo a la de la Edad Media, de la. total reprobación y del eterno olvido, que en otro caso sería, desde luego, la suerte que correrían estas historias “piadosas”. Cuanto más “piadosas”, menos humanas, más animales, y la “piadosa” Edad Media produjo, evidentemente la coronación de la bestialidad humana, la servidumbre de la gleba, el jus primae noctis,h etc. La impiedad de muestra época, de que tanto se queja Carlyle, reside precisamente en el hecho de que esta época esté llena de Dios. Y así se comprende por qué más arriba indicaba yo que la solución del enigma de la esfinge es el hombre. Hasta aquí, el problema ha sido siempre éste: ¿qué es Dios? Y la filosofía alemana ha resuelto este problema g Materia. h Derecho de pernada, contestando: Dios es el hombre. El hombre sólo tiene que conocerse a sí mismo, medir por sí mismo todas las relaciones de la vida, enjuiciarlas con arreglo a su esencia, organizar el mundo de un modo verdaderamente humano conforme a los postulados de su naturaleza, y habrá resuelto el enigma de nuestro tiempo. La verdad no hay que buscarla en el más allá, en regiones situadas al margen de la existencia, fuera del tiempo y del espacio, en un “Dios” inmanente dentro del mundo o contrapuesto a él, sino mucho más cerca, en el propio pecho del hombre, La verdadera esencia del hombre es mucho más hermosa y más sublime que la esencia imaginaria de todos los “dioses” posibles, los cuales no son, en rigor, más que el reflejo más o menos oscuro y deformado del hombre mismo. Así, pues, cuando Carlyle dice, siguiendo a Ben Jonson, que el hombre ha perdido su alma y que comienza ahora a echarla de menos, debería decir, expresando acertadamente lo que piensa, que el hombre ha perdido en la religión su propia esencia, se ha enajenado su humanidad y se da cuenta ahora de su vaciedad y falta de fundamento, después que la religión ha comenzado a vacilar gracias a los progresos de la historia. Pero no hay para él otra salvación, no puede reconquistar su humanidad y su esencia más que por medio de una concienzuda superación de todas las ideas religiosas y de un resuelto y sincero retorno, no a Dios, sino a sí mismo, Todo esto está también en Goethe, el “profeta”, y quien tenga ojos para ver puede leerlo en él. A Goethe no le gustaba tener que vérselas con “Dios”; esta palabra le causaba desazón; sólo se sentía a gusto en lo humano, y esta humanidad, esta emancipación del arte de las trabas de la religión es precisamente ló que constituye la grandeza de Goethe. En este sentido, ni los antiguos ni Shakespeare pueden parangonarse con él. Pero esta acabada humanidad y esta superación del dualismo reli. gioso sólo pueden ser comprendidas en todo su alcance histórico por quien se halle familiarizado con el otro aspecto del desarrollo. nacional de Alemania, que es la filosofía. En la filosofía alemana moderna aparece, en efecto, desarrollado y argumentado lo que Goethe sólo pudo proclamar intuitivamente, de un modo “profético”, por así decirlo. En cuanto a Carlyle, parte también de premisas que no pueden por menos de conducir, consecuentemente, al punto de vista más arriba expuesto, El panteísmo es de por sí simplemente la última ctapa previa hacia la concepción libre y humana del mundo. La historia, que Carlyle presenta como la verdadera “revelación”, sólo contiene, en realidad, elementos puramente humanos, y únicamente por medio de un golpe de fuerza podemos sustraer su contenido a la humanidad para abonárselo en cuen. ta a un “Dios”. El trabajo, la libre actividad, que Carlyle hace también objeto de un “culto”, no es tampoco más que una actividad puramente humana, que sólo de un modo violento puede relacionarse con “Dios”. Y no vemos para qué hace falta deslizar constantemente en primer pla. no una palabra que, en el mejor de los casos, sólo expresa la infinitud de lo indeterminable y mantiene en pie, además, la apariencia del dualismo. Una palabra que es de por sí la declaración de la nulidad de la naturaleza y del hombre.

Esto, en lo que se refiere al lado interior, religioso, del punto de vista de Carlyle. A esto se enlaza directamente el enjuiciamiento del lado externo, político-social, Carlyle conserva todavía bastante religión para permanecer en un estado de falta de libertad; el panteísmo reconoce siempre algo que está por encima del hombre en cuanto tal. De ahí su anhelo de una “verdadera aristocracia”, de “héroes”, como si éstos pudieran, en el mejor de los casos, ser algo más que hombres. Si hubiese comprendido al hombre como tal hombre en toda su infinitud, no habría dado en la idea de dividir de nuevo a la humanidad en dos categorías, ovejas y pastores, gobernantes y gobernados, aristócratas y canallas, señores y pazguatos, sino que habría descubierto la verdadera posición social del talento, no en el gobierno por medio de la violencia, sino en el estímulo y en el hecho de ponerse al frente de los demás. El talento debe convencer a la masa de la verdad de sus ideas y, haciéndolo así, ya no tendrá por qué quejarse de la ejecución que esas ideas reciban, ya que las ideas se realizarán por sí mismas. La humanidad no pasa por la democracia, realmente, para acabar llegando al punto mismo de donde arrancó, Por lo demás, lo que Carlyle dice acerca de la democracia no deja mucho que desear, si dejamos a un lado lo que acabamos de señalar, o sea la falta de claridad acerca de la meta, del fin de la moderna democracia. La democracia sólo es, ciertamente, un punto de tránsito, pero no hacia una nueva y mejorada aristocracia, sino hacia una libertad humana real del mismo modo que la irreligiosidad de 'nuestro tiempo deberá conducir, en definitiva, a la plena emancipación de todo lo reli. gioso, lo sobrehumano y lo sobrenatural, y no a su restauración. Carlyle se da cuenta de la insuficiencia de la “competencia y la demanda”, “la oferta y el mamonismo”, etc., y dista mucho de sostener la absoluta legitimidad de la propiedad sobre la tierra. Pues bien, ¿por qué no sacar de todas estas premisas la conclusión tan sencilla que en ellas se encierra y rechazar la propiedad, en general? ¿Cómo se quiere acabar con la “competencia”, “la oferta y la demanda”, el mamonismo, etc., dejando en pie lo que es la raíz de todo eso, la propiedad privada? La “organización del trabajo” no puede hacer nada en este sentido; no puede llevarse a cabo en absoluto si no media una cierta identidad de intereses. ¿Por qué no proceder consecuentemente, proclamar la identidad de intereses, el único estado de cosas auténticamente humano y poner fin con ello a todas las dificultades, a toda vaguedad y falta de claridad?

En todas sus rapsodias, Carlyle no dice ni una palabra de los socialistas ingleses. Y claro está que no podrá sentirse especialmente atraído por sus aspiraciones, mientras se mantenga en su punto de vista actual, que, aun representando un avance extraordinario con respecto a lo que piensa la inmensa mayoría de las gentes cultas de Inglaterra, se mueve todavía en el plano de lo teórico.abstracto. Los socialistas ingleses son gentes puramente prácticas y proponen, por tanto, medidas, la colonización interior,*3 etc., bajo una forma que tiene algo, ciertamente, de las panaceas universales; la filosofía de los socialistas ingleses es auténticamente inglesa, escéptica, lo que quiere decir que no se confían en la teoría y se atienen para la práctica al materialismo, sobre el que descansa todo su sistema social, Todo esto no dirá gran cosa a Carlyle, pero hay que reconocer que éste es tan unilateral como ellos. Tanto uno como otros han superado la contradicción solamente dentro de la contradicción misma; los socialistas dentro de la práctica, Carlyle dentro de la teoría, y aun aquí tan sólo de un modo inmediato, mientras que los socialistas se remontan resueltamente y a través del pensamiento por encima de la contradicción práctica. Y es que los socialistas siguen siendo ingleses, cuando debieran ser simplemente hombres; lo único que conocen de la trayectoria filosófica del continente es el materialis. mo, pero no la filosofía alemana: ese es su defecto, y trabajan directa. mente por colmar esta laguna al laborar por la eliminación de las diferencias nacionales. Pero no debemos precipitarnos demasiado y tratar de imponerle a la fuerza la filosofía alemana, a la que ellos llegarán por sí mismos y que ahora no les serviría de gran cosa. Lo que sí podemos afirmar es que son el único partido de Inglaterra que tiene un futuro, por muy débiles que relativamente pueden parecer hoy. La de. mocracia, el cartismo, no tardará en imponerse y, cuando ese día llegue, la masa de los obreros ingleses sólo podrá optar entre dos caminos: la muerte por hambre o el socialismo.

El desconocimiento de la filosofía alemana no es tan indiferente, en cambio, para Carlyle y su punto de vista. Carlyle es, en realidad, un teórico alemán y, sin embargo, su nacionalidad inglesa le marca el camino del empirismo; se halla en medio de una clamorosa contradicción, la cual sólo puede resolverse de un modo: desarrollando el punto de vista teórico-alemán hasta su última consecuencia, hasta su total reconcilia. ción con el empirismo. Carlyle sólo necesita dar un paso, pero un paso que toda la experiencia alemana ha demostrado que es difícil, para so. breponerse a la contradicción en la que se mueve. Hay que desear que lo dé, pues aunque ya no es joven le hará mucho bien, teniendo en cuenta que el progreso que representa su último libro demuestra una cosa, y es que no ha caído todavía en el estancamiento.*1* Por todo lo expuesto, el libro de Carlyle merecería ser traducido al alemán, lo merecería diez mil veces más que todas esas legiones de novelas inglesas que Alemania importa todos los días y a todas horas, y me permito aconsejar vivamente esta traducción. Pero, ¡cuidado!, nuestros traductores jornaleros no deben meter las narices aquí. Carlyle escribe un inglés muy suyo, y si el traductor no domina este idioma y es incapaz de captar las alusiones que se hacen a las condiciones de Inglaterra, incurrirá en los más ridículos fiascos, Después de esta introducción algo general, entraré en los próximos números de esta revista a examinar más de cerca la situación de Inglaterra y lo que es su meollo, las condiciones de vida de la clase obrera. La situación de Inglaterra encierra la más incalculable significación para la historia y para todos los demás países, pues desde el punto de vista social no cabe duda de que Inglaterra marcha muy a la cabeza de todos ellos. F, EncELs