manos de un solo gran propietario. Cree erróneamente, como lo observa Daire [en su comentario al texto de B.], que la actividad del intercambio, la circulación del dinero, es un “hecho que crea valor”.

Lo nuevo En lo que respecta a la primera afirmación de de la economía Boisguillebert, Daire tiene razón en términos esmoderna trictamente económicos. Un tálero, esté en manos de un pobre o de un rico, no tiene más valor que el de un tálero; este valor “no aumenta ni disminuye cuando entra en calidad de ingreso en la bolsa de uno u otro de estos dos ciudadanos”. Igualmente, cuando Boisguillebert afirma que “el escudo ganado por el pobre era más provechoso para el estado que el escudo ganado por el rico porque para el primero era siempre ganancia mientras para el segundo era generalmente capital”, Daire tiene razón nuevamente: “el escudo-capital contribuye en toda la medida de su valor al mantenimiento del trabajo productivo de la sociedad”; pero el economista moderno sólo tiene razón frente al antiguo porque éste no se ha elevado todavía hasta la altura en que el valor y el ingreso son seres que existen por sí mismos, independientemente del hombre.

De lo contrario, es claro que para el pobre —como para el estado, en la medida en que la existencia del pobre es parte de su riqueza— un tálero vale más que para el rico. Pero la economía moderna sabe que un tálero es un tálero. “Igualmente, para alcanzar una gran riqueza no es cuestión de actuar sino de dejar de actuar.” (p. 420) La doctrina del “dejar hacer, dejar pasar” de todos los economistas modernos.” Para Boisguillebert, como para ellos, es la marcha natural de las cosas, es decir, de la sociedad civil, la que debe poner en orden las cosas, En el caso de Boisguillebert, como en el de los fisiócratas, esta doctrina tiene todavía algo que es humano y significativo: humano, en oposición a la economía del viejo estado, que buscaba enriquecerse sirviéndose de los medios menos naturales; significativo, como primer intento de emancipar la vida de la sociedad civil. Pero para mostrarse como es, tuvo primero que ser emancipada. [ Boisguillebert : | [23] Boisguillebert: “Hay ... un dinero bienhechor, sometido a las órdenes de su vocación en el mundo y siempre dispuesto a prestar servicio al comercio, sin que haya necesidad de ejercer sobre él la menor violencia, siempre que no se le perturbe y que, dado que debe seguir al consumo como el lacayo sigue a su señor, no se quiera hacerlo pasar primero y menos convertirlo en un buitre que lo devore completamente.” Cuando permanece dentro de sus límites, es útil gracias a “la celeridad con que se mueve”, etc. (p. 417) “Hay un dinero criminal, porque en vez de esclavo ha querido ser un dios que ... declara la guerra ... a todo el género humano...” (p. 418)

“Si ciertos particulares no vivieran en la opulencia, el resto no estaría en la miseria.” (p. 418)

Para superar los malos efectos del dinero criminal: “no es cuestión de actuar, sólo es necesario dejar de actuar”. (p. 419)

El “justo valor” La sobreproducción y la propiedad privada La depreciación de los metales preciosos, del dinero, es caracterizada por Boisguillebert como restablecimiento del valor justo de las mercancias: “también los productos habrán adquirido nuevamente su justo valor” (p. 422). Aún no podía ver que es el propio intercambio realizado sobre la base de la propiedad privada, que es en general el valor el que roba su “justo valor” tanto a la naturaleza como al hombre. “Restablecer el justo valor” significa para Boisguillebert restablecer el valor mercantil. Pero siempre es significativo que la primera polémica decidida contra el oro y la plata —es decir, contra el dinero, puesto que dichos metales sólo representan al dinero— combata la desvalorización del hombre y de la naturaleza de los productos humanos considerándola como una consecuencia del dinero. Este valor ideal, escolástico, destruye su valor real.

Al explicar la carencia dentro de la abundancia como resultado de la falta de intercambio de los productos y de la consecuente escasez de la producción y del consumo productivo,"* Boisgui- [14] Boisguillebert: “Sucede como si algún príncipe, en abuso de su autoridad ... hiciese encadenar a diez o doce (sujetos)... a cien pasos uno de otro, [y los proveyera en cantidad suficiente de todo lo necesario para vivir, pero de tal manera que cada uno de ellos sólo pudiera disponer de uno de los llebert argumenta como lo hace Say cuando demuestra la inexistencia de la sobreproducción mediante su teoría de los mercados.

La teoría de Say, como todas las teorías de la economía política, es errónea.

Según él, no existe sobreproducción; si una mercancía no encuentra comprador, se debe solamente a que (sea en el propio país o en otro) la producción del equivalente no es suficiente para el intercambio. Sin embargo: 1] Say reconoce, como lo hacían Mill y Ri- - cardo, que la sobreproducción puede presentarse en una rama determinada de la producción; por lo tanto, puesto que en un determinado país se trata siempre de productos determinados, se presenta en todas las modalidades de su producción; la culpa de esto está en la inconsciencia de la producción, en el hecho de que no se realiza de manera humana, sino bajo la condición de la enajenación de la propiedad privada. 2] Supongamos el caso más favorable para la teoría de Say: todos los países producen al máximo de su capacidad y poseen por tanto la máxima cantidad de equivalentes para el intercambio de sus respectivos productos. Pues bien, artículos vitales]. Después de su muerte, que sería inevitable, sería correcto decir ... que todos murieron de hambre, de frío y de sed...; no obstante, no cabe duda, que, considerado en general, no sólo no carecían de vestido y de alimentos sino que, de no ser por aquella fuerza mayor, podían incluso estar bien vestidos y vivir cómodamente.” (p. 423)

Say olvida que el límite de la demanda es la propiedad privada. En Francia, por ejemplo, no se producen demasiados zapatos: millones van descalzos. La sobreproducción se presenta porque el número de pares de zapatos producidos es mayor que el de las personas que los necesitan y que pueden comprarlos. Y si esto es válido dentro de un país, lo es también entre los distintos países. Si, por ejemplo, Francia produce todo el vino que puede, Inglaterra todo el algodón que puede y así todos los países, lo que sucede es a] que el vino de Francia y el algodón de Inglaterra sólo se intercambian entre sí en la medida en que, en esos dos países, hay gente que puede pagar por el vino y por el algodón; es decir, la propiedad privada produce para la propiedad privada. La producción puede por tanto superar a la demanda, no obstante que en ambas partes hay un excedente del equivalente respectivo; esto sucede porque la necesidad de vino, de algodón y de cualquier otro producto tiene una determinada medida y porque está determinada además por el número de personas para las que ella existe realmente, es decir, que pueden pagar para satisfacerla. La medida que es superada por la producción no es, pues, la que está determinada por las necesidades humanas en general, sino la que está determinada por un determinado pequeño número de personas con capacidad de compra. Por más que Say amplíe el ámbito de la producción, y aunque multiplique al infinito su diversificación, de todas maneras el poseedor de uno O varios de esos múltiples productos sólo los podrá cambiar por los productos de otro poseedor, cuya necesidad es limitada. Así pues, el intercambio no se constituye entre productos en cuanto tales, sino entre productos que son propiedad privada. c] Supuesto el caso más favorable mencionado anteriormente, la suma abundancia que habría de todos los productos daría lugar a una considerable reducción de sus precios. Sin embargo, sus costos de producción marcan un determinado límite. Si los productores quieren agotar las posibilidades de intercambio, tienen que vender sus productos a aquellos compradores que pagan un precio inferior a los costos de producción, es decir, tienen que regalar sus mercancías, es decir, no vender. En general, el último límite para la venta de un producto son sus costos de producción más algo de ganancia para el productor. Por lo tanto, la condición para la venta Óptima de un producto no es que la otra parte produzca también al máximo de su capacidad, sino que el máximo número de hombres posea productos para ofrecer a cambio, es decir, que todos sean ricos. Aunque incluso en este caso podría presentarse una sobreproducción; pero se trataría de una sobreproducción que, si miramos en general, seguramente no se presenta en la actualidad. Los economistas no se extrañan de que en un país pueda haber un exceso de productos, no obstante que la mayoría de la población experimenta una aguda carencia de los más elementales medios de subsistencia. Ellos saben que la riqueza tiene como condición una proporción lo más elevada posible de miseria. Y después se extrañan —ellos, que no producen para los hombres sino para la riqueza— de que la misma r1queza resulte carente de valor o, dicho en otras palabras, de que los productos no encuentren mercado, no reciban un equivalente, carezcan de valor. La producción tiene lugar en contraposición a la gran masa de la humanidad, y sin embargo los economistas se extrañan de que la magnitud de la producción pueda resultar demasiado grande para el pequeño resto de la humanidad que tiene capacidad de compra.

Intentan encubrir el contraste que existe entre la producción de un país y el número de personas a las que está destinado su resultado —este hecho hostil de que la mayoría esté excluida del resultado de la producción—, la contradicción entre la producción y el modo en que existe para los hombres dentro de un país, mediante la introducción del intercambio entre varios países. Como si dicha relación dejara de ser la misma por el hecho de estar elevada a una escala más amplia; como si por ello quedase superado el carácter contradictorio de la producción; como si en el intercambio de los productos de varios países no existiese la misma contraposición que en el de un solo país.

En general, para el economista, la máxima riqueza equivaldría a la máxima pobreza porque aboliría el valor de todas las cosas. Las mercancías tendrían que perder su valor de cambio debido al simple hecho de que su único valor es el valor de cambio; pero el economista no se da cuenta de esto. 3] Resulta verdaderamente ridículo que Malthus, quien al contrario de Say reconoce el hecho de la sobreproducción en relación a la población, a los hombres, afirme que tal sobreproducción de mercancías es posible y constituye una desgracia. Precisamente en ello se hace presente el carácter de esta sobreproducción.

El mismo economista que afirma que la cantidad de hombres que se producen es mayor que la cantidad de mercancías, afirma también que la cantidad de mercancías que se producen es mayor que la que puede encontrar mercado, es decir, mayor que la que debe ser producida.

4] La sobreproducción es la carencia de valor de la riqueza misma, precisamente porque la riqueza, para ser riqueza, debería tener un valor.

La producción puede ser excesiva para los especuladores y los capitalistas; su mercancía puede depreciarse debido al exceso. En todas las ramas puede presentarse un excedente que ya no es posible intercambiar porque supera la necesidad de las personas con capacidad de compra; pero el movimiento de la propiedad privada exige que, no obstante y mediante la pobreza general, se produzca en exceso. (La producción produce incluso la pobreza general; es decir, cada individuo reducido a la pobreza es una oportunidad de venta menos. Los economistas liberales tienen en cuenta las limitaciones que impone el monopolio, pero no ven que la propiedad privada traza un límite aduanero en torno a los individuos para hacer posible el intercambio de los productos.) La falta de oportunidades de venta aumenta con la producción porque la cantidad de desposeídos se vuelve mayor. La riqueza que se establece en contraposición al hombre avanza necesariamente hasta volverse carente de valor para la propiedad privada y presentarse como su profpía pobreza, hasta dejar de producir riqueza. Los productos sólo tienen valor para la demanda. La demanda, entendida en sentido económico, tiene que reducirse debido a la industria. La masa del producto aumenta necesariamente en comparación a la demanda, la desborda cada vez más; por lo tanto, pierde su valor. La producción tiende a perder su valor, incluso para esta parte de la sociedad sino para una parte de ella, y tiende a perder su valor, incluso para esta parte de la sociedad, pues se destruye a sí misma debido a la relación entre su masa y la reducida magnitud de esa parte de la sociedad.