EXTRACTOS DE LECTURAS [EXTRACTOS DEL LIBRO DE JAMES MILLS "l!:LEMENS D'l!:CONOMIE POLITIQUE"

Traducción de J. T. Parisot, París, 1823] [lss]

[Escrito en la primera mitad de 1844.]

¡¡xxv¡ Con aquella compensación del dinero y el valor metálico, lo mismo que en la exposición del costo de producción como el momento único en la determinación del valor, incurre Mili -y la escuela de Ricardo, en general- en el error de formular la ley abstracta sin [tener en cuenta] los cambios o la constante cancelación de esta ley, que es Jo que la hace tal. Si es una ley constante el que, por ejemplo, el costo de producción determine en última instancia -o más bien cuando, esporádica y casualmente coinciden la oferta y la demanda- el precio (valor), es también una ley no menos constante el que los dos términos de la relación no coincidan y el que, por tanto, no medie una relación necesaria entre el valor y el costo de producción. Más aún, la oferta y la demanda coinciden siempre solo momentáneamente, por las anteriores fluctuaciones de la demanda y la oferta y la desproporción entre el costo de producción y el valor de cambio, fluctuaciones y desproporción que siguen siempre, además, a la coincidencia momentánea. La moderna economía política con. vierte este movimiento real, de que aquella ley no es más que un momento abstracto, fortuito y unilateral, se convierte en un accidente, en algo no esencial. ¿Por qué? Porque, con las fórmulas escuetas y exactas a que la economía política la reduce, la fórmula fundamental, si quisieran formular aquel movimiento de un modo abstracto, debería rezar así: en economía política, la ley se halla determinada por lo contrario a ella, por la falta de ley. La verdadera ley de la economía política es el acaso, de cuyo movimiento extraemos nosotros, los científicos, algunos momentos para formularlos arbitrariamente en forma de leves.

'Acertadamente y plasmando la esencia de la cosa en un concepto, llama Mill al dinero el mediador del cambio. La esencia del dinero no consiste primordialmente en que en él se enajene la propiedad, sino en que se aliene la actividad o movimiento de mediación, el acto humano, social, con que se complementan mutuamente los productos del hombre, convirtiéndose en la cualidad de una cosa material fuera [ 5~2]

EXTRACTOS DE LECTURAS del hombre, del dinero. En cuanto que el hombre enajena esta actividad mediadora misma, sólo actúa aquí como hombre que se ha perdido a sí mismo, como hombre deshumanizado; la relación misma entre las cosas, la operación humana con ellas, se convierte en la operación de una esencia exterior al hombre y superior a él. A través de este mediador extraño a él -en vez de ser el hombre mismo el mediador para el hombre, como debiera-, contempla el hombre su voluntad, su actividad, su relación con otros como una potencia inde. pendiente de él y de ellos. Su esclavitud alcanza, pues, así el punto culminante. Y no cabe duda de que este mediador se convierte ahora en un dios real, ya que el mediador es la potencia real sobre aque. llo con que como mediador me enlaza. Su culto pasa a ser un fin en sí. Los objetos, desglosados de este mediador, han perdido sa valor. Sólo tienen, pues, valor en cuanto los representa a ellos. Y esta inversión de los términos de la relación originaria responde a una necesidad. Este mediador es, por tanto, la esencia de la propiedad privada que exteriormente se ha perdido a si misma, de la propiedad privada enajenada, a la par que es la mediación enajenada de la producción humana con la producción humana, la actividad genérica enajenada del hombre. Todas las cualidades propias de ésta en la producción de dicha actividad son transferidas, por tanto, a este mediador. El hombre se empobrece, pues, como hombre, es decir, desglosado de este mediador, en la misma proporción en que este mediador, como tal, se enriquece.

Cristo represent~, originariamente: l) a los hombres ante Dios; 2) a Dios, para los hombres; 3) a los hombres, para el hombre. Del mismo modo, el dinero representa originariamente, en cuanto a su concepto: l) a la propiedad privada, para la propiedad privada; 2) a la sociedad, para la propiedad privada; 3) a la propiedad privada, para la sociedad. Pero Cristo es el Dios enajenado y el hombre enajenado. Dios ya sólo tiene valor en cuanto representa a Cristo, y el hombre sólo tiene valor en cuanto representa también a Cristo. Lo mismo ocurre en el caso del dinero.

¿Por qué la propiedad privada tiene que desarrollarse hasta llegar al régimen monetario? Porque el hombre, en cuanto ser social, tiene que desarrollarse hasta llegar al cambio JJXXVJ [1891 y porque el cam. bio -partiendo de la premisa de la propiedad privada- tiene que desarrollarse hasta llegar al valor. Ello quiere decir que el movimiento mediador del hombre que interviene en el cambio no es un mo. vimiento social, un movimiento humano, no es una relación humana, sino la relación abstracta entre una propiedad privada y otros, y esta relación abstracta es el valor, que cobra existencia real como valor solamente entre sí como hombres, la cosa pierde el sentido de la propiedad humana, de la propiedad personal. La relación social entre una propiedad privada y otra es ya una relación en que la propiedad privada se enajena a sí misma. La existencia de esta relación que es para EXTRACTOS DE LECTURAS sí; el dinero es, por tanto, la enajenación de la propiedad privada, la abstracción de su naturaleza personal específica.

Por eso, a pesar de toda su agudeza, no puede llevarnos a ninguna victoria decisiva el antagonismo en que la economía política moder. na se coloca con respecto al sistema monetario, al systeme monetaire; pues si la burda superstición económico-política del pueblo y de los gobiernos se aferra a la sensible, tangible y visible bolsa del dinero y, con ello, al valor absoluto de los metales preciosos y a su posesión, poniendo su fe en ellos como en la única realidad de la riqueza, y si luego viene el ilustrado economista, conocedor del mundo, y les demuestra que el dinero es una mercancía como otra cualquiera, cuyo valor, por tanto, al igual que el de toda otra mercancía, depende de la proporción entre el costo de producción y la competencia, la oferta y la demanda, la cantidad o la competencia de las otras mercancías, a este economista se le puede replicar con razón que, sin embargo, el valor real de las cosas es su valor de cambio, el cual, en última ins. tancia cobra existencia en el dinero, como éste en los metales precio. sos, razón por la cual el dinero es el verdadero valor de las cosas y, por tanto, la más apetecible de todas. Las mismas enseñanzas de los economistas se orientan en definitiva hacia esta sabiduría; lo que ocurre es que el economista tiene la capacidad de abstracción necesaria para reconocer la exjstencia del dinero bajo las formas de todas las mercancías y, por consiguiente, para no creer en el valor exclusivo de su existencia metálica oficial. La existencia metálica del dinero no es más que la expresión oficial y sensible del alma dinero, que palpita a través de todos los miembros de las producciones y los movimientos de la sociedad burguesa. El antagonismo entre los economistas modernos y el sistema monetario reside simplemente en que ellos sólo conciben el régimen monetario en su abstracción y generalidad, razón por la cual no comparten la superstición sensorial de quienes creen en que su esencia reside exclusivamente en los metales preciosos. Los modernos economistas sustituyen a esta superstición burda con una superstición refinada. Pero, como ambas tienen en esencia la misma raíz, tampoco la forma ilustrada de la superstición logra acabar totalmente con su burda forma sensorial, porque lo que ella ataca no es su esencia, sino sencillamente la forma determinada en que se manifiesta. La existencia personal del dinero en cuanto dinero, y no sólo como la relación interior de rango, una relación oculta y dotada de ser en sí, la relación jerárquica entre dos mercancías, corresponde tanto más a la esencia del dinero cuanto más abstracta es, cuanto menos representa una relación natural con las otras mercancías, cuanto más se manifiesta como producto y, a su vez, como no producto del hombre, cuanto menos ape. gado a la naturaleza es su elemento de existencia, cuanto más es una creación del hombre o una creación de la economía política, cuanto más es la relación inversa entre su valor como dinero y el valor de cambio o valor monetario del material en que tornan cuerpo. De ahí EXTRACTOS DE LECTURAS que la existencia más perfecta del dinero en cuanto dinero y un momento necesario en el proceso de desarrollo del sistema monetario sean el pape~moneda y todo el conjunto de valores-papel que representan al dinero (letras de cambio, asignaciones, títulos de deuda, etc.) Del crédito, cuya expresión plena es la banca, surge la apariencia de haberse roto al poder ajeno, el poder material, la relación de la autoenajenación, para ver nuevamente al hombre en sus relaciones con el hombre. De ahí que los saint-simonistas, engañados por esta apariencia, consideren el desarrollo del dinero, las letras de cambio y cartas de crédito, el papel-moneda, las representaciones del dinero por documentos, el crédito y la banca, como la supresión gradual de la separación entre el hombre y la cosa, entre el capital y el trabajo, entre la propiedad privada sobre el dinero y el dinero y el hombre, de la separación entre el hombre y el hombre. Su idea es, por tanto, la banca organizada. Pero esta superación de la enajenación 1\XXVI¡, este retorno del hombre a sí mismo y, por tanto, al otro hombre, es solamente una apariencia, una autoenajenación y una deshumanización tanto más infame y extrema, cuyo elemento no es ya la mercancía, el metal, el papel, sino la existencia moral, la existencia social, el interior del mismo pecho humano; bajo la apariencia de la confianza del hombre hacia el hombre es en realidad la máxima desconfianza y la total alienación. ¿Qué es lo que constituye la esencia del crédito? Prescindimos aquí totalmente del contenido del crédito, que es, a su vez, el dinero. Prescindimos así mismo del contenido de esta confianza, consistente en que una persona reconoce a la otra al adelantarle valores y -en el menor de los casos, cuando no se cobra el crédito, es decir, cuando no es un usurero- abre a su semejante un margen de confianza, al no considerarlo un bribón, sino un hombre "honrado". Por hombre "honrado" entiende el que le otorga su confianza, como Shylock, un hombre "solvente". El crédito puede concebirse en dos relaciones y bajo dos condiciones distintas. Estas dos relaciones son: en una, el rico abre crédito al pobre, reconociéndolo como persona laboriosa y honrada. Este tipo de crédito figura entre las manifestaciones románticas, sentimentales, de la economía política, entre sus extravíos, excesos o excepciones, pero no es la regla. Pero, aun supuesta esta excepción, concedida esta posibilidad romántica, tenernos que la vida del pobre, su talento y su actividad, constituyen para el rico una garantía de restitución del dinero prestado, lo que vale tanto como decir que todas las virtudes sociales del pobre, el contenido de su actividad vital, su existencia misma. representan para el rico el reembolso de sn capital con los intereses usuales. La muerte del pobre constituye, por tanto, el peor de los casos para quien le abre crédito. Representan la muerte de su capital con los correspondientes intereses. No cabe duda de que e1 hecho de tasar a un hombre en dinero, como se hace en las operaciones de crédito, constituye una infamia. Y huelga decir que quien abre crédito a otro, además de las garantías morales, tiene a su favor la garantía de la coacción furídica y otras garantías más o EXTRACTOS DE LECTURAS menos reales para tener sujeto a su hombre.

Si, por tanto, aquel a quien se abre crédito dispone de fortuna, el crédito es simplemente un mediador para facilitar el cambio; es decir, eleva el dinero mismo a una forma totalmente ideal. El crédito es un juicio económico sobre la moralidad de una persona. En el crédito se convierte en mediador del cambio, en vez del metal o del papel, el hombre mismo, pero no como hombre, sino como la existencia [personificada] de un capital y sus intereses. Así, pues, aunque el medio de cambio retorne y se transfiera de su forma material al hombre, es a costa de colocar al hombre fuera de él mismo y de convertirlo en una forma material. No se convierte al dinero en el hombre, cancelándolo dentro de la relación de crédito, sino que, por el contrario se convierte al hombre mismo en dinero o se incorpora al dinero en él. La individualidad humana, la moral humana se convierte, así, por sí misma en artículo comercial y en el material en que toma cuerpo el dinero. En vez de dinero, de papel la materia, el cuerpo en que encarna el espíritu dinero, es ahora mi propia existencia personal, mi carne y mi sangre, mi virtud y cotización social. El crédito cristaliza el valor del dinero, no ya en dinero, sino en carne humana y en corazón humano. Por donde todos los progresos e inconsecuencias que se dan dentro de un sistema falso constituyen el máximo retroceso y la máxima consecuencia de la infamia. En el sistema de crédito, su naturaleza enajenada del hombre se manifiesta de dos modos, bajo la experiencia del supremo reconocimiento económico del hombre: l) La antítesis entre capitalis. ta y obrero y entre grande y pequeño capitalista se acentúa aún más, en cuanto que sólo se concede crédito a quien ya posee, haciendo de él una nueva posibildiad para la acumulación de los ricos y en cuanto que el pobre ve confirmada o negada toda su existencia en el capricho y el juicio fortuitos del rico acerca de él, haciéndolo depender totalmente de este acaso; 2) en cuanto que la mutua representación, hipocresía y santurronería se llevan a la máxima expresión de hacer recaer sobre la persona carente de crédito, además del juicio puro y simple de que es pobre, el juicio desmoralizante de que carece de confianza, de que no es un hombre reconocido, sino un paria, un hombre despreciable, y en cuanto que el hombre, viéndose todavÍ;J más degradado, sufre encima esta humillación y la de tener que postrarse ante el rico, suplicando que le abra crédito; !lXXVIII 3) en cuanto que toda esta existencia ideal del dinero hace que la falsificación de moneda no haga mella en un material cualquiera, sino precisamente en la propia persona del hombre, obligándola a convertirse en una moneda falsa, a obtener crédito fraudulentamente, por medio de la mentira, etc., haciendo de esta relación de crédito -tanto por parte de quien otorga confianza como del que necesita de ella- un objeto comercial, un objeto de fraude y abuso mutuos. Vuelve a revelarse aquí de un modo brillante la desconfianza como la base de esta confianza económica; la recelosa duda de si deberá abrirse crédito o no; el espionaje para descubrir los secretos de la vida privada y las interíoríd~- EXTRACTOS DE LECTURAS des de quien solicita crédito; la delación de apuros momentáneos para hundir a un competidor haciendo que se derrumbe súbitamente su crédito, etc. Todo el sistema de las bancarrotas, las empresas simuladas, etc. En el crédito público, el estado ocupa exactamente la misma posición que más arriba ocupaba la persona. . . En el juego [bursátil] de los valores del estado, se ve cómo éste se convierte en juguete de los comerciantes, etcétera.

4) Finalmente, el sistema de crédito culmina en la banca. La creación de los banqueros, la hegemonía de la banca en el estado, la concentración de la riqueza en sus manos, bajo el poder de este areópago de la nación, es el digno remate del sistema monetario. En el sistema de crédito, en cuanto que hace que el reconocimiento moral del hombre, la confianza hacia el estado, etc., cobre la forma del crédito, se pone al descubierto el secreto que reside en la mentira del reconocimiento moral, la infamia inmoral de esta moralidad, lo mismo que la santurronería y el egoísmo se revelan en aquella actitud ante el estado y se muestran como lo que realmente son. El cambio, tanto el de las actividades humanas dentro de la producción misma como el de los productos humanos entre sí es = la actividad genérica y al espíritu genérico, cuya existencia real, consciente y verdadera es la actividad social y el disfrute social. En cuanto que la esencia humana [es] la verdadera comunidad de los hombres, los crean, producen, mediante la manifestación de su esencia, la comunidad humana, la esencia social, que no es una potencia general abs. tracta frente al individuo suelto, sino la esencia de cada individuo, su propia actividad, su propia vida, su propio espíritu, su propia riqueza. Aquella verdadera comunidad no nace, pues, de la reflexión, sino que es el resultado de la necesidad y el egoísmo de los individuos, es decir, se produce directamente mediante la manifestación de su existencia misma. No depende del hombre el que esta comunidad sea o no; pero, mientras el hombre no se reconozca como hombre y, por tanto, organice el mundo de un modo humano, esta comunidad se manifiesta bajo la forma de la enajenación. Porque su sujeto, el hombre, es en sí mismo un ser enajenado. Los hombres, no como abstracción, sino como individuos reales, vivientes y específicos, son esta esencia. Tal como ellos son es, por tanto, él mismo. Tanto vale, pues, decir que el hombre se enajena a sí mismo como decir que la sociedad de este hombre enajenado es la caricatura de su comunidad real, de su verdadera vida genérica; que, por tanto, su actividad se manifiesta como un tormento, que su propia creación se convierte para él en una potencia extraña, su riqueza en su pobreza, que el nexo esencial que le une al otro hombre es para él un lazo no esencial y que, en realidad, se manifiesta como su verdadera existencia su separación con respecto a los otros hombres, que su vida se revela como el sacrificio de su vida, que la realización de su esencia se convierte en la privación de realidad de su vida, que su producción vale como la producción de su nada, que su poder sobre el objeto se trueca en el poEXTRACTOS DE LECTURAS der del objeto sobre él, que él, señor de su creación, aparece como el siervo de esta creación.

Ahora bien, la economía política concibe la comunidad del hombre o su esencia humana tal como se manifiesta, su mutua complementación en la vida genérica, como la vida verdaderamente humana bajo la forma del cambio y del comercio. La sociedad, dice Destutt de Tracy, es una serie de cambios mutuosP90l Es precisamente este movimiento de mutua integración. La sociedad, dice Adam Smith, es una sociedad dedicada al comercio. Cada uno de sus miembros es un camercianteJ191l Como se ve, la economía política plasma la forma enajenada del intercambio social como la forma esencial y originaria, como la forma que corresponde al destino humano.

JJXXVIIIJ La economía política -como el movimiento real- parte de la relación entre el hombre y el hombre como de la relación entre uno y otro propietario privado. Cuando se da por supuesto al hombre como propietario privado, es decir, como poseedor exclusivo cuya personalidad se afirma por medio de esta posesión exclusiva y se diferencia del otro hombre por su actitud ante e11a -la propiedad privada es su existencia personal, su existencia característica y, por tanto, esencial-, la pérdida o el abandono de la propiedad privada equivale a la enajenación del hombre, a la par que de la propiedad privada misma. Aquí, detendremos solamente la última determinación. Cuando cedo a otro mi propiedad privada, ésta deja de ser mía; pasa a ser una cosa independiente de mí, que se halla ahora fuera de mi alcance, una cosa exterior a mí. Enajeno, por tanto, mi propiedad privada. La convierto con respecto a mí en una propiedad privada enajenada. Pero la establezco solamente como una cosa enajenada en general. No hago más que suprimir mi relación personal con e11a, la devuelvo a las potencias elementales de la naturaleza, al enajenarla simplemente con respecto a mí. Sólo llega a ser una propiedad privada enajenada cuando al mismo tiempo deja de ser mi propiedad privada, pero sin dejar de ser por e11o propiedad privada en general, es decir, por tanto cuando pasa a hallarse con respecto a otra persona fuera de mí en la misma relación en que antes se hallaba conmigo, en una palabra, cuando se convierte en la propiedad privada de otro. Y, dejando a un lado el caso de la violencia, ¿cómo puedo enajenar a otro mi propiedad privada? La economía política contesta acertadamente a esta pregunta: por la penuria, por obra de la necesidad. El otro hombre es también propietario privado, pero de otra cosa, de la que yo carezco y de que no puedo o quiero prescindir y que considero como una necesidad para perfeccionar mi existencia y realizar mi esencia. El nexo que une entre sí a los dos propietarios privados es la naturalezct. específicct. del objeto que constituye la materia de su propiedad privada. La apetencia de estos dos objetos, es decir, la necesidad de ellos, revela a cada uno de los propietarios privados, les hace comprender, que, aparte de la propiedad privada, mantienen otra relación esencial EXTRACTOS DE LECTURAS con los objetos, que no es el ser particular que él se considera, sino un ser total, cuyas necesidades lo ponen en una relación de propiedad interna -pues la necesidad que se siente de una cosa es la prueba más evidente e irrefutable de que esa cosa forma parte de mi esencia, de que su ser para mí, su prop,iedad, es la propiedad, la peculiaridad de mi esencia, con todo, incluyendo los productos del trabajo de otro. Ambos propietarios se ven, así, empujados a renunciar a su propiedad privada, pero de tal modo que, al renunciar a ella, la corroboran, que renuncian a la propiedad privada dentro de la rela~ ción de la propiedad privada. Cada uno de e11os enajena, pues, una parte de su propiedad privada a favor del otro.

Los vínculos sociales o la relación social entre ambos propietarios privados es, por tanto, la reciprocidad de la ena¡enación, presupuesta la relación de la enajenación por ambas partes, o la ena¡enación como la relación entre ambos propietarios, mientras que en la propiedad privada simple la enajenación se efectúa solamente con respecto a sí misma, unilateralmente. El trueque o el comercio de trueque es, por tanto, el acto social, el acto genérico, la comunidad, el intercambio social o la integración de los hombres dentro de la propiedad privada y, por consiguiente el acto genérico externo, ena¡enado. Precisamente por e11o se manifiesta como comercio de trueque. Es, por tanto, al mismo tiempo, lo contrario de la relación social.

Mediante la mutua alienación o enajenación de la propiedad privada, cae la propiedad privada misma bajo la determinación de la propiedad privada ena¡enada. En primer lugar, deja de ser, ahora, el producto del trabajo, la personalidad exclusiva y característica de su poseedor, pues éste le ha enajenado y el producto se ha desprendido del poseedor que lo había producido y ha pasado a adquirir una significación personal para aquel de quien no es producto. Ha perdido su significación personal para el poseedor. Y, en segundo lugar, se refiere ahora a otra propiedad privada, se equipara a ésta. Pasa a ocupar su lugar una propiedad privada de otra naturaleza, al igual que él mis. mo representa a una propiedad privada de otra naturaleza. En ambos lados aparece, por tanto, la propiedad privada representando a una pro. piedad privada de otra naturaleza, como lo igual a otro producto natural, y ambos términos se relacionan entre sí de tal modo, que cada uno de ellos representa la existencia de otro y ambos se relacionan mutuamente como sustitutos al mismo tiempo de sí mismo y de otro. La existencia de la propiedad privada como tal se convierte, así, en sustituto, en equivalencia. En vez de [ser] la unidad inmediata consigo mismo, sólo existe en cuanto referencia a otro. Como equivalente, su existencia ha dejado de ser su existencia propia y peculiar. Se ha convertido, por tanto, en valor y, de modo inmediato, en valor de cambio. Su existencia como valor es distinta de su existencia inmediata, algo exterior a su esencia específica, una determinación enajenada JJXXIXJ de sí misma, una existencia meramente relativa de ella. EXTRACTOS DE LECTURAS La determinación más precisa de este valor y su conversión en precio lwbrán de exponerse en otro lugar. Presupuesta la relación del cambio, el trabajo pasa a ser trabajo dírectamente adquisitivo. Esta relación del trabajo enajenado sólo llega a su punto culminante l) cuando, de una parte, el trabajo adquisitivo, el producto del trabajador, no se halla en relación inmediata alguna con su necesidad y con su determinación de trabajo, sino que por ambos lados se determina mediante combinaciones sociales ajenas al trabajador; 2) cuando el que compra el producto no lo produce él mismo, sino que obtiene en cambio lo producido por otro. En la forma tosca de la propiedad privada enajenada, que es comercio de cambio, ~ada uno de los dos propietarios privados ha producido aquello a que se ha visto impulsado directamente por sus necesidades, por sus capacidades y por el material natural de que dispone. De aquí que cada uno sólo cambia con el otro el sobrante de su producción. El trabajo era, evidentemente, su fuente de sustento inmediato, pero también,· al mismo tiempo, la afirmación de su existencia individual. Mediante el cambio, su trabajo se ha convertido parcialmente en fuente de adquisición. La finalidad y la existencia de ésta son, ahora, distintas. Ahora, el producto se produce como valor, como valor de cambio, como equivalente, ya no en relación personal y directa con el productor. Y cuanto más se diversifica la producción, cuanto más variadas son, por tanto, de una parte, las necesidades y más unilaterales, de otra, las prestaciones del productor, más va cayendo el trabajo de éste en la categoría del trabajo adquisitivo, hasta que por último sólo tiene este carácter, siendo de todo punto fortuito y accidental tanto el que el productor mantenga una actitud de disfrute inmediato y de necesidad personal ante su producto como el que su actividad, la acción del trabajo mismo, represente para él el disfrute de su propia personalidad, la realización de sus dotes naturales y de un fin espiritual. El trabajo adquisitivo entraña: 1) la enajenación y el carácter fortuito del trabajo con respecto al sujeto trabajador; 2) la enajenación y el carácter fortuito del trabajo con respecto al objeto de él; 3) la determinación del trabajador por las necesidades sociales ajenas a él y que representan para él una coacción, a las que se somete por una necesidad egoísta, por la penuria, y que no tiene para él otro significado que ser una fuente de satisfacción de su necesidad, a la vez que él sólo existe para ellas como esclavo de sus necesidades; 4) el que al obrero se le represente la conservación de su existencia individual como el fin de su actividad y sus actos reales simplemente como medio; el que :afirme su vida para adquirir medios de vida.

Por tanto, cuanto mayor y más desarrollado aparezca el poder socia] dentro de la relación de la propiedad privada, tanto más egoísta, más :asocial, más enajenado de su propia esencia se hace el hombre. Así como el mutuo intercambio de los productos de la actividad humana se manifiesta como un comercio de cambio, como un tráfico, así también el mutuo complemento e intercambio de actividades cobra por EXTRACTOS DE LECTURAS su parte la manifestación de una división del trabajo que hace del hombre el ser más abstracto posible, una máquina giratoria, etc., conYirtiéndolo en un aborto físico y espiritual. Es precisamente la unidad del trabajo humano la que se considera como división, porque la esencia social sólo cobra existencia como lo contrario a lo que es, bajo la forma de la enajenación. Con la civilización, va en aumento la división del trabajo. Partiendo de la premisa de la división del trabajo, el producto, el material de la propiedad privada va adquiriendo para el individuo cada vez más la significación de un equivalente, y como ya no cambia su excedente, sino que el objeto de su producción puede serie sencillamente indiferente, tampoco cambia directamente su producto por aquello que necesita. El equivalente cobra ahora existencia como equivalente en dinero, resultado inmediato del trabajo adquisitivo y mediador del cambio. (Véase más arriba.)

Con el dinero, que es la total indiferencia tanto hacia la naturaleza del material, hacia la naturaleza específica de la propiedad privada, como hacia la personalidad del propietario, se manifiesta el poder total de la cosa enajenada sobre el hombre. Lo que el poder de la persona sobre la persona es ahora el poder general de la cosa sobre la persona, del producto sobre el productor. Si ya en el equivalente, en el valor, iba implícita la nota de la enajenación de la propiedad privada, el dinero es la existencia sensible, objetivada en sí misma, de esta enajenación.

JJXXXJ De suyo se comprende que la economía política sólo puede concebir todo este proceso como un factum,a como el aborto de una necesidad fortuita.

La separación del trabajador de sí mismo = a la separación del traba. jador del capitalista a la separación del trabajo y el capital, cuya for. ma originaria es la de la división entre propiedad territorial y propiedad mobiliaria. . . La determinación originaria de la propiedad privada es el monopolio; cuando se de una constitución política es, por tanto, la del monopolio. El monopolio acabado es la competencia. Para el economista, se desdoblan la producción, el consumo y, como mediador entre ambos, el cambio, o la distribución. La separación de la producción y el consumo, de la actividad y el espíritu entre diferentes individuos o en el mismo individuo, es la separación del trabajo de su objeto y del trabajo mismo como un espíritu. La distribución es el poder de la propiedad privada que se afirma. La separación mutua de trabajo, capital y propiedad de la tierra, como la del trabajo, la del capital con respecto al capital y la de la propiedad de la tierra con respecto a la propiedad de la tierra, y, finalmente, la separación del trabajo con respecto al salario, la del capital con respecto a la ganancia, de la ganancia con respecto al interés y, por último, la de la propiedad de la tierra con respecto a la renta de la tierra, hace que la a Hecho.

EXTRACTOS DE LECTURAS autoenajenación se manifiesta tanto bajo la forma de autoenajenación como de la enajenación mutua.

"Supongamos el caso de que el gobierno pretende fijar el aumento y la disminución del dinero. Si trata de mantener la cantidad de dinero por debajo de la medida que establecería el curso libre de las cosas, lo que hace es elevar el valor del oro amonedado, interesando con ello a todos en convertir las barras en monedas. Esto provoca la fabricación secreta de monedas, que el gobierno tiene que atajar por medio de penas. Si el gobierno se propone elevar la cantidad de oro por encima del nivel necesario, lo que hace es reducir su valor, y cada cual tratará de fundir el oro en barras, y tampoco contra esto habrá más recursos que las sanciones penales. Pero la esperanza de obtener una ganancia se impondrá siempre al temor de sufrir una pena." Pp. 137 y 138. § 9. "Si cada uno de dos individuos adeuda al otro 100 f:, en vez de pagarse mutuamente esta suma, reconocerán recíprocamente sus obligaciones. Lo mismo sucede entre dos naciones. . . De ahí las letras de cambio, tanto más necesarias en una época en que una política poco ilustrada prohibía y castigaba cmelrnente la exportación de metales preciosos." Pp. 142 ss. § 10. Ahorro de consumo improductivo mediante el papel-moneda. (Páginas 146 y siguientes.)

§ 11. "Los inconvenientes del papel-moneda son: 1) La faltd' (manque) "de las personas eminentes del papel-moneda en el cumplimiento de sus obligaciones. 2) Las falsificaciones. 3) Los cambios de la cotización, altération des cours." Página 149.

§ 12. Los metales preciosos son mercancías. Sólo se exportan las mercandas que son menos caras en el país de que proceden que en aquel a que se envían, y se importan las que resultan más caras en el país a que se mandan que en aquél de que proceden. El que deban importarse o exportarse dependerá, pues del valor de los metales preciosos en un país. [Pp. 17 5 y ss.} § 13. '''El valor de los metales preciosos es la cantidad de otras cosas que se entregan a cambio de ellos." (P. 177.) "Esta proporción varía en los diferentes países, e incluso en diversas regiones del mismo país. [ ... ]. 'La víeest moins chere' b quiere decir que en un determinado país pueden comprarse los medios de sustento por una cantidad menor de dinero." [P. 177.] § 14. "Las relaciones entre naciones son corno las relaciones entre comerciantes. . . ils acheteront toujours au meílleur marché possible, et vendront toujours le plus cher qu'ils pourront".c P. 215.

IV. De la consommation.d "Productíon, dístríbution, echange,e son simples medios. No se produce para producir. Se trata de operaciones intermedias, mediadoras. El fin es el consumo." Página 237. § l. "El consumo es: 1) consumo productivo. Este comprende todo lo que se gasta para producir una cosa; incluye el sostenimiento del obrero. . . y el de las máquinas, herramientas, edificios, animales empleados en las operaciones productivas; por último, las materias primas, tanto las que sirven directamente para producir el objeto corno aquellos de que éste se extrae.'' (Pp. 238 y b La \~da es menos cara. e Comprarán siempre lo más barato que puedan y venderán lo más caro que les sea posible. d Del consumo. e Producción, distribución, cambio.

EXTRACTOS DE LECTURAS 2 39.) "Solamente las cosas de la segunda clase no se consumen totalmente en el curso de las operaciones productivas." Z. c. 2) Consumo improductivo. "Los emolumentos del lacayo, todo consumo que no se haga con vistas al producto, para obtener por medio de una cosa otra equivalente, es improductivo." (P. 240.) "El consumo productivo es, a su vez, un medio, a saber, un medio para la producción; el consumo improductivo no es un medio, sino un fin, el disfrute que el consumo procura, el motivo de toda la operación anterior." (P. 241.) "Con el primer tipo de consumo no se pierde nada, con el segundo se pierde todo." l. c. "Lo que se consume productivamente es siempre capital. Es esta una cualidad espe· cialmente notable del consumo productivo. Lo que se consume productiva· mente es capital y se convierte en capital mediante el consumo." (P. [241.], 242.) "La totalidad de lo que las fuerzas productivas de un país crean durante un año es el produít annuel bruU La mayor parte de ello se destina a reponer el capital consumido. Lo que queda del produit brut después de reponer el capital es el produít net g y se distribuye solamente como ganancia del capital o renta de la tierra." (P. [242.], 243.) "Constituye el fondo del que por lo general salen todas las ediciones con que se incrementa el capital nacional." l. c. ''Al consumo productivo e improductivo corresponden el trabajo productivo e improductivo." P. 244.

§ 2. "Todo lo que se produce en el curso del año se consume, productiva o irnproductivamente, en el transcurso del año siguiente." P. 246. § 3. "El consumo se extiende a medida de la producción; el hombre sólo produce porque quiere tener. Sí el objeto producido es lo que él desea tener, deja de trabajar tan pronto corno reúne lo que necesit.a. Si produce más, es porque quiere cambiar el excedente por cualquier otro objeto. Produce una cosa porque apetece poseer otra. La producción de una cosa es para él el único medio de que dispone para llegar a obtener la otra, y la obtiene así más barata que si se viera obligado a producirla por sí mismo. Gracias a la división del trabajo, se limita a producir una determinada cosa o solamente una parte de ella, empleando para sí tan sólo una pequeña parte de su propia producción; el resto lo destina a comprar las demás mercancías que necesita; cuando una persona se limita a producir una sola cosa y cambia su producto por todas las demás, se observa que cada cual obtiene una cantidad mayor de las diferentes cosas que necesita de la que obtendría si hubiere querido producirlas él mismo ![XXXI¡. Cuando el hombre produce para si mismo, no se opera el cambio. El productor, en este caso, no compra nada ni ofrece nada en venta. Posee un objeto, lo ha producido y no se propone deshacerse de él. Si aplicamos a este caso como metáfora los términos offre et demande,h vemos que offre y demande aparecen, aquí, perfectamente equilibradas. Por lo que se refiere a la offre y demande de los objetos vendibles, podemos dejar totalmente a un lado la parte del producto anual que cada productor gasta bajo la forma en que lo ha producido o lo recibe". P. 2 51. "Cuando aquí hablamos de offre y demande, hablamos en general. Cuando, refiriéndonos a una determinación y una determinada época, que su offre = a su demanda, no lo decimos con referencia a 1 o a 2 mercancías; lo que querernos decir es que su demande,. refiriéndonos a todas las mercancías en masse es = a todo lo que puede ofrecer en mercancías de todas clases. Pero a pesar de esta igualdad de 1a offre y la demande, tomadas en general, puede muy bien f Producto annal bruto.

g Producto neto.

h Oferta y demanda.

EXTRACTOS DE LECTURAS ocurrir que, con respecto a una o varias mercancías especiales, se produzca demasiado o demasiado poco, en relación a la demanda de estas mercancías." (Pp. 251 y 2)2.) "Para restituir la demanda (demande) hacen falta dos cosas: el deseo de tener una mercancía y la posesión de un objeto equivalente que puede darse a cambio. Demande significa la apetencia de comprar y los medios para hacerlo. Si falta una de estas dos cosas, no puede efectuarse la compra. La posesión de un objeto equivalente constituye la base necesaria para toda demanda. Será en vano que el hombre desee llegar a poseer cualesquiera objetos, si no tiene nada que dar para obtenerlos. El objeto equivalente que un hombre aporta es el instrumento de la demanda. La extensión de su demanda se mide por el valor de este objeto. La demanda y el objeto equivalente son términos que pueden sustituir el uno al otro. Ya hemos visto que todo hombre que produce aspira a poseer otros objetos que aquellos que con tribuye a producir y que el radio de esta aspiración, de esta apetencia, se mide por la totalidad de lo que produce, en la medida en que no desea retenerlo para su propio consumo. Y asimismo es evidente que el hombre puede dar a cambio de otros objetos lo que ha producirle y no quiere consumir por sí mismo. Su voluntad de comprar y sus medios para hacerlo son, por tanto, iguales, o su oferta es exactamente = a su producto total, en la parte en que él mismo no lo consuma." Pp. 252 y 253. Mili analiza aquí, con su habitual y cínica agudeza y clarid;_¡d el cambio a base de la propiedad privada. El hombre -esta es la premisa fundamental de la propiedad privada- produce solamente para tener. El fin de la producción es la tenencia. Y la producción no tiene solamente este fin útil, sino que tiene un fin egoísta; el hombre produce solamente con el fin de tener para sí; el objeto de su producción es la objetivación de su necesidad inmediata, egoísta. Por tanto, el hombre para sí -en el estado del salvajismo, de la barbarie- encuentra la medida de su producción en la extensión de su necesidad inmediata, cuyo contenido es inmediatamente el mismo objeto producido. Por consiguiente, en este estado, el hombre no produce más de lo que inmediatamente necesita. El límite de su necesidad es el límite de su producción. La demanda y la oferta son, pues, coincidentes. Su producción se mide por su necesidad. En este caso, no media cambio alguno o este se reduce a cambiar su trabajo por el producto de su trabajo, y este cambio es la forma btente, el germen del cambio real Tan pronto como se efectúa el cambio, se presenta la producción excedente sobre el límite inmediato de la posesión. Pero esta producción excedente no se eleva por sobre la necesidad egoísta. Es más bien, simplemente, un modo mediador, una necesidad que no puede satisfacerse inmediatamente con esta producción, sino que encuentra su objetivación en la producción de otro. La producción se ha convertido en fuente de adquisición, en trabajo adquisitivo. Así, pues, mientras que en la primera relación la necesidad es la medida de la producción, en la segunda la producción, o mejor dicho la posesión del producto, es la medida que indica en qué extensión pueden satisfacerse las necesidades. L EXTRACTOS DE LECTURAS Yo he producido para mí y no para ti, lo mismo que tú has producido para ti y no para mí. El resultado de mi producción tiene de por sí tan poco que ver contigo como el resultado de tu producción directamente conmigo. Es decir, que nuestra producción no es una producción del hombre para el hombre en cuanto tal; en otros térmi. nos, no es una producción social. Por tanto, en cuanto hombre, ninguno de nosotros guarda 1a menor relación de disfrute con el producto del otro. En tanto que hombres, no existimos para nuestras producciones mutuas. Por tanto, nuestro cambio no puede ser el movimiento mediador en que se confirma que mi producto IIXXXIII es [para] ti, por ser una objetivación de tu propia esencia, de tu necesidad. Pues el nexo que une entre sí a nuestras producciones no es la esencia hu.. mana. El cambio sólo puede poner en movimiento, sólo puede confirmar el carácter que cada uno de nosotros guarda para con su propio producto y, por tanto, para con la producción del otro. Cada uno de nosotros sólo ve en su producto su propio egoísmo objetivado y, por ende en el producto del otro egoísmo objetivo ajeno a él e independiente de él. Cierto que tú, en tanto que hombre, mantienes una actitud hu. mana hacia mi producto: tienes necesidad de él. Por tanto, mi producto existe para ti en cuanto objeto de tu apetencia y de tu voluntad. Pero tu necesidad, tu apetencia, tu voluntad, son una necesidad, una apetencia y una voluntad impotentes en cuanto a mi producto. Lo que vale tanto como decir que tu esencia humana, que por tanto mantiene necesariamente una relación interna con mi producción humana, no es tu poder, tu propiedad sobre esta producción, pues lo que en mi producción se reconoce no es el ser propio, el poder de la esencia humana. Ellos son más bien el nexo que te hace depender de mí, porque te hace depender de mi producto. Muy lejos de ser el medio que te da poder sobre mi producción, son más bien el medio que me da a mí poder sobre ti. Si yo produzco más de lo que directamente pueda necesitar del objeto producido, mi producción excedente está calculada contando refinadamente con tus necesidades. Sólo aparentemente produzco un excedente de este objeto. En realidad, produzco otro objeto, el objeto de tu producción, que aspiro a cambiar por este excedente, cambio que mentalmente ha efectuado ya. La relación social en que me hallo contigo cuando trabajo para [atender a] tus necesidades es, por tanto, una mera apariencia, a la que sirve de base el despojo mutuo. La intención del despojo, del fraude, queda necesariamente recatada en el fondo, ya que, por cuanto que nuestro cambio es un cambio egoísta, tanto por tu parte como por la mía, puesto que cada egoísmo trata de imponerse al otro, lo que necesariamente pretendemos es engañarnos. Claro está que la medida del poder que yo asigno a mi objeto sobre el tuyo requiere, para convertirse en un poder real, tu reconocimiento. Pero nuestro mutuo reconocimiento acerca del poder reciproco de nuestros objetos es una lucha, y en la lucha triunfa quien tiene mayor EXTRACTOS DE LECTURAS energía, fuerza, inteligencia o destreza. Si dispongo de la fuerza necesaria, te despojo directamente. Si el imperio de la fuerza física se quiebra, tratamos de pertrecharnos mutuamente tras la apariencia y el más listo de los dos engaña al otro. Quién de los dos es el que engaña lo decide, dentro del conjunto de la relación, el azar. El engaño ideal, intencional está de ambas partes, es decir, cada uno de los dos ha engañado en su propio juicio al otro. Así, pues, el cambio se hace necesariamente de ambas partes por medio del objeto de la producción mutua y de la mutua posesión. La relación ideal con los objetos mutuos de nuestra producción son, ciertamente, nuestras mutuas necesidades. Pero la relación real la que en realidad se establece, la verdadera relación que se pone en práctica es solamente la mutua posesión exclusiva de la producción mutua. Lo que da para mí un valor, una dignidad, un efecto a la necesidad que tú sientes por mi cosa, sólo es tu objeto, el equivalente del mío. Nuestro producto mutuo es, por tanto, el medio, el mediador, el instrumento, el poder reconocido de nuestras mutuas necesidades la una con respecto a la otra. Tu demanda y el equivalente de tu posesión son, por tanto, para ti términos unívocos e igualmente válidos, y tu demanda sólo cobra sentido en cuanto efecto si adquire sentido y efecto con respecto a mí. Como mero hombre carente de este instrumento, tu demanda es por tu parte simplemente una aspiración no satisfecha, y una mera ocurrencia inexistente para mí. Como hombre, no te hallas, pues en relación alguna con mi objeto, porque yo mismo no mantenga ninguna relación humana con él. Pero el medio es el verdadero poder sobre un objeto; de ahí que veamos mutuamente nuestro producto como el poder de cada cual sobre el otro y sobre sí mismo; es decir, que nuestro propio producto se resbala contra nosotros; parecía nuestra propiedad, pero en realidad somos nosotros propiedad suya. Nosotros mismos nos hallamos excluidos de la verdadera propiedad, porque nuestra propiedad excluye al otro hombre. El único lenguaje inteligible que hablamos entre nosotros son nuestros objetos en su relación mutua. Un lenguaje humano no lo comprenderíamos y resultaría infructuoso; sería considerado, sentido por una de las partes como un ruego, una súplica IIXXXIIII y, por tanto, como una humillación y, por tanto pronunciado con vergüenza, con un sentimiento de inferioridad, mientras que la otra parte lo recibiría como una desvergüenza o una burla, rechazándolo. Hasta tal punto nos hallamos enajenados de la esencia humana el uno con respecto al otro, que el lenguaje directo en que habla esta esencia es con. siderado por nosotros como un atentado a la esencia humana y, en cambio, el lenguaje enajenado de los valores materiales nos parece la dignidad humana justificada, que confía en sí misma y se reconoce a sí misma.

Ciertamente que, a tus ojos, tu producto es un instrumento, un medio para apoderarte de mi producto y, por tanto, para satisfacer tu necesidad. Pero, a mis ojos constituye el fin de nuestro acto de cam. EXTRACTOS DE LECTURAS bio. Para mí, tú eres más bien el medio y el instrumento para la producción de este objeto, que es para mí un fin, del mismo modo que tú, a la inversa, eres considerado en esta relación con mi objeto. Pero l. cada uno de nosotros hace realmente aquello que el otro ve en él. Tú te conviertes realmente en medio, en instrumento; en productor de tu propio objeto, para apoderarte del mío; 2. tu propio objeto es para ti solamente la envolutra sensible, la forma oculta de mi objeto, pues su producción significa, pretende expresar la adquisición de mi objeto. Ello quiere decir que tú te has convertido, de hecho, por ti mismo, en medio, en instrumento de tu objeto, cuyo vasallo es tu apetencia, y te has prestado a realizar servicios de vasallo para que el objeto de tu apetencia no tribute jamás una gracia. Pues bien, si este mutuo señorío que el objeto ejerce sobre nosotros se manifiesta al comienzo del desarrollo, realmente, como la relación de dominación y esclavitud, esto no es más que la expresión tosca y abierta de nuestra relación esencial.

Nuestro valor mutuo es para nosotros el valor de nuestros mutuos objetos. Lo que quiere decir que el hombre mismo carece para nosotros, mutuamente, de valor. Suponiendo que produjésemos como hombres, cada uno de nosotros se habría afirmado doblemente en su producción a sí mismo y al otro. l. Yo objetivaría en mi producción mi individualidad y su ser pro. pío, lo que quiere decir que mi actividad sería una manifestación de vida individual y que la contemplación del objeto me depararía el goce individual de saber mi personalidad como un poder objetivo, percep. tible por los sentidos y, por tanto sustraído a toda duda. 2. En tu disfrute o en tu uso de mi producto experimentaría yo, directamente, así el goce como la conciencia de haber satisfecho con mi trabajo una necesidad humana, es decir, de haber objetivado la esencia humana, procurando con ello a otra esencia humana su correspondiente objeto. 3. La conciencia y el goce de ser el mediador entre tu y el género, es decir, de ser considerado y sentido por ti mismo como un complemento de tu propia esencia y como parte necesaria de ti mismo, de saberme, con ello, confirmado por ti en tu pensamiento y en tu amor. 4. Y la conciencia y el goce de haber creado directamente con mi manifestación individual de vida tu propia manifestación vital y, con ello, de haber confirmado y realizado directamente en mi actividad individual mi verdadera esencia, mi esencia humana, mi esencia común. Nuestras producciones serían, así, otros tantos espejos en los que resplandecería nuestra esencia.

Y esta relación sería, además, mutua, por tu parte hágase y por la mía se hace.

Examinemos los diversos momentos, tal como se manifiestan en el supuesto de que partimos.

Mi trabajo sería una libre manifestación de vida y, por tanto, un goce vital. Bajo el supuesto de la propiedad privada, es despojado de EXTRACTOS DE LECTURAS vida, pues trabajo para vivir, para procurarme un medio de vida. Mí trabajo no es vida.

En segundo lugar, en el trabajo se afirmaría entonces el ser propio de mi individualidad, al afirmarse mi vida individual. El trabajo sería, pues, así, una propiedad verdadera y activa. Bajo el supuesto de la propiedad privada, mi individualidad queda enajenada hasta el punto de que esta actividad es odiada por mí, constituye para mí un tor. mento y sólo es la apariencia ele una actividad y, por tanto, una actividad forzada, que me es impuesta solamente por una penuria fortuita exterior, y no por una necesidad interior sentida por mí. Sólo como lo que es mi trabajo puede éste manifestarse en mi objeto. No puede manifestarse como lo que por su esencia no es. Por eso se manifiesta simplemente como la expresión objetiva, sensible, contemplada y sustraída por tanto a toda duda de la pérdida de mí mismo y de mi impotencia. 1XXXIIIIIP92l