Motines de la cerveza en Baviera

Artículos de Frederick Engels para The Northern Star

Motines de la cerveza en Baviera

La cerveza bávara es la más celebrada de todas las variedades de esta bebida que se elaboran en Alemania, y, naturalmente, los bávaros son muy dados a consumirla en cantidades más bien considerables. El gobierno impuso un nuevo impuesto de unos 100 chelines ad valorem sobre la cerveza, y a consecuencia de ello se produjo un estallido que duró más de cuatro días. Los trabajadores se reunieron en grandes masas, desfilaron por las calles, asaltaron las tabernas, rompiendo los cristales, destrozando los muebles y destruyendo cuanto hallaban a su alcance, para vengarse del encarecimiento de su bebida favorita. Se llamó a los militares, pero un regimiento de guardias a caballo, cuando recibió la orden de montar, se negó a hacerlo. La policía, siendo, como en todas partes, odiosa al pueblo, fue severamente golpeada y maltratada por los amotinados, y todos los puestos que antes ocupaban los agentes de policía tuvieron que ser ocupados por soldados, los cuales, estando en buenos términos con el pueblo, eran considerados menos hostiles y mostraban una evidente renuencia a intervenir. Sólo intervinieron cuando fue atacado el palacio del Rey, y aun entonces se limitaron a adoptar una posición suficiente para contener a los amotinados. En la segunda velada (el 2 de mayo) el Rey, en cuya familia acababa de celebrarse un matrimonio y que por este motivo tenía a muchos ilustres visitantes en su corte, acudió al teatro; pero cuando, después del primer acto, una multitud se congregó ante el teatro y amenazó con atacarlo, todos abandonaron la sala para ver qué ocurría, y Su Majestad, con sus ilustres visitantes, se vio obligado a seguirlos, pues de lo contrario se habría quedado solo en su localidad. Los periódicos franceses aseguran que en esta ocasión el Rey ordenó a los militares apostados ante el teatro que hicieran fuego sobre el pueblo, y que los soldados se negaron. Los periódicos alemanes no mencionan este hecho, como es de esperar al publicarse bajo censura; pero como los periódicos franceses están a veces bastante mal informados sobre asuntos extranjeros, no podemos dar fe de la veracidad de su aserto. De todo ello se desprende, sin embargo, que el Rey Poeta (Luis, Rey de Baviera, es autor de tres volúmenes de poemas ilegibles, de una Guía del viajero por uno de sus edificios públicos [228], etc., etc.) se ha hallado en una posición muy incómoda durante estos disturbios. En Múnich, una ciudad llena de soldados y policía, sede de una corte real, un motín dura cuatro días, a pesar de todo el despliegue de los militares, — y al final los amotinados imponen su objetivo. El Rey restableció la tranquilidad mediante un decreto que reducía el precio del cuartillo de cerveza de diez kreutzers (3 1/4 peniques) a nueve kreutzers (3 peniques). Si el pueblo llega a saber que puede amedrentar al gobierno para que abandone su sistema impositivo, pronto aprenderá que será igual de fácil amedrentarlo en lo que respecta a asuntos más serios.

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