PROGRESOS DE LA REFORMA SOCIAL EN EL CONTINENTE * [The New Moral World, núm. 19, 4 de noviembre de 1843]

Desde que me reúno con socialistas ingleses, me ha producido siempre extrañeza el hecho de que la mayoría de ellos se hallen tan poco fami. liarizados con el movimiento social que se desarrolla en diversos países del continente. Movimiento nada desdeñable, pues en Francia hay más de medio millón de comunistas, sin contar los furieristas y otros reformistas sociales de tendencia menos radical, en todas las partes de Suiza existen asociaciones comunistas que despachan sus emisarios a Italia, Alemania e incluso Hungría, y hasta la misma filosofía alemana, tras largos y fatigosos rodeos, ha arribado por último y definitivamente al comunismo.

Así, pues, los tres grandes países civilizados de Europa, Inglaterra, Francia y Alemania, han llegado a la conclusión de que una revolución profunda de las relaciones sociales, tomando como base la propiedad común, constituye a la hora actual una necesidad apremiante e inexcusable. Y este resultado. es tanto más impresionante cuanto que cada una de las tres naciones citadas ha llegado a ella independientemente de las otras dos. No creemos que pueda haber una prueba más convincente que ésta de que el comunismo no es simplemente una consecuen. cia derivada de la situación especial de Inglaterra o de cualquier otro país por separado, sino un corolario que se desprende necesaria e inevitablemente de las premisas implícitas en las condiciones generales de la civilización moderna, Sería, pues, muy de desear que las tres naciones citadas se entendieran entre sí, que supieran hasta dónde coinciden y en qué discrepan, pues necesariamente tiene que haber también diferencias de criterio, ya que la doctrina del comunismo presenta un origen distinto en cada uno de los tres países. Los ingleses han llegado a este resultado práctica. mente, a la vista del rápido crecimiento de la miseria, la desmoralización y el pauperismo en su propia patria. Los franceses han alcanzado la misma conclusión por la vía política, ya que, habiendo reclamado primeramente la libertad y la igualdad políticas, convencidos por los hechos de que estos postulados políticos eran insuficientes, han añadido a ellos el postulado de la libertad y la igualdad sociales, Por último, los alemanes se hicieron comunistas a través de la filosofía, por medio de conclusiones derivadas de los primeros principios. Habiendo nacido así el socialismo en los tres países, es natural que medien diferencias de opinión en asuntos de importancia secundaria; [145]

creo, sin embargo, poder demostrar que estas discrepancias son de poca monta y perfectamente compatibles con los más amistosos sentimientos de los reformistas sociales de cada país por los del otro. Lo que hace falta es que se conozcan entre sí; conseguido esto, estoy seguro de que todos ellos desearán de todo corazón que el éxito corone los esfuerzos de sus hermanos comunistas extranjeros.

Francia Francia es, desde la revolución, el país político por excelencia de Eu. ropa. Ninguna mejora, ninguna doctrina puede cobrar en Francia importancia nacional si no toma cuerpo de algún modo en forma políti. ca. Parece como si a la nación francesa le estuviese reservado, en la presente etapa de la historia de la humanidad, el papel de recorrer todas las formas políticas de desarrollo y de llegar, partiendo de lo puramente político, hasta el punto en que todos los pueblos y todos los caminos conducen necesariamente al comunismo. Así lo revela claramente la trayectoria de la opinión pública en Francia, mostrando al mismo tiem. po cómo tendrá necesariamente que discurrir la historia futura de los cartistas ingleses.

La Revolución francesa fue el punto de partida de la democracia en Europa. La democracia es —y, al decir esto, incluyo y enjuicio todas las formas de gobierno— una contradicción en sí, una falacia; es, en el fondo, una pura hipocresía (teología, la: llamamos los alemanes). La libertad política es una libertad ficticia, la forma peor de esclavitud, la apariencia de la libertad y, por ello mismo, la peor de las servidumbres. Otro tanto sucede con la igualdad política, y por ello la democracia, al igual que toda otra forma de gobierno, sea la que fuere, está condenada a saltar a la postre en añicos: la hipocresía nó puede sostenerse, a la larga; la contradicción latente en ella tiene necesariamente que ponerse en evidencia, más temprano o más tarde: o auténtica esclavirtud, es decir, despotismo, sin recato, o auténtica libertad y auténtica igualdad, es decir, comunismo. La Revolución francesa hizo brotar ambas formas: Napoleón instauró una de ellas, Babeuf la otra. No es necesario, pienso yo, extenderse sobre el tema del babevismo, ya que la historia de la conspiración de Babeuf, escrita por Buonarotti, ha sido traducida al inglés. La intentona comunista no prosperó, porque el mismo comunismo era todavía, por aquel entonces, demasiado tosco y superficial y, por otra parte, la opinión pública no se hallaba aún sufi. cientemente desarrollada, El siguiente reformista social francés fue el conde de Saint-Simon. Aunque logró fundar una secta e incluso algunas colonias, ambas cosas resultaron estériles. El carácter general de las doctrinas sansimonistas presenta una gran semejanza con las de los socialistas ingleses de HamCommon,? aunque se aprecian también considerables diferencias en cuanto al detalle de los sistemas y las ideas. El ingenio y la sátira de los franceses no tardaron en tomar como blanco algunos de los rasgos peculiares y excentricidades de los sansimonistas, y, en Francia, cuando algo cae en ridículo o es tomado a chacota está irremediablemente perdido, Pero el fracaso de las instituciones sansimonianas obedecía, además, a otras razones: todas las doctrinas de este partido aparecían envueltas en el ropaje nebuloso de un misticismo ininteligible, que si al principio atraía la atención de las gentes, acababa casi siempre defraudando sus esperanzas. Y tampoco sus principios económicos eran inexpugnables; según sus concepciones, la participación de cada miembro de la comunidad en el reparto del producto se hallaba condicionada por dos factores: por la cantidad de trabajo suministrado por él y por la magnitud del talento acreditado. Objetando este principio, dijo con razón un republicano alemán, Bórne, que el talento, en vez de ser recompensado, debía considerarse más bien como una ventaja natural y descontarse una fracción de la parte correspondiente a las gentes de talento, para restablecer así la igualdad.

El sansimonismo volvió a desaparecer del horizonte social, después de brillar fugazmente como un meteoro, atrayendo la atención de los pensadores. Hoy, ya nadie piensa en él o habla de él; su momento ha pasado. Ñ Casi por los mismos años que Saint-Simon, vemos a otro francés aplicar la energía de su poderosa inteligencia al estado social de la huma. nidad; nos referimos a Fourier, Aunque en los escritos de Fourier no encontramos tantos brillantes destellos de genio como en los de SaintSimon y algunos de sus discípulos, y, a pesar de que su estilo es pesado y denota en gran medida el esfuerzo que el autor despliega constante. mente para formular con claridad sus pensamientos y expresar cosas para las que el léxico francés no ofrece las palabras necesarias, sus obras se leen con mayor agrado y con mayor provecho que las de la escuela anterior a él, También en estas páginas encontramos sobra de mística y casi siempre sin que venga a cuento, pero podemos prescindir de ella, darle de lado, y siempre quedará algo que jamás encontraremos. en los sansimonistas: investigación científica, pensamiento: frío, sistemático y exento de prejuicios, en una palabra, filosofía social, y no simplemente poesía social, como en la escuela de Saint-Simon. Fue Fourier quien formuló por vez primera el gran axioma de la filosofía social: todo individuo muestra una inclinación o preferencia por un determinado tipo de trabajo, razón por la cual la suma de las inclinaciones de todos los individuos tiene necesariamente que representar, considerada en bloque, una fuerza suficiente para satisfacer las necesidades de todos. De este principio se sigue como consecuencia el que, si se deja que cada individuo haga o deje de hacer lo que desee, con arreglo a sus inclinaciones personales, se satisfarán las necesidades de todos, sin necesidad de recurrir para ello a los medios violentos empleados por el vigente sistema social, Esta aseveración parece muy audaz y, sin embargo, tal y como Fourier la formula, es perfectamente inatacable y hasta podríamos decir que evidente por sí misma, algo así como el huevo de Colón. Fourier demuestra que todo hombre nace llevando dentro de sí la inclinación a cierto tipo de trabajo; que la inacción absoluta es un absurdo, algo que jamás ha existido mi podrá existir, que la naturaleza misma del espíritu humano consiste en mostrarse activo y en mantener activo al cuerpo y que, por tanto, no hace falta obligar a los hombres a hacer algo, como ocurre en la sociedad actual, sino que basta con encauzar por el derrotero adecuado el impulso natural que los lleva a mantenerse' activos. Demuestra, asimismo, que trabajo y placer son uno y lo mismo y pone de manifiesto, partiendo de aquí, lo irracional que es el orden social presente, que levanta una barrera de separación entre am. bos, haciendo del trabajo un tormento y del placer algo inasequible a la mayoría de los que trabajan. Hace ver cómo el trabajo, si se toman las disposiciones racionales para ello, puede llegar a convertirse en lo que realmente debiera ser, en algo agradable, dejando que cada cual siga sus propias inclinaciones. Como es natural, no podemos exponer aquí en su totalidad la teoría furierista del trabajo libre, pero creemos que basta con lo dicho. para hacer ver a los socialistas ingleses que el furierismo es realmente algo que merece por todos los conceptos su atención.

Otro de los méritos de Fourier es el haber mostrado las ventajas o, mejor dicho, la necesidad de la cohesión. Punto este que nos limitaremos a señalar, sin desarrollarlo, pues sabemos que los ingleses comprenden muy bien su importancia. ) En el furierismo se contiene, sin embargo, una grave inconsecuencia, que es el mantenimiento de la propiedad privada. En sus falensterios o comunidades cooperativas hay ricos y pobres, capitalistas y obre. tos, Se aporta a un fondo común la propiedad de todos los miembros, la empresa practica el comercio, la agricultura y las actividades industria. les, y los rendimientos obtenidos se reparten entre los asociados: una parte como salarios, otra como primas para recompensar los conocimientos especiales y las capacidades y otra, por último, como intereses del capital. Por donde, después de todas las hermosas teorías sobre la creación de cooperativas y el trabajo libre y: tras multitud de fogosas e indignadas declamaciones contra el comercio, el egoísmo y la com. petencia, volvemos a encontrarnos en la práctica con el viejo sistema de la competencia con arreglo a un plan corregido y mejorado, con una Bastilla de leyes de beneficencia basada en principios más liberales. Como es natural, no es posible detenerse aquí, y tampoco los franceses se detuvieron.

Los avances del furierismo en Francia fueron lentos, pero constan. tes. No hay muchos furieristas, pero entre ellos encontramos a un número considerable de las mejores inteligencias de la Francia actual. Victor Considérant es uno de sus escritores más capaces. Editan también un periódico titulado la Phalange,$? que antes aparecía tres veces por semana y ahora se publica diariamente.

Como los furieristas se hallan actualmente representados en Inglaterra por Mr. Doherty, no creo que necesite extenderme más acerca de ellos y paso a hablar del partido más importante y más radical de Francia, que son los comunistas.

Ya he dicho que, en Francia, para que algo adquiera importancia nacional, necesita revestir carácter político; de otro modo, se hallará condenado al fracaso. Saint-Simon y Fourier no tocaron para nada a la política; eso explica por qué sus planes no llegaron a convertirse en patrimonio común de la nación y no pasaron de ser objeto y tema de discusiones privadas. Ya hemos visto cómo el comunismo de Babeuf nació de la democracia de la primera revolución. La segunda revolución —la revolución de 1830— hizo surgir un muevo y más poderoso comunismo. La alianza de la burguesía y la clase obrera, de los liberales y los republicanos, hizo posible la “Semana Grande” de 1830. Hecha la faena, la clase obrera fue enviada a sus casas y la burguesía se embolsó ella sola los frutos de la revolución. Los obreros se levantaron en varias insurrecciones para romper el monopolio político e instaurar una república, pero sus intentos fracasaron una y otra vez, porque la bur. guesía, además de tener con ella al ejército, formaba ella misma la Guardia. Nacional.

Durante aquellos años (1834.35) surgió una .nueva doctrina entre los obreros republicanos. Estos:se dieron: cuenta de que, aun en el caso de que sus planes democráticos triunfaran, sus caudillos, prevaliéndose de su mayor cultura y de su mayor capacidad, seguirían engañándolos y de que su situación social, causa de su descontento político, en nada mejoraría, por muchos cambios políticos que se introdujeran. Remontándose a la historia de la Gran revolución, se aferraron afanosamente al comunismo de Babeuf. Esto es todo lo que con seguridad puede afirmarse acerca de los oxígenes del comunismo moderno en Francia. Primeramente, se discutió el asunto en las oscuras calles y las populosas callejas del barrio parisino de Saint-Antoine y, poco después, se debatía en las asambleas secretas de conspiradores. Quien sabe algo más acerca de los orígenes de la cosa se lo calla prudentemente, para no caer bajo “el vigoroso brazo de la ley”. Lo cierto es que el comunismo se extendió rápidamente por París, Lyon, Toulouse y otras grandes ciudades industriales del rei. no. Diversas sociedades secretas se sucedían unas a otras; entre ellas se destacaban como las más importantes los “Travailleurs Egalitaires”, algo así como Liga obrera de los Igualitarios, y los “Humanitarios”.88 Los Igualitarios eran una sociedad bastante “tosca”, exactamente lo mismo que lo eran los babevistas en la Gran revolución; proponíanse convertir el mundo en una gran comunidad obrera, eliminando como un lujo superfluo, peligroso y aristocrático todo lo que fuesen refinamientos de la cultura, la ciencia, las bellas artes, etc. Era un prejuicio necesaria. mente emanado de su total desconocimiento de la historia y de la economía política. Los humanitarios se hicieron famosos, principalmente, por sus ataques contra el matrimonio, la familia y otras instituciones análogas. Estos dos partidos, al igual que otros, tuvieron una vida muy efímera, y la gran masa de la clase obrera francesa abrazó muy pronto los principios proclamados por Cabet, “Pére Cabet” (el padre Cabet) —como se le solía llamar—, principios conocidos en el continente bajo el nombre de comunismo icariano, Este esbozo de la historia del comunismo en Francia muestra hasta cierto grado en qué tiene necesariamente que distinguirse el comunismo francés del inglés. En Francia, el movimiento de reforma social es de origen político: habiéndose comprobado que la democracia no puede aportar la auténtica igualdad, se recurre al sistema comunista, De ahí que la gran “mayoría de los comunistas franceses sean, además, republi. canos convencidos; aspiran a una estructura comunista de la sociedad bajo una forma de gobierno republicana. No creo que ello pueda representar un obstáculo serio para los :socialistas ingleses, pues aunque-éstos son más bien partidarios de una monarquía electiva, los conozco bien y sé que son gente demasiado ilustrada para tratar de imponer su forma de gobiernó a un pueblo que la rechaza totalmente. No cabe duda: de que semejante intento sumiría al pueblo en cuestión en inquietudes y dificultades mucho mayores que las que para él representaría su propia forma democrática de gobierno, aun suponiendo que ésta fuese mala, Hay, sin embargo, otras objeciones que podrían oponerse a los cormunistas franceses. Se les reprocha el proponerse derrocar por la violencia el gobierno establecido en su país, y así lo han demostrado con-su política constante de conspiraciones y ligas secretas. Esto es verdad. Hasta los icarios, quienes se declaran en sus publicaciones enemigos de las revoluciones violentas y las ligas secretas, se hallan organizados también de este modo y aprovecharían sin duda de buen grado cualquier ocasión que se les deparase para implantar por la fuerza una república. Esto inducirá probablemente a objeciones, y con razón, ya que las sociedades secretas atentan siempre, evidentemente, contra las reglas más elementales de la prudencia, exponiendo a los interesados a innecesarias persecuciones por parte de la ley. Yo no me inclinaría a defender semejante política, pero hay que explicársela si se la quiere comprender, y se la puede uno explicar perfectamente por las diferencias que median entre ingleses y franceses en cuanto a carácter nacional y a forma de gobierno. La Constitución inglesa viene rigiendo desde hace ya cerca de ciento cincuenta años, sin interrupción; todos los cambios se han llevado a cabo por vías legales y bajo formas constitucionales; todo ello explica por qué los ingleses sienten tanto respeto por sus leyes. Francia, en cambio, presenció durante los últimos cincuenta años un cambio impuesto tras otro; y, tras un breve período de vigencia, fueron dejadas a un lado y sustituidas por otras todas las Constituciones, desde la democracia radical hasta el franco despotismo, y todas las leyes habidas y por haber. En estas condiciones, ¿cómo puede el pueblo sentir respeto por sus leyes? Y el resultado de todas estas conmociones, plasmado ahora en la Constitución y en la legislación francesas, es la opresión de los pobres por los ricos, sostenida por la violencia. Mal puede, siendo así, esperarse que los oprimidos sientan cariño por sus instituciones políticas, que no recurran de nuevo a los métodos de 1792. Las clases oprimidas saben que, si son algo, lo son precisamente porque contestan a la fuerza con la fuerza y, no disponiendo como actualmente no disponen, de otros medio, a nadie puede extrañarle que no duden ni por un instante en recurrir a éste.

Se preguntará también por qué los comunistas franceses no fundan comunas, como hacen los ingleses. Mi respuesta es: porque no se atreven. Si lo hicieran, hasta la más leve tentativa se vería reprimida por las tropas. De nada les serviría, por otra parte, aunque pudiesen hacerlo, Yo siempre he considerado como un simple experimento la colonia de “Harmony”,5% experimento encaminado a demostrar la viabilidad práctica de los planes de Owen y a obligar a la opinión pública a formarse una idea más favorable de los planes socialistas para mitigar la miseria de las masas. Pues bien, si esta interpretación nuestra no es equivocada, un experimento de esta naturaleza de nada serviría en Francia. No os preocupéis por demostrar a los franceses el carácter práctico de estos planes, pues ello los dejaría fríos e indiferentes, Lo que tenéis que hacerles ver, en cambio, es que vuestras comunas no someterán a la humanidad a un “férreo despotismo”, como recientemente ha sostenido el cartista míster Bairstow, en su controversia con míster Watts. De. mostradles que la verdadera libertad y la verdadera igualdad únicamente son posibles bajo las condiciones de la comunidad, que la verdadera justicia requiere idénticas condiciones, y si los convencéis de ello los tendréis a vuestro lado.

Pero, volvamos a las doctrinas sociales de los comunistas cabetianos. Su “libro sagrado” es el Voyage en Icarie (“Viaje a Icaria”) del padre Cabet, quien —dicho sea de pasada— fue en su día Procurador general de la República y también miembro de la Cámara de “Diputádos. “Las directrices generales de sus comunas no se distinguen gran cosa de las de Owen. Incorporan a sus planes prácticamente todos los: elementos racionales encontrados en las teorías de SaintSimon y Fourier y se hallan, por tanto, muy por encima de los viejos comunistas franceses. Por lo que se refiere al matrimonio, coinciden totalmente con los ingle. ses. Se hace todo lo humanamente posible por garantizar la libertad del individuo. Se preconiza la abolición de las penas y su sustitución por un sistema de educación de la juventud y la influencia racional y espiritual sobre los adultos.

Una curiosa particularidad que queremos hacer resaltar es la siguiente: mientras que, en general, los socialistas ingleses se manifiestan en contra del cristianismo, lo que los lleva a enfrentarse con todos los prejuicios religiosos de un pueblo realmente cristiano, los comunistas franceses profesan, en cambio, ideas cristianas, a pesar de formar parte de una nación famosa por su incredulidad. Una de sus tesis favoritas es la de que el cristianismo es el comunismo, “le Christianisme c'est le Com. munisme”. Es una tesis que intentan probar con apoyo en la Biblia, ale. gando que los primeros cristianos vivían en régimen de comunidad de bienes, etc. Pero todo eso sólo demuestra una cosa, y es que estas buenas gentes no figuran precisamente entre los mejores cristianos, aunque se hagan pasar por tales; si realmente lo fueran, conocerían mejor la Biblia y sabrían que, aunque algunos pasajes bíblicos parezcan preconizar el comunismo, el espíritu general de sus enseñanzas es absolutamente contrario a él, como a cualquier otra medida o concepción racional. .

El crecimiento del comunismo ha sido saludado por la mayoría de los espíritus eminentes de Francia; Pierre Leroux, el metafísico, George Sand, la valiente defensora: de los derechos de la mujer, el abate de Lamennais, autor de las Palabras de un creyente, y otros muchos, se muestran más o menos afectos a las doctrinas comunistas. Pero el escritor más notable en este respecto es Proudhon, hombre joven, que hace dos o tres años publicó su obra titulada Qwest ce que la propriété? (“¿Qué es la propiedad?” ),% pregunta a la que responde: “la propriété c'est le vol” (la propiedad es el robo). Es ésta, la obra más filosófica en lengua francesa escrita por un comunista, y si algún libro me gustaría ver traducido del francés al inglés es éste. En él se estudian el derecho de la propiedad privada y las consecuencias derivadas de esta institución, la competencia, la inmoralidad y la miseria, con una fuerza de inteli. gencia y en una investigación realmente científica como desde entonces no he vuelto ¿: verlas reunidas en un libro. Encontramos en esta obra, además, muchas importantes observaciones acerca de las formas de gobierno y, después de haber demostrado que toda forma de gobierno es igualmente impugnable, ya se trate de democracia, de aristocracia o de monarquía, ya que todas ellas gobiernan a. base de la violencia e, incluso en el mejor de: todos los casos posibles, .la fuerza de la mayoría ahoga la debilidad de-la minoría, el autor lega por último: al resultado que se expresa,en estas palabras: “Nous voulens- lanarchie!”. Lo que nosotros queremos y necesitamos es la anarquía, la ausencia de todo gobierno, la responsabilidad de todo individuo ante sí mismo y ante nadie más. . Acerca de este tema tendré ocasión de apuntar algo más cuando hable de los comunistas alemanes. Sólo me resta decir, por ahora, que el número de los comunistas franceses de Icaria se calcula, sobre poco más o menos, en- medio millón, sin contar a las mujeres y los niños. Es, como. se ve, una: falange muy considerable. Publican una revista mensual bajo el título del Populaire *? dirigida por el padre Cabet; además, P. Leroux da a las prensas una publicación, la Revue Indépendante? en-la que se defienden filosóficamente los principios del comunismo. : Manchester, 23 de octubre de 1843, Alemania y Suiza Alemania tuvo sus reformadores sociales ya en la época de la Reforma. Poco después de que Lutero comenzara a hacer labor de agitación en pro de la reforma de la Iglesia y a sacudir al pueblo en contra del poder clerical, se levantaron los campesinos del sur y el centro de Alemania en una sublevación general contra sus señores seculares. Lutero declaró que aspiraba a volver al cristianismo primitivo, en la doctrina y en las costumbres; lo mismo se proponían los campesinos y exigían, por tanto, la renovación del cristianismo de los primeros tiempos, no sólo en la Iglesia, sino también en la vida social. Las condiciones de servidumbre avasallamiento en que vivían eran consideradas por ellos como incompatibles con las doctrinas de la Biblia. Se hallaban sojuzgados por un puñado de insolentes condes y barones, saqueados día tras día y tratados como bestias, ninguna ley los amparaba y, si acaso había alguna que los protegiera, no se encontraba a nadie que se prestara a aplicarla. No cabe duda de que semejante estado de cosas distaba mucho de la comunidad de los primeros cristianos y de las enseñanzas de Cristo, tal como aparecen expuestas en la Biblia. Los campesinos se levantaron, pues, contra sus señores en una guerra que no podía ser sino una guerra de exterminio. El predicador Tomás Múnzer, a quien pusieron al frente de su' movimiento, lanzó: una proclama llena, como es natural, de todos los disparates religiosos y. supersticiosos de aquel tiempo, pero en la que, junto a otras cosas, se contenían principios como. éstos: según la Biblia, ningún cristiano tiene derecho a considerar como exclusivamente suya cualquier clase de propiedad; la comunidad de bienes es el único régimen adecuado para una sociedad de cristianos; a ningún buen cristiano le es lícito ejercer poder, imperio o autoridad sobre otros cristianos, ni desempeñar cargo alguno de gobierno o poderes hereditarios, sino que, por el contrario, así como todos los hombres son iguales ante Dios, así también deben ser iguales en la tierra... Estos postulados «no eran otra cosa que conclusiones lógicas de la Biblia y de los escritos del propio. Lutero; pero el reformador no estaba dispuesto a ir tan lejos como el pueblo, Pese:a lá valentía de que dio pruebas frente a las autoridades eclesiásticas, Lutero no se había sobrepuesto a los prejuicios políticos y sociales de su: tiempo. Con la misma fuerza con que creía en la' Biblia creta en el derecho divino de los príncipes y los señores»feudales a tratar'a puntapiés al pueblo. Y como, además, necesitaba contar con la protección de la nobleza y de los príncipes protestantes, escribió un panfleto contra los campesinos sublevados,% en el que, no contento con repudiar a los rebeldes, rechazando todo nexo con ellos, instigaba a la nobleza a reprimir con la mayor dureza la rebelión y a tratar a los rebeldes como a delincuentes contra la ley de Dios. “¡Matadlos como a perros!”, vociferaba, Es un panfleto escrito con tal ferocidad, con tal furia fanática contra el pueblo, que ha dejado una mancha imborrable sobre la memoria de Lutero; este documento prueba cómo, habiendo comenzado su carrera como hombre del pueblo, Lutero se puso más tarde totalmente al servicio de sus opresores. La sublevación fue aplastada al cabo de una guerra civil enorme. mente sangrienta, y los campesinos recayeron en la vieja servidumbre. Prescindiendo de unos cuantos casos aislados que no llegaron a ad. quirir estado público, puede afirmarse que, desde la guerra de los cam. pesinos hasta estos últimos tiempos, no ha habido en Alemania un partido de reformistas sociales. Durante los últimos cincuenta años, la opinión pública se vio demasiado absorbida por problemas de carácter puramente político o metafísico, a los que había que encontrar una respuesta antes de poder entrar a dilucidar con la tranquilidad y el co. nocimiento necesarios la cuestión social. Fueron, sin embargo, quienes, si alguien se lo hubiera propuesto, se habrían opuesto resueltamente a un sistema comunista los que allanaron el camino para su introducción. Últimamente, vuelve a debatirse el problema de la reforma social, pero ahora en el seno de la clase obrera alemana. Como Alemania cuenta con una industria fabril relativamente pequeña, la clase obrera alemana está formada en su gran mayoría por oficiales artesanos, que durante dos o tres años trabajan como operarios ambulantes a lo largo de Ale. mania, de Suiza y con frecuencia también de Francia, antes de estable. cerse como pequeños maestros. Esto hace que haya constantemente un gran número de obreros que marchan hacia París o vuelven de esta ciudad a su patria y que traban necesariamente conocimiento con los movimientos políticos y sociales de la clase obrera francesa. Uno de estos hombres, Guillermo Weitling, simple oficial sastre de Magdeburgo, en Prusia, tomó la decisión de crear en su país agrupaciones Comunistas. Este hombre, a quien debe considerarse como el fundador del co. munismo alemán, se trasladó a Suiza después de dos años de estancia en París, trabajó en un taller de sastrería de Ginebra y predicó a sus compañeros de trabajo un nuevo evangelio. Creó agrupaciones comunistas en todas las pequeñas y grandes ciudades situadas en la parte suiza del lago de Ginebra y ganó para sus ideas a la mayoría de los alemanes que allí trabajaban. Después de preparar de este modo la opinión pública, editó, con el fin de extender su labor de agitación en el país, una revista titulada “La Joven Generación”.*5 Aunque escrita exclusivamente para obreros y por un obrero, esta publicación fue desde el primer momento mejor que la mayoría de las revistas comunistas francesas, mejor incluso que el Populaire del padre Cabet. Enseguida se nota que quien la escribía tuvo que debatirse muy duramente hasta llegar a asi. milarse el saber histórico y político sin el que un publicista no puede desenvolverse y que una defectuosa formación le había sustraído hasta entonces. La revista revela también que Weitling se preocupaba continuamente por armonizar sus diferentes pensamientos e ideas acerca de la sociedad en un sistema coherente de comunismo. La Joven Generación comenzó a publicarse en 1841; al año siguiente, dio Weitling a las prensas una obra titulada “Garantías de la armonía y la libertad”s en la que criticaba el viejo orden social y esbozaba los rasgos fundamentales de un nuevo orden. Procuraré aprovechar la primera ocasión que se me presente para citar algunos de los pasajes de este libro. Después de haber creado, así, el núcleo de un partido comunista en Ginebra y sus alrededores, Weitling pasó a Zurich, donde algunos de sus amigos habían comenzado ya a influir sobre los obreros, exactamente lo mismo que en otras ciudades del norte de Suiza. Weitling comenzó a organizar su partido en estas ciudades. Bajo el nombre de “sociedades corales”, fueron creándose agrupaciones en las que se dis. Cutía la nueva estructuración de la sociedad. Al mismo tiempo, el promotor de todas estas actividades dio a conocer su propósito de publicar un libro que habría de titularse “El evangelio del pobre pecador”.9 Pero, al llegar aquí se interpuso la policía en su camino. El pasado mes de junio fue detenido Weitling y se procedió a confiscar sus papeles y su libro, antes de que éste saliéra de las prensas. El gobierno suizo nombró una comisión encargada de investigar el asunto y de someter un informe al Gran Consejo de los representantes del pueblo. Este informe se ha publicado hace varios meses.*? Por €l se ve que había en todos los lugares de Suiza un gran número de agrupa. ciones comunistas, integradas en su mayoría por obreros alemanes; que Weitling actuaba como dirigente del partido y hacía de tiempo en tiempo informes acerca de los avances de éste; que se mantenía en co. rrespondencia con otras agrupaciones alemanas similares de París y Lon. dres, y que todas estas sociedades, debido a los frecuentes cambios de residencia de sus:miembros, eran otros tantos semilleros en que se incubaban «de un modo conciente las “peligrosas y utópicas doctrinas” que los más viejos, exportaban a. Alemania, Hungría e Italia, inoculando su espíritu a cuantos obreros caían dentro de su zona de influencia. El informe fue'redactado por el Dr. Bluntschli, hombre de convicciones aristocráticas y- cristiano hasta el fanatismo; se comprende, pues, que el documento se “halle todo él concebido más bien en el estilo:de un escrito difamatorio y partidista que en el de un dictamen. oficial. sereno y objetivo. El comunismo se anatematiza aquí como una doctrina peli. grosa en el más alto grado, que socava todo el orden existente y destruye todos. los vínculos sagrados de la sociedad. El devoto doctor no en. cuentra palabras bastante enérgicas. para dar rienda suelta.a sus senti. mientos sobre las frívolas blasfemias con que estas gentes infames e incultas tratan de justificar sus nefandas y revolucionarias teorías al am. paro de pasajes de las Sagradas Escrituras. Weitling y su partido se asemejan mucho en esto a los comunistas franceses de Icaria y afirman que el cristianismo es el comunismo.

El resultado del proceso seguido a Weitling no respondió, ni con mucho, a las esperanzas del gobierno. de Zurich. A pesar de que, a veces, tanto Weitling como sus amigos se mostraban harto imprudentes en sus expresiones, no fue posible mantener en pie la acusación inicial a Garantien der Harmonie und Freiheit, de conspiración y alta traición. Los jueces penales condenaron a Weitling a seis meses de prisión y a ser expulsado para siempre de Suiza; los miembros de las agrupaciones de Zurich fueron proscritos de este cantón; pero, aunque el informe se comunicó a los gobiernos de los otros cantones y a las embajadas extranjeras, no se molestó gran cosa a los comunistas residentes en otras partes de Suiza. La persecución venía demasiado tarde y encontró poco apoyo en otros. cantones; no contribuyó para nada a la destrucción del comunismo, sino que más bien lo alentó por el gran interés que suscitó en todos los países de habla alemana. En Alemania, el comunismo, hasta entonces casi totalmente desconocido, atrajo sobre sí, a partir de este momento, la atención: general.:: Además de este partido, hay: en «Alemania otro que aboga también en pro del comunismo. 'El primero no "tardará, indudablemente, en agrupar en tomo suyo a toda la clase obrera alemana, ya que se trata de un partido "realmente popular, el otro partido, del que paso a ha. blar, es un partido filosófico; nada tiene que ver en cuanto a Su origen con los comunistas franceses ni con los ingleses y ha brotado de la filosofía, de la que tanto se- enorgullece Alemania desde los cincuenta años últimos. 00 Ñ La revolución política de Francia fue acompañada en Alemania por una revolución filosófica. Kant inició esta revolución, al derrocar el viejo sistema metafísico de Leibniz, implantado a fines del siglo xvIH en todas las universidades del continente. Fichte y Schelling acome. tieron las obras del nuevo edificio y Hegel se encargó de dar cima al nuevo sistema. Jamás, desde que el hombre se ha iniciado en el pensa. miento, ha existido un sistema filosófico tan vasto como el de Hegel. Lógica, metafísica, filosofía de la naturaleza, filosofía del espíritu, filosofía del derecho, de la religión y de la historia: todo aparece reunido en un sistema y reducido a un principio fundamental, Visto desde fuera, este sistema parecía inatacable, y lo era; fue derribado desde dentro, por obra de los mismos hegelianos. No puedo, como es natural, exponer aquí el desarrollo completo del sistema o de su historia y debo, “por tanto, limitarme a las siguientes observaciones.

La trayectoria de la filosofía alemana desde Kant hasta Hegel fue algo tan consecuente, tan lógico y, si vale expresarse así, tan necesario, que era imposible que existiera ningún otro al lado de los sistemas que hemos mencionado. Existían, es cierto, dos o tres, pero nadie les hizo caso; tan insignificantes se les consideraba, que nadie les hizo ni siquiera el honor de derribarlos. Pese a su imponente erudición y a la profundidad de su pensamiento, Hegel se entregó tan de lleno a los problemas abstractos, que no se cuidó de liberarse de los prejuicios de su tiempo, época de restauración de viejos sistemas políticos y religiosos. Pero sus discípulos pensaban de muy distinto modo acerca de estas cosas. Hegel murió en 1831; cuatro años después, en 1835, veía la luz la Vida de Jesús de Strauss, la primera obra que marca un avance por sobre las fronteras del hegelianismo ortodoxo. Vinieron luego otros, hasta que que en 1837 se levantaron los cristianos contra los que llamaban neohegelianos, denunciándolos como ateos y exigiendo que el Estado inter. viniera en contra suya. Pero el Estado no intervino, y la disputa siguió su curso. Para aquel entonces, los neohegelianos o jóvenes hegelianos eran tan poco concientes de las consecuencias contenidas en su propia manera de pensar, que rechazaban toda acusación de ateísmo y se llamaban cristianos y protestantes, aunque no admitían la existencia de un Dios que no era hombre y consideraban pura mitología la historia de los Evangelios. Hasta el año pasado no se reconoció como fundado el reproche de ateísmo, en un trabajo redactado por el autor de estas líneas." Los jóvenes hegelianos de 1842 eran ateos y republicanos declarados; la revista del partido, los “Anales Alemanes”, mantenía una actitud más radical y más abierta que nunca; se fundó un periódico político, y no tardó en hallarse totalmente en nuestras manos toda la prensa liberal de Alemania, “Teníamos amigos en casi todas las ciudades importantes del país; suministrábamos el material necesario a todos los periódicos liberales, convirtiéndolos por este medio en órganos nuestros; inundábamos al país de manifiestos y proclamas y pronto llegamos a dominar la opinión pública en cuantos problemas se planteaban. Un aflojamiento temporal de la censura de prensa redobló la energía de este movimiento, completamente nuevo para «una parte considerable del público alemán. Periódicos, publicados con la autorización de un censor gubernativo contenían cosas que hasta en Francia se pensarían como alta traición y otras que-en Inglaterra no podrían publicarse sin provocar un proceso por blasfemias, El movimiento fue tan rápido, tan súbito y se llevó adelante de un modo tan enérgico, que durante al gún tiempo se vieron arrastrados por él el gobierno y el público. Sin embargo, esta violencia de agitación sólo demostraba una cosa, y era que no descansaba sobre un partido fuertemente arraigado entre el pú. blico y que su fuerza respondía solamente a la sorpresa y la confusión en el campo enemigo. Tan pronto como los gobiernos recapacitaron, le cerraron el paso, recurriendo a la más despótica represión de la li. bertad de prensa. Se decretó la prohibición por docenas de manifiestos, periódicos y revistas y obras científicas, y el estado de excitación en que se hallaba el país se calmó rápidamente. Es evidente que una intromi. sión tan tiránica no podía detener el progreso de la opinión pública ni ahogar los principios defendidos por los agitadores; las persecuciones en nada aprovecharon a los poderes imperantes, pues es lo cierto que si ellos no hubiesen sofocado el movimiento se habría encargado de ponerle coto la indiferencia del público, de un público tan poco preparado como- el de cualquier otro país para los cambios radicales; y, aunque no hubiera sido así, la agitación republicana habría sido abandonada por los propios agitadores, convertidos ahora en comunistas por las mismas consecuencias de su filosofía, al ser llevadas hacia adelante. Los príncipes y gobernantes de Alemania, en el mismo momento en que creían haber aplastado para siempre las aspiraciones republicanas, vieron surgir el comunismo de entre las cenizas de la agitación política, y esta nueva doctrina se les apareció como más temible y peligrosa todavía que aquella otra que tanto se congratulaban de haber destruido, pero la verdad tan sólo en apariencia.

Ya en agosto de 1842 sostuvieron unos cuantos, dentro del partido, el punto de vista de que los cambios políticos son insuficientes y declararon que, a su juicio, el único estado de la sociedad compatible con sus principios abstractos era una revolución social, basada en la propiedad común. Pero ni los mismos dirigentes del partido, como por ejem. plo el Dr. Bruno Bauer, el Dr, Feuerbach y el Dr. Ruge, estaban dispuéstos en aquel entonces, a dar un paso tan decisivo, El órgano político del partido, la “Gaceta Renana”, publicó algunos trabajos abogando por el comunismo, pero sin obtener el éxito deseado. Y, sin embargo, el comunismo era una consecuencia tan necesaria de la filosofía de los jóvenes hegelianos, que ninguna oposición fue capaz de cerrarle el paso; en el transcurso de aquel mismo año tuvieron sus fundadores la satisfacción de ver que un republicano tras otro se sumaban a sus filas. Además del Dr. Hess, redactor de la Gaceta Renana, ahora prohibida, que fue en realidad el primer comunista dentro del partido, hay actualmente mu. chos más, como el Dr. Ruge, redactor de los Anales Alemanes, la revista científica de los jóvenes hegelianos, prohibida por decreto de la Dieta federal, el Dr. Marx, también redactor de la Gaceta Renana, el Dr, Herwegh, el poeta, cuya carta al rey de Prusia *2 fue traducida y publicada el invierno pasado por la mayoría de las revistas inglesas, y algunos más, y confiamos en que el resto del partido republicano se irá pasando poco a poco a nuestras filas, OS De este modo, es de creer que el comunismo filosófico se haya consolidado para siempre en Alemania, pese a todos los esfuerzos” que los gobiernos hacen por ahogarlo. Han logrado, dentro de su radio de jurisdicción, destruir la prensa, pero en vano; los partidos del progreso recurren a la prensa libre de Suiza y Francia, y sus publicaciones encuentran en Alemania la misma amplia difusión que si se editaran en el propio país. Todas las persecuciones y prohibiciones se han acreditado como estériles, y siempre lo serán; los alemanes son una nación filosófica y no quieren ni pueden renunciar al comunismo, mientras éste descanse sobre principios filosóficos sanos, muy especialmente cuando se desprende como consecuencia inevitable de su propia filosofía. Y esta es la tarea que ahora tenemos ante nosotros. Nuestro partido tiene que demostrar una de dos cosas: o que todos los esfuerzos filosóficos realizados por la nación alemana desde Kant hasta Hegel han sido baldíos —o peor aún que eso— o que esos esfuerzos deben necesariamente desembocar en el comunismo; que los alemanes tienen que abrazar el comunismo o repudiar a sus grandes filósofos, cuyos nombres representan el orgullo y la gloria de su nación. Y no cabe duda de que se demostrará esto; los alemanes se verán inevitablemente metidos dentro de este dilema, sin que quepa apenas dudar de cuál será el término de la disyuntiva por la que el pueblo se decidirá. La perspectiva de la fundación de un partido comunista entre las clases cultas de la sociedad es más favorable en Alemania que en ninguna otra parte. Los alemanes son una nación muy poco egoísta; cuando en Alemania pugnan los principios con los intereses, son casi siempre los primeros los que reducen al silencio las exigencias de los segundos. El mismo amor por los principios abstractos, la misma indiferencia ante la realidad y los propios intereses que han empujado a los alemanes a un estado de impotencia política, estas mismas cualidades son precisamente las que garantizan el éxito del comunismo filosófico en nuestro país. A los ingleses les parecerá muy peregrino el que un partido que se traza como meta la abolición de la propiedad privada esté formado precisamente por gentes que figuran entre los propietarios, y eso es, sin embargo, lo que sucede en Ale. mania. Nuestras filas sólo pueden llenarse con elementos procedentes de las clases que han adquirido una excelente cultura, es decir, que vienen de las universidades o de la clase dedicada al comercio, y en ninguna de estas dos clases hemos tropezado hasta ahora con grandes obstáculos.

En cuanto a las doctrinas concretas de nuestro partido, coincidimos con los socialistas ingleses en medida mucho más considerable que con cualquier otro partido. Su sistema descansa, al igual que el nuestro, en principios filosóficos; los socialistas ingleses luchan, como nosotros, con. tra los prejuicios religiosos, mientras que los franceses repudian la filosofía y eternizan la religión, deslizándola dentro de sus planes de la nueva sociedad. Los comunistas franceses sólo pudieron ayudarnos en las primeras fases de muestro desarrollo, y pronto hemos podido cónvencernos de que sabíamos nosotros más que muestros maestros; pero de los socialistas ingleses tendremos todavía mucho que aprender. Aunque nuestros principios fundamentales nos suministren una base más amplia, ya que los hemos tomado de un sistema filosófico que abarca todos los campos del saber humano, en cuanto se refiere a la práctica, a los hechos del estado actual de la sociedad, vemos que los socialistas. ingleses nos llevan mucha ventaja y dejan muy pocas cosas sin resolver. Aparte de esto, puedo afirmar que-me. he encontrado con socialistas ingleses con los que coincido en casi todos los puntos... 0 ? - No puedo entrar a exponer aquí este sistema comunista sin alargar demasiado mi artículo, pero me propongo hacerlo pronto, si el. editor del New Moral World *% pone a mi disposición el espacio necesario para -ello, 'Terminaré, pues, afirmando que, a despecho de las persecuciones de los gobiernos alemanes (me han dicho que en Berlín ha sido proce. sado el señor Edgar Bauer por una publicación comunista 1% y-que en Stuttgart han condenado a otra persona, acusada del novísimo y peculiar delito de mantener “correspondencia comunista”), se dan todos los pasos necesarios para poner en marcha una eficaz agitación en pro de la reforma social, para fundar una nueva revista y asegurar la difusión de todos los escritos en los que se defiende el comunismo.

F, EnceLs