LA PROHIBICION DE LA "GACETA GENERAL DE LEIPZIG" ¡1341 LA PROHIBICióN DE LA "GACETA GENERAL DE LEIPZIG" DENTRO DEL ESTADO PRUSIANO [Rheinische Zeitung, núm. 1, 1 de enero de 1843] La prensa alemana inicia el nuevo año bajo auspicios aparentemente tristes. La prohibición que acaba de ser decretada contra la Gaceta General de Leipzig dentro de los Estados prusianos, echa por tierra, creemos que de un modo bastante terminante, los sueños acerca de las grandes concesiones del futuro con que se engañaban a sí mismos los optimistas. Y como este periódico, que aparece bajo la censura sajona, ha sido prohibido por sus manifestaciones acerca de los asuntos de Prusia, a nadie le es lícito abrigar a la vista de ello la esperanza de que seamos libres para comentar, sin la ingerencia de la censura, nuestros propios asuntos interiores. Esta consecuencia de hecho no creemos que pueda ser refutada por nadie. Los principales reproches que se han formulado en contra de la Ca. ceta General de Leipzig son, sobre poco más o menos, los siguientes: "Propala rumores tras rumores, la mitad de los cuales, por lo menos, resultan luego ser falsos. Además, no se atiene a los hechos, sino que pretende indagar los motivos a que responden; y, por muy infundados que sean con frecuencia sus juicios, los expone siempre con un tono categórico de infalibilidad, y no pocas veces con la más reprobable de las pasiones. Su comportamiento es inseguro, indiscreto, ligero, en una palabra malo." Suponiendo que todas estas acusaciones sean realmente fundadas, cabe preguntarse si van dirigidas en realidad contra los malos manejos de la Gaceta general alemana o son más bien acusaciones que cabría formular, en general, contra el carácter inevitable de la prensa del pueblo, cuando ésta da sus primeros pasos. ¿Se trata simplemente de la e~ tencia de cierto tipo de prensa o se trata más bien de la inexistencia de la prensa real, es decir, de la prensa del pueblo? La prensa francesa, la inglesa, cualquier prensa, iniciaron su carrera al igualar que la prensa alemana, y todas ellas han merecido y recibido los mismos reproches. La prensa no es ni tiene por qué ser 4i6tra cosa que el franco, muchas veces sin duda apasionado, exagerado en -

sus expresiones y equivocado, diario pensar y sentir de un pueblo que realmente piensa como pueblo". De ahí que sea siempre, como la vida misma, algo que se halla en constante flujo, que jamás puede considerarse acabado. Es algo que vive en el pueblo y percibe y trasluce honradamente, todos sus temores y esperanzas, sus amores y sus odios, sus alegrías y sus penas. Y proclama en alta voz lo que cree percibir con temor y con esperanza y, al hacerlo, procede violentamente, apasionadamente, unilateralmente, dejándose llevar en cada momento de sus estados de ánimo y sus emociones. Ya mañana se encargará ella misma de corregir los errores en que hoy haya incurrido en sus juicios y su exposición de los hechos. Esa es la política verdaderamente "sana" y "natural", que, por lo demás, sus adversarios parecen preconizar. Los reproches que en los últimos días se han hecho en una alentada a la "prensa" joven se destruyen los unos a los otros. Fijaos, se nos dice, en cuán serena, prudente y moderada es la actitud de los periódicos ingleses y franceses. Se basan siempre en la vida real, sus puntos de vista son los que corresponden a una fuerza efectiva, no adoctrinan al pueblo, sino que son las verdaderas doctrinas del pueblo y de sus partidos. Vosotros, en cambio, no manifestais los pensamientos y los intreses del pueblo, sino que los haceís vosotros mismos o, mejor dicho, se los imputa. Sois vosotros quienes creais el espíritu de partido, en vez de ser obra de él. Y así, se le reprocha a la prensa, unas veces, que no existen partidos políticos y, otras, que la prensa trata de poner remedio a esto, creándolos. Pero es algo que se comprende de suyo. Allí donde la prensa es joven, tiene que serlo también el espíritu del pueblo, y es evidente que el pensamiento político diario y franco de un espíritu del pueblo que acaba apenas de despertar tiene que ser necesariamente más informe, más prematuro que el que se ha engrandecido y hecho fuerte y seguro de sí en las luchas políticas. Y, sobre todo, el pueblo cuyo sentido político despierta apenas no se preocupa tanto de la exactitud efectiva de tales o cuales datos como del alma moral que los anima y que habla en ellos; hecho o invención fabulosa, lo importante es que estemos ante la encarnación de los pensamientos, los temores, las esperanzas del pueblo; no importa que se trate de un cuento de hadas. El pueblo ve esto, ve su propia esencia reflejada en la esencia de su prensa y, si no lo viera, si creyera estar ante algo insignificante, no se entusiasmaría ante ello, pues un pueblo no se deja fácilmente engañar. No importa que la joven prensa se comprometa y equivoque diariamente que se deje llevar de las malas pasiones: lo importante es que el pueblo ve reflejado en ella su propia realidad y sabe que, por mucho veneno que puedan destilar la malignidad o el falso entendimiento, su esencia se mantiene siempre pura y apegada a la verdad y que el veneno, al correr por el fluido vital de la sangre, marcha siempre hacia la verdad y se convierte en una saludable medicina. El pueblo sabe que su prensa carga con sus pecados, se humilla por ellos y, pensando siempre en su gloria y re-

nunciando a todas las sinecuras, busca siempre la verdad entre las espinas del duro presente. Los reproches que se dirigen a la Gaceta general de Leipzig, deben ser interpretados por nosotros, pues, como dirigidos a la joven prensa del pueblo, es decir, a la prensa real y verdadera, pues por sí solo se comprende que la prensa no puede llegar a ser una realidad sin pasar por sus etapas de desarrollo necesarias, que descansan sobre su propia esencia. Para nosotros, quienes repudian la prensa del pueblo repudian en verdad el espíritu político de este pueblo. Y, sin embargo, hemos declarado el comienzo de este artículo que los auspicios de la prensa alemana son, al parecer, tristes. Y así es en realidad, pues luchar contra una existencia es la primera forma de su reconocimiento, de su ser real y de su fuerza. Y solamente la lucha puede convencer tanto al gobierno como al pueblo y la prensa misma de los títulos de legitimidad reales y necesarios que la prensa ostenta. Solamente ella, la lucha, puede demostrar si estamos simplemente ante una concesión o ante una nece. sidad, ante una ilusión o ante una verdad. LA "GACETA DE COLONIA" Y LA PROHIBICióN DE LA "GACETA GENERAL DE LEIPZIG" [Rheinische Zeitung, núm. 4, 4 de enero de 1843] En su número de 31 de diciembre, la Gaceta de Colonia, publica, bajo el signo de su corresponsal "Leipzig 27" un artículo en el que, casi en tono de júbilo, da cuenta de la prohibición de la Gaceta General de Leípzig. Téngase en cuenta que la orden de gabinete por la que se decreta la prohibición de dicho periódico y que publica la Gaceta del Estado de ayer aparece fechada el 28 de diciembre. El misterio se explica simplemente haciendo constar que el 31 de diciembre nos trajo el correo la noticia de la prohibición del periódico de Leipzig y que la Gaceta de Colonia creyó oportuno escribir, además de la correspondencia, el corresponsal, asignando como domicilio a su solvente voz la ciudad de Leipzig. La fantasía "mercantil" de la Gaceta de Colonia ha sido lo suficientemente "lista" para embrollar los conceptos. Puso la residencia de la Gaceta de Colonia en Leipzig, porque la residencia de la Gaceta de Leipzig en Colonia se había vuelto imposible. Y si la redacción de la Gaceta de Colonia, reflexionando más fríamente, quisiej< ra defender como una verdad de los hechos lo que no es más que er juego de su fantasía, nos veríamos obligados a añadir al mítico artículo del corresponsal de Leipzig un hecho más que "traspasa todas las fronteras del decoro y que los más prudentes y moderad'ts entre nosotros tienen que considerar como una indiscreción intolerable".

Por lo que se refiere a la prohibición de la Gaceta General de Leipzig, ya hemos expuesto nuestro modo de ver. !lfo hemos rechazado como una pura especulación las acusaciones hechas contra dicho periódico, pero hemos afirmado que estamos ante fallas nacidas de la esencia misma de la prensa del pueblo y que, por tanto, es necesario tolerar en su trayectoria de desarrollo, a menos que quiera cortarse el vuelo de ésta. La Gaceta General de Leipzig no es toda la prensa del pueblo alemán, pero es, sin duda, parte integrante de ella. Los diferentes elementos que forman la naturaleza de la prensa del pueblo, al desarrollarse de un modo natural, conducen necesariamente a una conformación peculiar de cada uno de ellos. Eso explica por qué el cuerpo total de la prensa del pueblo tiene que bifurcarse en los diferentes periódicos con los diferentes caracteres propios de ellos y que se complementan mutuamente. Y si en unos, por ejemplo, brilla la ciencia política, en otros se pone de relieve la práctica política, si en unos se afirma y prevalece el nuevo pensamiento, en otros se abren paso los nuevos hechos. Y la "buena" prensa del pueblo sólo podrá abrirse camino así, si los elementos que la integran encuentran realmente un desarrollo libre e independiente, cada uno de por sí; es decir, solamente así llegará a desarrollarse la prensa del pueblo que agrupe armónicamente todas las verdaderas facetas del espíritu del pueblo, de tal manera que cada periódico tenga presente ante sí el verdadero espíritu moral, lo que hará que cada rosa exhale su perfume y su alma. Ahora bien, para que la prensa pueda cumplir con el destino que tiene trazado es necesario, ante todo, que no se le trate de imponer ningún destino desde fuera y se la rodee de todos los cuidados y atenciones de que hay que rodear a la planta para que florezca, que se reconozcan sus leyes interiores, a las que no es posible sustraerla sin caer en la arbitrariedad. LA BUENA Y LA MALA PRENSA Rheinische Zeitung, núm. 6, 6 de enero de 1843] Hemos tenido que escuchar ya muchas cosas en abstracto acerca de la "buena'' y la "mala" prensa. Tratemos ahora de ilustrar la diferencia a la luz de un ejemplo. La Gaceta de Elberfeld [1351 de 5 de enero, en un articulo fechado en dicha ciudad, se califica a sí misma de "buena prensa". He aquí la noticia que publica dicho periódico: "Berlín, 30 de diciembre. La prohibición de la Gaceta General de Leipzig ha producido aquí, en general, poca impresión." En cambio, la Gaceta de Düsseldorf [1361 coincidiendo con la Gaceta Rena1Ul, informa:

"Berlín, 1 de enero. La prohibición incondicional de la Gaceta de Leipzig ha despertado aquí una enorme sensación, ya que los berlineses leían con gusto dicho periódico", etc. ¿Qué prensa es la "buena" o la "mala", cuál es la "verdadera" prensa? ¿La que expresa la realidad, o la que expresa la realidad deseada? ¿Cuál representa a la opinión pública y cuál la deforma? ¿Cuál merece, por tanto, la confianza del estado? La declaración de la Gaceta de Colonia no nos satisface. En su réplica a nuestra versión de que se mostraba "casi jubilosa" 'al dar cuenta de la prohibición de la Gaceta General de Leipzig, se remite, no sólo a la parte estadística, sino a una errata. Errata que, naturalmente, no podía pasar desapercibida para la Gaceta General de Leipzig. RÉPLICA AL ATAQUE DE UN PERióDICO "MODERADO" [1371 [Rheinische Zeitung, núm. 8, 8 de enero de 1843] Un periódico renano tan moderado como la Gaceta General de Augs. burgo, de lenguaje diplomático, es decir, un periódico de fuerzas muy equilibradas, carácter muy circunspecto e inteligencia muy prudente ha tergiversado nuestra afirmación de que la "Gaceta General de Leipzig es necesariamente parte integrante de la prensa del pueblo alemán", convirtiéndola en la aseveración de que la mentira es parte necesaria de la prensa. No vamos a escandalizarnos porque este periódico tan rno. derado arranque una frase suelta del contexto de nuestro razonamiento y no considere digno de su alta y honorable atención al artículo incriminado, al igual que un planteamiento anterior. Del mismo modo que no podemos pedir a nadie que se salga de su propia piel, no se nos ocurre demandar que un individuo o un partido se salga de su piel espiritual, dé un salto mortal por encima de los límites de su horizonte intelictivo; sobre todo, tratándose de un partido que considera sagradas sus propias limitaciones. No nos detendremos, pues, a examinar lo que aquella moradora del justo medio intelectual habría debido hacer para refutamos, sino que nos limitaremos a exponer los hechos reales. Ante todo, enumera los viejos pecados de la Gaceta General de Leipzig, la actividad mantenida por ella ante los asuntos hannoverianos,(l38l su polémica partidista contra el catolicismo ( hinc illae lacrimas! a ¿AcaSj nuestra amiga acusaría de los mismos pecados mortales, sólo que el sentido contrario, a las Hojas Políticas de Munich? [139l) sus chismes y chácharas, etc., etc. Esto nos trae a la memoria una imagen resumida de la Avispa [HoJ de Alphonse Karr. El señor Guizot, se dice allí, a De ahí aquellas lágrimas.

pinta al señor Thiers y el señor Thiers al señor Guizot como traidor a la patria y, desgraciadamente, los dos tienen razón. Si todos los periódicos alemanes de la vieja escuela quisieran echarse en cara su pasado, el proceso sólo podría girar en torno a una cuestión formal, a saber: si han pecado por lo que hicieron o por lo que dejaron de lulcer. Con gusto reconoceríamos a nuestra amiga que le lleva a la Gaceta General de Leipzig la inocente ventaja de no haber tenido una mala existencia, sino de no haber tenido existencia alguna. Sin embargo, nuestro incriminado artículo no hablaba del carácter pasado, sino del carácter actual de la Gaceta general de Leipzig, aunque, como fácilmente se comprende, tendríamos objeciones no menos serias que hacer contra una prohibición de la Gaceta de Elberfeld, del Corresponsal de Hamburgo o de la Gaceta del Rin y del Mosela, que ve la luz en Coblenza, ya que el estado de derecho no sufre alteración por el carácter moral y, menos aún, por las ideas políticas y religiosas de los individuos. Y la falta de garantías jurídicas de la prensa se halla por encima de toda duda, desde el momento en que su existencia se hace depender de su manera de pensar. Hasta ahora, no existe, en efecto, ningún código de las intenciones, como no existe tampoco ningún tribunal llamado a juzgarlas. A la última fase de la Gaceta General de Leipzig atribuye nuestro periódico "moderado" una serie de hechos falsos, mentiras y tergiversaciones, lo que explica su indignación moral al denunciar que nosotros consideramos la mentira como un elemento necesario de la prensa del pueblo. ¿Y si nosotros dejáramos pasar esta temible conclusión, si afirmáramos, en efecto, que la mentira constituye un elemento necesario de la prensa del pueblo y, concretamente, del pueblo alemán? Y, al decir esto, no nos referimos a la mentira intencional, espiritual, sino a la mentira en los hechos, a la mentira corpórea. ¡Apedreadlol ¡Apedreadlo!, gritaría nuestra amiga cristiana. ¡Apedreadlo! ¡Apcdreadlo! repetiría a gritos todo el coro. Pero, no nos precipitemos, tomemos el mundo tal y como es, no seamos unos ideólogos y otorguemos a nuestra amiga el testimonio de que tampoco ella lo es. Que el periódico "moderado" se para a echar un vistazo sobre sus propias columnas y vea si no es verdad que también él, como la Gaceta Prusiana del Estado, como todos los periódicos alemanes y todos los del mundo, publican diariamente mentiras de París, chismes y chácharas acerca de los inminentes cambios ministeriales en Francia, falsedades que al día siguiente, a la hora siguiente, desmiente cualquier periódico parisino. ¿Y acaso la Gaceta del Rin y del Mosela no considera la mentira efectiva como un elemento necesario bajo las rúbricas de Inglaterra, Francia, España, Turquía y, en cambio, como un delito condenable, merecedor de la pena de muerte, cuando se trata de la rúbrica de Alemania o de Prusia? ¿Por qué estos dos pesos y medidas? ¿Por qué esta doble manera de ver la verdad? ¿Por qué el mismo periódico tiene que revelar en una columna la frívola indiferencia de un mensajero de novedades y en la otra columna la seca irrefutabilidad de una hoja oficiosa? Ma-

nifiestamente, porque para los periódicos alemanes existe un tiempo francés, inglés, turco o español, pero no existe un tiempo alemán, sino solamente una intemporalidad alemana. ¿No son más de elogiar y deben ser elogiadas por razón de estado los periódicos que siguen todo lo que pasa con atención vigilante, un febril interés y una dramática tensión, que sigue ante todo la historia de cada día, arrebatándosela al extranjero y conquistándola para la patria? ¡No importa que con ello provoquen el descontento y la inquietud, con tal de que éstos sean un descontento y una inquietud alemanes! ¡Por lo menos, por este camino le devolverán al estado los espíritus que se han vuelto de espaldas a él, aunque sean espíritus descontentos e inquietos! Estos espíritus no sólo se hallarán animados por el temor y la esperanza, las alegrías y las penas y, sobre todo, una participación real por lo que ocurre en el estado; el estado será, para ellos, un asunto propio, cercano a su casa y a su corazón; en vez de poner sobre el mapa político de Alemania, como capitales, a Londres, París o San Petersburgo, pondrán a Berlín, Dresden y Hannóver, hazaña más digna de ser rememorada que el traslado de la capital del imperio de Roma a Bizancio. Ahora bien, si los periódicos alemanes y prusianos que se trazan como meta poner a Prusia y Alemania en el centro del interés son arrojados por la misteriosa esencia sacerdotal del estado a un mundo de profanos al que no es accesible la luz, que no puede convertirse en la carne y la sangre del estado; si, en lo tocante a la verdad de los hechos se hallan por debajo de la prensa francesa e inglesa, si se comportan con frecuencia de un modo torpe y desmañado, no debemos extrañarnos de que los alemanes sólo conozcan de oídas lo que es su estado, y las puertas cerradas no son como las gafas ni el estado secreto es el estado público. Ni hay que culpar a los periódicos de lo que sólo es culpa del Estado, una falta que es precisamente la que los periódicos tratan de corregir. Lo repetimos, pues, una vez más: "La 'Gaceta general de Leipzig' es parte necesariamente integrante de la prensa del pueblo alemán". Ella ha satisfecho preferentemente el interés por los hechos políticos, mientras que nosotros hemos tratado preferentemente de satisfacer el interés por el pensamiento político, y huelga decir que ni los hechos excluyen el pensamiento ni el pensamiento descarta los hechos, sino que aquí se trata del carácter predominante, de la característica diferencial. RÉPLICA A LA DENUNCIA DE UN PERióDICO "VECINO" [Rheinísche Zeitung, núm. If lO de enero de 1843] Sería contrario a toda regla que la "buena" prensa no tratara ahora, en Alemania, de alcanzar por todos los medios sus entorchados de genera1 y, a la cabeza de ella, la profetiza Hulda [141l de Augsburgo, a la qtft: tt

ahora, respondiendo a sus reiteradas tentaciones, sacamos a bailar. Hoy, tenemos que vérnoslas con nuestra inválida vecina, la venerabilísima Gaceta de Colonia. Toujours perdrix.b En primer lugar, "algo provisional" o "provisionalmente, algo", una papeleta que queremos anticipar a su denuncia de hoy, para hacernos presentes, una de esas amabilísimas historietas con las que la Gaceta de Colonia sabe hacerse respetar del gobierno, hacer valer la "verdadera libertad" en frente de la "arbitrariedad" y ponerse "límites" desde dentro. El lector bien dispuesto recordará cómo en el núm. 4 de la Gaceta Renana se acusaba directamente a la Gaceta de Colonia de haber fabricado en su redacción el artículo de su corresponsal en Leipzig en que se daba cuenta, casi en tono de júbilo, de la tantas veces aludida prohibición y como aconsejábamos muy bien intencionalmente a di. cho periódico que se abstuviera de asumir una defensa seria del citado documento, haciéndole saber que, en caso contrario, nos veríamos obligados a divulgar otro hecho desagradable, "en relación con el mírico artículo del corresponsal de Leipzig". Y el amable lector recordará también la dócil y elusiva réplica de la Gaceta de Colonia del 5 de enero a nuestra dúplica del núm. 6 y el "penoso silencio" que la Gaceta de Colonia crea oportuno adoptar a la vista de ella. La cuestión litigiosa es la siguiente: la Gaceta de Colonia encontraba la prohibición de la Gaceta General de Leipzig justificada por una noticia que "traspasa todas las fronteras del decoro y que los más prudentes y moderados entre nosotros tienen que considerar como una indiscreción intolerable". Se aludía con ello, sin duda alguna, a la publicación de la carta de Henvegh.f1421 Y probablemente podría compartirse este punto de vista de la Gaceta de Colonia si no diera la casualidad de que ella misma había considerado oportuno comunicar a sus lectores la carta en cuestión, aunque ciertos "límites" que se le opusieran "desde fuera" le impidieron realizar su buena intención. Con ello no queremos, ni mucho menos, imputar a la Gaceta de Colonia un proceder desleal, pero sí debemos dejar al criterio del público el juzgar si no constituía una discreción comprensible, si no tras. pasaba todas las fronteras del decoro y de la moral pública el imputar al vecino como delito punible con la muerte el mismo hecho que uno mismo había estado a punto de cometer y que sólo un obstáculo externo impidió que se convirtiera en hecho propio. A la vista de esta explicación, no puede a uno extrañarle que la conciencia culpable de la Gaceta de Colonia nos conteste hoy con una denuncia. He aquí sus palabras: "Se afirma allí" (es decir, en la Gaceta Renana) "que el tono extraordinariamente agudo, casi tajante, y desde luego muy desagradable, que la prensa adopta en contra de Prusia no tiene más fundamento que el llamar la atención b Siempre perdiz (es decir, siempre lo mismo).

del gobierno. En efecto, el pueblo está ya al cabo de la calle en lo que se refiere a la oquedad característica de las formas de gobierno existentes; ni el pueblo ni la prensa tienen ninguna confianza en estas instituciones, y menos aún en que puedan desarrollarse desde dentro." Y la Gaceta de Colonia acompaña dichas palabras de la siguiente exclamación: "¿Cómo no asombrarse al ver que, al lado de semejantes manifestaciones, resuenan las voces quejándose de la falta de libertad de prensa? ¿Acaso puede aspirarse a más que a la libertad de decir a la cara del gobierno que 'todas las instituciones del estado son una basura y que ni siquiera sirven para dejar paso al advenimiento de algo mejor'?" Debemos decir algo, ante todo, acerca del modo de hacer las citas. El autor del artículo en cuestión [1431 se pregunta cuál es la explicación del tono destemplado que la prensa adopta con respecto a Prusia. Y contesta: "A mí me parece que la razón hay que buscarla, principalmente, en lo que sigue". No afirma lo que la Gaceta de Colonia le atribuye, a saber, que no exista ninguna otra razón, sino que expone su punto de vista sencillamente como su propia opinión, como su apreciación individual. El autor dice, además, cosa que la Gaceta de Colonia pasa por alto, que "el auge de 1840 se infundió, en parte, en las formas de gobierno, a las que se dio vida y plenitud". Se percibe sin embargo, "que el espíritu del pueblo pasa de largo ante ellas, apenas las tiene en cuenta y no se ha acostumbrado todavía a reconocerlas corno transición hacia un desarrollo más alto, o no ha sabido comprenderlas". Y continúa diciendo el autor: "No entraremos a examinar si dichas formas pueden invocar un derecho; el caso es que ni el pueblo ni la prensa tienen plena confianza en las instituciones y, menos aún, en la posibilidad de lograr un desarrollo partiendo de ellas y desde abajo." La Gaceta de Colonia convierte la "plena confianza" en "ninguna confianza" y prescinde, en la í1ltima parte de la citada frase, de las palabras "y desde abajo", lo que modifica totalmente el sentido de la afirmación.~~! La prensa, continúa diciendo nuestro autor, se ha dirigido constan• temente al gobierno porque "parecía tratarse siempre de las formas mismas dentro de las cuales es posible hacer valer frente al gobierno la legítima voluntad moral, los ardientes deseos y las necesidades del pue~lo, err;tple~n?o para ello un lenguaje libre,_ abierto y de peso". El art. hculo mcnmmado resume todos estos pasa1es y la Gaceta de Colonia¡,

por su parte, le hace decir que afirma "a la cara del gobierno" "que todas las instituciones del estado son una basura y que ni siquiera sirven para dejar paso al advenimiento de algo mejor". ¿Acaso se trata aquí de todas las instituciones del estado? Se trata solamente de aquellas formas de gobierno en las que "la voluntad del pueblo" puede manifestarse "libre, abiertamente y con peso". Pues bien, ¿cuáles han sido hasta ahora estas formas de gobierno? Evidentemente, sólo las Dietas provinciales. ¿Y podemos decir que el pueblo tenga una esencial confianza en ellas? ¿Confía el pueblo en que, partiendo de ellas, se llegue a un gran desarrollo popular? ¿Las ha considerado el leal Bülow.Cummerow como una verdadera expresión de la voluntad del pueblo? Pero no son solamente el pueblo y la prensa, sino que también el gobierno ha reconocido que faltan todavía las formas de gobierno, ya que, de otro modo, no habría considerado necesario proceder a crear una nueva forma, que son los "Comités"J114l Ahora bien, que tampoco son suficientes los Comités, bajo su forma actual, no lo hemos afirmado solamente nosotros; lo ha afirmado también la Gaceta de Colonia con referencia al miembro de un Comité. Queda la otra afirmación, la de que las formas de gobierno, precisamente en cuanto formas, se enfrentan al contenido y de que el espíritu del pueblo no se siente "a gusto" en ellas como en sus propias formas, no las considera como las formas de su propia vida. Esta afirmación se limita a repetir lo que han manifestado muchos periódicos prusia. nos y extranjeros, sobre todo los autores de tendencia conservadora, a saber, que la burocracia es todavía demasiado poderosa y que la vida del estado no corre a cargo del estado todo, sino solamente de una parte de él, que es el "gobierno". Falta saber hasta qué punto las formas de gobierno actuales sean las adecuadas, en parte para infundirles un contenido vivo y en parte para complementarlas con las formas de gobierno indicadas, pero la respuesta a esta pregunta debería la Gaceta de Colonia buscarla allí donde nosotros nos referimos a las Dietas provinciales y a los Comités provinciales en relación con nuestra organización del estado en su conjunto y, si así lo hiciera, encontraría allí la información congruente incluso con su sabiduría. "Nosotros no exigimos que, en la representación popular, se haga caso omiso de las diferencias realmente existentes, sino que exigimos, por el contrario, que se tengan en cuenta las diferencias reales, creadas y condicionadas por la estructura interna del estado". "Exigimos tan sólo la consecuente y total aplicación de las fundamentales instituciones prusianas; exigimos que se abandone de pronto la vida real y orgánica del estado, para recaer en esferas de vida irreales, mecánicas, supeditadas, no estatales" ( Gaceta Renana, año 1842, núm. 345). Pues bien, ¿qué nos hace decir la honorable Gaceta de Colonia?: "que todas las instituciones del estado son una basura y que ni siquiera sirven para dejar paso al advenimiento de algo mejor". Llega uno a pensar que la Gaceta de Colonia pretende suplir la carencia de propia intrepidez mediante el recurso de atribuir a otros los insolentes abortos de su cobarde, pero petulante fantasía.

' LA DENUNCIA DE LA "GACETA DE COLONIA" Y LA POLÉMICA DE LA "GACETA DEL RIN Y DEL MOSELA'' [Rheinische Zeitung, núm. 13, l3 de enero de 1843] "Votre front a mes yeux montre peu d'allégresse! Serait-ce ma présence, Eraste, qui vous blesse? Qu'est-ce done? qu'avez-vous? et sur quels déplaisirs, Lorsque vouz me voyez, pussez-vous des soupirs?" e [140] Ante todo, estas palabras dedicadas a nuestra vecina, "la de Colonia". La Gaceta de Colonia no se extiende acerca de su "supuesta denuncíd', deja a un lado este punto fundamental y se limita a quejarse de que la "redacción" se ha visto, con este motivo, arrastrada a la lucha del modo más desagradable. Sin embargo, nuestra buena vecina, si un co. rresponsal de la Gaceta de Colonia identifica a uno de nuestros corresponsales en Berlín con la Gaceta Renana, ¿por qué la Gaceta Renana no ha de poder identificar al corresponsal berlinés que replica en las columnas de la Gaceta de Colonia con la Gaceta de Colonia misma? Pero, viniendo a los hechos: (La Gaceta Renana) '·'no nos atribuye ningún hecho, sino solamente una intención". Lo que nosotros atribuimos a la Gaceta de Colonia no es solamente una intención, sino el hecho de abrigarla. Un hecho, la publicación de la carta de Herwegh, se vio convertido para la Gaceta de Colonia, gracias a ciertas contingencias externas, en una simple intención, a pesar de que ésta se había convertido ya en un hecho. Todo hecho frustrado recae en una mera intención, pero ¿quiere esto decir que se vea así sustraído a los tribunales de justicia? En todo faso, no dejaría de ser una curiosa virtud la que busca la justificación de sus actos en el hecho fortuito que los ha frustrado, que ha impedido que se convirtieran en hechos y se quedaran en meras intenciones. Ahora bien, nuestra leal vecina plantea, no precisamente a la Gaceta Renana, sobre la que abriga la lamentable sospecha de que no es lo suficientemente "honesta y consciente''' para poder darle una respuesta, sino "a aquella pe. queña parte del público que tal vez no ve todavía completamente claro en cuanto a la creencia que merecen las sospechas" (aunque más bien debiera decir, la defensa contra las sospechas) "de este periódico"; pero, se pregunta la Gaceta de Colonia, "¿por dónde sabe la Gaceta Renana que abrigábamos esta intención" (es decir, la de publicar la carta del Herwegh) "y no la contraria" (signo haud probato) d "para añadir 1a admonición que la pueril petulancia del autor ha merecido?" Ahora e "Mostrais ante mis ojos una frente sombría. 1 ¿Es acaso mi presencia la que os disgusta, ¡Oh, Erastol? 1 ¿Qué es, entonces? ¿Qué os sucede? ¿Qué es lo que os des· place, f Y os hace suspirar, solamente con verme?" d No sostenida en ninguna prueb¡.

LA PROHIBICióN DE LA "GACETA DE LEIPZIG" 3D7 bien, ¿por dónde sabe la Gaceta de Colonia qué intenciones movían la publicación de ese documento en la Gaceta General de Leipzig? ¿Por qué no había de ser simplemente la inocente intención de dar a conocer una noticia? ¿Y por qué no la intención muy leal simplemente de traer aquella carta ante el foro de la opinión pública? Vamos a contarle a nuestra vecina una anécdota. En Roma esta prohibida la publicación del Corán. Pero un taimado italiano supo encontrar la salida al problema. Publicó una refutación del Corán, es decir, un libro que ostenta en la portada el título de "Refutación del Corán" y que era, en realidad, la reproducción literal del texto de esta obra. ¿Acaso no han sabido valerse de este ardid todos los herejes? ¿No acabó en la hoguera Vanini, a pesar de que en su Theatrum mundi,[146l proclamando el ateísmo, hacía valer en contra de él, cuidadosa y ostentosamente, todos los argumentos que lo desmentían? ¿Y no tenemos que el mismo Voltaire en su obra La Bible enfin epliquée [147l predica en el texto el descreimiento y en las notas la fe, haciendo creer en la fuerza purificadora de las notas? Pero, concluye nuestra honorable vecina, "si hubiéramos abrigado tal intención, ¿podía equipararse nuestra reproducción de una carta ya, por lo demás, perfectamente conocida, con la publicación originaria de este documento?" Pero, es, nuestra estimada vecina, que también la Gaceta General de Leipzig, se limitó a publicar un documento que circulaba ya en numerosas copias. "En verdad, milord, os digo que merecéis ser censurado" J 148l En la encíclica papal ex cathedra [149l del 15 de agosto de 1832, "La Ascensión de :María", leemos: "Es locura ( deliramentum) afirmar que deba reconocerse la libertad de conciencia de todos los hombres; no sabríamos condenar bastante la libertad de prensa." Esta sentencia nos lleva de Colonia a Coblenza, al "moderado" periódico que lleva por título La Gaceta del Rin y del Mosela, cuyos gritos de angustia contra nuestra campaña en pro de la libertad de prensa se comprenden y justifican a la vista de la cita anterior, aunque después de esto resulte un tanto extraño que el citado periódico quiera también contarse "entre los celosos defensores de la prensa". De las columnas "moderadas" de este periódico saltan hoy, no precisamente dos leones, pero sí una piel y una cogulla leoninas, a la que vamos a consagrar la atención que nos merecen desde el punto de vista de la historia natural. El núm. 1 del citado periódico expectora, entre otras cosas: "La lucha es, desde su punto de vista" (el de la Gaceta Renana) "tan leal, que ya desde el primer momento nos asegura que, llevado del estado de derecho que tan a pecho torna, se manifestaría incluso en contra de una prohibi<'i{m de la Gaceta del Rin y del Mosela, seguridad que sería para nosotros tan halagadora corno tranquilizadora, si en la misma alentada no se le escapara al caballero defensor de toda libertad de prensa atropellada un insulto contra las

Hojas histórico-políticas de Munich, publicación, que, como es sabido, lleva ya mucho tiempo realmente prohibida entre nosotros." Es curioso que en el mismo momento en que se dicta un veredicto sobre las mentiras de hechos en que incurran los periódicos, se emita otra mentira real y efectiva. El pasaje invocado y tergiversado dice, literalmente: "Primero, se enumeran los viejos pecados de la Gaceta General de Leipzig, su actitud ante los asuntos hannoverianos, su polémica partidista contra el catolicismo (hinc illae lacrimae!); ¿acaso nuestra amiga enumeraría esta actitud, solamente que en sentido contrario, entre los pecados mortales de las Hojas políticas de Munich?". En estas líneas, se atribuye a las Hojas políticas de Munich. Una "polémica partidista" en contra del protestantismo. ¿Quiere esto decir que justifiquemos su prohibición? ¿Podríamos justificarla, acaso, al decir que "el mismo procedimiento" que apreciarnos en la Gaceta General de Leipzig no puede ser considerado corno causa alguna de prohibición, aunque en las Hojas Políticas de Munich, este procedimiento se manifiesta "en sentido contrario". ¡Muy lejos de ello! Preguntamos en conciencia a la Gaceta del Rin y del Mosela si el mismo procedimiento es acreedor, en un caso, a una prohibición y en el orto caso no. Le preguntarnos, por tanto, si lo que condena es el procedimiento mismo o su veredicto no recae más bien sobre la tendencia de éL Y la Gaceta del Rin y del Mosela contesta a nuestra pregunta, y la contesta viniendo a decir que lo que ella condena no es, corno nosotros, la política partidista religiosa, sino solamente la polémica partidista que tiene el descaro de ser protestante. Si nosotros, en el mismo momento en que defendemos a la Gaceta General de Leipzig frente a la prohibición "decretada contra ella", hacíamos referencia a su polémica partidista contra el catolicismo al par con la Gaceta del Rin y del Mosela, ¿podríamos referirnos a la polémica partidista de las "ya olvidadas" Hojas Políticas de Munich sin citar a la Gaceta del Rin y del Mosela? Por su parte, el núm. l de esta publicación ha sido lo bastante amable para referirse a la "escasa publicidad del estado", a la "falta de madurez" de un diario, franco y desusado "pensamiento político" y al carácter de la "historia en marcha de nuestro tiempo", razones todas ellas para disculpar la mentira efectiva del periódico, involucrándola con una nueva razón, con la efectiva endeblez intelectiva de gran parte de la prensa alemana. La Gaceta del Rin y del Mosela ha aportado la prueba de cómo un pensamiento situado fuera de la verdad engendra, necesaria e inconscientemente, hechos ajenos a la verdad, es decir, mentiras, tergiversaciones. Y pasamos ahora al núm. 2, a 1a cogulla del león, ya que las razones ulteriores del núm. l se encargan de recorrer aquí el proceso de su embrollo. La cogulla del león informa al público, ante todo, acerca de sus estados del ánimo, poco interesantes. Dice que aguardaba una "explosión de cólera" y que nos limitamos, al parecer, a una respuesta correcta, trazada a la ligera. Pero su agradecimiento ante esta "inesperada moderación" se mezcla con la desagradable duda de

"si aquella inesperada moderación deberá considerarse en realidad como un rasgo de benevolencia o será más bien una consecuencia de la torpeza y el cansancio espirituales de aquel periódico". No queremos detenernos a explicar a nuestro piadoso señor hasta qué punto la tranquilidad espiritual puede proporcionar un fundamento para la desazón espiritual, pues queremos entrar directamente en el "contenido de la discutible réplica". El piadoso señor confiesa "no poder recatar, desgraciadamente" que, ante su "moderada inteligencia", la Ca. ceta Renana "sólo trata de encubrir su perplejidad tras una vacua esgrima de palabras" y, para no dejar de demostrar en ningún momento la apariencia de una "hipócrita humildad o modestia", el piadoso señor se encarga de acreditar con las pruebas más palmarias e irrefutables lo que él mismo llama su "moderada" inteligencia. He aquí cómo comienza: " 'Los viejos pecados de la Gaceta General de Leipzig, su actitud ante los asun· tos hannoverianos, su polémica partidista contra el catolicismo, sus chismes y chácharas', etc., todo esto no puede, ciertamente, negarse; pero -así opina esta excelente discípula del gran filósofo Hegel- estas transgresiones quedan perfectamente perdonadas por el hecho de que otros periódicos hayan incurrido en las mismas faltas (exactamente lo mismo que cualquier bribón acusado ante los tribunales no podría defenderse más brillantemente que remitiéndose a la mala conducta de sus numerosos camaradas que se pasean todavía libremente por la calle)." ¿Dónde hemos dicho nosotros que "los V1e¡os pecados de la Gaceta General de Leipzig queden perfectamente perdonados por el hecho de que otros periódicos hayan incurrido en las mismas faltas"? ¿Dónde hemos nosotros intentado siquiera "disculpar" estos viejos pecados? Nuestro razonameinto verdadero, muy distinto de la imagen con que se refleja en el espejo de la "moderada inteligencia", nuestro verdadero razonamiento es el siguiente: Primeramente, la Gaceta del Rin y del Mosela enumera "los viejos pecados" de la Gaceta General de Leipzig. Lo que hacemos nosotros es especificar estos pecados, prosiguiendo así: "Si to. dos los periódicos alemanes de la vieja escuela quisieran echarse en cara su pasado, el proceso sólo podría girar en torno a la cuestión for. mal de si han pecado por lo que han hecho o por lo que han dejado de hacer. De buen grado concederíamos a nuestra amiga, la Gaceta del Rin y del Mosela, sobre la Gaceta General de Leipzíg la inocente ventaja de no haber tenido una existencia mala, sino de no haber tenido ninguna". No decimos, pues, que también otros periódicos, decimos que todos los periódicos alemanes de la vieja escuela, entre los que expresamente incluimos a la Gaceta del Rin y del Mosela, no pueden disculparse totalmente los unos con los otros, sino que todos ellos pueden hacerse con razón el mismo reproche. Sin embargo, manifestamos, la Gaceta del Rin y del Mosela puede invocar en su apoyo la equívoca pretensión de haber pecado por lo que no ha hecho, pudiendo, por tanto, con-

traponer sus pecados por omisión a los pecados por comisión de la Gaceta General de Leipzig. Y podríamos explicarle a la Gaceta del Rín y del Mosela su maldad pasiva a la luz de un ejemplo reciente. Quiera ahora vengar su fanatismo en la Gaceta General de Leipzig, ya muerta, mientras que, en vida de este periódico, lo plagiaba, en vez de refutarlo. El símil con el que la "moderada inteligencia" trata de esclarecer nuestro razonamiento requiere una pequeña, pero esencial corrección. No habría debido hablar de un bribón que, ante los tribunales, se disculpa con otros tunantes que andan todavía en libertad. Habría debido hablar de dos bribones, uno de los cuales, el que no ha sido corregido y puesto detrás de las rejas, triunfa sobre el otro, aquel a quien se encarcela, a pesar de haberse corregido. "Además", prosigue la "moderada inteligencia", "además, 'el estado de derecho no se ve alterado por el carácter moral y, menos aún, por las opiniones políticas y religiosas de los individuos', como consecuencai de lo cual un periódico absolutamente malo, precisamente por llevar una mala existencia, tiene también derecho a ser esta existencia mala (cabalmente lo mismo que a todas las demás especies sobre la tierra, precisamente por el hecho de tener una existencia mala, nadie les puede negar e1 derecho a existir)." Parece como si el piadoso señor tratara de convencernos de que no ha cursado solamente en las bancas de los "grandes" filósofos, sino también en las de los "pequeños". El pasaje que nuestro amigo ha tergiversado tan maravillosamente, añadiéndole de su cosecha confusos rasgos, decía así, antes de la refracción sufrida por él en el medio de la "moderada inteligencia": "Sin embargo, nuestro incriminado artículo no hablaba del carácter pasado, sino del carácter actual de la Gaceta General de Leípzig, aunque, como fácilmente, se comprende, tendríamos objeciones no menos serias que hacer contra una prohibición de la Gaceta de Elberfeld, del Corresponsal de Hamburgo o de la Gaceta del Rin y del Mosela, que ve la luz en Coblenza, ya que el estado de derecho no sufre alteración por el carácter moral y, menos aún, por las ideas políticas y religiosas de los individuos. Y la falta de garantías jurídicas de la prensa se halla por encima de toda duda, desde el momento en que su existencia se hace depender de su manera de pensar. Hasta ahora, no exisk, en efecto, ningún código de las intenciones, como no existe tampoco ningún tribunal llamado a juzgarlas." Sólo afirmamos, pues, que no hay por qué encarcelar a una persona o privarla de sus bienes ni de ninguna otra prerrogativa ;urídica por razón de su carácter moral o por sus opiniones políticas o religiosas, afirmación esta última que parece sacar de quicio, especialmente, a nuestro religioso amigo. A nosotros nos parece que la situación jurídica no debe correr peligro por el hecho de que sea mala, sino porque su maldad resida en las intenciones, para las que no existe tribunal, alguno cuando se trata de la existencia de los actos malos, que, cuando son contrarios a la ley, encuentran un tribunal y leyes punitivas. Afirma-

mos, por tanto, que una mala existencia, aunque sea mala, siempre que no sea contraría a las leyes, tiene derecho a existir. No afirmamos lo que nuestro eco deformado nos atribuye, que a una mala existencia "se le pueda negar el derecho a existir" "por el solo hecho de ser mala". Lejos de ello, nuestra venerable protectora se habrá convencido de que ni a él ni a la Gaceta del Rin y del Mosela les negamos el derecho a mantener su mala existencia, ni nos empeñamos, por tanto, en convertirlos en existencias lo menos malas que sea posible, sin creernos por ello autorizados a lanzar un ataque contra el estado derecho de la Gaceta del Rin y del Mosela y de su escudero. He aquí una prueba más del "grado de inteligencia" de nuestro piadoso fanático: "Pero si el órgano 'del pensamiento político' llega hasta el punto de afirmar que periódicos como la Gaceta General de Leípzig (y, por supuesto, como ella misma, la Gaceta Renana) debe ser mll.s bien elogiadas y elogiados, además.s, por razón de Estado, porque, aunque inciten a la inquietud y el descontento, se tratará de un descontento y una inquietud alemanes, no podemos por menos de oponer nuestra duda ante extrafio mérito 'en pro de la patria alemana' que aquí se aduce." El pasaje en cuestión reza en el original así: "¿No son más bien de elogiar y deben elogiarse por razón de Estado los periódicos que siguen todo lo que pasa con atención vigilante, un febril interés y una dramática tensión, que siguen ante todo la historia de cada día, arrebatándosela al extranjero y conquistándola para la patria? ¡No importa que con ello provoquen el descontento y la inquietud, con tal de que éstos sean un descontento y una inquietud alemanes! ¡Por lo menos, por este camino, le devolverán al estado los espíritus que se han vuelto de espaldas a él, aunque sean espíritus descontentos e inquietos! Estos espíritus no sólo se hallarán animados por el descontento y la inquietud, sino que en ellos vibrarán también el temor y la esperanza, las alegrías y las penas y, sobre todo, una participación real en el estado; el estado será, para ellos, un asunto propio, cercano;ano a su CdSfl y a su corazón", etcétera. Como se ve, nuestro venerado prescinde de las frases intermedias. Tal parece como si le dijéramos: ¡Nuestro estimado amigo! Denos usted las gracias porque nos dignemos ilustrar su inteligencia y, aunque ello le moleste un poco, al fin y al cabo será su inteligencia la que salga ganando con ello, y como si nuestro amigo contestara: ¿Cómo? ¿Sostiene usted que debo quedarle agradecido porque me moleste? A la vista de estas pruebas de la "moderada inteligencia", encuentra uno explicable, 8in necesidad de profundos estudios psicológicos, la inmoderada fantasía de nuestra autora, que nos hace "recorrer de un modo anhelante las callejuelas alemanas". Hasta que, a la postre, nuestro amigo se quita la careta. "Ulrich von Hutten y sus camaradas", entre los cuales, como es sabido, figuraba también Lutero, perdonarán a la cogulla de león que s~ aos muestra en la Gaceta del Rín y del Mosela su importante furia. En cuanto a nosotros, sentimos cierto rubor ante

la exageración que nos alinea con tan grandes hombres y, para pagar un favor con otro, queremos comparar a nuestro amigo con el pastor Goeze. Le diremos, pues, con las palabras de Lessing: "Formulemos en pocas palabras nuestra caballerosa repulsa. Escriba usted, se· ñor pastor, y deje a los demás escribir hasta que se acabe el papel; también yo escribo. Y si le diera a usted la razón, sin tenerla ni en el asunto más baladí, no podría volver a empuñar la pluma" .l"•••l LA "GACETA DEL RIN Y DEL MOSELA" [Rheinische Zeitung, núm. 16, 16 de enero 1843] Colonia, 15 de enero. El núm. 1 de la Gaceta del Rin y del Mosela de 11 de enero, al que, considerándolo, como antecesor del articulo leonino, dedicamos hace algunos días fugaz atención, trata hoy, a la luz de un ejemplo, de demostrar cuán poco "lo que se trueca en su dialéctica" (la de la Gaceta Renana) podía "conce· birse con una tesis simple y clara". Dice que el núm. 1, no ha dicho en absoluto que la Gaceta Renana tratara de justificar 1a prohibici6n de las Hojas Políticas de Munich, "sino que, en el mismo momento en que se manifiesta como defensora de la incondicional libertad de prensa, no tiene ningún reparo en condenar a un pe· riódico realmente prohibido, con lo cual o parece hacer honor a la caballero· sidad con que ella misma aseguraba salir al palenque contra la prohibición de la Gaceta del Rin y del Mosela". El antecesor núm. l pasa por alto que dos razones pueden determinar su intranquilidad acerca de nuestra conducta caballeresca ante semejante prohibición de la Gaceta del Rin y del Mosela y que ambas razones han sido contestadas. Teníamos necesariamente que pensar que o bien el buen antecesor no se fiaba de nuestra aseveración, porque diera en la supuesta reprobación de las Hojas Políticas de Munich una recatada justificación de su prohibición. Y teníamos tanta más razón para suponer este pensamiento en el buen antecesor cuanto que el hombre corriente posee la astucia característica para extraer la verdadera opinión de las que considera manifestaciones inconscientemente "deslizadas". Para este caso, apaciguamos al buen antecesor demostrándole cuan imposible es gue exista una conexión entre nuestras manifestaciones acerca de las Ho¡as Políticas de Munich y una justificación de su prohibición. ¿O bien -qne es la segunda posibilidad- e1 núm. l considera, en general objetable y poco caballeroso que reprochemos a las Hofas Po-

líticas de Munich una polémica de partido contra el protestantismo? Ve en esto una vergüenza. Y para este caso, formulamos al buen antecesor la siguiente pregunta: ¿"Si, en el mismo momento en que nosotros defendemos a la 'Gaceta General de Leipzig' contra la prohibición 'que acaba de pronunciarse', si, en estas condiciones citamos su polémica de partido contra el catolicismo con la 'Gaceta del Rin y del Mosela', ¿po. demos citar la polémica de partido 'ya largo tiempo olvidada' de las 'Hojas Políticas de Munich' sin mencionar a la 'Gaceta del Rin del Masela'?". Es decir que no vituperamos a la Gaceta General de Leipzig, al citar su polémica anticatólica de partido con el concenso de la Gaceta del Rin y del Mosela. ¿Acaso se convierte en vituperio nuestra afirmación acerca de la polémica católica de partido de las Hojas Políticas de Munich, por el hecho de ser tan desventurada, que no cuenta con el concenso de la Gaceta del Rin y del Mosela? Además, el núm. 1 se ha limitado a calificar nuestra afirmación de vituperio, pero ¿desde cuándo nos hemos obligado a creer al núm. 1 por su palabra? Nosotros hemos dicho que las Hojas Políticas de Munich son un periódico de partido católico y, en este sentido una Ca.. ceta General de Leipzig a la inversa. El antecesor de la Gaceta del Rin y del Mosela dice: Ustedes no son un periódico de partido ni una Gaceta General de Leipzig a la inversa. No son "una derrota igual de falsedades, necios chismes y burlas contra las confesiones no católicas". Nosotros, no somos especuladores teológicos de un lado ni del otro, pero baste leer la pintura psicológica de Lutero, basada en vulgares chismes, que se publica en las Hojas Políticas de Munich; baste leer lo que la Gaceta del Rín y del Mosela dice acerca de "Hutten" y S\IS cofrades, para contestar si este "moderado" periódico adopta un punto de vista que pueda considerarse polémica religiosa de partido y cuál no. Por último, el buen predecesor nos promete una "caracterización más precisa de la 'Gaceta Renana' ". Nous verrons.e El pequeño partido formado entre Munich y Coblenza ha descubierto ya una vez que el sentido "político" de los renanos o bien se explota al servicio de ciertas aspiraciones al margen del Estado o bien debe retribuirse como un "fastidio". Acaso sería posible comprobar sin fastidio la total carencia de importancia de la rápida difusión de la "Gaceta Renana" en la provincia del Rin? O acaso es desfavorable en el momento actual para enojarse. A nosotros nos parece que todo esto es algo más o menos bien meditado y solamente lamentamos que aquel partido tenga que resignarse a carecer de un órgano importante, al igual que el buen antecesor y su perió .. dico aparentemente "moderado". De este órgano hay que deducir el poder del partido. e Veremos.

LA "GACETA DEL RIN Y DEL MOSELA", COMO GRAN INQUISIDOR [Rheínische Zeítung, núm. il, 12 de marzo de 1843] Hace algunos días, publicaba la Gaceta del Rín y del Mosela una bula de excomunión contra la devota Gaceta de Colonia. Hoy, es la Gaceta de Tréverís la que comparece, y con razón, ante el tribunal inquisitorial de Coblenza. Dice, en efecto, la Gaceta de Tréveris, a propósito del libro de Friedrich von Sallet: "Tenernos ante nosotros su obra, El Evangelio del laico, que nos revela en toda su autenticidad las santas y eternas verdades del Evangelio." "Su autor" (Sallet) "aspiraba a ser un hombre en el más alto sentido de la palabra, a imagen y semejanza de Jesús, y nos revelaba, como verdadero militante del Señor, la verdad eterna." "Quien Jea esto" -comenta la Gaceta del Rin y del Mosela- "y no sepa otra cosa del tan ensalzado autor, tiene que pensar que el señor von Sallet era realmente un creyente cristiano y predicaba en su Evangelio del laico, con inflamado celo, la verdad del Señor. Pero, ¿cuál es, en realidad, el contenido de este Evangelio? No es otro que la falsa y funesta doctrina que exponen ante el reducido círculo de Jos iniciados, en aulas y en libros, un Strauss, un Feuerbach, un Bruno Bauer y todos esos apóstoles del moderno paganismo", etc. Y, como auténtico testimonio de su afirmación, la Gaceta del Rín y del Mosela cita "un pasaje de este Evangelio del laico, precisamente aquel en que se coteja al Judas traidor y al evangélico Cristo, es decir, al Cristo de que nos habla la Biblia''. Los textos que se citan prueban palmariamente la contraposición consciente en que se trata de enfrentar a Sallet al cristianismo histórico. Tal vez una errónea noción de humanidad se sienta herida por la implacable polémica que la Gaceta del Rin y del Mosela emprende contra una persona que acaba de morir. Pero, ¿acaso no es mucho más inhumana, incomparablemente más cruel la apología que de ella hace la Gaceta de Tréveris? ¿Acaso honramos a los. muertos falseando su personalidad intelectual? Sallet aspiraba, sin duda, a revelar la verdad, pero esta verdad no era, en modo alguno, la del Evangelio. Aspiraba, es cierto, a ser un verdadero hombre, pero no, ni mucho menos, un militante de la verdad de la iglesia. [ 314]

Sallet creía, por el contrario, que la verdad racional sólo podia hacerse valer frente a la verdad sagrada, que el hombre moral sólo podía afirmarse en contra del hombre cristiano, y esto fue precisamente lo que le movió a escribir su Evangelio del laico. ¿Y cómo? Su apologísta de la Gaceta de Tréveris ¿honraba acaso al hombre volviendo exactamente del revés todo aquello a que aspiraba? ¿Podríamos honrar a Lutero diciendo que fue un buen católico o al papa Ganganelli,l151l llamándolo un mecenas de los jesuitas? ¡Qué doblez y qué cobardía! Sallet era republicano: ¿puede llamarse su amigo quien pregone a los cuatro vientos su monarquismo? Sallet amaba por encima de todo a la verdad ¿y creéis que la mejor manera de honrarle es rendir tributo a la mentira? ¿O es que os debatís entre el cristianismo y la amistad? Entonces, debéis confesarlo y decir: Sallet era un buen hombre, etc., pero un mal cristiano. Lamentadlo, si queréis, deploradlo públicamente, pero no queráis hacer pasar sus obras por resplandecientes testimonios de su cristianismo. Si condenáis la tendencía de vuestro amigo, hacedlo sin tapujos, como lo hace la Gaceta del Rin y del Mosela, pero no con subterfugios hipócritas, no elogiando en él lo que no era, es decir, reprobando en él lo que realmente era. Y aunque hayamos de reconocer que el mismo Evangelio del laico podia dar pie para semejante concepción, que Sallet, en esta obra, no ve él mismo claro, que él mismo creía profesar el verdadero sentido del Evangelio, que resulta fácil contraponer al pasaje citado por la Gaceta del Rin y del Mosela! otros opuestos a él y de tono perfectamente cristiano, siempre tendrá razón este periódico al sostener que predica un cristianismo a su manera en vez del cristianismo histórico. Por último, dos palabras acerca de los pasajes citados por la Gaceta del Rin y del Mosela. Adolecen, desde luego, de un grave defecto, que es la falta de poesía y, en general, ¡qué desdichada ocurrencia querer exponer poéticamente las controversias teológicas! No creemos que a ningún compositor se le haya ocurrido poner en música la dogmática. Pero, dejando a un lado esta herejía contra el arte, ¿cuál es el contenido del pasaje citado? Sallet considera incompatible con la divinidad de Cristo el que conociera los designios traidores de Judas y no tratara de enmendarlo o de hacer fracasar su acción criminal. Y esto le lleva a exclamar (según la cita de la Gaceta del Rin y del Mosela): "¡ Malhaya el descarriado, quien quiera que él fuese, Que nos pinta al Señor con tales rasgos Y, para salvar en él esta pizca de conocimiento de los hombres, Lo convierte en una lamentable caricatura!" [152] Con su juicio, Sa1let demuestra que no era ni te6logo ni filósofo. ( :omo teólogo, no tenia por qué preocuparle la contradicción con la 1 :1zón ni la moral humanas, pues la teología no mide el Evangelio por ,.J rasero de la razón y la moral humanas, sino que, por el contrario, :1 justa esta razón y esta moral a la verdad evangélica. Y, como filósofo,,

había encontrado esas contradicciones fundadas en la naturaleza del pensamiento religioso, siendo, por tanto, en la cotradicción el producto necesario de la intuición cristiana, sin condenarla, en manera alguna, como una tergiversación de eHa. ¡Ojalá que la Gaceta del Rin y del Mosela siga impertérrita en sus obras de fe y arrancando e1 sambenito a todos los periódicos renanos! Ya veremos si las gentes a medias, los tibios, los que no sienten frío ni calor, se acomodan mejor al terrorismo de la fe que al terrorismo de la razón.