CARTA DE MARX A LUDWIG FEUERBACH [Kreuznach,[248l 3 de octubre, 1843]

Muy estimado señor: Hace algunos meses, el doctor Ruge, al pasar por ahí en su VlaJe, le informó de nuestro plan de editar unos Anales franco-alemanes y solicitó la colaboración de usted para esta revista. La cosa está ya decidida; la revista se editará e imprimirá en París y el primer número mensual aparecerá a fines de noviembre.

Antes de salir para París dentro de unos cuantos días no puedo por menos, de acudir a usted en esta breve forma epistolar, ya que no tengo el honor de conocerle personalmente. Es usted uno de los primeros escritores que ha manifestado la necesidad de una alianza científica franco-alemana. Confío, por ello, en que será también uno de los primeros en apoyar una empresa que se propone poner en práctica esta alianza. Se trata, en efecto, de que en la revista aparezcan promiscuamente trabajos alemanes y franceses. Los mejores autores parisinos ya han dado su aprobación al plan. Cualquier trabajo que usted quiera enviarnos será recibido por nosotros con el mayor beneplácito, y tal vez tenga usted algo ya redactado que pueda servirnos.

A juzgar por el prólogo a la segunda edición de su Esencia del cristianismo, creo entender que se ocupa usted de un trabajo extenso sobre Schelling o que, por lo menos, tiene in petto a algo sobre este fanfarrónJ 249l No cabe duda de que la publicación de un trabajo así sería un magnífico comienzo.

Schelling es, como usted sabe, la potencia número 38 de la Con~deración alemana. Tiene a su disposición toda la policía del país, como alguna vez he podido comprobar personalmente, en mi condición 1 de redactor de la Gaceta Renana. Las instrucciones sobre la censur:y no dejan pasar nada que vaya en contra del sacrosanto Schelling/ Así, pues, en Alemania resulta punto menos que imposible atacar a esta figura, como no sea en libros de más de veintiún pliegos, que no son libros para el pueblo. La obra de Kapp, muy estimable, es demasiado minuciosa y, en ella, los hechos aparecen poco hábilmente desglosados de los juicios. Además, nuestros gobiernos han encontrado los recursos para privar de efectividad esta clase de obras. Se las hace caer en el vacío. Cuando no son ingnoradas, los dos o tres establecimientos patentados que se encargan de reseñarlas despachan el asunto con unas a Entre pecho y espalda.

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APJ!:NDICE cuantas frases despectivas. Por su parte, el gran Schelling, hace como si no se enterara de tales ataques y, a través del estrépito fiscal que se ha armado en torno a la ensalada del viejo Paulus,[250l ha logrado desviar la atención de la obra de éste. No cabe duda de que ha sido una jugada estratégica de mano maestra.

Piense usted en lo que sería desenmascarar a Schelling en París ante el mundo de los escritores franceses. Puesto que este trance, su vanidad no le permitiría guardar silencio; el gobierno prusiano se sentiría vulnerado de un modo muy doloroso; sería un ataque contra la soberanía de Schelling de fronteras afuera, y ya sabemos que un monarca vanidoso es más susceptible a su soberanía en el exterior que dentro del país, Cuán hábilmente ha sabido el señor Schelling hacer morder el anzuelo a los franceses lo demuestra el endeble ecléctico Cousin y, más tarde, incluso el genial Leroux. En efecto, para Pierre Leroux y sus congéneres, Schelling sigue siendo el hombre que ha desplazado al idealismo trascendental por el realismo racional, que ha sustituido el pensamiento abstracto por el pensamiento de carne y hueso, que ha entronizado la filosofía universal en vez de la filosofía de profesión. A los románticos y místicos franceses les grita: "yo soy la unión de la teología y la filosofía", a los materialistas franceses les dice: "yo soy el maridaje de la carne y la idea ", a los escépticos franceses: "yo soy el debelador del dogmatismo"; en una palabra: "¡Yo soy ... Schelling!". Schelling no sólo ha sabido hermanar la filosofía y la teología, sino también la filosofía y la diplomacia. Atacar a Schelling es, por tanto, atacar toda nuestra política y, principalmente, atacar a la política prusiana. La filosofía de Schelling es la política prusiana sub specie phi~ osophiae.lb Por eso prestaría usted un gran servicio a nuestra revista y sobre todo a la verdad si ya en el primer número nos trazara una semblanza de Schelling. Nadie más indicado para ello que usted, que es el reverso de Schelling. El sincero pensamiento juvenil de Schelling -pues debemos hacer honor a las virtudes de nuestros enemigos-, aunque no cuente para realizarlo con más arma que su imaginación, con más energía que su vanidad, con más estímulo que el opio ni con otro órgano que la irritabilidad de sus dotes receptivas femeninas; ese sincero pensamiento juvenil, que en él no ha pasado de ser un sueño fantástico de juventud, se ha hecho en usted verdad, realidad y recidumbre viril. De ahí que podamos decir que Schelling es la caricatura anticipada de usted y, cuando la realidad se enfrenta a la caricatura, hace que esta se esfume y se evapore. Tales son las razones que me llevan a ver en usted el necesario y natural adversario de Schelling, pues cuenta como títulos para ello con sus dos majestades, que son la naturaleza y la historia. Su lucha contra él es la lucha que libra la imaginación de la filosofía contra la filosofía misma.

b Bajo la forma de filosofía.

APf:NDICE Espero con seguridad un artículo de usted, del modo que le sea más cómodo.[251l Mis señas son; "Señor Maurer. Rue Vanneau, número 23, París, para el doctor Marx". Mi mujer, aunque no le conoce personalmente, le manda saludos. No sabe usted cuántos admiradores tiene entre el bello sexo.

Totalmente suyo, DR. MARX )

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