EL COMUNISMO Y LA "GACETA GENERAL DE AUGSBURGO"

[Rheinísche Zeitung, núm. 289, 16 de octubre de 1842]

Colonia, 15 de octubre. En su núm. 284, la Gaceta de Augsburgo cornete la torpeza de descubrir en la Gaceta Renana a una comunista prusiana; aunque tal vez no sea propiamente comunista, coquetea fanta. siosarnente con el comunismo y le hace carantofias platónicas. Dejemos que el lector decida, después de poner ante él el corpus delicti," si estas travesuras imaginativas de la Gaceta de Augsburgo son desinteresaradas o si las ociosas picardías de su exaltada imaginación tienen algo que ver con especulaciones y negocios diplomáticos. Se dice que la Gaceta Renana ha acogido en su folletón un artículo comunista sobre las casas de vecindad de Berlín,f106l acompañándolo de la siguiente advertencia: "Tal vez estas noticias no carezcan de interés para la historia de un problema actual tan importante como éste". De donde, según la lógica de la Gaceta de Augsburgo, se deduce que la Gaceta R.enana "sirve a sus lectores con su recomendación estos trapos sucios". Por tanto, si yo dijera, por ejemplo: "Tal vez lo que leemos en Mefistófeles [1071 acerca del orden doméstico de la Gaceta de Augsbur. go no carezca de interés para la historia de esta presuntuosa dama", ello querría decir que recomendaba los sucios "trapos" que la dama de Augsburgo guarda en su pintoresco armario. ¿O acaso podemos considerar el comunismo como un problema actual poco importante porque no sea un asunto bueno para los salones, porque vista trapos sucios y no huela precisamente a agua de rosas?

Pero hay que reconocer que la dama augsburguesa tiene razón en gruñir contra nuestra falta de comprensión. La importancia del comunismo no reside en ser una cuestión actual extraordinariamente seria para Francia e Inglaterra. El comunismo posee la importancia europea de verse convertido por la Gaceta de Augsburgo en una frase. Uno de sus corresponsales en París, un converso que trata la historia como un pastelero la botánica, ha tenido recientemente la ocurrencia de decir que la monarquía debiera tratar de apropiarse a su modo las ideas del socialismo y el comunismo. ¿Comprenden ustedes ahora la rabia de lai Augsburguesa y por qué no puede perdonarnos que presentemos al Pt\. blico el comunismo tal y como es, en su sucia desnudez? ¿Comprenden ustedes la mordaz ironía con que nos echa en cara que recomendemos el comunismo, el cual posee, por lo menos, la elegancia de convertirse en una frase de la Gaceta de Augsburgo?

a Cuerpo del delito.

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EL COMUNISMO Y LA "GACETA DE AUGSBURGO"

El segundo reproche que se nos hace se refiere al final de una información enviada desde Estrasburgo sobre los discursos comunistas pronunciados en el congreso allí celebrado,[108l pues las dos hermanastras se habían dividido el botín de modo que a la Renana le tocaran las sesiones y a la Bávara los banquetes de los sabios de Estrasburgo. El pasaje de referencia dice, literalmente, así: "Ocurre hoy con la clase media b lo que ocurría con la nobleza en 1789; entonces, la clase media reclamaba los privilegios de la nobleza, y los obtuvo. Hoy, es el estamento totalmente desposeído quien exige participar de la rique· za de las clases medias, que actualmente llevan el timón. Lo que ocurre es que la clase media se halla hoy mejor pertrechada contra un asalto por sorpre· sa que la nobleza en el 89, siendo de esperar que el problema pueda resol· verse por la vía pacífica."

Bülow-Cummerow, el que fuera Semanario Político Berlinés,c el doctor Kosegarten y todos los escritores afectos al feudalismo reconocen con el más melancólico de los desengaños que la profecía del abate Sieyes se ha cumplido y que el tiers état d es ya o lo será todo. Que la clase que nada posee reclama participar de las riquezas de las clases medias es un hecho que todo el mundo puede ver y tocar en las calles de Mánchester, de París y Lyon, sin necesidad de los discursos de Estrasburgo y a pesar del silencio augsburgués. ¿O acaso cree la Augsburguesa que su mal humor y su silencio pueden refutar los hechos de nuestro tiempo? La dama augsburguesa es impertinente en su huida. Se da a la fuga ante los hechos comprometedores del día y cree que el polvo que levantan sus pies al correr y las injurias llenas de miedo que masculla entre dientes en su huida van a borrar y embrollar las incómodas realidades actuales, como embrollan y confunden a sus pacientes lectores.

¿O es que la Augsburguesa gruñe contra la esperanza de nuestro corresponsal de que la innegable colisión vaya a resolverse "por la vía pa.. cífica"? ¿O lo que_ nos reprocha es que no prescribamos una receta probada u ofrezcamos un informe claro como el sol sobre la solución del problema, metiéndoselo en la bolsa al asombrado lector? Nosotros no poseemos el arte de dominar con una frase problemas en cuya solución trabajan dos pueblos. Pero usted, querida y excelente dama augsburguesa, nos da a entender, a propósito del comunismo, cuán pobre es actualmente Alemania en personalidades independientes, cómo las nueve décimas partes de la juventud culta mendigan al Estado el pan del mañana, cómo nuestros ríos fluyen en el mayor de los abandonos, cómo la navegación está por los suelos, cómo nuestras ciudades comerciales un día florecientes yacen en la incuria, cómo en Prusia las instituciones libres llevan un curso mortecino, cómo el sobrante de nuestra población vaga errante, tratando de encontrar acomodo en naciones extranjeras, y nos acnsa de que para b Que aqui significa burguesia. e Alusión a Federico Guillermo IV. d El tercer estado. EL COMUNISMO Y LA "GACETA DE AUGSBURGO"

todos estos problemas no tengamos una receta preparada, de que no sepamos "expresamos más claramente acerca de los medios que deben aplicarse" para: poner en práctica el gran hecho que nos libere de ¡todos estos males! ¿O es que no esperan ustedes una solución pacífica al problema? Casi parece como si otro articulo publicado en el mismo número y fechado en Karlsruhe apuntara a donde, en relación con el problema de la Liga aduanera, se hace a Prusia esta pregunta capciosa: "¿Se piensa acaso que una crisis como ésta puede pasar sin consecuencias, como una reyerta por el humo del tabaco en el Tiergarten?" e Y la razón que ustedes dan para explicar su desconfianza es una razón comunista. "Dejemos ahora que estalle una crisis en la industria, dejemos que se pierdan millones de capital, que miles de obreros se queden sin pan." ¡Cuán fuera de lugar estaban nuestras "esperanzas pacíficas", cuando ustedes mismos habían decidido hacer estallar una sangrienta crisis! probablemente por esto por lo que, en su articulo, siguiendo su propia lógica recomiendan a la Gran Bretaña al demagógico doctor M'Douall, quien emigra a los Estados Unidos porque "con esta gente de la Casa Real no puede hacerse nada". Antes de separarnos, querríamos llamar la atención de usted hacia su propia sabiduría, ya que, siguiendo su método fraseológico, no puede rehuirse el expresar inocuamente, de vez en cuando, un pensamiento, aunque no se lo posea. Opina usted que la polémica del señor Hennequin, de París, contra la parcelación de la propiedad de la tierra presenta a éste en asombrosa armonía con los Aut6nomos.[H'9l Dice Aristóteles que el asombro es el comienzo de la filosofía. Usted termina por el comienzo. De otro modo, no se le habría escapado el hecho asombroso de que, en Alemania, los principios comunistas no los proclaman los liberales, sino los amigos reaccionarios de usted. ¿Quién habla de corporaciones de artesanos? Los reaccionarios. Se pretende que la clase artesanal forme un Estado dentro del Estado. Puede entonces sorprenderle a usted que tales pensamientos, expresados en términos modernos, se manifiesten así: "El Estado ¿debe convertirse en la clase de los artesanos"? Si para el artesano su clase debe ser el Estado y el artesano moderno, como todo hombre moderno, sólo entiende y sólo puede entender el Estado como la esfera común a todos sus conciudadanos, ¿cómo puede usted sintetizar ambos pensamientos más que como el Estado artesanal? ¿Quién polemiza contra la parcelación de la propiedad de la tierra? Los reaccionarios. En una publicación feudalista recientemente aparecida (la de Kosegarten sobre la parcelación) se llega a llamar a la l propiedad privada un privilegio. Es el principio de Fourier. Pues bien, cuando se está de acuerdo acerca de los principios, no hay por qué discutir sobre las consecuencias y la aplicación práctica. La Gaceta Renana, que ni siquiera puede reconocer o reputar posi .... ble la realidad teórica a las ideas comunistas bajo su forma actual, y menos aún desear su realización práctica, se propone someter estas ideas e Parque de Berlln.

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a una crítica a fondo. Y si la Augsburguesa fuese capaz de exigir y de ofrecer algo más que frases manidas, se percataría de que obras como las de Leroux, Considerant y, sobre todo, el agudo libro de Proudhon no pueden criticarse dejándose llevar de las ocurrencias superficiales del momento, sino tras un largo y profundo estudio. Una razón más para tomar en serio estos estudios teóricos es que nosotros no coincidimos con la Augburguesa en que la "realidad" de los pensamientos comunistas hay que buscarla, no en Platón, sino en ese oscuro autor conocido suyo que ha dado pruebas, y no del todo desdeñables, de toda la capacidad de que disponía en algunos de los caminos de la investigación científica, aderezando a sus aliados Teller y Stiefel a tono con la voluntad del Pere Enfantin.

Tenemos el firme convencimiento de que no es en el intento práctico, sino en el desarrollo teórico de las ideas comunistas donde está el verdadero peligro, pues a los intentos prácticos, aunque sean intentos en masa, cuando se reputen peligrosos, se puede contestar con los cañones, pero las ideas que se adueñan de nuestra mente, que conquistan nuestra convicción y en las que el intelecto forja nuestra concien. cia son cadenas a las que no es posible sustraerse sin desgarrar nuestro corazón; son demonios de los que el hombre sólo puede triunfar entregándose a ellos. Pero probablemente la Gaceta de Augsburgo no ha llegado a conocer nunca esa angustia de la conciencia provocada por la rebelión de los deseos subjetivos del hombre contra las convicciones objetivas de su propio intelecto, por la sencilla razón de que no tiene ni intelecto propio, ni propias convicciones, ni tampoco una conciencia propia.