LA SITUACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN INGLATERRA [Rheinische Zeitung, núm. 359, 25 de diciembre de 1842]

Lancashire, 20 de diciembre o z La situación de las clases trabajadoras de Inglaterra se vuelve cada día más precaria. Es verdad que, por el momento, da la impresión de que la cosa no fuera tan grave; en los distritos algodoneros trabaja la mayor parte de la gente, en Manchester hay tal vez un parado por cada diez obreros, en Bolton y Birmingham la proporción es, sobre poco más o menos, la misma, y cuando el obrero inglés trabaja se siente contento. Y, realmente, tiene razón, por lo menos en la industria algodonera, si compara su suerte con la de sus hermanos de oficio en Alemania y en Francia.

El obrero alemán puede a duras penas alimentarse de patatas y pan, y quien obtiene una libra de carne a la semana es afortunado, El de aquí, en cambio, come todos los días carne de res y obtiene por su dinero un asado bastante más jugoso que el hombre más rico en Alemania. Toma el te dos veces al día y aún le queda algo de dinero para beber un vasito de oporto a mediodía y por la noche brandy mezclado con agua. Así viven la mayoría de los obreros de Manchester, trabajando doce horas al día. Pero, ¿cuánto durará esto? La menor fluctuación en el comercio deja sin pan a miles de obreros; pronto devoran sus magros ahorros y llama a sus puertas la muerte por hambre. Y una crisis de éstas puede volver a producirse a la vuelta de un par de años. Esta misma producción acrecentada que da trabajo actualmente a los “pau. pers” y especula con el mercado chino traerá consigo necesariamente el almacenamiento de una enormidad de mercancías y la consiguiente paralización del mercado, lo que, a su vez, determinará como inevitable consecuencia el paro y el hambre general de los obreros, La situación de los obreros algodoneros es, actualmente, la mejor de todas. En las minas de hulla, los obreros tienen que ejecutar las faenas más duras y malsanas por un salario escaso. Y, como consecuencia natural de ello, estos trabajadores sienten contra los ricos un odio mayor que los demás, lo que explica el número acrecentado de robos, atentados contra los ricos, etc., en este sector. Así, por ejemplo, en Manchester se teme especialmente al “Bolton people”,?3 que más resueltamente actuaron en los disturbios del verano. Y la misma o parecida fama tienen los obreros siderúrgicos y, en general, todos los que ejecutan faenas físicas muy pesadas.

Si todos estos trabajadores viven actualmente a duras penas, ¿qué va a ser de ellos cuando se produzca la menor crisis en los negocios? Es verdad que los obreros han formado cajas de resistencia, cuyos fondos se incrementan mediante cuotas semanales, con el fin de pagar subsi. dios a los obreros parados; pero estas cajas no bastan para hacer frente a las atenciones necesarias ni siquiera cuando las manufacturas marchan bien, pues incluso en estos períodos hay bastante gente a quien ayudar. Cuando el hambre se generaliza, de nada sirven tampoco estos paliativos. Escocia es, en los momentos actuales, el chivo expiatorio, donde se paralizan las manufacturas, pues dada la extensión de la industria inglesa, siempre hay un distrito u otro que padece. En todos los alrededores de Glasgow aumenta diariamente el paro forzoso. En Pailey, ciudad relativamente pequeña, había hace catorce días 7000 parados; hoy, llegan ya a 10000. Los subsidios, ya de suyo pequeños, abonados por las cajas de socorros se han reducido a la mitad, pues los fondos van disminuyendo; en una reunión de los nobles y gentlemen del condado se acordó abrir una suscripción que habría de aportar 3000 libras esterlinas; pero también este medio se halla ya muy explotado, y para sus adentros los señores no creen que pasarán, cuando mucho, de 400 libras.

En última instancia, todo estriba en que, con su industria, Inglaterra se ha echado encima, no sólo una numerosa clase de desposeídos, sino también, entre ellos, una clase bastante grande de hambrientos, de los que no puede desembarazarse. Que ellos se las arreglen como puedan; el Estado se desentiende de ellos y hasta los arroja lejos de sí. En-estas condiciones, ¿cómo echarles en cara a estos infelices el que se dediquen a salteadores dé caminos o asalten casas para robarlas o el que las muje. res se entreguen al robo y a la prostitución? El Estado no se preocupa de saber si el hambre es dulce o amarga, sino que los agarra:y los encierra en la cárcel o los deporta a colonias de delincuentes y, cuando los suelta, ha conseguido el satisfactorio resultado de haber convertido a gentes hambrientas en gentes depravadas. Y el chiste del asunto está en que, pese a su alta sabiduría, el whig y el “radical” no. comprenden, ante esta situación del país, de dónde viene el cartismo e insisten en que en Inglaterra hay muy poco margen y muy pocas perspectivas para los cartistas. e :