Miscelánea desde Berlín

[«Rheinische Zeitung»  
Núm. 241 del 29 de agosto de 1842]

* *Berlín, 19 de agosto. Le escribo hoy para comunicarle  
que, propiamente, de aquí no hay nada que comunicar. Sabe el cielo  
que nos hallamos, como aquí se dice, en la época del pepinillo para los corresponsales.  
¡No ocurre nada, absolutamente nada! La asociación del Cristo histórico  
hace oír de sí tan poco como la asociación de los Libres[21];  
a pesar de que existe oficialmente, ningún estudiante sabe a ciencia cierta dónde existe  
ni quiénes la componen. Debe de ser como hace medio año con la  
famosa marcha de antorchas en honor del filósofo en la Leipziger Straße[22],  
en la que luego ningún estudiante quería haber participado, y de la que ya  
la víspera se decía que, por desgracia, eran en su mayoría «filisteos». Las  
comisiones estamentales[23] tampoco logran constituirse todavía,  
a pesar de la «Leipziger Zeitung», que, con su predilección por los huevos aún no puestos  
de Prusia, debate en todos los sentidos acerca de lo que se presentará a las comisiones.  
Nosotros, empero, nos consolamos con la sabiduría de nuestro rey y  
dejamos en paz los huevos aún no puestos. Se dice que éste ha traído consigo un tratado comercial  
y una nueva convención de cartel, ¡y ésos no serán seguramente  
huevos aún no puestos! Pero nosotros —quiero decir, los berlineses— no nos preocupamos  
por ello, sino que envidiamos a los renanos por el sublime goce  
que les aguarda dentro de pocas semanas, cuando no sólo nuestro rey,  
sino entre otras muchas altas personalidades también el digno rey  
Luis de Baviera, el poeta en el trono y autor de los  
«Walhallagenossen» y «Gründer Walhallas», haga acto de presencia en la colocación de la primera piedra de la catedral de Colonia, que está destinada a convertirse  
en ornamento del pueblo alemán. Los «Walhallagenossen» han causado  
viva sensación en los círculos cultos de aquí, y el juicio general y competente  
se pronuncia incondicionalmente en el sentido de que el rey Luis ha trenzado una nueva rama de laurel  
en torno a su corona. El estilo tacitiano-conciso, de una fuerza primigenia y  
enérgica del rey, podrá contar sin reservas con imitadores, y sin embargo  
difícilmente será alcanzado.