Disputa eclesiástica – Relación con la literatura – Música – Bajo alemán

[Correspondencias de Bremen]

¡Disputa eclesiástica!

Bremen, enero.

Con el año viejo pueden darse por cerrados, en buena medida, los autos de nuestra disputa eclesiástica. Cuando menos, los escritos polémicos que aún cabe esperar no pueden contar ya con la participación del público de que gozaron los anteriores; ya no volverá a ocurrir que se agoten varias ediciones en una semana. Y en tales controversias lo que importa principalmente es esa participación del pueblo; una cuestión que sólo tiene vigencia sobre el terreno de corrientes liquidadas hace tiempo por la ciencia no puede reclamar un interés puramente científico. – El pastor Paniel justificó el retraso en la aparición de su escrito contra la «Réplica teológica» de Krummacher por la extensión del mismo. Con diez pliegos arremete contra su adversario. En el prólogo declara que piensa responder a eventuales ataques ulteriores con una historia del pietismo, en la que demostrará que esta corriente tiene su origen en el paganismo. Ciertamente, tendría que ser una fuente a lo Arethusa, que corre largo trecho bajo tierra antes de aflorar en suelo cristiano. Por lo demás, ejerce contra su agresor el derecho de retorsión, devolviéndole escrupulosamente, con excepción de los reproches que suelen hacerse al pietismo, casi cada palabra hostil. De este modo, toda la lucha se reduce al final a un bizantinismo de palabras; afirmaciones a medias verdaderas vuelan como pelotas de un lado a otro, y en última instancia todo se reduciría a una definición conceptual que, desde luego, tendría que haberse establecido antes de la disputa.

Pero el racionalismo se verá siempre colocado en esta situación frente a la ortodoxia. Se lo debe a su posición vacilante, según la cual tan pronto quiere valer como nuevo desarrollo del espíritu cristiano, tan pronto como su forma originaria, y en ambos casos hace suyos los consabidos lemas bíblicos de la ortodoxia —sólo que con significado cambiado—. No es honrado consigo mismo ni con la Biblia; los conceptos de revelación, redención, inspiración adquieren en su boca una formulación sumamente indeterminada y equívoca. – La sequedad racionalista propia del entendimiento ha alcanzado en Paniel una rara altura. Con una lógica disuasoria, más de Wolff que de Kant, pone su máximo orgullo en hacer resaltar con toda estridencia todas las articulaciones de su obra. Sus desarrollos no son la carne viva con que viste el esqueleto lógico; son jirones empapados en una sentimentalidad lánguida, que cuelga a secar en las esquinas salientes del andamiaje eclesiástico. Además, Paniel ama mucho esas aguadas digresiones en las que, a pesar de los más ortodoxos vocablos, se reconoce en todas partes al racionalista; sólo que no sabe fundirlas con la aridez del entendimiento y se ve a menudo obligado a interrumpir la más hermosa corriente de frases con un primero, un segundo y un tercero. Y nada hay más repugnante que esta blandura, de por sí carente de gusto, cuando se presenta de forma sistemática. Lo más interesante de todo el libro son los extractos de los escritos de Krummacher, en los que resplandece en toda su agudeza la tosca mentalidad de este hombre. – La decisión con que el racionalismo se presentó aquí movió a los predicadores del partido contrario a una declaración conjunta, que fue recogida en un folleto y firmada por veintidós predicadores. Contiene los principios de la ortodoxia en exposición coherente y con una referencia a medias velada a los hechos de la polémica en curso. Una declaración prevista de los siete predicadores racionalistas no llegó a realizarse. Sin embargo, se incurriría en un grave error si, guiándose por la proporción del número de predicadores, se quisiera estimar la proporción de los partidos dentro del público.

Bremen, enero.

La gran mayoría de los predicadores pietistas está formada por los pastores del territorio, a quienes sus puestos les han sido proporcionados, en parte por un predominio temporal de su partido, en parte por un suave nepotismo. Por el contrario, en el público los racionalistas, en número, al menos igualan a los pietistas, y sólo les ha faltado un representante enérgico que les diera conciencia de su posición. A este respecto, Paniel tiene un valor incalculable para sus seguidores; posee suficiente valor, decisión y, en muchos aspectos, también erudición, y sólo carece de talento retórico y de escritor para ejercer una influencia importante. Desde entonces han aparecido varios escrititos, en su mayoría anónimos, pero todos ellos han permanecido sin influencia sobre el estado de ánimo del público; hace pocas semanas salió un pliego de «Rimas no pietistas», que, sin embargo, no hace especial honor a su autor y sólo merece mencionarse por su rareza. Del principal portavoz de los pietistas de Bremen, el talentoso predicador F. L. Mallet, se ha anunciado un escrito: «El doctor Paniel y la Biblia»; pero también éste difícilmente podrá contar con la atención del partido contrario, de modo que la lucha puede darse por terminada, y se pueden resumir los hechos como algo concluido bajo un punto de vista general. – Hay que confesar que el pietismo se ha comportado esta vez con más habilidad que su adversario. Por lo demás, también llevaba ventaja al racionalismo en varios aspectos: una autoridad bimilenaria y una formación científica, aunque unilateral, a través de los nuevos teólogos ortodoxos y semiorthodoxos, mientras que el racionalismo, en su más bello desarrollo, era cogido entre dos fuegos, atacado a la vez por Tholuck y por Hegel. El racionalismo nunca ha tenido clara su posición respecto a la Biblia; la funesta tibieza que al principio parecía decididamente creyente en la revelación, pero que en ulteriores consecuencias restringía de tal modo la divinidad de la Biblia que casi no quedaba nada de ella, esa vacilación pone cada vez al racionalismo en desventaja en cuanto se trata de la fundamentación bíblica de dogmas. ¿Para qué ensalzar la razón y no proclamar, sin embargo, su autonomía? Pues cuando ambas partes reconocen la Biblia como base común, el pietismo siempre tiene razón. Pero además, esta vez también el talento estuvo del lado del pietismo. Un Krummacher podrá aducir tal o cual adefesio, pero nunca será capaz de dar vueltas durante páginas enteras en tan insulsos circunloquios como lo hace Paniel. Lo mejor que se escribió de parte racionalista fue «Las maldiciones», cuyo autor confesó ser W. E. Weber. G. Schwab dijo una vez de Strauss que se distinguía del gran montón de los adversarios de lo positivo por un sentido receptivo para la belleza en toda configuración. Con esa misma característica quisiera yo destacar a Weber del vulgo racionalista. Él ha ampliado su horizonte mediante un raro conocimiento de los clásicos griegos y alemanes, y aunque no siempre se pueda asentir a sus afirmaciones, sobre todo a las dogmáticas, su libre mentalidad y su noble y enérgica dicción deben hallar siempre reconocimiento. Un escrito de réplica aparecido hace poco carece de todas estas cualidades. Un escrito que acaba de llegar aquí: «Pablo en Bremen», no carece de ingenio y contiene picantes pullas sobre las condiciones políticas y sociales de Bremen, pero tampoco resuelve nada, como los ya mencionados. – Para Bremen, en particular, esta polémica fue de gran importancia. Los partidos estaban uno frente al otro sin ideas, sin que se pasara de pequeñas quisquillosidades. El pietismo perseguía sus propios fines, mientras que el racionalismo no se preocupaba por él y precisamente por eso tenía de él una idea bastante torcida. En el ministerio, es decir, la asamblea legal de todos los predicadores reformados y unidos de la ciudad, el racionalismo estaba representado hasta ahora sólo por dos miembros, y además muy tímidos; Paniel, nada más llegar, se presentó con mayor decisión, y ya se hablaba de desavenencias en el ministerio. Ahora, desde que Krummacher atizó la polémica, cada partido sabe a qué atenerse. El pietismo sabía desde hacía tiempo que su principio de autoridad era inconciliable con la base del racionalismo, la razón, y veía con razón en esta corriente, ya desde su surgimiento, una apostasía del cristianismo de la vieja ortodoxia. Ahora también el racionalista ha comprendido que su convicción no está separada del pietismo por una exégesis distinta, sino que está en franca oposición a él. Sólo ahora, cuando los partidos se reconocen mutuamente, puede tener lugar la unificación en un punto de vista superior, y de cara a ello se puede aguardar tranquilamente el futuro.

Relación con la literatura : Música

Bremen, enero.

Parece como si ahora se quisiera arrastrar por la fuerza a las ciudades hanseáticas a la corriente de la literatura. Desde los «Esbozos» de Beurmann se multiplican los artículos sobre esta materia, ciertamente interesante. El propio Beurmann ha dedicado un espacio considerable a las tres ciudades libres en «Alemania y los alemanes». El «Freihafen» publicó las «Cartas hanseáticas» de Soltwedel. Hamburgo está desde hace bastante tiempo en variada relación con la literatura alemana; Lübeck está algo demasiado apartada y también hace mucho que ha dejado atrás su época de florecimiento material; no obstante, A. Soltwedel quiere fundar allí ahora también un periódico. Bremen mira a la literatura con ojos recelosos, porque no tiene una conciencia del todo limpia frente a ella y generalmente no es tratada por ésta del modo más suave. Y sin embargo, no se puede negar que Bremen, por su situación y sus condiciones políticas, está más llamada que ninguna otra ciudad a convertirse en un centro de la cultura del noroeste de Alemania. Si se lograra atraer aquí a dos o tres literatos capaces, se podría fundar aquí un periódico que ejercería la mayor influencia en el desarrollo cultural del norte de Alemania. Los libreros de Bremen tienen suficiente espíritu emprendedor, y yo he oído decir a varios de ellos que estarían dispuestos a proporcionar los fondos necesarios y a cargar con el probable perjuicio durante los tres primeros años.

El mejor aspecto de Bremen es la música. En pocas ciudades de Alemania se hace tanta y tan buena música como aquí. Se ha formado un número proporcionalmente muy grande de sociedades corales, y los frecuentes conciertos están siempre muy concurridos. Con ello, el gusto musical se ha mantenido casi por completo puro; los clásicos alemanes, Händel, Mozart, Beethoven, y entre los más recientes Mendelssohn-Bartholdy y los mejores compositores de lieder tienen decididamente la supremacía. La nueva escuela francesa y la nueva italiana apenas tienen público, y casi únicamente entre los jóvenes dependientes de comercio. Sólo sería de desear que se relegaran menos a Sebastian Bach, Gluck y Haydn. De ninguna manera se rechazan las novedades; al contrario, pocos lugares habrá donde las producciones de jóvenes compositores alemanes se ejecuten con tanta buena disposición como aquí. Tampoco faltaron aquí nunca nombres que son ventajosamente conocidos en el mundo musical. El talentoso compositor de lieder Stegmayer dirigió durante varios años la orquesta de nuestro teatro; en su lugar ha entrado Koßmaly, que se habrá granjeado bastantes amigos, en parte por sus composiciones, en parte por los artículos que suele publicar en la «Neue Zeitschrift für Musik» de Schumann. Riem, que dirige la academia de canto y la mayoría de los conciertos, es también un compositor reconocido. Riem es un anciano amable, con un entusiasmo juvenil y arrebatador en el corazón; nadie sabe como él inflamar a cantantes e instrumentistas para una ejecución viva.

Bajo alemán

Bremen, enero.

Lo que primero llama la atención al forastero aquí es el uso de la lengua baja alemana, incluso en las familias más distinguidas. En cuanto el habitante de Bremen se vuelve cordial y confiado, habla bajo alemán, y está tan apegado a este dialecto que lo lleva incluso allende el océano. En la Lonja de La Habana se habla tanto el bajo alemán de Bremen como el español. Conozco a personas que en Nueva York y Veracruz han aprendido perfectamente el dialecto de su ciudad natal de los muy numerosos bremenses allí residentes. Y aún no hace trescientos años que el alto alemán fue declarado lengua oficial; las leyes fundamentales de la ciudad, la Tafel y la neue Eintracht, están redactadas en lengua bajo alemana, y los primeros sonidos que el niño aprende aquí a repetir son bajo alemán. Rara vez empieza un niño a hablar alto alemán antes del cuarto o quinto año. Los campesinos del territorio no lo aprenden nunca, obligando con ello a los tribunales muy a menudo a deliberar en bajo alemán y a protocolizar en alto alemán. Por lo demás, el bajo sajón se habla aquí todavía con toda pureza y se ha mantenido enteramente libre de la mezcla con formas del alto alemán que desfigura el dialecto de Hesse y el renano. El dialecto del norte de Hannover tiene algunos arcaísmos de ventaja frente al de Bremen, pero padece tanto más de múltiples coloraciones locales; el de Westfalia se ha perdido en una espantosa amplitud de los diptongos, mientras que al oeste del Weser comienza la transición al frisón. Se puede considerar tranquilamente el dialecto de Bremen como la continuación más pura de la antigua lengua escrita bajo sajona; la lengua popular tiene incluso todavía tanta conciencia de sí misma que continuamente transforma palabras del alto alemán según las leyes fonéticas del bajo sajón y las asimila, capacidad de la que sólo pocos dialectos populares bajo sajones pueden gozar hoy en día. La lengua del «Reineke Vos» sólo aventaja al dialecto actual en formas más plenas, hoy contraídas, mientras que las raíces de las palabras, salvo pocas excepciones, han conservado aún su vida. Por eso los lingüistas han hecho muy bien en considerar el «Diccionario de Bremen», desde el punto de vista lexicográfico, como la suma media de los actuales idiomas populares bajo sajones, y una gramática del dialecto de Bremen, con consideración de las hablas entre el Weser y el Elba, sería un trabajo muy meritorio. Varios eruditos de aquí han mostrado interés por el bajo alemán, y sería muy de desear que alguno de ellos emprendiera este trabajo.