- Fragmento

[„Telegraph für Deutschland“
Nr. 191, noviembre de 1840]

Tú, orgullosa roca en la soledad del mar,
tú, dura tumba del más grande corazón de roca,
que aquí meditó los dolores por sí mismo forjados
de Prometeo, — ¡cómo te alzas ahí con tu negro ropaje de sacerdote!,
tú, una de aquellas velas extinguidas,

que Dios, cuando compuso el mundo,
encendió para que flamearan dando luz a su obra.

Bien quisieran ellas enviar al héroe hacia ti,
a aquel que, cuando nació un nuevo siglo,
con sus rayos debía brindar iluminación,
con su trueno llenar todos los oídos,

hasta que, inaudito, en los muros del espacio
el primer vagido del niño se perdió:
entonces la época, en su burla amarga,
lo arrojó junto a las otras velas extinguidas.

Friedrich Oswald