REQUIEM POR LA GACETA ALEMANA DE LA NOBLEZA Por Friedrich Oswald [Telegraph fiir Deutschland, núm. 59, abril de 1840]

Dies irae, dies illa Saecla solvet in favilla ?s El día en que Lutero esgrimió el texto original del Nuevo Testamento y con este fuego griego convirtió en polvo y cenizas los siglos de la Edad Media, con su esplendor y su servidumbre, su poesía y su oscurantismo, aquel día y los tres siglos siguientes hicieron surgir, por últi. mo, una época “que pertenece por entero al público y de la que Napoleón —a quien, a pesar de las muchas cualidades reprobables, sobre todo a los ojos de los alemanes, no se le puede negar cierta perspicacia— dijo: “Le journalisme est une puissance”.” 24 Si cito aquí estas palabras es simplemente para mostrar cuán poco medieval, es decir, cuán poco oscurantista es el prospecto de la Gaceta de la Nobleza del que las tomamos. Esta publicidad de la que se habla había de coronarse, de cobrar conciencia, con la Gaceta Alemana de la Nobleza. Pues no cabe duda alguna de que Gutenberg no inventó la imprenta para ayudar a difundir sus turbias ideas por el mundo a un Bórne, que era un demagogo, o a un Hegel, por delante servil como Heine y por detrás revolucionario, según ha demostrado Schubarth,* o a cualquier otro burgués, sino única y exclusivamente para hacer posible la fundación de la Gaceta de la Nobleza, ¡Pues bien, esta Gaceta ha pasado a mejor vida! No hizo más que echar, tímida y furtivamente, un vistazo a este triste mundo no medie val y su corazón puro de virgen o, por mejor decir, de noble señorita, se puso a temblar ante los horrores de la depravación, ante la suciedad de la canalla democrática, ante la pavorosa arrogancia de los incapaces de toda etiqueta cortesana, ante todas las deplorables condiciones, relaciones y extravíos de nuestro tiempo, saludadas con el látigo junto a las puertas de los castillos señoriales, cuando se atreven a presentarse ante ellas, ¡Descanse en paz! Se ha ido de este mundo y ya no puede ver la vacuidad de la democracia, la conmoción del orden existente, las lágri. mas de los nacidos en cuna de oro. Ha fallecido: [23]

Requiem aeternam dona ei, Domine!a Y, sin embargo, hay que reconocer que hemos perdido mucho, con ella. ¡Qué alegría llevaba a todos esos salones a los que sólo tienen acceso quienes pueden demostrar, por lo menos, dieciseis antepasados, qué júbilo difundía en todos los puestos avanzados y semiperdidos de la orto. doxa aristocracia! Allí estaba el viejo y distinguido papá, reclinado en su sillón de orejeras, rodeado de sus perros favoritos, en la derecha la pipa familiar y en la izquierda el látigo heredado de sus abuelos, estudiando devotamente su antediluviano árbol genealógico en el libro primero de Moisés, cuando se abrió la puerta y un criado le entregó el prospecto de la Gaceta de la Nobleza. Al ver relucir en letras grandes la palabra nobleza, el distinguido señor-se coloca las gafas y se ensimisma beatamente en la lectura de la hoja; ve que el nuevo periódico publica tam. bién noticias familiares y ya se alegra creyendo encontrarse con su propia necrología —¡cuánto daría por poder leerla en vidal—, legado el momento de ir a reunirse con los antepasados. : Se oyen galopar en el picadero los caballos de los jóvenes señores. El anciano manda llamar a éstos a toda prisa. El señor Teodorico “von der Neige”, mete su cabalgadura en el establo con un latigazo; el señor Siegwart atropella a varios lacayos, pisa la cola del gato y da de lado con un caballeresco empujón a un viejo campesino suplicante y rechazado; el señor Giselher ordena a los criados, bajo pena de azotes, que procuren tomar impecablemente las medidas para la cacería, y de este modo corren hacia la sala los barones. Los perros saltan a su encuentro, meneando la cola, pero a latigazos se les obliga a meterse debajo de la mesa, y el señor Siegwart von der Neige, que con un noble puntapié ha ordenado a su perro favorito estarse quieto, ni siquiera recibe hoy de su entusiasmado papá la colérica mirada de costumbre. Al señor Teodorico, que aparte de la Biblia y del árbol genealógico ha leído también algunas páginas del dicciomario de la buena sociedad y que es, por tanto, quien mejor pronuncia los“términos extranjeros, se le pide que lea en voz alta el prospecto y, derramando lágrimas de gozo, el anciano se olvida del orden de prelación y de las tragedias de la nobleza. [Telegraph fir Deutschland, núm. 60, abril de 1840]

¡De qué modo tan complaciente, modesto y condescendiente cabalgó la distinguida Gaceta cuando entró en el mundo moderno, desplegando su bandera de papel! ¡Con cuánta intrepidez tendían sus dos caballeros la mirada al mundo, descubriendo en cada pulgada un barón, en cada gota de sangre azul el fruto de sesenta y cuatro matrimonios como Dios manda y en cada mirada un desafío!

A la cabeza, el señor de Alvensleben, cuyo noble caballo de coma Dale, Dios, un eterno descanso, REQUIEM POR LA GACETA ALEMANA DE LA NOBLEZA — 25 bate había cabalgado por las secas praderas de las novelas y memorias francesas, para poder aventurarse luego en una carga al galope contra las filas de la burguesía. En su escudo campea esta divisa: “Un derecho bien adquirido jamás puede convertirse en desafuero”, y grita al mundo con poderosa voz: “En tiempos inmemoriales, la nobleza se dignó contraer grandes méritos; ahora, duerme sobre sus laureles o, para decirlo llanamente, se ha tumbado a la bartola. La nobleza ha defendido vigorosamente a los príncipes y, por tanto, también a los pueblos, y yo me ocuparé de que aquellas hazañas no caigan en el olvido. Mi Señora y amada, la Gaceta de la Nobleza —requiescat in pace— es la más her. mosa dama del mundo, y quien lo niegue...” Al decir esto, el héroe cae del caballo y el barón de la Motte-Fouqué se lanza, galopando, a la liza para cubrir el puesto de su amigo. El viejo y “tostado” rocinante, que a fuerza de estarse quieto en el establo había perdido sus herraduras, aquel hipogrifo que no había conocido la gordura ni en sus mejores días, hacía mucho tiempo que se había olvidado del gallardo piafar bajo los emparrados del Norte y comenzó a patalear. El señor de Fouqué se olvidó del comentario poético anual al semanario político berlinés y partió, con solitaria grandeza de héroe, a la cruzada contra las ideas modernas; pero, para que el estamento de la nobleza orgulloso de su honor no fuese a pensar que la lanza inclinada de los viejos fueros se enderezaba contra él, el señor de la Motte-Fouqué le recitó un prólogo. Esta condescendiente bondad merece cierto comentario. Este prólogo nos enseña que la Historia universal no se ha hecho, como muy erróneamente piensa Hegel, para realizar el concepto de la libertad, sino solamente para demostrar que tienen que existir tres cla. ses: el noble para luchar, el burgués para pensar y el campesino para labrar. Pero no se trata de una diferencia de castas; mada de eso, esas tres clases deben ayudarse y realzarse mutuamente, no por medio de matrimonios desiguales, sino admitiendo a algunos individuos- de las clases bajas en las altas. Realmente, cuesta trabajo comprender que “las aguas cristalinas” de la nobleza, alimentadas por las fuentes puras que brotan junto a riscos en que se alzan los castillos roqueros de los bandidos, necesiten depurarse 'con otras linfas, Pero el noble barón consiente en que vengan a reforzar la nobleza no sólo gentes salidas de la burguesía, sino también “escuderos” y tal vez hasta los aprendices del ramo de sastrería. Lo que no nos dice el señor de Fouqué es cómo va la nobleza, a su vez, a reforzar a las demás clases. Probablemente será mediante los sujetos degradados de la nobleza; o bien, en vista de que el señor Fouqué es lo bastante amable para confesar que la nobleza, interiormente, no es mejor que la canalla, puede ser que la exaltación de los nobles a la clase burguesa o incluso a la de los campesinos represente para ellos el mismo honor que la concesión de un título de nobleza a los burgueses.

En el Estado del señor de Fouqué se vela, además, por evitar que la filosofía cobre" demasiada importancia; en este estado, Kant, con sus ideas sobre las paz eterna, habría acabado en la hoguera, pues con la paz eterna los nobles no podrían guerrear y sólo lucharían, a lo sumo, los dependientes de comercio, Como se ve, el señor de Fouqué merecería, por sus concienzudos estudios en materia de historia y de ciencia del Estado, ser elevado a la clase pensante, que es la burguesía: es un hombre muy versado en los hunos y los avaros, los baskires y los mohicanos y hasta se halla capaci. tado para: descubrir entre los antediluvianos, no sólo un respetable público, sino también gentes de la alta nobleza. Y ha hecho también el flamante descubrimiento de que, en la Edad Media, cuando el campesino era siervo, la clase campesina hacía y recibía favores y cambiaba amores con las otras dos clases. Su. lenguaje es incomparable, y sabe lanzar a diestro y siniestro sus frases de “dimensiones radicalmente profundas” y “sacar oro blanco de los fenómenos en sí (Hegel, colum. na entre los profetas) más oscuros”.

Et lux perpetua luceat eis... b pues, verdaderamente, lo necesitan.

La difunta Gaceta de la Nobleza tuvo, antes de morir, más de una hermosa idea, como por ejemplo aquella sobre la propiedad territorial de la nobleza y otras cien más que sería imposible ensalzar todas, pero la más hermosa fue la de haber anunciado ya en su primer número, entre las notas de sociedad, un matrimonio desigual. No legó a decir si, con el mismo sentido humano, se proponía incluir al señor de Rothschild entre la nobleza alemana. ¡Que Dios consuele a los padres dignos de lástima y eleve a la difunta al condado celestial! ¡Y que descansen en paz Hasta el Juicio final!

En cuanto a nosotros, entonémosle un requiem y un discurso fúnebre, como cumple a un buen burgués. Tuba mirum apargens sonum Per sepulera regionum Coget omnes ante thronum.e ¿No escucháis los trompetazos que resuenan sobre los sepulcros y que hacen trepidar alegremente a la tierra, al ver que las tumbas se abren? Ha amanecido el día del Juicio final, el día al que no seguirá ya la noche; el Espíritu, el Rey eterno, ha subido a su trono y a sus pies se congregan los pueblos de la tierra, para rendir cuentas de sus actos y sus pensamientos y cavilaciones; una nueva vida sacude el mundo; los viejos troncos de los pueblos sienten estremecerse gozosamente sus frondosas b Y que la luz perpetua los ilumine, e Que el trombón haga sonar sus maravillosos acordes sobre las tumbas de las regiones, llamando a todos ante el trono. REQUIEM POR LA GACETA ALEMANA DE LA NOBLEZA — 27 ramas bajo el hálito de la mañana y el viento arrastra todas sus hojas viejas, reunidas en un gran montón, al que el propio Dios pone fuego con sus rayos. Ha recaído el fallo sobre los linajes de la tierra, fallo que los hijos del pasado querrían de buena gana acallar, como si se tratara de un proceso sobre litigios de herencia; pero el eterno Juez amenaza inexorable con sus penetrantes miradas; la libra de carne de su usura les es cortada ahora a ellos y se ven precipitados en las tinieblas, en medio de las que no les consolará ni un solo rayo del Espíritu.