[“Telegraph für Deutschland”  
Nr. 31, febrero de 1840]

De las fuerzas poéticas del período de la Restauración, cuya energía no fue paralizada por las sacudidas eléctricas del año 1830 y cuya fama no se fundó sino en la presente época literaria, tres se distinguen por una semejanza significativa: Immermann, Chamisso y Platen. En los tres, una individualidad poco común, un carácter relevante y una fuerza de entendimiento que compensa al menos su talento poético. En Chamisso predominan ora la fantasía y el sentimiento, ora el entendimiento calculador; sobre todo en las tercinas la superficie es del todo fría y razonadora, pero se oye latir debajo el noble corazón; en Immermann esas dos cualidades luchan entre sí y forman ese dualismo que él mismo reconoce y cuyas puntas extremas su fuerte personalidad puede doblegar juntas, pero no unir; en Platen, finalmente, la fuerza poética ha renunciado a su autonomía y se aviene fácilmente al dominio del entendimiento más poderoso. Si la fantasía de Platen no hubiera podido apoyarse en su entendimiento y en su grandioso carácter, no se habría vuelto tan famoso. Por eso representó lo intelectual de la poesía, la forma, y por eso no le fue concedido su deseo de coronar su carrera con una gran obra. Sabía bien que una obra grande así era necesaria para dar duración a su fama; pero también sentía que su fuerza aún no bastaba para ello y esperaba del futuro y de sus trabajos preparatorios; entretanto pasó el tiempo, no salió en absoluto de los trabajos preparatorios y finalmente murió.

La fantasía de Platen seguía con angustia el paso audaz de su entendimiento; y cuando se trataba de una obra genial, cuando debía atreverse a un salto audaz que el entendimiento no podía realizar, entonces tenía que retroceder estremecida. De ahí surgió el error de Platen, de tener por poesía los productos de su entendimiento. Para las ghazales anacreónticas bastaba su fuerza creadora poética; a veces también relampagueaba en sus comedias como un meteoro; pero confesémoslo, de lo que era propio de Platen, la mayor parte es producto del entendimiento, y como tal será siempre reconocido. Uno se cansará de sus ghazales sobrecargados de artificio, de sus odas retóricas; se encontrará en gran parte injustificada la polémica de sus comedias, pero se rendirá todo respeto al ingenio de sus diálogos, a la sublimidad de sus parábasis, y se tendrá que hallar fundada su unilateralidad en la grandeza de su carácter. La posición literaria de Platen en la opinión pública se modificará; se alejará de Goethe, pero se acercará a Börne.

Que también sus convicciones le atraen más hacia Börne, lo atestiguan, además de una masa de alusiones en las comedias, ya varios poemas en la edición completa, de los cuales menciono solo la Oda a Carlos X; una serie de canciones que tuvieron como ocasión la lucha polaca por la libertad no fueron incluidas en esta colección, aunque debieron de ser de sumo interés para la caracterización de Platen. Ahora han aparecido, como apéndice a la edición completa, en otra casa editorial. Mi opinión sobre Platen la encuentro confirmada en ellas. El pensamiento y el carácter tienen que sustituir aquí a la poesía más, y de modo más llamativo, que en cualquier otra parte. Por eso Platen rara vez se desenvuelve en la forma sencilla de la canción; han de ser versos largos, extensos, cada uno de los cuales pueda albergar un pensamiento, o artificiosos metros de oda, cuyo paso grave y mesurado casi parece exigir un contenido retórico. Con el verso artístico le vienen a Platen también los pensamientos, y esta es la prueba más fuerte del origen intelectual de sus poemas. Quien haga otras exigencias a Platen, no verá satisfecho con estas canciones polacas; pero quien tome el cuadernillo con estas expectativas, será abundantemente compensado por la falta de aroma poético con una plenitud de pensamientos sublimes y poderosos, nacidos sobre el suelo del carácter más noble, y con una «gran pasionalidad», como acertadamente dice el prólogo. Lástima que estos poemas no hayan aparecido unos meses antes, cuando la conciencia nacional alemana se alzó contra la Pentarquía europea imperial rusa; habrían sido la mejor respuesta. Quizás también el pentarquista hubiera encontrado aquí más de un lema para su obra.

Friedrich Oswald