Tengo que decirte de inmediato que, para el futuro, me prohíbo todos los buenos consejos salidos de tu pluma. No debes creer, mi queridísima gansita, que ahora en la pensión ya puedas probar a ser sabia; además, si me diera por ahí, podría conseguir del pastor una cantidad inmensa de libros llenos de buenos consejos. La cerveza en nuestra oficina sigue en su sitio hasta que se acaba, y desde que tú protestas contra ello, nuestra cervecería no ha hecho sino perfeccionarse, pues tenemos, en primer lugar, cerveza negra y, en segundo, cerveza blanca. Eso es lo que pasa cuando las señoritas sabihondas de la pensión se entrometen en los asuntos de sus señores hermanos.

Así que no franquearé mis cartas. Escribe simplemente como dirección: Sr. F. E., en Bremen, eso basta. Pero no me pongas al cura en la dirección.

Hace poco, del 27 al 30 de julio, celebramos la revolución de Julio, que estalló en París hace diez años; pasamos una velada en la bodega del Ayuntamiento y las otras en la taberna de Richard Roth. El tipo todavía no ha vuelto. Allí bebimos el mejor Laubenheimer del mundo y fumamos cigarros; si los hubieras visto, habrías aprendido a fumar solo por ellos. Mi cigarrera todavía no ha aparecido. También ha vuelto un conocido mío que ha estado en Pensilvania y Baltimore y ha visto el Misisipi (es decir, Pensilvania, Baltimore y Misisipi). Este tipo es de Solingen, y los de Solingen son la gente más desgraciada del mundo, porque no pueden deshacerse de su alemán de Solingen. El chaval todavía dice: «en veranu jace muy güen tiempo», y en lugar de Carolina dice siempre «Calina».

Es triste, casi no tengo ni un céntimo en el bolsillo y un montón de deudas, tanto propias como del negocio de cigarros. Me acosa fulano, a quien le compré por última vez ciruelas de Santa Catalina para vosotras, que aún no he pagado; está el encuadernador sin pagar, están los tres meses en que debo pagar los cigarros comprados, ya vencidos hace mucho, y el Strücker no envía letras, y el pastor está de viaje y no puede darme dinero. Pero mañana vuelve, y entonces meteré seis luises de oro en la bolsa, y cuando en un café haya comido un pastel de tres groten, arrojaré una doble pistola sobre el mostrador: «¿Pueden cambiar?». Y entonces se oye: «Por desgracia, no», y entonces busco en todos los bolsillos los tres groten y salgo por la puerta, orgulloso de mis dobles pistolas. Cuando luego estoy de nuevo en la oficina, le tiro al más joven de pelo rojizo una pistola sobre el pupitre: «Derkhiem, mire a ver si puede conseguir calderilla», y entonces el tipo es sumamente feliz, porque tiene motivo para ausentarse una hora de la oficina y vaguear, inocente placer que le encanta. Pues el dinero menudo es muy escaso aquí, y quien lleva cinco táleros en calderilla en el bolsillo, está enormemente contento.

Hace poco ocurrió aquí un chiste magnífico. En la sección de segunda mano se buscaba una cocinera. Entonces llega una robusta muchacha a la oficina de la editorial y dice: «Óigame uzté, he leíjo en er periódico que buscan una cocinera.» «Jawol», dice el dependiente. «¿Y qué es lo que tiene que saber?», pregunta la moza. «Pues tiene que tocar el pianoforte, bailar, saber francés, cantar, coser y bordar; todo eso tiene que saber.» «¡Donnerslag!», dice la moza, «eso no lo sé hacer yo.» Pero cuando ve reír a toda la oficina, pregunta: «¿Uztedes quieren tomarme el pelo? ¡Donnerslag, a mí no me vacilan!». Y con eso se lanza contra el dependiente y quiere zurrarle; naturalmente, la pusieron con suavidad frente a la puerta.

Hace poco, el viejo echó a un carretero por la puerta. El tipo tenía que cobrar oro prusiano y no quería aceptar los luises de oro a 5 1/2 táleros. Estábamos riñendo con él cuando llegó el viejo: «¿Pero qué clase de barullo es este, maldita sea?», y agarró al tipo por el pecho y lo tiró a la alcantarilla. Entonces el carretero volvió tranquilamente y dijo: «Así no lo había entendido, ahora sí que voy a coger los luises de oro.»

Ahora mismo no tengo otro sobre para la carta que esta cuenta de café emborronada, que a ti, como auténtica hermana cafetera, te resultará bienvenida.

Farewell? y escribe pronto a Tu hermano
Friedrich

B[remen], 4 de agosto de 1840