CARTAS DEL WUPPERTAL * [Telegraph fiir Deutschland, marzo de 1839]

Como es sabido, este nombre,2 mal afamado entre los Amigos de la Luz,? abarca las dos ciudades de Elberfeld y Barmen, que ocupan el valle en una longitud de cerca de tres horas de marcha. El encajonado río hace fluir sus purpúreas aguas, ora raudas ora remansadas, entre humeantes edificios fabriles y talleres de blanqueado cubiertos de polvo de algodón; pero el color rojo intenso no proviene de ninguna sangrienta batalla, pues aquí sólo pelean las plumas teológicas y las locuaces viejas comadres que riñen generalmente por mor de la barba del emperador; ni obedecen tampoco a la vergijenza por los manejos de los hombres, aunque habría para ello sobrado fundamento; no, ese color de las aguas del río se debe exclusivamente a la abundancia de tintorerías: es el rojo de la alizarina. Viniendo de Duseldorf, se entra al llegar a Sonnborn en la tierra sagrada; el Wupper discurre perezoso y cargado de lodo, y su lamen. table aspecto deprime el ánimo, en contraste con las riberas del Rin, que acabamos de abandonar. La comarca, sin embargo, es bastante graciosa; las montañas, no muy altas, que unas veces ascienden suave. mente y otras se yerguen de pronto, cubiertas en todas partes de boscaje, interrumpen sin recato en las verdes praderas y, si el tiempo es bueno, el cielo azul, al reflejarse en el río, borra por completo su color rojizo. Tras una vuelta del camino, doblando una colina, aparecen delante de nuestros ojos las achaparradas torres de Elberfeld (las humildes casas se recatan detrás de los huertos), y en pocos minutos estamos en la Sión del oscurantismo, Casi todavía en las afueras de la ciudad, topamos con la iglesia católica, que se alza allí como desterrada tras los sagrados muros. Fue construida, muy mal construida, en estilo bizantino, con arreglo a un plan muy bueno, por un arquitecto muy malo; la vieja iglesia católica fue desmontada para dejar sitio al ala izquierda del ayuntamiento, que aún no se ha construido: sólo queda en pie la torre, que ahora contribuye a su modo al bien público, pues se usa como cárcel. Poco después, damos con un gran edificio —““sobre columnas descansa su techumbre”, como dice el poetab—, pero estas columnas presentan una estructura muy peregrina; por su espesor, son egipcias por abajo, dóricas en el centro y por arriba jónicas, despreciando además, a Valle del Wupper. b Alusión al poema “Mignon” de Goethe. [1]

por razones muy de peso, todo superfluo aditamento, tal como el pedestal y el capitel. Este edificio se llamaba antes el Museo; pero, como las musas quedaron lejos y sobre el edificio gravitaban voluminosas deudas, no hace mucho se le sacó a pública subasta y se le rebautizó con el nombre de “Casino”, nombre que fue grabado en el desnudo frontispicio, sin duda para ahuyentar todo recuerdo del viejo y poético nombre, El edificio es tan pesadote en todas sus dimensiones, que al anochecer se confunde fácilmente con un camello, A partir de aquí comienzan las aburridas calles, sin ningún carácter; el bello ayuntamiento nuevo, todavía a medio terminar, se halla tan mal emplazado, por falta de sitio, que su frente da a una callejuela estrecha y fea. Por último, salimos de nuevo al río, y un hermoso puente nos anuncia que entramos en Barmen, donde encontraremos, por lo menos, algo más aceptable en materia de belleza arquitectónica. Una ez cruzado el puente, todo cobra un carácter más agradable; grandes y “macizas casas construidas en estilo moderno y lleno de buen gusto sustituyen a los mediocres edificios de Elberfeld, ni antiguos ni modernos, ni bellos ni horribles; por todas partes vemos alzarse casas nuevas, hechas de piedra; terminan los adoquines y pisamos sobre una calzada recta, «construida a ambos lados, que continúa la calle, Por entre las casas se ven los verdes talleres de blanqueado; se divisan el río, que aquí corre todavía claro, y las apretadas montañas, cuyos suaves contornos, salpicados de bosques, praderas y huertos y de rojos tejados, hacen más gustoso el paisaje, a medida que se avanza. Como a la mitad de la avenida, hacia el frente, vemos, un poco recatada, la iglesia de Barmen de abajo; es el edificio más hermoso de todo el valle, magníficamente ejecutado en el más noble estilo bizantino. Pronto volvemos a encontrarnos con el pavimento adoquinado, las grises casas inclinadas se aprietan unas contra otras; pero, a pesar de todo, la vista es aquí más variada que en Elberfeld, pues la etérna monotonía se ve interrumpida ya por un edificio nuevo de blanqueado, ya por una casa moderna, ya por un trocito de río, ya por una serie de huertos pegados "a la calle. A la vista de esto, le cabe a uno la duda de si Barmen es una ciudad o más bien un conglomerado de toda suerte de edificios; es, en realidad, una reunión de muchos lugares aglutinados por el lazo de las instituciones urbanas. Los más importantes de estos lugares son: Gemarke, donde estuvo siempre el centro de la religión reformada, Barmen de abajo, hacia Elberfeld, no lejos de Wupperfeld, por encima de Gemarke, y más allá todavía Rittershausen; a su izquierda, Wichlinghausen y a su derecha, Hekinghausen, al lado de la cual se abre el maravilloso Rauhental; todos sus habitantes son luteranos pertenecientes a las dos iglesias; * los católicos, dos o tres mil a lo sumo, se hallan di. “seminados por todo el valle. Después de pasar Rittershausen, el caminante sale de la montaña y entra, cruzando el poste aduanero, en la vieja tierra prusiana de Westfalia.

"Tal es la fisonomía externa del valle, que, en general y prescindiendo de las tristes calles de Elberfeld, produce una impresión bastante grata; sin embargo, la. experiencia demuestra que sus habitantes hace ya: mucho tiempo que han perdido esta sensación placentera. Apenas se percibe aquí esa vida lozana y laboriosa del pueblo que encontramos en casi todas las partes de Alemania; “cierto es que a primera vista parece otra cosa, pues todas las noches escuchamos a gentes alegres que recorren las calles cantando, pero sus canciones son los más obscenos cantares que jamás hayan salido de labios inflamados por el aguardiente; nunca escucharemos aquí una de esas canciones populares conocidas a lo largo de Alemania y de las que podemos realmente sentirnos orgullosos. “Todas las tabernas se ven llenas de gente, principalmente los sábados y domingos, y por las noches, hacia las once, cuando cierran sus puertas, lanzan sobre la calle a los borrachos, que duermen la mona, las más de las veces, en los bordes de los caminos. Los de más baja estofa son los llamados “maleantes”, gentes totalmente desmoralizadas, sin techo ni jornal seguro, que al despuntar el día salen reptando de sus rincones, de sus pajares, establos, .etc., si es que no se han visto obligados a pernoctar sobre un estercolero o en las escaleras de las casas. Mediante la limitación de su número, antes indeterminado, la autoridad ha puesto ahora, en cierto modo, coto a estas tristes vidas. Las razones de este fenómeno están al alcance de la mano. En primer lugar, contribuyen muchísimo a fomentarlo los trabajos fabriles. Las faenas en los locales bajos, donde los obreros respiran más humo de carbón y polvo que oxígeno, son, en su mayoría a partir de los seis años, adecuadísimas para matar en ellos toda energía y toda alegría de vivir. Las mujeres, que poseen por único mobiliario en sus casas una silla, se pasan el día, desde la mañana hasta la noche, sentadas, quemándose la espalda al calor de la estufa. Se explica que estas gentes, en la. parte que no entregan al misticismo, caigan en las garras del aguardiente. El pietismo, bajo la insolente y repelente traza que allí presenta, tiene necesariamente que provocar el extremo contrario, y así se explica que el pueblo de esta comarca esté formado exclusivamente por gente “fina” (que es el nombre que se da a los místicos) y por la canalla viciosa. )

Ya por sí sola, esta división en dos partidos hostiles bastaría, aún prescindiendo del carácter de los mismos, para acabar con el desarrollo de todo espíritu popular, y ¿qué puede, esperarse allí donde la desaparición de uno de los dos partidos no ayudaría en lo más mínimo, ya que ambos padecen igualmente de tuberculosis? Las pocas caras saludables que allí se ven son las de los carpinteros y otros artesanos, todos ellos forasteros; también se ven tipos fuertes entre los curtidores del país, pero en tres años solamente su cuerpo y su espíritu quedan destrozados; tres hombres de cada cinco mueren tuberculosos,.y todo ello se debe al abuso del aguardiente. Pero, no cabe duda de que este mal no habría hecho tan tremendos estragos si las fábricas no estuviesen explotadas de un modo tan feroz por sus propietarios y si el pietismo no imperara del modo que impera aquí, amenazando además con extenderse sin cortapisas. Entre las clases bajas, especialmente entre los obreros fabriles del Wuppertal, reina una miseria espantosa; la sífilis y las enfermedades del pulmón se extienden en proporciones increíbles; solamente en El. berfeld hay 1200 niños de los 2 500 sujetos a la enseñanza obligatoria, pero privados de escuelas y que crecen en las fábricas, simplemente para que el señor fabril no tenga que pagar al adulto, que de otro modo ocuparía su puesto, el doble del salario que hoy cobra el niño. Pero los ricos fabricantes tienen la conciencia ancha y una vida infantil más o menos no condena al infierno a un alma pietista, sobre todo si va todos los domingos dos veces a la iglesia. Pues es cosa demostrada que de todos los fabricantes son los pietistas los que peor tratan a sus obreros, los que les merman el salario por todos los procedimientos posibles, so pretexto de que no caigan en la tentación de emborracharse, y los que en las elecciones de predicadores van siempre a la cabeza, cuando se trata de sobornar a su personal.

En las capas bajas, el pietismo reina principalmente entre los artesanos (entre los que no incluyo a los fabricantes). ¡Qué triste espectáculo ver marchar por la calle a uno de estos individuos, mirando al suelo, embutido en un larguísimo capote y con el pelo peinado a la manera pietistal Pero quien verdaderamente desee conocer esta especie debe entrar en la fragua o el taller de zapatero de un pietista. Verá sentado al maestro, a su derecha la Biblia y a su izquierda, por lo menos con mucha frecuencia, la botella de aguardiente. El trabajo, desde luego, no agobia; el maestro se pasa las horas muertas leyendo los Evangelios, de cuando en cuando bebe una copa y a ratos entona su voz con la del coro en un canto religioso. Pero lo principal es siempre, desde luego, el maldecir del amado prójimo.

Como se ve, la tendencia es aquí la misma que donde quiera y la furia proselitista da sus frutos. Se ganan, sobre todo, las almas de muchos impíos borrachos, casi siempre de un modo casi milagroso. La cosa no es difícil; estos prosélitos son todos hombres degenerados, idiotizados, a los que no cuesta ningún esfuerzo convencer; una vez convertidos, lloran a raudales varias veces por semana, pero siguen llevando a escondidas su vida encanallada.

Hace varios años, salieron a lá luz del día estos manejos, con gran espanto de todos los beatos. Se presentó allí un aventurero norteamericano que se hacía llamar el pastor Jürgens; predicó varias veces y acudía un tropel de gentes a oirlo, pues la mayoría de ellas creía que, como americano, tenía que ser de piel morena o incluso negro. No digamos el asombro de los fieles al ver que no sólo era blanco, sino que predi. caba además, con tal elocuencia, que hacía llorar a la iglesia entera; el truco consistía en que, si le fallaban los otros recursos para enternecer. hasta el llanto a quienes le escuchaban, él mismo rompía a gemir. Una oleada de asombro se levantaba de entre los creyentes; no faltaban quienes mostrasen dudas, recurriendo a su razón, pero eran repudiados como descreídos; el predicador no tardó en formar conventículos y en recibir de sus acomodados admiradores ricos obsequios que le permitían vivir A a cuerpo de rey. Sus sermones atraían más público que cualesquiera otros; sus cenáculos estaban abarrotados de gente y cada una de sus palabras hacía llorar como magdalenas a hombres y mujeres. Ya todos estaban convencidos de que era, por lo menos, medio profeta y de que se disponía a construir una nueva Jerusalén, cuando de pronto se vino a tierra todo el artilugio. Un buen día, se supo qué clase de cosas se urdían en aquellas reuniones recatadas; el señor Jürgens fue apresado y hubo de purgar dos años de prisión en la cárcel de Hamm, en castigo por su exceso de devoción. Más tarde, bajo promesa de enmienda, fue | puesto en libertad y reexpedido a los Estados Unidos. Se supo también | que, antes, había practicado ya sus malas artes en Norteamérica y que | luego, expulsado de allí y para no perder el hábito, había vuelto a las andadas en Westfalia, de donde se le dejó marchar tranquilamente, por misericordia o más bien por debilidad de las autoridades, sin entrar en más indagaciones, hasta que, por último puso remate a su vida li. cenciosa en Elberfeld. Al saberse las cosas que sucedían en los sermo. nes de este santo varón, todo el pueblo se “levantó en contra suya y nadie quería saber ya nada' de él; todos lo negaron, desde el Líbano hasta elimar Salado, es decir, desde Rittershausen hasta Sonnborn, donde termina el Wuppertal, Pero el verdadero centro de todo el pietismo y el misticismo es la parroquia reformada de Elberfeld. Esta parroquia se ha caracterizado de siempre por su severo espíritu calvinista. En los últimos años, gracias al nombramiento de los predicadores más fanáticos del mundo —en la actualidad, actúan allí cuatro de éstos—, se ha convertido en la más brutal intolerancia, que tiene muy poco que envidiar al fanatismo papista. Las reuniones parroquiales de Elberfeld son verdaderos juicios inquisitoriales, donde se inquiere sobre la vida y las costumbres de cuantos no asisten a la iglesia. Se averigua si fulano o zutano lee novelas y aunque el título las acredite como novelas cristianas, el pastor Krummacher ha dicho que las novelas son siempre libros impíos; o se saca a relucir que mengano, aunque parezca ser fiel al Señor, asistió anteayer a un concierto y, al oír esto, los fieles llevan las manos a la cabeza, aterrados ante un pecado tan espantoso. 'Y si cae sobre un predicador la fama de ser un racionalista (nombre que se da a todo el que no coincide al pie de la letra con las opiniones establecidas), se le hace comparecer, para investigar si su levita es de un negro perfecto y sus pantalones tienen un color ortodoxo y ¡ay de él si se le pilla en renuncia, con una levita tirando a azul o con un chaleco de matiz racionalista! ¡Y no digamos si se presenta alguno que no crea en la pre. destinación! Es —se le dirá, enseguida— casi tan perverso como un luterano, un luterano no es mucho mejor que un católico, y ya se sabe que un católico y un idólatra están condenados por naturaleza. ¿Y quiénes son los que así se expresan? Gente ignorante que apenas sabe si la Biblia se halla escrita en chino, en hebreo o en griego y lo juzgan todo por las palabras de un predicador que un día fue reconocido orto. doxo, séalo o no.

Este espíritu reinaba desde que la Reforma se impuso aquí, pero pasó inadvertido hasta que el predicador G. D. Krummacher, muerto hace unos cuantos años en esta misma parroquia, comenzó a cultivarlo y alentarlo; pronto floreció en su plenitud el pietismo, pero Krummacher murió antes de poder recoger el fruto; esto ha sucedido ahora, desde que su sobrino, el Dr. Friedrich Wilhelm Krummacher, ha desarrollado y modelado la doctrina con tal nitidez, que ya no se sabe.cómo se la debe considerar, si como un disparate o como una blasfemia. En fin; el fruto está maduro y, como. nadie entiende el modo:,de cosecharlo, con el tiempo se caerá al suelo, podrido. ..

“Gottfried Daniel Krummacher, hermano del Dr. F, A. Krummacher de Bremen, famoso por sus parábolas, murió en Elberfeld hace unos tres años, después de. una larguísima carrera. de predicador. Cuando, hace más de veinte, un misionero de Barmen no predicó desde el púlpito la doctrina de la predestinación con la misma furia que él, la gente, alegando que aquel sermón falto de fe no era tal sermón, empezó a fumar en la iglesia, a armar ruido y a impedirle predicar, hasta que la autoridad se vio obligada 'a intervenir. En vista de esto, Krummacher escribió al ayuntamiento de Barmen una carta espantosamente grosera, por el estilo de las que Gregorio VII dirigía a Enrique 1V,* y ordenó que se dejase en paz a los fanáticos, quienes se limitaban a defender su Evangelio; además, predicó desde el púlpito acerca de esto. Pero sólo consiguió quedar en ridículo. Esto indica cuál era el espíritu de este sacerdote, que mantuvo hasta sus últimos días. Por lo demás, era hombre de tan peregrinas costumbres, que circulan acerca de él mil anécdotas en que se le pinta como un curioso extravagante o como un individuo zafio y grosero. El Dr. Friedrich Wilhelm Krummacher, hombre como de cuarenta años, alto,. fornido y de imponente figura se ha hecho todavía, si cabe, más voluminoso desde que está en Elberfeld. Se peina del modo más extraño, imitado por todos sus. secuaces, y quién sabe si llegará un día a ponerse. de moda el pelo a la Krummacher, claro está que esta moda, si llegara a imponerse, eclipsaría por su mal gusto a todas las anteriores, incluyendo. la, de las pelucas empolvadas. l De estudiante, fue colaborador de la demagogia estudiantil,$ escribió letras para canciones sobre la libertad, llevó una bandera en la. fiesta del Wartburg * y pronunció. un discurso que debió de causar gran sensación. Acordándose de aquellos años disipados, suele referirse algunas veces desde el púlpito, a los tiempos en que andaba todavía entre los hetitas y los cananitas. Más tarde, fue elegido párroco de los reformados de Barmen, y de entonces data su verdadera reputación. Apenas llega allí, su doctrina estricta de la predestinación, produjo una escisión no sólo entre luteranos y reformados, sino también dentro de éstos, entre los predestinacionistas rigurosos y los moderados. Una vez, salió de una reunión, un poco bebido, un viejo y estirado luterano, que tenía que pasar por un puente ruinoso. Al buen hombre debió de parecerle un tanto aventurada la hazaña, en el estado en que se encontraba, y se CARTAS DEL WUPPERTAL : 7 paró a reflexionar: si pasas y todo sale bien, magnífico; pero si das un mal paso y caes al río, los reformados dirán que así tenía que ser; pero no, no será así, Y, dando media vuelta, buscó un vado y cruzó el río con el agua hasta el cuello, animado por el devoto sentimiento de haber disputado un triunfo a los reformados, Cuando vacó una plaza en Elberfeld se llevó a ella a Krummacher, con lo que se acabaron todas las rencillas en Barmen, encendiéndose - todavía con mayor fuerza en Elberfeld. Ya el sermón de toma de posesión del nuevo predicador encolerizó a los unos y entusiasmó a los otros; la discordia fue creciendo cada vez más, sobre todo porque pronto cada predicador, aunque todos fueran de la misma opinión, tenía su propio partido, que formaba su único auditorio. Hasta que por último las gentes se cansaron de gritar y oír gritar a todas horas: ¡yo soy krummachista o antikrummachista!, pero no por amor a la paz, sino porque los partidos iban distanciándose cada vez más. * Krummacher es, innegablemente, hombre de gran talento retórico y también poético; sus sermones no son nunca aburridos, construye sus párrafos de un modo natural y seguro y es fuerte, sobre todo, en las pinturas a base de tintas negras —su descripción del infierno tiene siempre trazos nuevos y audaces, por muchas veces que la repita— y en las antítesis. En' cambio, se atiene con demasiada frecuencia -a la fraseología bíblica y a las imágenes sacadas de ella, que, aunque general. niente ingeniosas en su aplicación, por fuerza tienen que acabar siempre repitiéndose; de vez én cuando, nos encontramos con 'un símil enor, memente prosaico sacado de la vida cotidiana o con un relato de sus propias vicisitudes personales o de sus más triviales experiencias. Todo lo expone desde el púlpito, venga o no a cuento; últimamente, ha ofre. cido a la devoción de sus devotos oyentes la descripción de un viaje a Württemberg y a Suiza, hablando a este propósito de sus cuatro disputas victoriosas con Paulus en Heidelberg y con Strauss en Tubinga, aunque dando, claro está, una versión muy diferente de la que Strauss ofrece en su carta. Su modo de declamar es, a ratos, excelente y su poderosa y elocuente gesticulación resulta, en ocasiones, muy adecuada, aunque a veces se hace amanerada y de mal gusto sobre toda ponderación. En estos momentos, se mueve por el púlpito en todas direcciones, se incli. na hacia todos lados, golpea los bordes de la tribuna, se revuelve como un caballo en la batalla, manotea y vocifera, haciendo vibrar los cristales de las vidrieras y asustando a las gentes en la calle. Quienes le escuchan comienzan entonces a sollozar; rompen a llorar primero las muchachas, seguidas por las mujeres viejas, que se unen a ellas con gemidos de falsete que desgarran el corazón; los desmedulados pietistas aguardentosos se suman al coro plañidero y aumentan la disonancia con sus tonos de angustia, hasta que por último la voz del predicador re. suena como un trueno en medio de los plañidos, amenazando a los creyentes con la condenación eterna y los castigos del infierno. ¡Y no hablemos de su doctrina! No se comprende cómo un hombre puede creer en tales cosas que representan una flagrante contradicción con la razón y con la Biblia. No obstante lo cual, Krummacher ha plasmado y perfilado la doctrina con tal nitidez y de modo tan consecuente, que no cabe reprocharle nada, una vez aceptada la base de que se parte, o sea la incapacidad del hombre para querer por sí mismo lo bueno y, más aún, para obrar el bien. De donde se sigue, lógicamente, la exigencia de que se le infunda esa capacidad desde fuera, y como el hombre no puede ni siquiera querer el bien, hace falta que Dios le im. ponga ese don. Del libre arbitrio de Dios se desprende la concesión voluntaria de este don, que se basa también, por lo menos aparentemente, en la Escritura. Sobre esta trabazón lógica y consecuente descansa toda la doctrina; los pocos creyentes se salvan. y santifican, quiéranlo o no, mientras que los demás se hallan condenados al fuego. “¿Eterno?” “¡Sí, por toda una eternidad!” (Krummacher). Está escrito, además: Nadie llegará al Padre más que a través de Mí; pero. los paganos no pueden llegar al Padre por medio de Cristo, porque no son cristianos, razón por la cual sólo existen para poblar el infierno. Entre los cristianos, muchos son los llamados y pocos los elegidos; pero los muchos llamados lo son solamente en apariencia, y Dios se guarda mucho de llamarlos con la fuerza necesaria para hacerse oír, todo a la mayor gloria de Dios y para que no tengan disculpa posible, Y asimismo está escrito que la sabiduría de Dios es una necedad para los sabios de este mundo, lo que equivale a la orden dada a los místicos para que presenten su fe bajo la envoltura más disparatada posible, con objeto de que se cumpla dicha sentencia. Cómo esto puede compaginarse con la doctrina de los apóstoles, que nos hablan del culto razonable de Dios y de la leche racional del Evangelio, es un secreto demasiado alto para que sea alcanzado por la razón, Son estas enseñanzas las que echan a perder todos los sermones de Krummacher; los únicos pasajes en los que no resaltan con tanta fuerza son aquellos en que habla del contraste entre la opulencia terrenal y la humildad de Cristo o del orgullo de los príncipes seculares y de Dios. Aquí se trasluce todavía, con frecuencia, un destello de su pasada demagogia, y si no se expresara en términos tan generales, podemos estar seguros de que el gobierno no se callaría.

Son muy pocos los que en Elberfeld aprecian el valor estético de sus sermones, pues, poniendo junto a él a sus tres colegas, que cuentan, los tres, con un auditorio casi igualmente nutrido, podríamos decir que Krummacher es la unidad seguida de tres ceros, los cuales sólo sirven para que resuene todavía más su voz. El más viejo de estos tres ceros se llama Kohl, cuyo nombre caracteriza también sus sermones; e el segundo se llama Hermann pero no es, a pesar del nombre, descendiente del personaje a quien ahora erigen un monumento” llamado a sobrevivir a la historia y a Tácito; el tercero se llama Ball 1 y es, en efecto, la pelota con que juega Krummacher. Los tres son sumamente ortodoxos y pisan, en sus sermones, sobre las huellas de los lados negativos de aquél. Los párrocos luteranos de Elberfeld son Sander w Hülsmann, e Kohl, verdura. d Pelota.

E que antes se habían ido furiosamente a las manos, cuando el primero se hallaba todavía en Wichlinghausen y se vio envuelto en la conocida disputa con el hermano del que ahora es colega suyo. En su actual puesto ambos se comportan dignamente el uno con respecto al otro, aunque los pietistas hacen todo lo posible por revivir la discordia entre ellos, acusando a Hillsmann de toda clase de atrocidades contra Sander. El tercero de la terna es Dóring, hombre de una distracción muy original; es incapaz de ligar tres frases seguidas, pero en cambio se las arregla para convertir tres partes de un sermón en cuatro, repitiendo literalmente una de ellas, sin que se dé cuenta para nada. Probatum est.* De sus poesías hablaremos más adelante.

Entre los predicadores de Barmen no hay gran diferencia; todos ellos son severamente ortodoxos, con una dosis más o menos grande de pie tismo. Solamente Stier, en Wichlinghausen, presenta algunos rasgos un poco notables. Dícese que Jean Paul* lo conoció de niño y descubrió en él dotes relevantes. Ocupó el puesto de párroco en Frankleben, cerca de Halle, y publicó en aquel tiempo varios escritos en verso y en prosa, una edición mejorada del Catecismo luterano, un sucedáneo de esta obra y un librito complementario de ella para maestros estúpidos, así como también una obrilla sobre la escasez de libros de canto en la provincia de Sajonia, extraordinariamente elogiada por la Gaceta Eclesiástica Evangélica y en la que se contienen, por lo menos, ideas más razonables acerca de las canciones religiosas de las que suelen escucharse en el bendito Wuppertal, aunque encontremos también en ella algún que otro fallo injusto. Sus poesías son aburridas hasta más no poder; hay que reconocerle, además, el mérito de haber hecho aptas para los ortodoxos, con su versión, algunas poesías paganas de Schiller. He aquí, por ejemplo, lo que dice de los dioses de Grecia: Todavía gobernáis el vano mundo Por el engañoso lazo del pecado, Conduciendo aún a las generaciones, ¡Oh, entes vacíos del mundo de la fábula!

Todavía vuestros pecados siguen brillando, Mas ¡cuán distinto el brillo al de otro tiempo, Cuando tu templo se adornaba con coronas, Oh, Venus Amathusia! 8 ¡Algo realmente ingenioso y verdaderamente místico! Desde hace medio año, Stier se halla en Wichlinghausen ocupando el puesto de San. der, pero todavía no ha enriquecido la literatura de Barmen con ninguna obra, Un lugar situado cerca de Elberfeld, Langenberg, sigue perteneciendo, en realidad, al Wuppertal. Allí nos encontramos con Emil Krum. macher, hermano de Friedrich Wilhelm; no es un predestinacionista tan riguroso como éste, pero le imita en muchas cosas, como demuestra el siguiente pasaje de su último sermón de Navidad: e Está demostrado. f Escritor alemán (1763-1825), ”Con nuestros cuerpos terrenales seguimos sentados aquí, en estos bancos de madera, pero nuestros espíritus flotan con los de millones de creyentes en lo alto de la montaña sagrada y, después de haber escuchado allí los cantos de los ejércitos celestiales, descienden de muevo sobre la pobre aldea de Belén. ¿Y qué contemplan allí? Ven, primero, un pobre establo y en ese pobre, pobrísimo establo, un. pobre pesebre, en el pobre pesebre un pobre haz de heno y paja y sobre el pobre, pobrísimo haz de heno y paja, yace como el pobre niño de un mendigo, envuelto en pobres pañales, el rico Señor del Mundo.” Habría que hablar todavía de la Casa de las Misiones, pero los arpegios ? de un ex misionero, ya mencionados en estas páginas, son testimonios. suficientes del espíritu que allí reina. Por lo demás, hay que decir que el inspector de dicha Casa, el Dr. Richter, es un hombre erudito, importante orientalista y naturalista, que ha editado, además, una Biblia casera ilustrada.

Tales son las actividades de los pietistas en el Wuppertal; no alcanza uno a comprender que en nuestro tiempo puedan suceder todavía tales cosas; pero parece como si tampoco esta roca del viejo oscurantismo pudiera resistir a la poderosa corriente de los tiempos; socavada la arena, se precipitará la roca, con gran estrépito. U - [Telegraph fiir Deutschland, abril de 1839]

No hace falta decir que, en una región invadida como ésta por el pietismo, esta doctrina se extiende por todos lados y penetra, corrompiéndolos, en todos y cada uno de los campos de la vida. Y ejerce su principal poder como es natural, sobre la enseñanza, especialmente en las escuelas primarias. Una parte de estas escuelas se halla en sus manos; nos referimos a las escuelas parroquiales, de las que existe una en cada parroquia. Con un poco más de libertad, aunque siempre sometidas a la vigilancia, del consejo escolar eclesiástico, actúan las demás escuelas, sobre las que las autoridades civiles ejercen mayor influencia. El influjo entorpecedor del misticismo salta, aquí, a la vista. Mientras que las iglesias parroquiales siguen dedicadas, como antaño, bajo el difunto príncipe Carlos Teodoro, a enseñar a sus alumnos, además de la lectura, la escritura y las cuatro reglas de cálculo, la doctrina del Catecismo, en las otras escuelas se enseñan los rudimentos de algunas ciencias y un poco de francés, y muchos de los alumnos, estimulados por estas enseñanzas, tratan de seguir desarrollándose aún después de salir de la escuela. Estas escuelas acusan un importante progreso y, después de la entrada del gobierno prusiano, han aventajado considerablemente a las escuelas parroquiales otras de las que iban a la zaga. Pero a las escuelas parroquiales asiste un número mucho mayor de alumnos, porque cuestan mucho menos y muchos padres siguen mandando a estas escuelas a sus hijos, en parte por rutina y en parte porque ven en los progresos un peligro para su formación religiosa. ] Existen en el Wuppertal tres establecimientos superiores de enseñan. za; la Escuela Municipal de la ciudad de Barmen, el Instituto técnico y el Instituto de Humanidades de Elberfeld.

La Escuela Municipal de Barmen, muy pobremente dotada y que no dispone, por esta razón del profesorado necesario, hace, sin embargo, todo lo que puede. Se halla en manos de un Consejo de Curadores muy limitado y avaro, que la mayor parte de las veces no admite como profesores de la escuela más que a pietistas. No obstante, el director, que no es tampoco ajeno a esta tendencia, desempeña su cargo con arreglo a principios fijos y sabe, con gran habilidad, situar a cada maestro en el puesto que le corresponde. Le sigue el señor Johan Jakob Ewich, que enseña bastante bien sobre un buen libro de texto, y es, em la enseñanza de la historia, un celoso seguidor del sistema anecdótico de Nösselt. Es autor de muchas obras de pedagogía, la mayor de las cuales, mayor, quiero decir, en extensión, se titula Humano (Wesel, en Bagel), 2 vols., 40 pliegos, precio 1 tálero. Todas ellas abundan en excelentes ideas, buenos deseos y propuestas irrealizables. Se dice que su práctica pedagógica queda bastante por debajo de la hermosa teoría. El Dr. Phillipp Shifflin, segundo profesor, es el maestro más capaz de la escuela. Tal vez ningún otro alemán haya penetrado tan a fondo como él en la estructura gramatical del francés moderno. No parte del románico antiguo, sino que estudia la lengua clásica del siglo pasado, principalmente la de Voltaire, pasando luego de ésta al estilo de los autores contemporáneos. Los resultados de sus investigaciones figuran en su Guía para el estudio de la lengua francesa, en tres cursos, el primero y el segundo de los cuales conocen ya varias ediciones, mientras que el tercero verá la luz este año, ahora, para Pascua. Es, sin duda alguna, con la de Knebel, la mejor teoría de la lengua francesa que poseemos; ha encontrado una acogida muy favorable ya al aparecer el primer curso y ha logrado a la hora actual una difusión casi sin paralelo en toda Alemania y más allá de sus fronteras, hasta Hungría y las provincias rusas del Báltico, Los demás profesores son jóvenes seminaristas, algunos de los cuales han logrado adquirir una buena cultura, mientras que otros llevan dentro un verdadero caos de toda clase de ciencias. Entre estos jóvenes maestros, el mejor era el señor Kóster, amigo de Freiligrath, cuyo programa contiene un extracto de poética, del que aparece totalmente excluída la poesía didáctica y colocados en un lugar secundario los géneros de la épica y la lírica; este ensayo revela, sin embargo, penetración y claridad. Kóster fue nombrado para Duseldorf, y los señores del Con. sejo de Curadores lo dejaron marchar de buena gana, por considerarlo enemigo del pietismo. El reverso de este profesor lo forma otro que, preguntado por un estudiante de la cuarta clase quién era Goethe, contestó: “Un impío”. El Instituto técnico de Elberfeld cuenta con buenos fondos, lo que le permite seleccionar profesores más capaces y organizar Cursos más completos. En cambio, reina allí esa espantosa furia de tomar y copiar apuntes capaz de embrutecer a cualquier estudiante en un semestre. Además, no se nota gran cosa la autoridad de la dirección; el director está de viaje la mitad del año y, cuando se halla en la escuela, su presencia sólo se nota por una severidad exagerada. Unida al Instituto se halla una Escuela industrial, en la que los alumnos tienen que cursar la mitad de la vida. Entre los profesores se destaca el Dr. Kruse, quien vivió seis semanas en Inglaterra y escribió una obrilla sobre la pronunciación inglesa, notable por su perfecta inutilidad; los alumnos de esta institución tienen muy mala fama y han dado pie a Diesterweg para sus quejas “acerca de la juventud de Elberfeld.

El Instituto de Humanidades de Elberfeld vive en una situación muy precaria, pero se halla reconocido como uno de los mejores del Estado prusiano. Pertenece a la parroquia reformada, pero no padece gran cosa bajo su misticismo, porque los predicadores no se preocupan para nada de él y los miembros del Consejo escolar no saben nada de Humanidades; en cambio, sí padece bastante de su avaricia. Estos señores no tienen ni la más ligera idea de la excelencia de la educación humanística prusiana, tratan de favorecer por todos los medios, con dinero y con alumnos, al Instituto técnico y echan en cara al Instituto de Humanidades el que no sea capaz ni siquiera de cubrir sus gastos con el dinero de las matrículas. En la actualidad, se está negociando para que el gobierno se haga cargo de este centro de enseñanza; de otro miodo, se vería obligado en los próximos años a suspender sus actividades por falta de recursos. La designación de los profesores se halla actualmente en manos del Consejo escolar, integrado por personas que saben estampar muy bien una partida en el libro de cuentas, pero que no tienen ni la menor idea del latín, el griego o las matemáticas. El principio fundamental sobre el que descansa su sistema de selección es: antes un chapucero reformado que un hombre competente si es luterano, y no digamos católico. Pero, como da la casualidad de que entre los filó. logos prusianos abundan mucho más los luteranos que los reformados, casi nunca pueden ajustarse estrictamente a ese principio. El Dr. Hantschke, profesor real y director interino, natural de Luckau, en la Lusacia, escribe un latín ciceroniano tanto en verso como €n prosa y es, además, autor de varios sermones, obras de pedagogía y un libro de ejercicios en hebreo. Hace ya mucho tiempo que sería director en propiedad si no fuese luterano y el Consejo escolar no escatimara tan avaramente el dinero.

El Dr. Eichhoff, segundo profesor, escribió en colaboración con otro colega más joven, el Dr. Beltz, una gramática latina, libro sobre el que F. Hase ha emitido un juicio no muy laudatorio en la Gaceta Literaria general. Lo que mejor conoce es el griego.

El Dr. Clausen, tercer profesor, es sin duda alguna el hombre más competente de todo el Instituto, versado en todas las materias, pero excelente sobre todo en historia y literatura. Su exposición tiene una gracia muy poco común; es el único que sabe despertar en sus alumnos el sentido de la poesía, sentido que casi siempre se veía miserablemente ahogado bajo la férula de los filisteos del Wuppertal. Que yo sepa, sólo se le conoce como escritor por una disertación sobre “Pindaro, el lírico”, que le valió mucha fama entre el profesorado de humanidades, dentro y fuera de Prusia. Este ensayo ha llegado a figurar, naturalmente, en las librerías.

Estos tres centros de enseñanza existen solamente desde el año 1820; antes, sólo funcionaban dos escuelas rectorales,** una en Elberfeld y otra en Barmen, amén de una serie de institutos privados que no podían suministrar una cultura sólida. Sus huellas se perciben todavía entre los viejos comerciantes de Barmen. Ni la menor idea acerca de la cultura; en Barmen y Elberfeld se considera hombre culto a quien sabe jugar al whist y al billar, hacer algo de política y saludar con urbanidad. Estas gentes llevan una vida espantosa y, sin embargo, se sienten muy satisfechos con ella; se pasan el día barajando números en su oficina, entregados a esta ocupación con un interés y una furia verdaderamente increíbles; por las tardes, a una hora fija, todo el mundo se congrega en sus tertulias, a jugar cartas, hablar de política y fumar; al sonar las nueve, se van a sus casas, con una regularidad inalterable. Así, un día tras otro, sin la menor variación, y ¡ay de quien ose romper este engranaje! Puede estar seguro de conciliar contra él las iras de las primeras casas de la ciudad.

Los jóvenes se dejan conducir sumisamente por sus padres a la escuela, para que allí les enseñen a ser como sus progenitores. Sus temas de conversación no pueden ser más monótonos; los de Barmen hablan más bien de caballos y los de Elberfeld de perros; si la conversación sube de tono, se habla también de las bellezas femeninas o de cuestiones de negocios; eso es todo. ¿Una vez cada seis meses, hablan algo de literatura, entendiendo por tal los nombres de Paul de Kock, Marryat, Tromlitz, Nestroy y consortes. En política, son todos buenos prusianos, por hallarse en territorio gobernado por Prusia, repugnan a priori todo lo que sea liberalismo, entre tanto que Su Majestad se digne respetarles el Código de Napoleón,1* pues con él desaparecería todo patriotismo. Ninguno conoce lo que literalmente significa la Joven Alemania; *? se la considera como una agrupación secreta, algo así como una sociedad demagógica presidida por los señores Heine, Gutzkow y Mundt. Algunos de estos jóvenes de la buena sociedad han leído acaso: algo de Heine, tal vez los “Cuadros “de viaje”, saltándose las poesías intercaladas, o los “Denunciantes”, pero acerca de las demás sólo tienen vagas ideas, recogidas de labios de los funcionarios o los predicadores. Freili. grath, personalmente, es conocido de la mayoría y pasa por ser un buen camarada. Cuando estuvo trabajando en Barmen era asaltado a visitas por esta verde nobleza (como llama él a los jóvenes comerciantes),.pero pronto se dio cuenta del espíritu que entre ellos reinaba y se retiró; los jóvenes le seguían, elogiaban sus poesías y su vino y trataban por todos los medios de brindar como camaradas con cualquiera que hubiese pu. blicado algo, pues para estas gentes un poeta no es nada y un escritor lo es todo. Poco a poco, Freiligrath fue rompiendo todo trato con estas gentes y, desde que Kóster se ha ido de Barmen, sólo mantiene relaciones con unos cuantos. Su jefe 1? se ha mostrado siempre muy correcto y amable con él, en su precaria situación, pues, cosa curiosa, este poeta es un empleado de oficina sumamente laborioso y puntual. No creemos que sea necesario detenerse a hablar de su obra poética, después de haber sido juzgado con tanta exactitud por Dingelstedt en el Anua. rio de Literatura y por Carriére en los Anales de Berlín. Sin embar. go, ninguno de los dos me parece que ha hecho notar suficientemente cómo Freiligrath se siente firmemente apegado a su tierra natal, a pesar de haber peregrinado tanto tiempo lejos de ella. Así lo revelan las frecuentes alusiones a los cuentos populares alemanes, por ejemplo en la página 54, la reina de las ranas, Blancanieves, etc., tema al que dedica un poema entero (“En el bosque”), la imitación de Uhland (el “Noble Halcón”), página 82, “los Oficiales Carpinteros”, página 85, y también el primero de los poemas sobre las “Dos tumbas de generales” lo recuerda un poco para mérito suyo, enseguida “Los emigrantes” y, sobre todo, su insuperable “Príncipe Eugenio”. En estos pocos aspectos debemos fijarnos con tanta mayor razón cuanto que Freiligrath tiende a perderse en la dirección contraria. También abren una profunda perspectiva en su estado de ánimo el poema titulado “El poeta peregrino” y especialmente los fragmentos publicados en la hoja Diario de la Mañana; ** en ellos vemos cómo el poeta siente que no se halla a gusto fuera de su tierra, si no tiene sus raíces clavadas en la poesía auténtica. mente alemana.

En la que podemos llamar la literatura del Wuppertal ocupa el lugar más importante el periodismo. Se halla a la cabeza la Gaceta de Elberfeld, dirigida por el Dr. Martin Runkel y, bajo su sagaz dirección, ha adquirido una fama grande y merecida. El Dr, Runkel se hizo cargo de la dirección al refundirse en uno dos periódicos anteriores, la General y la Gaceta Provincial. El nuevo periódico nació bajo auspicios poco favorables; la Gaceta de Barmen le hacía la competencia, pero Runkel supo, creando un cuerpo de corresponsales propios y con sus artículos editoriales, hacer de su periódico uno de los primeros de Prusia. En Elberfeld, donde poca gente lee los editoriales de los periódicos, no encontró gran reconocimiento, pero lo encontró en cambio fuera de la región, a la que también debió de contribuir, indudablemente, la decadencia de la Gaceta Prusiana del Estado. El suplemento literario u “Hoja intelectual” no se eleva por encima del nivel corriente. La Gaceta de Barmen, cuyos editores, redactores y censores cambian a cada paso, se halla actualmente bajo la dirección de H. Püttmann, del que a veces se publican notas críticas de libros en la Gaceta de la Tarde. Le gustaría elevar el nivel del periódico, pero tiene las manos atadas por la comprensible parsimonia del editor. El folletón, con sus propias poesías, notas de libros y extractos de obras extensas, no vale gran cosa. El “Círculo de lectores de Wuppertal”, que lo acompaña, se nutre casi exclusivamente de la Europa de Lewald. Además de los citados periódicos, se publicaron también el “Anunciador diario”, la “Hoja para los forasteros”, filial de la “Gaceta de la aldea”, insuperable en poesias que laceran el corazón y en chistes malos, y el “Semanario de Barmen”, viejo gorro de dormir al que se le ven a cada paso las orejas de burro pietistas por debajo de la piel de león literaria. Entre la otra literatura, la prosa no vale absolutamente nada; y si prescindimos de los escritos teológicos o, más exactamente, pietistas y de unas cuantas obrillas compuestas de un modo muy superficial, acerca de la historia local, no queda nada. La poesía, en cambio, es abundantemente cultivada en el “Valle bendito”, en el que nos encontramos con un número bastante crecido de poetas.

Wilhelm Langewiese, librero en Barmen e Iserlohn, escribe bajo el nombre de W. -Jemand; su obra principal es una tragedia didáctica, El judío errante, que no llega, desde luego, a la versión que Mosen nos ha dado de este mismo tema. Como editor, es el más importante de los competidores del Wuppertal, cosa por lo demás muy fácil, ya que los otros dos, Hassel, de Elberfeld, y Steinhaus, de Barmen, no publican más que obras de auténtico pietismo. En su casa se aloja Freiligrath. Karl August Dóring, predicador en Elberfeld, es autor de gran cantidad de escritos en prosa y en verso; de ellos podríamos decir lo que dijo Platen: son un río caudaloso que nadie puede recorrer hasta su fin.* En sus poesías, este autor distingue entre canciones religiosas, odas y poemas líricos. A veces, a la mitad de la poesía se ha olvidado ya del comienzo y se remonta a extrañas regiones; desde las islas de los mares del Sur y sus misioneros va a parar al infierno y de los suspiros del alma atormentada pasa de pronto a los hielos del Polo Norte. Lieth, director de una escuela de niñas en Elberfeld, es autor de poesías infantiles, escritas casi siempre en un estilo ya anticuado y que no admiten comparación con las de Rückert, Gill y Hey, sin embargo, encontramos entre ellas algunas muy hermosas. * Friedrich Ludwig Wiilfing, indiscutiblemente el más grande poeta del Wuppertal, nacido en Barmen, es un hombre cuyo genio no es posible desconocer. Es un hombre muy alto, de unos cuarenta y cinco años, embutido en una larga levita de color pardo rojizo con la mitad de vida de su dueño, y sobre los hombros una cara indescriptible, cabalgando en la nariz unas gafas doradas en cuyos cristales se refracta la brillante mirada, la cabeza coronada por un gorro verde, en los labios una flor y en la mano un botón que acaba de arrancar nerviosamente de la levita: es el Horacio de Barmen. Pasea todos los días camino de Hardtberg, aguardando a captar una nueva rima o una nueva novia. Hasta los treinta años rindió culto a Palas Atenea como hombre industrioso; luego, cayó en manos de Afrodita, que se encargó de suministrar. le, una tras otras, nuevas Dulcineas, y éstas son sus musas. No hablemos de Goethe, que sabía arrancar a todo su lado poético, ni de Petrarca, que convertía en un soneto cada una de las miradas y de las palabras de la amada; los dos quedaron muy por debajo de Wiilfing. ¿Quién ha contado los granos de polvo que la amada pisa con sus lindos pies? El gran Wiilfing. ¿Quién ha cantado a las medias de Minita (la Clío de las nueve musas) llenas de barro en una pradera pantanosa?, Wiilfing y solamente él, Sus epigramas son obras maestras de la tosquedad más original y apegada al pueblo. A la muerte de su primera mujer, escribió una esquela mortuoria que hizo llorar a todas las criadas de servicio y una elegía todavía mucho más hermosa, que comenzaba así: “¡Oh, Guillermina, el más bello de todos los nombres!” Seis semanas después volvía a casarse, y en la actualidad tiene la tercera mujer. Es un hombre ingenioso que todos los días cambia de planes. Cuando se hallaba en el apogeo de su fama poética, le dio por ser un día fabricante de botones, otro agricultor y al siguiente tratante en papel; por último, arribando a seguro puerto, se dedica a la venta de candeleros, seguramente para expander sus luces de algún modo. Sus escritos son tan numerosos como las arenas del mar. : También hay que citar aquí por razones de vecindad a Montanus Eremita,*$ un autor anónimo de Solingen. Es el más poético de los historiógrafos de la región de las montañas; sus versos tienen menos de “absurdo que de aburrido y prosaico.

Y lo mismo podríamos decir de Johann Pol, pastor en Heedfeld, cerca de Iserlohn, quien ha escrito un tomito de poesías. Los reyes descienden de Dios, y también los misioneros, Pero el poeta Goethe es solamente hijo de hombres. Como muestra, basta un botón. Pero no se crea que este poeta carece de ingenio, pues dice cosas como ésta: “Los poetas son las luces, los filósofos las coletas de la verdad.” ¡Y qué fantasía la que se percibe en los dos primeros versos de su balada “Atila en el Marne”! Monstruoso cual alud, arrollándolo todo a su paso, Godegisel marcha hacia las Galias, entre llamas y escombros. Este pocta ha compuesto también salmos o, mejor dicho, los ha formado a base de fragmentos de David, Su obra principal es aquella en que canta, y además del modo más original, en epigramas, la disputa entre Hülsmann y Sander. Todo gira aquí en torno a la idea de que los racionalistas osaron burlarse y blasfemar del Señor.

Ni Voss ni Schlegel lograron jamás un espóndeo tan bello al final de un hexámetro. Johann Pol sabe clasificar sus poesías mejor todavía que Dóring, pues las divide en “Cantos religiosos, canciones y poesías varias”.

F, W. Krug, aspirante al grado de teología, autor de primicias poéticas o de reliquias prosaicas y traductor de varios sermones holandeses y franceses, ha escrito también una conmovedora novela según el gusto de Stilling, en la que aporta, entre otras cosas, una nueva prueba de la verdad de la historia mosaica de la creación. Es un libro delicioso. Para terminar, quiero citar todavía a un joven lleno de talento, quien ha tenido la idea de dedicarse al comercio, como oficinista, y a la poesía, siguiendo las huellas de Freiligrath. Confiamos en que pronto la literatura alemana se verá enriquecida por algunas de sus novelas, que en nada desmerecerán de las mejores; los únicos defectos que se le pueden reprochar son el retorcimiento de las situaciones, la precipitación y el estilo descuidado. De buena gana daría aquí el extracto de una de ellas, si no lo vedara la decencia; pero hay que esperar que pronto se presente un editor que se apiade del gran D.? (cuyo nombre no me atrevo a transcribir completo, para no exponerme a que Su modestia herida me lleve a los tribunales en un proceso por injurias) y dé sus novelas a la imprenta. También él pretende ser amigo leal de Freiligrath. Tales son, sobre poco más o menos, las figuras y manifestaciones literarias del mundialmente famoso valle, a los que tal vez habría que añadir algunos poderosos genios inflamados por el aguardiente, que de vez en cuando hacen sus ensayos poéticos; yo me atrevería a recomendar al Dr. Duller que los retratase en alguna de sus nuevas novelas, Toda ésta región yace inundada por un verdadero mar de pietismo y filiteísmo, y lo que descuella sobre las aguas no son precisamente bellos islotes cubiertos de flores, sino secas y peladas rocas o largos bancos de arena, entre los que Freiligrath vaga como un navegante náufrago y solitario.