ENGELS A FRIEDRICH GRAEBER [Bremen, 12-27 de julio de 1839]

Fritzo Graebero.2 12 de julio. Ya podréis dignaros escribirme de vez en cuando. Pronto hará cinco semanas que he recibido vuestra última carta. En la mía anterior, te lanzaba gran cantidad de escépticos dardos y, de haber conocido entonces la doctrina de Schleiermacher, habría abordado la cosa de otro modo. Eso es lo que yo llamo un cristianismo racional; cualquiera puede comprenderlo, aun sin necesidad de. aceptarlo, ya que puede uno, sin duda, reconocer el valor de una cosa sin hacer ésta suya. Los principios filosóficos que he encontrado en esta doctrina los he adoptado ya, aunque aún no veo claro, acerca de su idea. de la redención, y me guardaré mucho de declararme convencido de ella, para no verme obligado enseguida a cambiar de cabalgadura. Pero, sí la estudiaré, tan pronto tenga tiempo y ocasión. De haber conocido antes esta doctrina, jamás me habría hecho racionalista. Pero, ¿quién le habla a uno de estas cosas, en nuestro Muckertal? + Siento una tremenda furia contra este modo de vivir y lucharé mientras pueda contra el pietismo y la fe apegada a la letra. ¿Para qué sirve eso? Lo que rechace la ciencia, cuyo desarrollo abarca también toda la historia eclesiástica, debe dejar de existir también en la vida. Es posible que el pietismo haya tenido, históricamente, en otro tiempo, su razón de ser como elemento relacionado con el desarrollo de la teología. Pero su derecho, si alguna vez lo tuvo, ha caducado y tampoco él debe negarse a abdicar ante la teología especulativa. Solamente a base de ésta cabe desarrollar hoy algo seguro. Y no comprendo cómo puede nadie aferrarse a la fe literal en la Biblia o defender la injerencia directa de Dios en el mundo, ya que no es posible probarla en parte alguna.

26 de julio. Ahí estás. Vayamos al grano. Es muy curioso ver cómo en tu carta te atienes a la ortodoxia y, sin embargo, haces ciertas concesiones a una tendencia racionalista, con lo que pones armas en mis manos. El árbol genealógico de José. A mi primera objeción me contestas: ¡quién sabe si, muchas veces, en los registros genealógicos de la Biblia, no leeremos el Hijo en vez del Yerno o el Sobrino! ¿No te das cuenta de que, con ello, echas por tierra toda la verosimilitud de la genealogía bíblica? No acierto a comprender, en modo alguno, cómo la Ley puede probar algo, en este terreno. A mi segunda objeción, dices que Lucas ha escrito para Teófilo. Querido Fritz, ¿qué clase de inspiración es esa que toma en consideración los conocimientos del primero en Cuyas manos, por obra del azar, cae el Libro? No puedo reconocer tal inspiración si no se toman en cuenta todos los futuros lectores. Y, en general, debo decirte que no pareces ver claro todavía en lo que es la inspiración. En tercer lugar, no acierto a comprender que un registro a A Federico Graeber. b Valle de las Gasmónedas, alusión irónica de Wuppertal. [740]

genealógico de José pueda constituir el cumplimiento de la profecía; por el contrario, el evangelista debiera preocuparse de no presentar a Jesús como Hijo de José. “Habría ido totalmente en contra de la costumbre afirmar que Jesús era Hijo de María y María hija de Elí”. Pero, querido Fritz, ¿acaso la costumbre tiene algo que ver en esto? Fíjate bien y: te darás cuenta de que, al decir esto, sale mal parado tu concepto de la inspiración. Verdaderamente, me parece que tu -explicación .es tan forzada, que yo, en tu lugar, me decidiría a considerar una de las dos cosas como falsa. “El cristianismo tropieza, tal vez, con dudas insolubles y, sin embargo, es posible llegar a la certeza mediante la gracia de Dios”. Para mí, es muy dudosa esa influencia de la gracia de Dios sobre el individuo, tal como tú:la concibes. Conozco, ciertamente, el senti miento de beatitud que «experimenta quien mantiene una Íntima y cordial relación con Dios, sea místico o racionalista; pero si te esfuerzas en. ver claro, si piensas sin atenerte a los tópicos bíblicos, te darás cuenta de que es la conciencia la..que acusa el' origen divino del hombre y que, como parte: que eres de esta humanidad, no puedes perderte, sino que, tras interminables luchas tanto en este mundo como en el otro, tienes que volver por último al seno de la divinidad; tal es mi convicción, y me siento tranquilo en ella; y, en este sentido, puedo también decirte que el Espíritu divino me atestigua que soy un hijo de Dios; y vuelvo a decirte-que no puedo creer que tú te expreses en otro sentido. Claro está que tú te sientes más tranquilo con tu modo de pensar, mientras que yo tengo que debatirme todavía con diversas opiniones y aún no me siento firme en mis convicciones, que trato de robustecer, pero la diferencia, según yo la veo, es simplemente cuantitativa, no cualitativa, Reconozco de buena gana que soy:.ulh pecador, que siento. una inclinación profundamente arraigada a pecar y me considero muy lejos de la justicia de las obras. Pero mo estoy de acuerdo en que esta tendencia al pecado radique en la voluntad del hombre. Concedo, ciertamente, que la "posibilidad de pecar, aunque-no resida en la idéa misma de la humanidad, radica necesariamente: en la realización de ella; pero nadie capaz de pensar, querido Fritz, puede creer que mis pecados puedan redimirse gracias a los méritos de un tercero. Si me paro a meditar acerca de esto al margen de toda autoridad, llego, con la moderna teología, a la conclusión de que el carácter pecaminoso del hombre radica en la realización, necesariamente imperfecta, de. la idea -y de que, por tanto, cada cual. debe aspirar a realizar. plenamente en sí la idea de la humanidad, es- decir, tratar de asemejarse a Dios en cuanto a perfección espiritual. Esto es «algo totalmente subjetivo, y ¿cómo la teoría ortodoxa de la redención, que postula un tercero, es decir, algo objetivo, puede llevar a cabo esta obra subjetiva? Me reconozco punible, y si Dios quiere castigarme, puede hacerlo, pero me es totalmente imposible pensar ni creer en que ni la menor partícula de espíritu pueda hallarse eterna. mente alejada de Dios. Es verdad, indudablemente, que cuando Dios nos acoge en su seno obra en nosotros su gracia, pues cuanto Dios hace es gracioso, pero todo lo que hace responde también a la necesidad. Y la unión de estas contradicciones constituye una parte-importante de la esencia de Dios. Cuando dices, más adelante, que Dios no puede negar se, etc., me da la impresión de que tratas de rehuir mi pregunta, ¿Puedes creer que el hombre que aspira a la unión con: Dios sea eternamente rechazado por Él? No, no puedes, por eso-no quieres quemarte: los dedos. en esta brasa. ¿No te parece que es tener una idea muy baja de Dios el atribuirle que pueda castigar las maldades pasadas, como si.no fuera bastante castigo el que lleva consigo el mismo acto. malvado?-No- tienes más remedio que'asociar al eterno:castigo el eterno pecado, y al eterno pecado la eterna posibilidad de creer en verse redimido. La doctrina de la condenación eterna es espantosamente inconsecuente. Además, la fe histórica-es; para tí, el gran fundamento de la fe, y no concibes la' fe sin ella; pero no podrás negarme que hay hombres para quienes es total. mente imposible abrigar esa fe histórica: Y a estos hombres ¿va la exigirles Dios” que hagan lo imposible? Piensa, querido Fritz, que éso sería un absurdo y que la razón divina es, sin duda, superior a la humana, pero no distinta de ella, pues de otro modo no sería tal razón. También los dogmas bíblicos tienen que ser captados por la razón. Afirmas que la libertad del espíritu consiste en no. dudar. Es, por el contrario, la mayor servidumbre espiritual, pues sólo: es verdaderamente libre: quien sabe vencer las dudas que asaltan-su convicción. 'Y no pido, ni se me pasá: por las mientes, que tú me rebatas, sino que reto a rebatirme a toda la teología ortodoxa. “Si toda la “ciencia cristiana, «que cuenta ya 1800 años de vida no ha podido oponer ninguna clase de razones al racionalismo y se ha limitado a rechazar solamente algunos de sus ataques; más aún; si se niega a luchar en un terreno puramente científico y prefiere reducir a polvo la personalidad de sus adversarios, ¿qué podemos decir? ¿Acaso la doctrina cristiana ortodoxa és capaz de someterse a un tratamiento puramente científico? Yo digo que no, que no va más allá de un poco de clasificación, explicación y disputa. Te aconsejo que leas la Exposición y crítica del moderno pietismo por el Dr. C. Márklin, Stuttgart, 1839, y si consigues refutarla (es decir, lo. que hay en esta Obra de negativo, no lo positivo), serás el “primer teólogo «del mundo: " “El cristiano sencillo no: necesita ir más allá; sabe que es hijo de Dios, y no tiene por qué hacer frente; preguntando o contestando, a todas las aparentes contradicciones.” A esas “aparentes contradicciones” no puede dar una respuesta ni el sencillo cristiano ni el propio Hengstenberg, “pues se tráta de contradicciones muy reales; y no“cabe duda de que quien no: pasa de ahí y se escuda en su fe, no puede fundar su fe-en nada, El sentimiento puede, en el mejor de los casos, confirmar algo, pero nunca fundamentarlo verdaderamente, pues ello equivaldría a querer oler con las orejas.

Lo que me resulta más aborrecible en Hengstenberg es la redacción, verdaderamente escandalosa, de su Gaceta Eclesiástica. Casi todos sus colaboradores permanecen en el anonimato, el redactor-jefe del periódico responde por ellos, pero si alguien, sintiéndose ofendido, reclama, el señor Hengstenberg no sabe nada, no revela el nombre del autor y no se considera obligado a contestar. Así les ha sucedido ya a no pocos pobres diablos, atacados enla Gaceta Eclesiástica -por no se sabe qué luminaria, y cuando el redactor-jefe se.digna contestar, se limita a decir que él no ha escrito el artículo en cuestión. Lo que no es obstáculo para que su periódico siga gozando de gran fama entre los predicadores pietistas, que, no pudiendo leer los escritos del: campo de enfrente, se quedan muy tranquilos. No he leído los-últimos números, para poder citarte ejemplos, Cuando estalló el. escándalo de Zurich a propósito de Strauss, no puedes imaginarte con qué colores tan atroces pintó la Gaceta Eclesiástica el carácter de aquel autor, cubriéndolo de improperios, pero sin conseguir que el calumniado —todas las noticias coinciden en:ello— abandonara su noble actitud: ¿Qué.es lo que mueve, por ejemplo, a la Gaceta Eclesiástica a meter en el mismo sáco a Strauss y a la Joven Alemania? Para muchos, la Joven Alemania es algo abominable y blasfemo. IN .

En lo tocante a la poesía de la fe, me has entendido mal. No ha sido la poesía la que .meha llevado a creer; mi: fe ha:nacido del hecho de ver que no podía seguir viviendo «al buen tuntún, porque mis pecados me atormentaban y necesitaba la comunidad con Dios. He renunciado sin vacilar y de buena gana a cuanto-me deleitaba, he. sacrificado :con alegría lo que más me gustaba, he abandonado el trato de aquellos que más me atraían; me he humillado ante el mundo en todos los rincones. Sentí una gran satisfacción al encontrar en Pliimacher a una. persona con la que podía hablar y soporté sin rechistar su- fanatismo de-la -predestinación; y tú sabes bien:cuán en serio lo tomé, como algo sagrado. Era feliz, no me cabe duda, .como lo soy también ahora; sentía gozo y seguridad en los: rezos; también: los siento ahora y todavía más, pues lucho y experimento la necesidad de fortalecerme. Pero nunca:he llegado. a sentir aquella extática beatitud de que'tantas veces he: oído hablar desde el púlpito; mi religión era y sigue siendo más recogida, más calmada, una santa paz; si la sigo sintiendo también después de mi muerte, me daré por contento. Y no tengo ninguna: razón para «creer que Dios me la haya quitado. La convicción: religiosa es:asunto del corazón y sólo tiene algo que ver con'el dogma en ¿cuanto que éste se ve o no contrarrestado por el sentimiento. Dios: puede hacerse presente-ante t por el sentimiento de que eres hijo de Dios; es muy posible, pero puedes estar seguro de queno lo eres gracias a la muerte. de Cristo, «pues eso equivaldría a sostener que el sentimiento puede pensar o.que tus oídos son capaces de ver. N E Todos los días "tezo y me paso casi el día entero rezando por la verdad; así lo vengo haciendo desde que comencé a dudar, pero no puedo volver a vuestra fe, aunque está escrito que quien ora obtendrá lo que pide. Indago la verdad donde abrigo la: esperanza de encontrar siquiera la sombra de ella; y, sin embargo, mo puedo reconocer vuestra verdad como eterna, a pesar de que está escrito: buscad y encontraréis. ¿Hay entre vosotros alguien que, cuando su hijo pide-pan, le ofrezca una piedra? ¿Y no es eso acaso lo que hace vuestro Padre en los cielos? Al escribir esto, siento los ojos arrasados de lágrimas, la emoción me domina, pero algo me dice que no me perderé, que llegaré a ese Dios por quien todo mi corazón suspira. Y también esto es un testimonio del Espíritu santo; por ello vivo y por ello moriré, aunque la Biblia diga una y diez mil veces lo contrario. Y no te engañes, Fritz, por muy seguro que te creas: antes de que te des cuenta, también en tí levantará cabeza la duda, y entonces el fallo de tu corazón dependerá del más nimio azar. Y que la paz interior no depende para nada de la fe dogmática, lo sé yo por experiencia. 27 de julio.

Si hicieses lo que la Biblia ordena, no podrías ser mi amigo. En el libro segundo del Evangelio de Juan (si no me equivoco) se dice que no se debe saludar a quien no cree, ni siquiera: dirigirle la palabra yaos.e Pasajes como éstos abundan en la Biblia y siempre me han disgustado. Pero vosotros no hacéis, mi mucho menos, lo que manda la Biblia. Por lo demás, me ha parecido siempre la más monstruosa de las ironías el que se llame al cristianismo evangélico ortodoxo la religión del amor. Según vuestro cristianismo, las nueve décimas partes de los hombres se condenarán, Fritz, y sólo una décima parte alcanza la dicha, ¿y pretendéis que eso sea considerado como el amor infinito de Dios por la criatura? ¿Te das cuenta de cuán pequeño se nos representaría Dios si ése fuese su amor? No cabe duda de que, si existe una religión revelada, el Dios de esta religión tiene que ser mucho más grande, pero no puede ser distinto del que nos muestra la razón. De otro modo, toda la filosofía sería, no ya vana, sino incluso pecaminosa, y sin filosofía no hay cultura, sin cultura no hay humanidad, y sin humanidad no puede existir tampoco religión. Ahora bien, ni el fanático León se atreve a vituperar así la filosofía. Es ésta otra de las muchas inconsecuencias de los ortodoxos. Con hombres como Schleiermacher y Neander puedo entenderme, pues son consecuentes y tienen un corazón puro, cosas ambas que he tratado en vano de-encontrar en la Gaceta Eclesiástica Evan. gélica y en los demás periódicos pietistas, Siento un gran respeto, sobre todo, por Schleiermacher. Tú, si eres consecuente, no tienes más remedio que condenarlo, pues el cristianismo que él predica no es el tuyo, sino más bien el de la Joven Alemania, el de Theodor Mundt y el de Karl Gutzkow. Pero no cabe duda de que fue un gran hombre y, entre quienes hoy viven, sólo conozco uno dotado del mismo espíritu, de la misma fuerza y del mismo ánimo, que es David Friedrich Strauss. Me alegro mucho de ver que te dispones valerosamente a contradecir. me, pero hay algo que me ha enojado, y quiero decírtelo con toda franqueza. Es el desprecio con que hablas del anhelo de unión con Dios y de la vida religiosa de los racionalistas. Te arropas en tu fe como entre las mantas calientes de la cama y no te alcanza ni la más remota noción del combate que tenemos que librar para decidir, como hombres, si Dios es Dios o no lo es. No conoces el peso abrumador de la carga que a ¡Bienvenido!

gravita sobre aquel ante quien se dibuja la primera duda, de la carga que representa la vieja fe cuando hay que decidirse en pro o en contra de ella, para seguir soportándola o sacudirla. Pero, vuelvo a decírtelo: tampoco tú estás tan seguro de la duda como crees, y no te ciegues en contra de quienes dudan, pues tú mismo puedes ser algún día uno de ellos y, si ese día llega, también tú exigirás ser tratado con justicia, La religión es asunto del corazón humano, y quien tiene corazón puede ser devoto; pero aquel cuya devoción brota de la razón o del entendimiento, es como si no la tuviese. Del corazón toma su savia el árbol de la religión, que ampara bajo su sombra al hombre total y extrae su jugo nutricio de la atmósfera de la razón; y sus frutos, por cuyas venas corre la sangre más noble del corazón, son los dogmas; todo lo demás, es dañino. He ahí la doctrina de Schleiermacher, y a ella me atengo. Adiós, querido Fritz, medita bien si realmente quieres mandarme al infierno y escríbeme pronto, con mi sentencia.

Tuyo, FRIEDRICH ENGELS