30/V.

¡Camarada Lutovinov!

He leído su carta del 20/V y me produce una impresión muy triste. Esperaba que en Berlín, tras descansar un poco, recuperarse de la enfermedad, ver las cosas «desde fuera» (desde fuera se ve mejor) y reflexionar, usted llegaría a conclusiones claras y precisas. Aquí se notaba en usted un «estado de ánimo» de descontento. El estado de ánimo es algo casi ciego, inconsciente, no meditado. Pues bien, pensaba yo, ahora en lugar del estado de ánimo habrá conclusiones claras y precisas. Tal vez, pensaba, discreparemos en cuanto a esas conclusiones, pero al menos tendré conclusiones precisas y claras de uno de los «fundadores» de la «oposición» (como usted mismo se reconoce en su carta).

La impresión triste de su carta se debe a que no hay ni claridad ni precisión, sino de nuevo solo un estado de ánimo oscuro y, por añadidura, «palabras fuertes».

Así no se puede.

Usted mismo lo recuerda: los hechos son tozudos. Pues bien, mire usted cuáles son los hechos que menciona. Enumeraré todas sus indicaciones factuales:

1) El Comité Central de Ferroviarios está compuesto «por viejos burócratas».

¿Acaso esto es un hecho? ¿Nombres? Yo no conozco a nadie más que a Rudzutak, pero sé que lo componían con esmero. Puede haber habido errores. Hay que corregirlos. Pero para ello primero hay que señalarlos con precisión, para que no haya lugar a un estado de ánimo oscuro (y a la calumnia que a menudo se esconde en esa oscuridad: la calumnia ama la oscuridad y el anonimato).

Usted no ha dado nombres. No hay hechos.

¿Rudzutak? ¿Acaso no es un trabajador? ¿«Físicamente desgastado»? ¡Busque entre los nuestros a los que no estén desgastados! Lo devolveremos de Turkestán tan pronto como curemos a Ioffe y a Sokolnikov.

¿En qué consiste nuestra «tendencia fraccional»? ¿En que al frente del Comité Central de Ferroviarios se coloca a un partidario de la mayoría del Congreso del Partido? ¿Eso, según usted, es «fraccionalismo»? Si es así, le ruego me explique qué hay que entender por fraccionalismo y qué por espíritu de partido.

¿Acaso declarará usted «espíritu de partido» que el líder de la antigua «Oposición Obrera» en el Congreso de Metalúrgicos de hace unos días presentó una lista para el Comité Central donde, de 22 miembros del PCR, 19 eran partidarios de la antigua «Oposición Obrera»? 331 Si esto no es «tendencia fraccional», ni resurgimiento de la fracción, entonces usted emplea el concepto de fraccionalismo de una manera muy especial, extraña, incluso inhumana.

2) Al frente del VTsSPS hay «un hombre físicamente agotado». ¿Es decir, Tomski? Quisieron sustituirlo por un triunvirato de secretarios, y ahora lo han retirado por completo. De modo que su disparo contra el fraccionalismo se ha vuelto contra usted. Esto ya es un hecho.

3) En la lucha contra los desmanes de la misión de Berlín, usted encuentra «una resistencia furiosa desde Moscú, hasta llegar a Ilich».

Disculpe, esto es una invención.

Usted elogió muchísimo a Stomoniakov, a quien defendía Krasin. Al frente de la antigua misión estaba Kopp. Retiraron a Kopp, Stomoniakov se quedó.

¿Qué es esto? ¿«Resistencia furiosa de Moscú»?

¿O una furiosa mentira sobre Moscú?

Desde el punto de vista de los «hechos», ¿cuál de esas fuertes palabritas se acerca más a la verdad? ¿Eh?

Hubo desmanes en la misión de Berlín; Moscú (y Krasin) no estorbaron, no se resistieron, sino que le ayudaron a luchar contra ellos, reforzando la autoridad de Stomoniakov, a quien usted había elogiado sobremanera.

4) Usted dice haber descubierto aquí (en Berlín) una serie de «canallas y ladrones descarados», y Moscú no los retira.

¿Nombres? Ninguno.

¿Hecho o calumnia?

¿O acaso no sabe cómo se dirigen las quejas al Comité Central? ¿Al Buró Organizativo? ¿Al Buró Político? ¿Al Pleno del Comité Central?

No ha presentado ninguna queja suya ni al Buró Político ni al Pleno. Esto es un hecho.

(Entre paréntesis: tuvimos una divergencia con usted acerca de Shklovski, pero usted no lo llevó al Buró Político 332. Conozco a Shklovski como bolchevique desde años antes de la revolución. Como persona honrada, habría ayudado en la lucha contra los «canallas y ladrones». Y usted obstaculizó la salida de Shklovski hacia Berlín, aunque aquí no es trabajador ni está ocupado.)

5) Gzhebin. Ayer leí su protesta y la de Stomoniakov al Comité Central sobre él. La examinaremos en la primera sesión 333.

Sobre Gzhebin hubo divergencias en nuestro Comité Central. Unos decían: retirarlo del todo, porque puede engañar como editor. Otros decían: como editor publicará más barato. Que mejor nos engañe en 10 000, pero que publique más barato y mejor.

Se eligió una comisión con igual número de representantes de ambas tendencias. Yo no entré en ella debido a mi «parcialidad» (según algunos) hacia Gorki, defensor de Gzhebin.

La comisión decidió el asunto por unanimidad. No recuerdo exactamente cómo decidió: creo que comprarle a Gzhebin, si resultaba más barato.

Por consiguiente, su conclusión: «no se guiaron por consideraciones de Estado», sino por calmar a Gorki, es una falsedad directa. ¡Y usted escribe: «estoy convencido»!!!

Si la gente se forma «convicciones» antes de verificar los hechos, que no son difíciles de verificar, ¿cómo se llama eso?

6) Lomonósov, un especialista brillante, pero «denunciado por Krasin en tratos comerciales criminales».

Falso. Si Krasin hubiera denunciado a Lomonósov por un delito, Lomonósov habría sido destituido y sometido a juicio. Usted oyó campanas y... hizo de ello una calumnia.

Krasin me escribió a mí y al Comité Central: Lomonósov es un especialista brillante, pero para el comercio sirve menos y cometió errores. Al llegar aquí, encontrarse con Lomonósov y examinar los documentos, Krasin no solo no habló de delito, sino que ni siquiera habló de errores.

Elija: o comienza usted seriamente un asunto en la Comisión de Control (o donde quiera) sobre los delitos de Lomonósov, o retira el rumor recogido a la ligera.

7) «Aquí nombran para la sección comercial a semejantes, por ejemplo, aventureros: en el pasado, un fabricante a quien el Poder Soviético le requisó todas las pieles, y ahora lo envían a vender esas pieles. ¡Por favor, ¿qué va a salir de esto?» Así escribe usted. ¡Pues cómo no sentir tristeza! ¡El fundador de toda una oposición y razona así!

¡Es igual que si un campesino oscuro dijera: «a mil generales del zar les quitaron las tierras y los rangos, y a esos generales los pusieron en el Ejército Rojo»! Sí, probablemente más de mil ex generales y terratenientes del zar sirven en los puestos más importantes del Ejército Rojo. Y él ha vencido.

Diosito perdonará al campesino oscuro. ¿Y a usted?

Si conoce a un «aventurero», ¿cómo puede usted, funcionario del Poder Soviético, callar su nombre? ¿No iniciar un caso contra fulano de tal?

Y si no sabe el nombre, ¿quiere decir que es de nuevo un rumor? ¿Otra calumnia?

He repasado literalmente todo lo que se parece, aunque sea remotamente, a hechos en su carta. Cero, cero y cero.

Si no le conociera, al recibir una carta como la suya, diría:

O bien es un enfermo nervioso que atrapa histéricamente retazos de rumores y no puede pensar, razonar, verificar;

o bien es una persona indefensa por su falta de desarrollo y oscuridad, que es víctima de la calumnia;

o bien es un menchevique disfrazado que siembra calumnias a conciencia.

Conociéndole, le digo que su carta es un notable «documento humano» que muestra cómo el «fundador de la oposición» se deja arrastrar por el deseo de jugar a la oposición a toda costa y gritar, sin venir a cuento, sobre el proteccionismo, los comisariados, el sistema, etc.

«La cuestión no está en las personas, sino en el sistema mismo. Ahora planteo la cuestión: ¿el proletariado o la desmagnetizada intelectualidad pequeñoburguesa desclasada?», escribe usted.

Esto es cómico. Precisamente su carta es un magnífico documento humano que nos muestra al autor como un ejemplar de la intelectualidad pequeñoburguesa desmagnetizada. Pues de los proletarios de profesión no pocas veces han salido en la vida intelectuales pequeñoburgueses desmagnetizados por su verdadero papel de clase.

El intelectual pequeñoburgués desmagnetizado gimotea, se lamenta, se pierde ante cualquier manifestación de desorden y mal, pierde el dominio de sí mismo, repite cualquier calumnia, se hincha para hablar inconexamente sobre el «sistema».

El proletario (no por su profesión anterior, sino por su verdadero papel de clase), al ver el mal, aborda la lucha de manera práctica: apoya abierta y oficialmente la candidatura del buen trabajador Iván, propone sustituir al malo Pedro, inicia un caso —y lo lleva con energía, firmeza, hasta el final— contra el aventurero Sidoro, contra la salida proteccionista de Tito, contra el trato criminal de Mirón, elabora (tras 2-3 meses de aprendizaje del nuevo trabajo y conocimiento práctico del nuevo entorno) propuestas prácticas y concretas: introducir tal sistema de comisarios o comisarios políticos, modificar tal orden aquí, destacar a tantos comunistas de renombre (con tal experiencia) para tales puestos.

Así, esos proletarios, incluso perdiendo su profesión proletaria, supieron construir el Ejército Rojo y vencer con él (a pesar de los mil traidores y aventureros que hubo y quedaron entre los especialistas militares y los burócratas militares).

Así, esos proletarios nunca llegarán al papel de clase del intelectual pequeñoburgués desmagnetizado, que se agita sin rumbo, que se rinde ante la calumnia, que llama «sistema» a fragmentos de calumnias.

He aquí mi respuesta franca. Aunque rara vez respondo de forma completa —otra vez no habrá tiempo para ello.

## A E. M. SKLIANSKI. 30 DE MAYO DE 1921

Por la vieja amistad le diré: hay que curar los nervios. Entonces aparecerá el razonamiento, y no el estado de ánimo.

Con saludo fraternal, Lenin

Escrito el 30 de mayo de 1921.

Publicado por primera vez de forma incompleta en 1957 en la revista «Voprosy Istorii KPSS» n.º 2.

Publicado íntegramente en 1959 en el Cuaderno Leninista XXXVI.

Se imprime según el manuscrito.