Esto es el envío de un telegrama a Harding  
 1 0. Pero como hasta ahora no hemos tenido ningún tratado ni relaciones con América, no hubo error aquí, y solo vimos que Vanderlip había presumido de sus vínculos con el gobierno estadounidense. Ahora es muy posible que, mediante el envío de nuestros representantes a Canadá, donde debemos adquirir locomotoras, a través de esta puerta lateral podamos obtener cierto acceso también al mercado americano.  
Las negociaciones sobre las concesiones de Kamchatka se reanudan ahora, y es completamente falso que de esas concesiones no mejorará la situación de los obreros. Si estas concesiones se realizan, la mejora de la situación de los obreros será indudable, porque recibiremos una determinada deducción porcentual, parece que del 2%, pero cuando no tenemos nada, incluso el 2% ya es algo. Si de un millón obtenemos 20.000 y lo destinamos al intercambio con los campesinos, eso dará una parte de los productos necesarios para los obreros.  
Además, quería señalar que algunas observaciones que ustedes nos han hecho muestran, no obstante, que en el medio profesional existen tales divergencias o, mejor dicho, perplejidades, que constituyen el único peligro y que nosotros debemos eliminar en nuestro propio seno, quizás mediante ulteriores discusiones entre los miembros del partido. Por ejemplo, el camarada Marshev decía que hay que pagar al contado, y no con bonos. En cuanto a los de Ámsterdam, si nos atacarán o no, sobre esto debemos ponernos de acuerdo.  
Recientemente releía mi folleto, escrito en mayo de 1918. En él citaba el periódico menchevique “¡Adelante!”, en el que el menchevique Isuv acusaba al Poder Soviético de ir a una concesión, de ir a un acuerdo con los Estados burgueses. Este es el manido recurso de los mencheviques de reprocharnos por las concesiones. Y en Europa Occidental ya muchos grupos se han definido a este respecto. Los comunistas entienden que las concesiones son el Tratado de Brest, al que nos vemos obligados a ir debido a la destrucción del país con población predominantemente campesina. Todo el mundo comprende que el renacimiento del país sin una gran industria es imposible.  
Los comunistas de Alemania entienden por qué debemos hacer concesiones, mientras que los scheidemanistas y la II Internacional y media dicen que estas concesiones son la prueba de nuestro fracaso, y recuerdo que el año pasado, en una de las asambleas, me refería al chovinista americano Spiro, quien se especializó en toda una