Si consideramos la Asamblea Constituyente al margen de la situación de la lucha de clases, que ha llegado hasta la guerra civil, no conocemos por ahora una institución más perfecta para expresar la voluntad del pueblo. Pero no se puede flotar en el reino de las fantasías. La Asamblea Constituyente tendrá que actuar en una situación de guerra civil. Los elementos burgueses-kaledinistas fueron quienes iniciaron la guerra civil.

Tras el intento de prolongar la insurrección en Moscú, tras el fallido intento de Kérenski de enviar tropas contra Petrogrado, tras el estéril intento de organizar a las cúpulas contrarrevolucionarias del cuerpo de mando del ejército, emprenden ahora la tentativa de organizar una insurrección en el Don. Esta tentativa es desesperada, porque los cosacos trabajadores están contra los kaledinistas.

Respondiendo al reproche de que se persigue al partido de los kadetes, el camarada Lenin declara: no se puede separar la lucha de clases del adversario político. Cuando se dice que el partido kadete no es un grupo fuerte, se falta a la verdad. El Comité Central kadete es el estado mayor político de la clase burguesa. Los kadetes han absorbido a todas las clases poseedoras; con ellos se han fusionado elementos situados a la derecha de los kadetes. Todos ellos apoyan al partido kadete.

Nos proponen convocar la Asamblea Constituyente tal como fue concebida. ¡No, señores, disculpen! Fue concebida contra el pueblo. Hicimos la revolución para tener garantías de que la Asamblea Constituyente no sería utilizada contra el pueblo, para que estas garantías estuvieran en manos del gobierno. En nuestro decreto se dice clara e inequívocamente cuándo será convocada la Asamblea Constituyente{62}. En él dimos una respuesta precisa a esta cuestión. No escudriñen los corazones, no ocultamos nada. Dijimos que cuando hubiera 400 diputados, convocaríamos la Asamblea Constituyente. No es culpa nuestra que las elecciones se celebraran más tarde de lo fijado. En algunos lugares, los propios Soviets fijaron fechas más tardías para las elecciones. Al ser las elecciones en fechas distintas, era necesario determinar qué número de diputados bastaba para la apertura de la Asamblea Constituyente. Hubo un intento de aprovechar que la ley no indicaba este número para convocarla con cualquier cantidad de diputados. ¿En qué situación se encontraría un poder que lo permitiera? El poder soviético actuó correctamente al decretar con qué número de diputados se consideraría legalmente convocada la Asamblea Constituyente. El poder soviético así lo hizo. Quien no esté de acuerdo, debe criticar el decreto. Si en lugar de crítica oímos insinuaciones, conjeturas generales, las rechazamos.

Cuando la clase revolucionaria lucha contra las clases poseedoras que ofrecen resistencia, debe reprimir esa resistencia; y nosotros reprimiremos la resistencia de los poseedores con todos aquellos medios con que ellos reprimían al proletariado; otros medios no se han inventado.

Ustedes decían que había que aislar a la burguesía. Pero los kadetes, escudándose en la consigna formal-democrática, la consigna de la Asamblea Constituyente, en la práctica desencadenan la guerra civil. Dicen: «Queremos estar en la Asamblea Constituyente y al mismo tiempo organizar la guerra civil», y ustedes responden a esto con frases sobre el aislamiento.

Nosotros no perseguimos solo a los infractores de formalidades, presentamos una acusación política directa contra un partido político. Así actuaron también los revolucionarios franceses. Esta es nuestra respuesta a aquellos campesinos que votaron sin saber a quién votaban. Que el pueblo sepa que la Asamblea Constituyente se reunirá no como quería Kérenski. Hemos introducido el derecho de revocación, y la Asamblea Constituyente no será como la concibió la burguesía. Cuando faltan pocos días para la convocatoria de la Asamblea Constituyente, la burguesía organiza la guerra civil e incrementa el sabotaje, torpedeando la causa del armisticio. No nos dejaremos engañar por consignas formales. Ellos quieren estar en la Asamblea Constituyente y, al mismo tiempo, organizar la guerra civil. Que analicen nuestra acusación contra el partido kadete en cuanto al fondo, que demuestren que el partido kadete no es el estado mayor de una guerra civil, a todas luces desesperada, que está anegando el país en sangre. El camarada Steinberg no se esforzó en demostrarlo. Olvidó todo lo que se había esclarecido sobre la vinculación de los kadetes con Kornílov; no fuimos nosotros, sino Chernov, nuestro adversario político, quien desenmascaró esa vinculación. Nos proponen buscar cabezas de turco. No vamos a ocultar la acusación política contra el estado mayor de toda una clase tras la caza de individuos aislados.

A continuación, el camarada Lenin se detiene en la objeción de que también a los bolcheviques se les declaró enemigos del pueblo. Nos amenazaron con declararnos enemigos del pueblo, pero no lo hicieron. No se atrevieron a hacerlo. Les decíamos entonces: «Sí, si pueden hacerlo, inténtenlo. Intenten decirle al pueblo que el partido bolchevique, como partido, como tendencia, es enemigo del pueblo». No se atrevieron a hacerlo, persiguieron a individuos aislados, calumniaron. Les decíamos: ustedes no pueden declararnos enemigos del pueblo, no tienen ni sombra de objeciones de principio contra los bolcheviques, solo pueden sembrar calumnias. Nuestra acusación contra el partido pone fin a los mezquinos procedimientos de la lucha política. Diremos la verdad al pueblo. Diremos al pueblo que sus intereses están por encima de los intereses de una institución democrática. No hay que retroceder a los viejos prejuicios que subordinan los intereses del pueblo al democratismo formal. Los kadetes gritan: «¡Todo el poder a la Asamblea Constituyente!», pero en realidad eso significa para ellos: «Todo el poder a Kaledin». Hay que decírselo al pueblo, y el pueblo nos aprobará.

«Pravda» nº 207, 19 (6) de diciembre de 1917.

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