En la resolución sobre el momento actual, hablar únicamente de las condiciones rusas es un error. La guerra nos ha ligado de un modo tan indisoluble que cometeríamos un grave error si ignorásemos el conjunto de las relaciones internacionales.

¿Qué tareas se plantearán ante el proletariado ruso si el movimiento mundial nos sitúa ante la revolución social? He aquí la cuestión principal que se examina en esta resolución.

«Las premisas objetivas de la revolución socialista, que ya antes de la guerra existían indudablemente en los países más desarrollados y avanzados, han seguido madurando y continúan madurando a consecuencia de la guerra con enorme rapidez. El desplazamiento y la ruina de las pequeñas y medianas haciendas se acelera aún más. La concentración e internacionalización del capital crece de modo gigantesco. El capitalismo monopolista se transforma en capitalismo monopolista de Estado; la regulación social de la producción y la distribución, por la presión de las circunstancias, se introduce en una serie de países, y algunos de ellos pasan al servicio general obligatorio del trabajo».

Antes de la guerra existía el monopolio de los trusts y los sindicatos; durante la guerra, el monopolio estatal. Y el servicio general obligatorio del trabajo es algo nuevo, algo que constituye una parte del todo socialista; de esto se olvidan a menudo quienes temen examinar de manera concreta las condiciones creadas.

El centro de gravedad de la primera parte de la resolución es la caracterización de las condiciones de la economía capitalista mundial. Es interesante que Engels, hace 21 años, señalara lo insatisfactorio de un planteamiento de la cuestión del capitalismo que no tenga en cuenta el papel de los trusts y que diga: «el capitalismo se distingue por la ausencia de planificación». Engels observa al respecto: «donde hay trusts, no hay ausencia de planificación y hay capitalismo». Esta indicación es tanto más pertinente ahora, cuando tenemos el Estado de guerra, el capitalismo monopolista de Estado. La introducción de la planificación no libera a los obreros de ser esclavos, mientras los capitalistas obtienen ganancias de modo más «planificado». Ahora tenemos el crecimiento directo del capitalismo hacia su forma superior planificada.

La segunda parte de la resolución no requiere ninguna explicación.

En la tercera parte de la resolución es necesario detenerse más detalladamente (lee la resolución).

«El proletariado de Rusia, que actúa en uno de los países más atrasados de Europa, entre la masa de la pequeña población campesina, no puede plantearse como objetivo la realización inmediata de la transformación socialista.

Pero sería un gravísimo error, y en la práctica incluso un paso total al lado de la burguesía, deducir de aquí la necesidad de que la clase obrera apoye a la burguesía, o la necesidad de limitar su actividad al marco de lo aceptable para la pequeña burguesía, o renunciar al papel dirigente del proletariado en la tarea de explicar al pueblo la urgencia de una serie de pasos hacia el socialismo que han madurado en la práctica».

Habitualmente, de las primeras premisas se saca la siguiente conclusión: «Rusia es un país atrasado, campesino, pequeñoburgués, y por eso no se puede hablar de revolución social», pero se olvida que la guerra nos ha colocado en condiciones extraordinarias y que, junto a la pequeña burguesía, existe el gran capital. ¿Y qué deben hacer los Soviets de Diputados Obreros y Soldados cuando el poder pase a sus manos? ¿Pasarse al lado de la burguesía? La clase obrera continúa su lucha de clases: he aquí la respuesta.

¿Qué es posible y qué es necesario bajo el poder de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados?

Ante todo, la nacionalización de la tierra. La nacionalización de la tierra es una medida burguesa, no excluye el capitalismo, y el capital no la excluye, pero el golpe que asesta a la propiedad privada es grande. Más adelante (lee):

«...el establecimiento del control estatal sobre todos los bancos, fusionándolos en un banco central único, así como sobre las instituciones de seguros y los mayores sindicatos de capitalistas (por ejemplo, el sindicato de fabricantes de azúcar, Produgol, Prodamet, etc.), con el paso gradual a una imposición más justa y progresiva de los ingresos y los bienes. Tales medidas han madurado plenamente en el aspecto económico, son técnicamente realizables sin duda alguna de inmediato, y políticamente pueden encontrar el apoyo de la aplastante mayoría de los campesinos, que ganan con estas transformaciones en todos los aspectos».

Este punto ha requerido discusión. Ya en *Pravda* tuve ocasión de hablar a propósito de los artículos de Plejánov: «cuando se habla de la imposibilidad del socialismo, se intenta presentar este de la manera que les conviene: nebulosamente, sin claridad, en forma de salto». El propio Kautsky escribe: «ningún socialista habla de abolir la propiedad privada para los campesinos». Pero ¿significa esto que el gran capital existente debe librarnos del control de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados sobre la producción, sobre los sindicatos de fabricantes de azúcar, etc.? Esta medida no es socialismo, es una medida de transición, pero la realización de tales medidas, en relación con la existencia de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, hará que Rusia ponga un pie en el socialismo; un pie, porque la mayoría campesina dirige el otro aspecto económico del país. No se puede negar que el cambio ha madurado económicamente. Para realizarlas políticamente, hay que tener la mayoría, y la mayoría son los campesinos, quienes, por supuesto, están interesados en estas transformaciones. Si tendrán suficiente organización, esa es otra cuestión, de la cual no respondemos.

La vieja expresión corriente contra el socialismo es que se trata de un «cuartel de masas», una «burocracia de masas». Debemos plantear ahora la cuestión del socialismo de otro modo a como se planteaba, debemos sacarla del reino de lo nebuloso y situarla en el reino de lo más concreto: nacionalización de la tierra, control sobre los sindicatos, etc. (lee la resolución).

«Todas las medidas indicadas y otras semejantes pueden y deben ser no sólo discutidas y preparadas para su aplicación a escala de todo el Estado, bajo la condición del paso de todo el poder a los proletarios y semiproletarios, sino también realizadas por los órganos revolucionarios locales del poder popular, cuando se presente la posibilidad.

En la realización de dichas medidas, son necesarias una extraordinaria circunspección y prudencia, la conquista de una mayoría sólida de la población y su convicción consciente en la preparación práctica de tal o cual medida, pero precisamente en esta dirección deben dirigirse la atención y los esfuerzos de la vanguardia consciente de las masas obreras, obligadas a ayudar a las masas campesinas a encontrar una salida a la devastación creada».

En las últimas palabras está el quid de toda la resolución: el socialismo no lo planteamos como un salto, sino como una salida práctica a la devastación creada.

«La revolución es burguesa, y por eso no hay que hablar de socialismo», dicen los adversarios. Nosotros, por el contrario, decimos: «puesto que la burguesía no puede salir de la situación creada, la revolución continúa avanzando». No necesitamos limitarnos a frases democráticas, sino explicar la situación a las masas y señalarles una serie de medidas prácticas: tomar en sus manos los sindicatos, controlarlos a través de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, etc. Y he aquí que todas estas medidas, una vez realizadas, harán que Rusia ponga un pie en el socialismo. Nuestro programa económico debe decir cómo salir de la devastación: esto es por lo que debemos guiarnos.

Publicado por primera vez en 1925 en el libro *Conferencias de la ciudad de Petrogrado y de toda Rusia del POSDR (b) en abril de 1917*

Se publica según la copia manuscrita del acta de la sesión