4 de junio, 11 y media de la noche.  
¡Camarada Botin! Cuando estuvo usted hoy en mi despacho, solo dispuse de 2 minutos, pues fui apartado de una importante reunión.

Ahora dispongo de un cuarto de hora libre y, por tanto, puedo (y debo) decirle más detallada y claramente que se han cometido errores de forma manifiesta y que es preciso renunciar a esos errores de manera directa, honesta y resuelta. De lo contrario, se echará a perder un asunto muy serio.

Un error fue, en primer lugar, la desconfianza hacia el «especialista» 232, que impidió decírselo todo de inmediato y realizar el experimento con rapidez; en segundo lugar, que usted realizó personalmente el trabajo «negro», preparatorio, apartándose de su verdadera labor, cuando toda la masa de trabajo «negro», es decir, preparatorio, debe ser confiada obligatoriamente a mecánicos, montadores, electricistas, etc., de los cuales encontraremos una docena. Y para separar su verdadera labor de la preparatoria o auxiliar, se necesita el asesoramiento constante de un «especialista».