La situación política en los últimos días se ha agravado, en primer lugar, debido a la proximidad de una ofensiva por parte de Japón; en segundo lugar, debido al giro previsto en la política alemana desde una inclinación más o menos diplomática hacia la paz con Rusia —hacia una probable victoria del partido militar alemán que busca una ofensiva inmediata—; en tercer lugar, debido a la restauración del monarquismo burgués por el partido kadete-octubrista en Ucrania, con ayuda del ejército alemán; en cuarto lugar, debido al agravamiento extremo del hambre y la destrucción alimentaria en relación con la ocupación de Ucrania y el corte de nuestra comunicación con Rostov y el Cáucaso Septentrional.

Este agravamiento de la situación política, esta intensificación del embate de la contrarrevolución obliga al poder soviético a intensificar la agitación y la explicación a las masas del peligro amenazador que se ha creado y de la necesidad de una preparación militar intensificada; por otro lado, a intensificar las medidas más decididas contra nuestra burguesía, que levanta la cabeza con sus planes contrarrevolucionarios.