Al camarada Olin, firmante como secretario del Grupo de Ginebra de la Organización en el Extranjero del POSDR.

Resolución del representante en el extranjero del Comité Central, que debe ser leída íntegramente en la próxima reunión del grupo (es decir, el 29 de agosto, hoy, si esta resolución se entrega durante la reunión).

[29 de agosto de 1905, Ginebra.]

Hoy, 29 de agosto de 1905, a las 8 de la tarde, han sido entregadas al representante en el extranjero del Comité Central copias de la carta del Grupo de Ginebra al colegio de expedición y de la respuesta de este último a la primera.

A propósito de estos documentos, el representante en el extranjero del CC del POSDR explica al Grupo de Ginebra que ha demostrado incomprensión de la disciplina del partido y ha violado los estatutos del partido. Los expedidores son agentes del CC. Toda insatisfacción con los agentes del CC debe ser examinada, ante todo, por el propio CC. Todos los conflictos dentro del partido los examina, según los estatutos, el CC, y más aún los conflictos entre miembros del partido de sus distintas organizaciones y los agentes del CC. Por lo tanto, invitar a los agentes del CC a la reunión del grupo fue, por parte de este grupo, un paso que, desde el punto de vista formal, es en general incorrecto y especialmente falto de tacto.

Y si esta invitación no se suponía como un paso formal, no debería haberse hecho por escrito y oficialmente.

«La conducta personal» de los «funcionarios» o bien es verdaderamente personal solo (fuera del cargo, independientemente del cargo), y entonces examinarla por el grupo es una rencilla. O bien la conducta personal tiene relación con el cargo, y entonces todo miembro del partido descontento con esa conducta e insistente en un examen formal, oficial de su descontento, está obligado a dirigirse formalmente ante todo al CC. El Grupo de Ginebra del POSDR, al permitir la «presentación» ante el grupo de cuestiones a examinar formalmente sobre la insatisfacción con los agentes del CC antes de una comunicación formal de ello al CC, ha mostrado de nuevo incomprensión de la disciplina del partido y de los estatutos del partido.

La diferencia que acabo de señalar entre la rencilla y la *crítica* a un funcionario —crítica obligatoria para todo miembro del partido, pero en forma abierta y directamente dirigida a las instituciones centrales o al congreso, y no crítica clandestina, privada y de círculo—, esta diferencia al parecer no es percibida claramente por el grupo.

Por eso, el representante en el extranjero del CC considera un deber advertir a todos los jóvenes camaradas del grupo. En el medio «colonial» del extranjero siempre pueden hallarse personas propensas a caer en la enfermedad de la rencilla, los chismorreos, las habladurías; siempre pueden surgir