30/17 de marzo.

¡Querido camarada! Le agradezco de todo corazón las molestias y la ayuda. No puedo, naturalmente, recurrir a los servicios de personas relacionadas con el editor de «Kolokol» (1). Hoy le he telegrafiado (2) que la única esperanza de salir de aquí es el canje de los emigrados suizos por los internados alemanes.

Inglaterra no dejará pasar de ninguna manera ni a mí, ni a los internacionalistas en general, ni a Mártov y sus amigos, ni a Natansón y sus amigos. ¡¡Los ingleses han hecho regresar a Chernoff a Francia, aun cuando tenía todos los documentos para viajar!!

Está claro que la revolución proletaria rusa no tiene enemigo más encarnizado que los imperialistas ingleses. Está claro que el agente del capital imperialista anglofrancés y el imperialista ruso Miliukov (y Cía.) son capaces de todo, de engaño, de traición, de todo, de todo, para impedir que los internacionalistas regresen a Rusia: la menor confianza en este sentido, tanto respecto a Miliukov como a Kerenski (charlatán vacío, agente de la burguesía imperialista rusa por su papel objetivo), sería directamente funesta para el movimiento obrero y para nuestro partido, lindaría con la traición al internacionalismo.

La única, sin exageración alguna, la única esperanza para nosotros de llegar a Rusia consiste en enviar lo antes posible a una persona de confianza a Rusia para que, mediante la presión del «Soviet de Diputados Obreros», se arranque del gobierno el canje de todos los emigrados suizos por los internados alemanes. Hay que actuar con la máxima energía, protocolizando cada paso, sin escatimar dinero en telegramas, reuniendo documentos contra Miliukov y Cía., capaces de demorar el asunto, de dar largas con promesas, de engañar, etc. Usted puede imaginarse el suplicio que supone para todos nosotros permanecer aquí en un momento así.

Prosigo. El envío de una persona de confianza a Rusia es aún más necesario por razones de principio. Las últimas noticias de los periódicos extranjeros indican con creciente claridad que el gobierno, con la ayuda directa de Kerenski y merced a las imperdonables (por decirlo suavemente) vacilaciones de Chjeidze, está engañando, y no sin éxito, a los obreros, haciendo pasar la guerra imperialista por una guerra «defensiva». Según un telegrama de la Agencia Telegráfica de San Petersburgo del 30/III de 1917, Chjeidze se ha dejado engañar completamente por esta consigna, adoptada — si hemos de creer a esta fuente, en general nada fiable — también por el Soviet de Diputados Obreros.

En todo caso, aunque esta información fuese falsa, el peligro de semejante engaño es, indiscutiblemente, enorme. Todos los esfuerzos del partido deben dirigirse a combatirlo. Nuestro partido se cubriría de oprobio para siempre, se mataría políticamente, si cayera en ese engaño. A juzgar por un comunicado, Muránov (3), junto con Skóbelev, ha regresado de Kronstadt. Si Muránov ha ido allí por encargo del Gobierno Provisional de los Guchkov y Miliukov, le ruego encarecidamente que transmita (por persona de confianza) y publique que yo condeno eso incondicionalmente, que todo acercamiento a Chjeidze y Cía., que vacilan hacia el socialpatriotismo y se sitúan en la posición profundamente errónea, profundamente perniciosa, del socialpacifismo kautskiano, es, en mi más profunda convicción, perjudicial para la clase obrera, peligroso e inadmisible.

Espero que haya recibido usted mis «Cartas desde lejos» núms. 1–4, donde he desarrollado las bases teóricas y políticas de estos puntos de vista. Si estas cartas se han perdido o no han llegado a Piter, le ruego me lo telegrafíe y le enviaré copias.

No cabe duda de que en el Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Piter son numerosos e incluso, al parecer, predominan: 1) los partidarios de Kerenski, peligrosísimo agente de la burguesía imperialista, que aplica el imperialismo, es decir, la defensa y justificación de la guerra rapaz, de conquista por parte de Rusia, bajo la cobertura de un mar de frases sonoras y vanas promesas; 2) los partidarios de Chjeidze, que vacila de manera abominable hacia el socialpatriotismo y comparte toda la trivialidad, todo el absurdo del kautskianismo.

Contra ambas corrientes, nuestro partido está obligado a luchar del modo más tenaz, más principista, más perseverante, más implacable. Y yo personalmente no vacilo ni un segundo en declarar, y en declararlo por escrito, que prefiero incluso una escisión inmediata con quien sea de nuestro partido, antes que concesiones al socialpatriotismo de Kerenski y Cía., o al socialpacifismo y kautskianismo de Chjeidze y Cía.

Cueste lo que cueste, debo exigir que se reediten en Piter — aunque sea bajo el título de «De la historia de los últimos años del zarismo»— los números de aquí de «El Socialdemócrata», el folleto de Lenin y Zinóviev sobre la guerra y el socialismo, «El Comunista» y la «Recopilación del Socialdemócrata». Y, más que nada y ante todo, las tesis del núm. 47 de «El Socialdemócrata» (del 13/X de 1915). Estas tesis son hoy archiimportantes (4). ¡Estas tesis dicen directa, clara, exactamente, cómo debemos actuar ante la revolución en Rusia, lo dicen año y medio antes de la revolución! Estas tesis están notablemente, literalmente, confirmadas por la revolución.

La guerra no ha dejado de ser imperialista por parte de Rusia y no *puede* dejar de serlo mientras: 1) estén en el poder los terratenientes y los capitalistas, representantes de la clase de la burguesía; 2) estén en el poder agentes y servidores directos de esta burguesía como Kerenski y otros socialpatriotas; 3) los tratados del zarismo con los imperialistas anglofranceses sigan en vigor (el gobierno de Guchkov–Miliukov ha declarado directamente en el extranjero —no sé si lo ha hecho en Rusia— que es fiel a estos tratados). Estos tratados son rapaces: sobre la conquista de Galitzia, Armenia, Constantinopla, etc., etc.; 4) estos tratados no hayan sido publicados ni anulados; 5) no se haya roto en general toda la alianza de Rusia con los gobiernos burgueses imperialistas anglofranceses; 6) el poder del Estado en Rusia no haya pasado de la burguesía imperialista (las simples promesas y las declaraciones «pacifistas», por mucho que las crean los tontos Kautsky, Chjeidze y Cía., no convierten a la burguesía en no-burguesía) a manos del proletariado, que es el único capaz, con la condición de que lo apoye la parte más pobre del campesinado, de romper, no de palabra sino de hecho, con los intereses del capital, con la política imperialista, de romper con el saqueo de otros países, de liberar completamente a los pueblos oprimidos por los rusos, de retirar inmediatamente las tropas de Armenia y Galitzia, etc.; 7) sólo el proletariado es capaz, si se libra de la influencia de su burguesía nacional, de inspirar verdadera confianza a los proletarios de todos los países beligerantes y entablar con ellos negociaciones de paz; 8) estas condiciones proletarias de paz están expuestas con exactitud y claridad tanto en el núm. 47 de «El Socialdemócrata» como en mi carta núm. 4.

De aquí se desprende claramente que la consigna: «nosotros defendemos ahora la república en Rusia, libramos ahora una guerra “defensiva”, combatiremos contra Guillermo, luchamos por el derrocamiento de Guillermo», es el mayor engaño, la mayor superchería a los obreros. Pues Guchkov–Lvov–Miliukov y Cía. son terratenientes y capitalistas, representantes de la *clase* de los terratenientes y capitalistas, imperialistas que combaten por los mismos fines rapaces, sobre la base de los mismos tratados rapaces del zarismo, en alianza con la misma burguesía imperialista y rapaz de Inglaterra, Francia e Italia. El llamamiento a los alemanes por parte de la república burguesa e imperialista de Rusia: «¡derrocad a Guillermo!» es una repetición de la mentirosa consigna de los socialchovinistas franceses, traidores al socialismo, Jules Guesde, Sembat y Cía.

Hay que exponer muy popularmente, muy claramente, sin términos eruditos, a los obreros y soldados que no solo hay que derrocar a Guillermo, sino también a los reyes de Inglaterra e Italia. Esto en primer lugar. Y, en segundo lugar y principal, hay que derrocar a los gobiernos burgueses, y empezar por Rusia, pues de otro modo es imposible alcanzar la paz. Es posible que no podamos «derrocar» ahora mismo al gobierno de Guchkov–Miliukov. Sea. ¡Pero esto no es un argumento para decir falsedades! A los obreros hay que decirles la verdad. Hay que decir que el gobierno de Guchkov–Miliukov y Cía. es un gobierno imperialista, que los obreros y campesinos deben primero — ahora, o después de las elecciones a la Asamblea Constituyente, si no engañan al pueblo, si no aplazan las elecciones hasta después de la guerra; la cuestión del momento no puede resolverse desde aquí— deben primero entregar TODO el poder del Estado en manos de la clase obrera, enemiga del capital, enemiga de la guerra imperialista, y solo entonces tendrán derecho a llamar al derrocamiento de todos los reyes y de todos los gobiernos burgueses.

Por el amor de Dios, procure hacer llegar todo esto a Piter y a «Pravda», a Muránov, a Kámenev y a otros. Por el amor de Dios, ponga todos sus esfuerzos en enviar esto con la persona de mayor confianza. Lo mejor de todo sería que fuera un muchacho de confianza e inteligente, como Kuba (5) (prestaría un gran servicio a todo el movimiento obrero mundial) y ayudara a nuestros amigos de Piter!! ¡¡Espero que lo hará usted!! Haga todo lo posible.

Las condiciones en Piter son extraordinariamente difíciles. Los patriotas republicanos tensan todos sus esfuerzos. Quieren cubrir de inmundicias y barro a nuestro partido (el «caso» Chernomázov (6) — le envío un documento sobre él), etc., etc.

No se puede confiar ni en Chjeidze y Cía., ni en Sujánov, ni en Steklov, etc. ¡Ningún acercamiento con otros partidos, con nadie! ¡Ni sombra de confianza ni apoyo al gobierno de Guchkov–Miliukov y Cía.!! Propaganda irreconciliable del internacionalismo y lucha contra el chovinismo republicano y el socialchovinismo en todas partes, en la prensa y dentro del Soviet de Diputados Obreros, organización de nuestro partido: he ahí la esencia. Kámenev debe comprender que sobre él recae una responsabilidad histórico-mundial.

¡No escatimen dinero en las relaciones de Piter con Estocolmo!

Le ruego mucho, querido camarada, que me telegrafíe el recibo de esta carta y en general me mantenga en todos los aspectos al corriente (7). Espero que en esto ayuden también los amigos suecos.

¡Le estrecho fuertemente la mano!

Suyo, Lenin.

1) «Kolokol» — órgano de Parvus, antiguo socialdemócrata de izquierda, que al comienzo de la guerra se pasó por completo a la burguesía alemana.

2) Véase el documento núm. 7.

3) M. K. Muránov, exdiputado de la IV Duma de Estado, regresado de la deportación siberiana después de la Revolución de Febrero, fue a Kronstadt al margen de toda vinculación con el Gobierno Provisional.

4) Las «Tesis» se reproducen más arriba: véase la nota 2 a la carta a A. G. Shliápnikov (núm. 28).

5) «Kuba»—seudónimo del camarada Ganetski.

6) Al «caso Chernomázov» está dedicado el documento siguiente (núm. 9).

7) Al corriente de los asuntos.