El camarada Lenin presentó un informe sobre el momento actual.

Tras esbozar la posición del partido en la cuestión del doble poder, señalando que las formas de la lucha de clases cambian en función de las condiciones objetivas, y que la victoria del pueblo armado sobre el zarismo y el establecimiento —por vía de hecho— de la más completa libertad política hicieron superflua e incluso perjudicial cualquier otra lucha contra los enemigos de clase del proletariado que no fuera la lucha mediante la educación política y la ilustración socialista de las masas (por supuesto, en la medida en que los propios capitalistas no recurran a la violencia contra la mayoría), el informante pasó a examinar la situación objetiva creada por la guerra en nuestro país y en Occidente.

Toda la humanidad está enredada en un solo ovillo sangriento y no hay salida por separado. Es imposible poner fin a la guerra mediante la negativa unilateral de los soldados de cualquiera de las partes beligerantes a continuarla. La salida consiste en el paso del poder de manos de la burguesía imperialista a manos del proletariado y de las capas semiproletarias que se adhieren a él por su posición de clase.

Los Soviets de diputados obreros y soldados, cuya red se extiende cada vez más por toda Rusia, representan una organización nueva y singular del poder estatal, al menos en embrión. Estas organizaciones se diferencian esencialmente de todas las existentes hasta ahora y no son en modo alguno idóneas para la construcción de instituciones burguesas, para el establecimiento de una república parlamentaria burguesa con ejército permanente, policía y burocracia.

En la actualidad, el poder se halla directamente en manos del pueblo organizado y armado. Los instrumentos de la fuerza están a disposición de la mayoría. El gobierno se mantiene gracias a la actitud inconscientemente confiada de esta mayoría hacia él. Por eso, la tarea del día es la labor de esclarecimiento, la explicación de la necesidad del paso del poder a manos de la clase revolucionaria, la atracción de las masas al lado de la socialdemocracia revolucionaria.

Si los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos y braceros llegan a ser el poder, lo ejercerán de una manera completamente distinta a como lo ejercen las clases dominantes. Es inevitable el paso a medidas concretas, preparadas por el desarrollo del capitalismo y que corresponden a los intereses de la mayoría de la población, en una Rusia con abrumador predominio de la pequeña burguesía.

La revolución socialista, que madura en Occidente, en Rusia no figura de manera inmediata en el orden del día, pero ya hemos entrado en un estado de transición hacia ella. Los Soviets de diputados obreros, soldados y otros son la organización de poder con la que tendrá que operar la revolución socialista. Nada semejante a ellos existe en Occidente.

De ahí nuestra tarea de fortalecerlos. De ahí las tareas concretas del Soviet de diputados obreros y otros: 1) nacionalización de la tierra (confiscación de la propiedad privada del principal medio de producción) —la exigen los campesinos—, 2) fusión de los bancos privados en un solo banco estatal, nacionalización de las ramas de la producción agrupadas en sindicatos, 3) introducción del servicio universal de trabajo.

Si los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos y braceros se niegan a cumplir estas tareas, su caída será inevitable. Les alcanzará el mismo destino que alcanzó a una serie de instituciones surgidas de las revoluciones burguesas del siglo XIX: o serán simplemente disueltas o dispersadas, o bien se desmoronarán por sí mismas, sin haber podido cumplir las tareas que la propia revolución les ha planteado (el ejemplo de la Comuna). Solo hay dos caminos: adelante, hacia medidas económicas y políticas decisivas, o atrás, hacia la inexistencia. No hay un tercer camino.

«Pravda» núm. 40, 8 de mayo (25 de abril) de 1917.

Publicado según el texto del periódico «Pravda».