¡Querido camarada!

Usted discute mi observación sobre la posibilidad de transformar la presente guerra imperialista en nacional.

Su argumento: «tendremos que defender la patria imperialista»...

¿Es lógico? Si la patria sigue siendo «imperialista», ¿cómo va a ser nacional la guerra??

Las charlas sobre las «posibilidades», en mi opinión, son introducidas teóricamente de manera incorrecta por Radek y el §-f de las 5 tesis de «Internacional» 392.

El marxismo se basa en los hechos, no en las posibilidades.

El marxista debe poner en las premisas de su política únicamente hechos exacta e indiscutiblemente demostrados.

Así lo hace nuestra resolución (del partido)*.

Cuando en lugar de ella se presenta la «imposibilidad», yo respondo: incorrecto, no marxista, estereotipo. Son posibles toda clase de transformaciones.

Y aduzco un hecho histórico (las guerras de 1792-1815). Pongo un ejemplo para ilustrar la posibilidad de algo similar ahora (en caso de un desarrollo hacia atrás).

En mi opinión, usted mezcla lo posible (¡sobre lo cual no fui yo quien empezó la conversación!) con lo real, cuando piensa que el reconocimiento de la posibilidad permite cambiar la táctica. Eso es el colmo de la ilogicidad.

Yo reconozco como posible que un socialdemócrata se convierta en burgués y viceversa.

Verdad indiscutible. ¿Se sigue de ello que debo considerar ahora a un determinado burgués, Plejánov, como socialdemócrata? No, no se sigue. ¿Y en cuanto a la posibilidad? Esperemos a que se convierta en realidad.

Eso es todo. Precisamente en la «metodología» (de la que usted escribe) hay que distinguir lo posible de lo real.

Son posibles toda clase de transformaciones, incluso la de un tonto en un sensato, pero esa transformación pocas veces se hace realidad. Y por una mera «posibilidad» de tal transformación no dejaré de considerar tonto a un tonto.

Sus perplejidades acerca de una educación «doble» no me resultan claras. Yo he puesto concretamente el ejemplo (de Noruega) tanto en «Prosveshchenie»*, como en el artículo contra Kievski**.

¡Usted no responde a esto! Toma un ejemplo muy poco claro sobre Polonia.

Eso no es una educación «doble», sino la reducción de cosas diferentes a un mismo denominador, como llevar a un mismo Moscú desde Nizhni y desde Smolensk.

El socialdemócrata sueco que no defiende la libertad de separación de Noruega es un canalla. Esto no lo discute usted. El noruego puede estar tanto a favor de la separación como en contra. ¿Es obligatorio para todos los socialdemócratas de todos los países la unidad en esta cuestión? No.

Sería un estereotipo, un estereotipo ridículo, una pretensión ridícula.

A los socialdemócratas polacos (lo escribí en «Prosveshchenie») nunca les hemos hecho un reproche por estar en contra de la independencia de Polonia.

En lugar de una argumentación simple, clara y teóricamente indiscutible: ahora no se puede ser partidario de una reivindicación democrática tal (la Polonia independiente) que en la práctica nos subordina completamente a una de las potencias imperialistas o coaliciones.

* Véase Obras, 5ª ed., t. 26, págs. 161-167. Red.

** Véase «Sobre la caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”» (Obras, 5ª ed., t. 30, págs. 99-106). Red.