¡Querido camarada! He recibido su última carta. Escribo a la antigua dirección, aunque temo que las cartas no lleguen; a la anterior se le respondió con bastante detalle. La confianza de camarada que se trasluce en todas sus cartas me impulsa a escribirle personalmente. Esta carta no la escribo en nombre de ningún colegio ni para el comité.

La situación de su comité, que languidece por falta de gente, por la ausencia de literatura y por la completa desinformación, es la misma que la de toda Rusia. En todas partes hay una terrible escasez de personas —en los comités de la minoría aún más que en los de la mayoría—, una total dispersión, un estado de ánimo general de abatimiento y exasperación, y un estancamiento en el trabajo positivo. Desde el II Congreso, el partido está siendo desgarrado en pedazos, y en ese sentido se ha hecho ya muchísimo: la táctica de la minoría ha debilitado terriblemente al partido. Ha hecho todo lo posible por desacreditar al Comité Central, comenzando su persecución ya en el congreso y prosiguiéndola con saña tanto en la prensa como de palabra; todavía más ha desacreditado al Órgano Central, convirtiéndolo de órgano del partido en órgano de ajuste de cuentas personales con la mayoría. Si usted ha leído *Iskra*, no necesito decirle nada al respecto. En su afán de divergencias, han erigido ahora como consigna la «liquidación del cuarto período —el de *Iskra*—», y queman todo lo que ayer adoraban, tergiversando por completo la perspectiva, interpretando el iskrismo como antes lo interpretaban sus peores enemigos. Los militantes del partido que recuerdan lo que defendían ayer no siguen al Órgano Central. La inmensa mayoría de los comités mantiene el punto de vista de la mayoría del congreso, y sus vínculos espirituales con el órgano del partido se rompen cada vez más.

Pero la actual situación de las cosas repercute de tal modo sobre el trabajo positivo, lo frena hasta tal punto, que en toda una serie de militantes del partido ha surgido este estado de ánimo: refugiarse en el trabajo positivo, apartándose por completo de la encarnizada lucha intestina que tiene lugar en el partido. Quieren cerrar los ojos, taparse los oídos, esconder la cabeza bajo el ala del trabajo positivo; huyen y se esconden de todo aquello de lo que, estando en el partido, ahora no hay manera de escapar. Una parte del Comité Central ha adoptado precisamente esa posición «conciliadora», empeñada en silenciar las crecientes divergencias, en silenciar el hecho de la descomposición del partido. La mayoría (la no conciliadora) dice: hay que encontrar cuanto antes alguna salida, hay que ponerse de acuerdo de un modo u otro, hay que intentar encontrar un marco en el que la lucha ideológica transcurra de manera más o menos normal; hace falta un nuevo congreso. La minoría está en contra del congreso; dice: la inmensa mayoría del partido está en contra nuestra, y el congreso no nos conviene; la mayoría «conciliadora» también está en contra del congreso, teme la exasperación que crece en todos tanto contra el Órgano Central como contra el Comité Central. 

A V. D. BONCH-BRUÉVICH. AGOSTO DE 1904

Si se pensara que el congreso puede conducir únicamente a la escisión, eso equivaldría a reconocer que no tenemos partido en absoluto, que el sentimiento de partido está tan débilmente desarrollado en todos nosotros que no podrá prevalecer sobre el viejo círculismo. A este respecto, tenemos mejor opinión de nuestros adversarios que la que ellos mismos tienen de sí. Claro que no se puede garantizar nada, pero hay que hacer el intento de resolver el conflicto por la vía del partido y encontrar una salida.

La mayoría no desea en ningún caso la escisión, pero seguir trabajando en las condiciones que se han creado ahora se hace cada vez más imposible. Ya más de diez comités se han pronunciado a favor del congreso (Piter, Tver, Moscú, Tula, Siberia, el Cáucaso, Ekaterinoslav, Nikoláiev, Odesa, Riga, Astracán), pero incluso cuando la inmensa mayoría de los comités se pronuncie a favor del congreso, éste no se celebrará muy pronto, porque tanto el Órgano Central como el Comité Central, y probablemente también el Consejo, se opondrán al deseo de la mayoría de los camaradas rusos.

En cuanto a la literatura, el camarada del Comité Central con quien se habló del tema respondió que a su comité se le envía la literatura con regularidad. Por lo visto, hay alguna confusión. Les enviamos gente dos veces, pero dentro de Rusia los orientaron hacia otros lugares. Procuraremos mandar las novedades con alguna ocasión.

Con saludo de camarada, Lenin

en Suiza

de puño y letra de N. K. Krúpskaya

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Escrito el 15 de agosto de 1904.

Enviado a Gómel

Publicado por primera vez en 1934

en la revista «Archivo Rojo» núm. 1

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