...montones de libros sobre los bolcheviques en el espíritu de nuestro Alexinski, y además, con motivo de las concesiones, se entrega a la danza y al triunfo. Yo ya entonces decía que eso era una completa tergiversación. Ayer el capital internacional quería estrangulamos, y hoy tenemos una serie de tratados con ese mismo capital internacional.

Nosotros hacemos sacrificios, entregando al capital extranjero millones de materiales valiosísimos, sobre los cuales ellos pueden obtener cientos por ciento de ganancia. He ahí los sacrificios que hacemos con toda conciencia. Pero al mismo tiempo debemos observar que admitimos que puedan obtener cualquier ganancia, pero al mismo tiempo debemos obtener las ventajas que nos son necesarias, es decir, el aumento de la cantidad de productos y, en lo posible, la mejora de la situación de nuestros obreros, tanto los ocupados en las empresas concesionadas como los no ocupados.

Aquí el camarada Shliápnikov ha dicho que sería bueno entregar la concesión a los obreros rusos. Pero eso es ridículo decirlo. Entonces habría que garantizar el combustible, etc., y nosotros no podemos garantizarlo ni a nuestras empresas más prioritarias. El asunto del combustible está mal entre nosotros. Cualquier contrato de concesión con obreros rusos, en general, es perfectamente admisible en principio, pero tal solución del problema para nuestra gran industria no es seria, ya que no podemos garantizarles nada, mientras que los concesionarios extranjeros pueden traerlo del extranjero. En eso consiste la diferencia del contrato con los capitalistas extranjeros. Ellos tienen el mercado mundial, nosotros no tenemos una retaguardia económica asegurada y debemos dedicar no menos de 10 años para crearla. Eso debemos considerarlo con seriedad. Todos nuestros trabajadores sobre esta cuestión han demostrado tal situación.

Sabemos que el plan de electrificación es el más económico. No podemos arrendar a los obreros rusos nuestras grandes fábricas. Aquí hay que apostar por la pequeña industria, desarrollarla y no criticar ante todo nuestras medidas del impuesto en especie, como las critican el camarada Riazánov o el autor de aquel folleto en el que está escrito que aplicamos leyes anarco-sindicalistas.

En cuanto al desarrollo de la pequeña industria, debemos dar algunos pasos, ya que aquí, sin garantías estatales, se puede obtener algo de inmediato y, como no podemos garantizar ni siquiera nuestras empresas más prioritarias, hay que desarrollar por todos los medios la pequeña industria; ella nos dará algunos productos necesarios para el campesino.

Sobre la cuestión del "cash" o bonos, diré: eso era terrible cuando el poder estaba en manos de los capitalistas; para nosotros no puede ser terrible, ya que tenemos en nuestras manos todas las fábricas y empresas y, actualmente, ni siquiera la décima parte hemos entregado en arriendo a los capitalistas. Repito, los bonos no nos dan miedo, ya que los capitalistas estarán obligados a mantener las mercancías que nosotros indiquemos, no solo pescado salado, como aquí se señalaba, sino esto y aquello. Ya que tomamos la norma del obrero extranjero, sabemos que según la norma recibe incluso más y mejores productos que el obrero ruso.

Aquí Shliápnikov decía: "Vimos las concesiones". Tanto el camarada Shliápnikov como muchos prácticos cometen este error. Me ha tocado oír: "Usted juzga las concesiones de modo esquemático. El capitalista siempre engañó a los juristas rusos más experimentados". Por supuesto, engañó cuando el poder estatal estaba en manos del capitalista y toda la fuerza estaba en manos del capitalista. ¿Qué representaba el poder estatal? El Comité de Asuntos de la clase poseyente dominante: eso era el poder estatal. El Comité de Asuntos de los terratenientes y capitalistas: eso era el gobierno capitalista. Pero que nosotros, teniendo en nuestras manos la mayoría de las fábricas, plantas y ferrocarriles y, al frente, el partido —células comunistas desde abajo y comunistas desde arriba—, si aun así no defendemos lo nuestro, entonces habría que suicidarse. ¡Eso sí que es pánico!

Pero creo que, por mal que estemos, no somos tan tontos como para dejarnos engañar y, si hasta ahora hemos concertado varios tratados, en los cuales el poder gubernamental en Francia e Inglaterra utilizó los servicios de diplomáticos burgueses de primera clase, y si en esas condiciones todavía no nos han engañado ni una sola vez, ¿por qué caer en el pánico de que supuestamente nos engañarán con los bonos? Recordemos el Tratado de Brest. ¿En qué consistió la dificultad del Tratado de Brest? ¿En qué consistía la dificultad de la defensa? Cuando me preguntaban si esperaba que lográramos engañar a los alemanes, por mi cargo estaba obligado a decir que no lo esperaba. Pero ahora el Tratado de Brest ha pasado a la historia.

No sé si se ha publicado aquel folleto que preparaba el camarada Kámenev (en él se habla de Ludendorff), pero sé que nadie menos que Ludendorff escribió un brillante tomo de sus memorias, donde 10 páginas están dedicadas a las negociaciones de Brest. Cuando Kámenev y yo leímos ese capítulo, dijimos: he aquí la mejor justificación del Tratado de Brest. Él relata allí cómo les apretamos...