A veces, los adversarios especialmente enfurecidos del socialismo le prestan un servicio con el celo irracional de sus "denuncias". Atacan precisamente aquello que merece simpatía e imitación. Abren los ojos del pueblo ante la vileza de la burguesía con el carácter mismo de sus ataques.

Eso precisamente ocurrió con uno de los periódicos burgueses más viles, *Rússkaya Volia*, que el 20 de agosto publicó una correspondencia desde Ekaterimburgo bajo el título: «La barshchina». He aquí lo que informa dicha correspondencia:

«...El Soviet de diputados obreros y soldados ha implantado en nuestra ciudad, para los ciudadanos que poseen caballos, una prestación en especie consistente en ceder por turno sus caballos para los desplazamientos diarios de servicio de los miembros del Soviet.

Se ha elaborado un horario especial de guardias y cada "ciudadano con caballo" es notificado puntualmente por escrito de cuándo, dónde y a qué hora exacta debe presentarse con su caballo para la guardia.

Para mayor claridad, en la "orden" se añade: "En caso de incumplimiento de esta exigencia, el Soviet efectuará a su costa los gastos de alquiler de cocheros por un importe de hasta 25 rublos"...».

El defensor de los capitalistas, naturalmente, se indigna. Los capitalistas contemplan con toda calma cómo la inmensa mayoría del pueblo se atormenta toda la vida en la miseria, no solo estando "en la barshchina", sino directamente en trabajos forzados fabriles, mineros u otros trabajos asalariados, y a menudo hambreando sin trabajo. A esto los capitalistas lo contemplan con calma.

Pero cuando los obreros y soldados han implantado para los capitalistas una mínima prestación social, ¡entonces los señores explotadores han armado un escándalo: "la barshchina"!!

Preguntad a cualquier obrero, a cualquier campesino, si sería malo que los Soviets de diputados obreros y soldados fueran el único poder en el Estado y empezaran a implantar en todas partes prestaciones sociales para los ricos, por ejemplo, la guardia obligatoria con caballos, con automóviles, con bicicletas, los trabajos diarios obligatorios de oficina para el censo de productos, del número de necesitados, etc., etc.

Cualquier obrero y cualquier campesino, excepto quizá los kulaks, dirá que eso sería bueno.

Y es cierto. Esto no es todavía socialismo, sino solo uno de los primeros pasos hacia el socialismo, pero es precisamente lo que el pueblo pobre necesita con urgencia e inmediatamente. Sin tales medidas no se puede salvar al pueblo del hambre y la perdición.

¿Por qué entonces el Soviet de Ekaterimburgo sigue siendo una rara excepción? ¿Por qué tales medidas no se aplican desde hace tiempo en toda Rusia, no se despliegan en todo un sistema de medidas precisamente de este tipo?

¿Por qué, tras la prestación social para los ricos de ceder caballos, no se implanta una prestación social semejante para los ricos de presentar informes completos sobre sus operaciones monetarias, especialmente sobre los suministros al erario, bajo el mismo control de los Soviets, con la misma "notificación puntual por escrito" de cuándo y dónde presentar el informe, cuándo y dónde pagar exactamente cuánto impuesto?

Porque a la cabeza de la inmensa mayoría de los Soviets están dirigentes socialistas revolucionarios (SR) y mencheviques, que de hecho se han pasado al lado de la burguesía, han entrado en el gobierno burgués, se han comprometido a apoyarlo, traicionando no solo al socialismo, sino también a la democracia. Estos dirigentes se ocupan del "conciliacionismo" con la burguesía, la cual no solo no permitirá, por ejemplo, implantar en Petrogrado la prestación social para los ricos, sino que frena durante meses reformas mucho más modestas.

Estos dirigentes engañan su propia conciencia y engañan al pueblo con la alusión a que "Rusia aún no está madura para la implantación del socialismo".

¿Por qué hay que considerar tales alusiones un engaño?

Porque con ayuda de semejantes alusiones se presenta falazmente el asunto como si se tratara de una transformación de una complejidad y dificultad nunca vistas, que habría de romper la vida habitual de decenas de millones de personas. El asunto se presenta falazmente como si alguien quisiera "implantar" el socialismo en Rusia mediante un solo decreto, sin tener en cuenta ni el nivel de la técnica, ni la abundancia de pequeñas empresas, ni los hábitos y la voluntad de la mayoría de la población.

Todo eso es pura mentira. Nada semejante ha propuesto nadie. Ningún partido, ninguna persona se disponía a "implantar el socialismo" por decreto. Se trata y se trataba exclusivamente de medidas que, al igual que el establecimiento de la prestación social para los ricos en Ekaterimburgo, son plenamente aprobadas por la masa de los pobres, es decir, por la mayoría de la población; de medidas que técnica y culturalmente han madurado plenamente, proporcionan un alivio inmediato a la vida de los pobres, permiten atenuar las cargas de la guerra y distribuirlas más equitativamente.

Ha transcurrido casi medio año de revolución, y los dirigentes socialistas revolucionarios y mencheviques frenan todas esas medidas, traicionando los intereses del pueblo a los intereses del "conciliacionismo" con la burguesía.

Mientras los obreros y campesinos no comprendan que estos dirigentes son traidores, que hay que expulsarlos, destituirlos de todos los puestos, los trabajadores permanecerán inevitablemente en la esclavitud de la burguesía.

*Rabochi* n.º 10, 14 (1) de septiembre de 1917.  
Firmado: N. Lenin

Se imprime según el texto del periódico *Rabochi*