El camarada Chudnovski ha dicho aquí que él «se ha permitido» someter a severa crítica la actuación de los comisarios. Aquí no puede tratarse de si uno puede o no permitirse una crítica severa; esa crítica es un deber de todo revolucionario y los comisarios del pueblo no se consideran infalibles.

El camarada Chudnovski ha dicho que la paz vergonzosa es para nosotros inaceptable, pero no ha podido aducir ni una sola palabra, ni un solo hecho que pudiera interpretarse en el sentido de que esa paz nos resulta inaceptable. Nosotros hemos dicho: la paz solo puede ser firmada por el Consejo de Comisarios del Pueblo. Cuando iniciamos las negociaciones con Dujonin, sabíamos que negociábamos con un enemigo, y cuando se trata con un enemigo, no se puede aplazar la acción. Desconocíamos los resultados de las negociaciones. Pero teníamos la decisión. Era necesario tomar una decisión en el acto, por el hilo directo. Con respecto a un general insubordinado, las medidas debían ser tomadas de inmediato. No podíamos convocar al Comité Ejecutivo Central por el hilo directo; no hay aquí ninguna violación de las prerrogativas del CEC. En la guerra no se espera el desenlace, y aquello era una guerra contra la generalidad contrarrevolucionaria, y nosotros, en el acto, nos dirigimos contra ella apelando a los soldados[7]. Destituimos a Dujonin, pero no somos formalistas ni burócratas y sabemos que la destitución por sí sola no basta. Él actúa contra nosotros, y nosotros apelamos contra él a la masa de soldados. Le damos a esta el derecho de entablar negociaciones sobre el armisticio. Pero no concertamos el armisticio. Los soldados recibieron la advertencia: vigilar a los generales contrarrevolucionarios. Considero que cualquier regimiento está suficientemente organizado para mantener el indispensable orden revolucionario. Si el momento en que los soldados vayan a negociar el armisticio es aprovechado para la traición, si durante la confraternización se produce un ataque, el deber de los soldados es fusilar allí mismo a los traidores, sin formalidades.

Decir que ahora hemos debilitado nuestro frente, en caso de que los alemanes pasaran a la ofensiva, es monstruoso. Mientras Dujonin no fue desenmascarado y destituido, el ejército no tenía la certeza de estar aplicando la política internacional de paz. Ahora esa certeza existe: combatir a Dujonin solo es posible recurriendo al sentimiento de organización e iniciativa propia de la masa de soldados. La paz no puede ser concertada solo desde arriba. La paz hay que conquistarla desde abajo. No otorgamos ni un ápice de crédito al generalato alemán, pero sí creemos en el pueblo alemán. Sin la participación activa de los soldados, una paz concertada por los comandantes en jefe es frágil. Estoy en contra de la propuesta de Kamenev no porque me oponga a ella en principio, sino porque lo que propone Kamenev no es suficiente, es demasiado débil{40}. No tengo nada en contra de la comisión, pero propongo no predeterminar sus funciones; estoy en contra de las medidas débiles y propongo no atarnos las manos en este sentido.

«Pravda» núm. 188, 26 (13) de noviembre de 1917.

Se publica según el texto del libro: «Actas de las sesiones del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de Diputados Obreros, Soldados, Campesinos y Cosacos de la II convocatoria», ed. del CEC, 1918