Con cada día empeora la situación alimentaria de la República.

Se entrega cada vez menos pan a las regiones consumidoras. El hambre ya ha llegado; su terrible aliento se siente en las ciudades, en los centros fabriles e industriales y en las provincias consumidoras.

Los obreros hambrientos y exhaustos y los campesinos pobres, que soportan valientemente todas las penosas consecuencias de la criminal guerra imperialista, se dirigen con preguntas angustiosas al poder:

¿Por qué no hay pan?
¿Cuándo cesarán, por fin, los sufrimientos de la gente hambrienta?
¿Qué hace el poder para aliviar la crisis alimentaria?
¿Qué deben hacer los obreros y los campesinos pobres para salir de la situación creada y no permitir que el hambre destruya las conquistas de la revolución?

A todas estas preguntas, enteramente naturales, el gobierno obrero-campesino debe dar respuestas claras y precisas, diciendo toda la verdad.

¡Camaradas obreros y campesinos! En Rusia hay menos pan a causa de la matanza humana que desde hace ya cuatro años lleva a cabo la burguesía de todo el mundo en nombre de sus criminales y egoístas intereses.

La guerra ha arrancado a las personas del trabajo productivo. Durante más de tres años mantuvo al agricultor ruso bajo las armas, y esto condujo a una reducción de la superficie sembrada en la República.

Sin embargo, mediante el mayor esfuerzo de sus fuerzas, Rusia recogió en 1917 una cantidad de cereales que podría haber bastado para toda la población de la República y aún habría sobrado un excedente considerable.

Pero la traición de la burguesía y de sus secuaces condujo a que las provincias más fértiles quedaran en poder de los alemanes.

La República perdió enormes reservas de cereales que quedaron en Novorrosia, la Pequeña Rusia y el Territorio del Suroeste.

A consecuencia de la traición de la burguesía, el país corre el peligro de perder también las colosales reservas de cereales que hay en el Cáucaso Norte.

Sólo Siberia, la región de los Urales, parte de la región del Volga y algunas provincias de la Gran Rusia son las fuentes más seguras de abastecimiento de pan para las regiones consumidoras.

Si se calcula toda la cantidad de cereales que ha quedado a disposición de la República, resultará que las reservas de grano existentes, cubiertas las necesidades de forraje y simiente, apenas bastan para satisfacer las necesidades alimentarias de la población, y eso sólo a condición de una rigurosa contabilidad de todas las reservas de cereales, de la completa requisición de absolutamente todos los excedentes en manos de sus poseedores y de una distribución justa del pan entre los necesitados.