Querido camarada: Muchas gracias por todas sus gestiones y ayuda, de las que me escribe en su última carta.

Sus artículos en «Nuestra Palabra» y para «El Comunista» sobre los asuntos escandinavos me han suscitado la siguiente cuestión:
¿Es posible elogiar y considerar justa la posición de los socialdemócratas escandinavos de izquierda, que niegan el armamento del pueblo? Sobre esto discutí con Höglund en 1910 y le demostré que eso no es izquierdismo, no es revolucionarismo, sino simplemente el filisteísmo de pequeños burgueses provincianos. ¡Esos pequeño burgueses escandinavos se han refugiado en sus pequeños Estados casi en el Polo Norte y están orgullosos de que, para llegar a ellos, hay que cabalgar tres años sin alcanzarlos! ¿Cómo se puede permitir que la clase revolucionaria, en vísperas de la revolución social, se oponga al armamento del pueblo? Eso no es lucha contra el militarismo, sino un cobarde afán de apartarse a un lado de los grandes problemas del mundo capitalista. ¿Cómo se puede «reconocer» la lucha de clases sin comprender la inevitabilidad de que, en determinados momentos, se convierta en guerra civil?

Me parece que habría que reunir material al respecto y pronunciarse decididamente en contra en «El Comunista», y luego, para instrucción de los escandinavos, lo publicaría usted en sueco, etc.