...*** En la cuestión de dios, lo divino y todo lo relacionado con ello, surge en usted una contradicción, precisamente la que, en mi opinión, le señalé en nuestras conversaciones durante nuestro último encuentro en Capri: usted rompió (o como si hubiera roto) con los "vperiodistas", sin advertir las bases ideológicas del "vperiodismo".

Así también ahora. Usted está «irritado», «no puede comprender cómo se deslizó la palabra por el momento» —así escribe usted—, y al mismo tiempo defiende la idea de dios y la construcción de dios.

«Dios es el conjunto de aquellas ideas elaboradas por la tribu, la nación, la humanidad, que despiertan y organizan los sentimientos sociales, con el objetivo de ligar la personalidad a la sociedad, refrenar el individualismo zoológico».

Esta teoría está evidentemente vinculada con la teoría o las teorías de Bogdánov y Lunacharski.

Y es evidentemente falsa y evidentemente reaccionaria. A semejanza de los socialistas cristianos (la peor forma de «socialismo» y la peor perversión del mismo), usted emplea un procedimiento que (a pesar de sus mejores intenciones) repite el truco de la clerigalla: de la idea de dios se elimina lo que en ella hay histórica y cotidianamente (la inmundicia, los prejuicios, la santificación de la oscuridad y el embrutecimiento, por un lado, de la servidumbre y la monarquía, por otro), y en lugar de la realidad histórica y cotidiana, se introduce en la idea de dios una frasecilla bondadosa pequeñoburguesa (dios = «ideas que despiertan y organizan los sentimientos sociales»).

Con esto usted quiere decir «lo bueno y lo hermoso», señalar la «verdad-justicia» y cosas semejantes. Pero este su buen deseo sigue siendo su patrimonio personal, un «inocente deseo» subjetivo. Desde el momento en que usted lo escribió, entró en la masa, y su significado no está determinado por su buen deseo, sino por la correlación de las fuerzas sociales, por la correlación objetiva de clases. En virtud de esta correlación resulta (contra su voluntad e independientemente de su conciencia), resulta que usted ha maquillado, ha endulzado la idea de los clericales, de los Purishkévich, de Nicolás II y de los señores Struve, porque, de hecho, la idea de dios les ayuda a mantener al pueblo en la esclavitud. Embelleciendo la idea de dios, usted ha embellecido las cadenas con las que ellos encadenan a los obreros y campesinos oscuros. He aquí —dirán los popes y Cía.— qué buena y profunda es esta idea (la idea de dios), cómo la reconocen incluso «los suyos», los señores demócratas, los dirigentes, y nosotros (los popes y Cía.) servimos a esta idea.

Es falso que dios sea un conjunto de ideas que despiertan y organizan los sentimientos sociales. Esto es el idealismo bogdanoviano, que encubre el origen material de las ideas. Dios es (histórica y cotidianamente) ante todo un conjunto de ideas engendradas por la opresión embrutecedora del hombre y de la naturaleza exterior y por la opresión de clase, ideas que consolidan esta opresión, que adormecen la lucha de clases. Hubo un tiempo en la historia en que, a pesar de tal origen y tal significado real de la idea de dios, la lucha de la democracia y del proletariado se desarrollaba en forma de lucha de una idea religiosa contra otra.

Pero ese tiempo pasó hace mucho.

Ahora, tanto en Europa como en Rusia, toda defensa o justificación, incluso la más refinada, la más bienintencionada, de la idea de dios es una justificación de la reacción.

Toda su definición es completamente reaccionaria y burguesa. Dios = conjunto de ideas que «despiertan y organizan los sentimientos sociales, con el objetivo de ligar la personalidad a la sociedad, refrenar el individualismo zoológico».

¿Por qué es esto reaccionario? Porque maquilla la idea clerical y feudal de «refrenar» la zoología. En realidad, el «individualismo zoológico» no fue refrenado por la idea de dios, lo refrenaron la horda primitiva y la comuna primitiva. La idea de dios siempre adormeció y embotó los «sentimientos sociales», sustituyendo lo vivo por lo muerto, siendo siempre una idea de esclavitud (de la peor esclavitud, sin salida). La idea de dios nunca «ligó la personalidad a la sociedad», sino que siempre ligó a las clases oprimidas mediante la fe en la divinidad de los opresores.

Su definición es burguesa (y no científica, no histórica), porque opera con conceptos generales, abstractos, «robinsonianos» en general, y no con clases determinadas de una época histórica determinada.

Una cosa es la idea de dios en el salvaje zirianio, etc. (también en el semisalvaje), y otra en Struve y Cía. En ambos casos, esta idea es sostenida por la dominación de clase (y esta idea la sostiene). El concepto «popular» del diosecito y de lo divino es la estupidez, el embrutecimiento, la oscuridad «populares», exactamente igual que la «representación popular» del zar, del leshii, de arrastrar a las mujeres por los cabellos. Cómo puede usted llamar «democrática» a la «representación popular» de dios, no lo entiendo en absoluto.

Es falso que el idealismo filosófico «tiene siempre en vista sólo los intereses de la personalidad». ¿Acaso en Descartes, en comparación con Gassendi, se tenían más en cuenta los intereses de la personalidad? ¿O en Fichte y Hegel en comparación con Feuerbach?

Que «la construcción de dios es un proceso de desarrollo y acumulación ulterior de los principios sociales en el individuo y en la sociedad», ¡es sencillamente horrible! Si en Rusia hubiera libertad, toda la burguesía lo pondría a usted sobre el escudo por semejantes cosas, por esta sociología y teología de tipo y carácter puramente burgueses.

Bueno, por ahora basta, y eso que la carta se ha alargado. Una vez más le estrecho fuertemente la mano y le deseo salud.

Suyo, V. I.

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Escrito en la segunda quincena de noviembre de 1913.

Enviado de Cracovia a la isla de Capri (Italia).

Publicado por primera vez en 1924, en la Recopilación Leninista I.

Se imprime según el manuscrito.