¡Querido A. M.! Claro que no tengo nada en contra de que envíe usted mi carta a Tíjonov.

El folletín de Lunacharski «Entre el miedo y la esperanza» me interesó después de su relato. ¿No podría usted enviármelo, si lo tiene libre? En caso de que se requiera, lo devolveré puntualmente.

Los fondos para el periódico de Moscú nos alegraron sobremanera. De este asunto se encargará nuestra troika de diputados de la región de Moscú: Malinovski, Shágov y Samóilov. Esto ya está acordado. Pero hace falta prudencia: sin consolidar «Pravda», no podemos lanzarnos al periódico moscovita. Tenemos un plan para la creación de «Moscú Pravda».

Escriba a Tíjonov, por favor, que hable únicamente con Badáiev y Malinovski, y que con ellos hable sin falta.

Me alegraron especialmente las palabras de su carta: «De todos los planes y supuestos de la intelectualidad rusa se desprende con absoluta certeza que el pensamiento socialista está impregnado de corrientes diversas que le son hostiles en su misma raíz: aquí hay misticismo, metafísica, oportunismo, reformismo y resabios de populismo.
Todas estas corrientes son tanto más hostiles cuanto que son sumamente vagas y, al no tener tribunas propias, no pueden definirse con suficiente claridad».

Subrayo las palabras que particularmente me han entusiasmado. Justamente: «hostiles en su misma raíz» y tanto más cuanto que son vagas.

He aquí que usted pregunta por Stepánov (I. I.). ¿Qué resultó ser (y eso que es un muchacho bueno, trabajador, conocedor, etc.) en la época de la descomposición y las vacilaciones? (1908-1911). Quería reconciliarse con los vperiodistas. Pero eso significa que él mismo vacilaba.

Me escribió cartas diciendo que sobre la revolución democrática en Rusia había que poner una cruz, que entre nosotros, sin revolución, las cosas irían al estilo austríaco. Yo le increpé llamándole liquidador por esas vulgaridades. Se ofendió. Y luego, en la prensa, Larin soltó sus ideas.

Ahora Stepánov escribe de manera ostentosa no entre nosotros, sino en el periódico de Rózhkov «Nóvaya Sibir» en Irkutsk. Y Rózhkov, ¿sabe usted qué «corriente» ha inaugurado? ¿Leyó usted su artículo en «Nasha Zariá» de 1911 y mi respuesta en «Zvezdá»? Y Rózhkov se ha emperrado en su archioportunismo. ¿Y Stepánov? Alá lo sabe. Justamente: una posición «sumamente vaga» y confusa. Yo jamás confiaría ahora a Stepánov ningún departamento medianamente autónomo: saltará sin saber él mismo adónde. Pero como colaborador, probablemente podría ser útil. Es de los que «no se han orientado». Encargarle «organizar» un departamento es arruinarlo a él y al departamento con toda seguridad.

Usted escribe: «Ya es hora de que tengamos nuestra propia revista, pero no disponemos para ello de una cantidad suficiente de gente bien avenida».

No acepto la segunda parte de esta frase. La revista obligaría a avenirse a una cantidad suficiente de personas, si hubiera revista, si hubiera núcleo.

Núcleo hay, pero revista (gruesa) no hay por causas externas: no hay dinero. Si hubiera dinero, estoy seguro de que podríamos sacar ya una revista gruesa, porque al núcleo de colaboradores, por un salario, se puede atraer a muchos, repartiendo temas y distribuyendo lugares.

Mientras no haya dinero, a mi juicio, no solo hay que soñar, sino construir con lo que tenemos, es decir, con «Prosveschenie».
Es un pececillo, claro está, pero, 1) lo grande, todo, crece de lo pequeño. 2) más vale pececillo que cucaracha grande.

Ya es hora, hace mucho, de empezar a avenirnos, si queremos tener «gente avenida» en gran cantidad.

«Ya es hora de que tengamos nuestra propia revista». Núcleo literario existe. La justeza de la línea está confirmada por la experiencia de 12 años (o incluso 20), y muy especialmente por la experiencia de los últimos 6 años. Agrupar en torno a este núcleo, definiéndolo así con más detalle, haciéndolo crecer y extendiéndolo. Con la publicación ilegal y con «Pravda» debimos empezar. Pero no queremos detenernos en eso. Y por tanto, ya que usted ha dicho que «ya es hora de que tengamos nuestra propia revista», permítame llamarlo a rendir cuentas por estas palabras: o bien trazar desde ahora un plan para buscar dinero para una revista gruesa de tal programa, tal redacción, tal composición de colaboradores, o bien empezar, según ese mismo plan, a ampliar «Prosveschenie».

Y más exactamente: no lo uno o lo otro, sino lo uno y lo otro.

Espero respuesta. Seguro que ya tiene usted la carta desde Viena sobre «Prosveschenie». Hay fundada esperanza de consolidarla para 1913 en pequeña escala. ¿Quiere usted que «tengamos nuestra propia revista»? Pues movámonos juntos.

Respecto a los dashnak, no he oído nada. Pero considero el rumor absurdo. Lo ha lanzado el gobierno, que quiere tragarse la Armenia turca.

Los del PPS, sin duda, están por Austria y lucharán por ella. Una guerra de Austria con Rusia sería algo muy útil para la revolución (en toda Europa oriental), pero hay pocas probabilidades de que Francisco José y Nicolás nos proporcionen ese placer.

Pide usted que le informe más a menudo. Con gusto, solo que responda. Le envío (por ahora en secreto) las resoluciones de nuestra reciente reunión (que, en mi opinión, ha sido un gran éxito y desempeñará su papel).

Las resoluciones, dicen, son el género literario más aburrido de todos. Yo soy un hombre demasiado empapado en resoluciones. Escríbame qué tal legibles le resultan (en especial las relativas a las huelgas revolucionarias y a los liquidadores).

¿Qué mal ha provocado en Rusia el rumor sobre la amnistía? No lo sé. Escríbame.

N. K. le saluda.

Estrecho fuertemente su mano.

Suyo, Lenin